sábado, 29 de septiembre de 2012

Escupiendo Rabia- Elige tu bando



Desde que puedo recordar, en mi vida reciente siempre he sido testigo de alguna pelea entre colegas o conocidos. Y en el noventa y nueve por ciento de los casos (no digo cien porque generalizar está mal), me he sentido presionado a unirme a un bando u otro de la contienda. Cuando eres más joven, menos experto en las cosas, pero sí más impulsivo, caes en el error de elegir: por filia o fobia personal, ciertas idioteces surgen hasta la superficie y te llevan a unirte a unos o a rechazar a otros.
Cuando pasan los años, te das cuenta de que has estado haciendo el subnormal y de que no has estado luchando tu propia lucha, sino la de otros. En esencia, no has cometido un error propio. Simplemente te has limitado a seguir el de otra persona.

Al superar la adolescencia y la juventud temprana y vas superando ciertas barreras de edad (veinticinco, treinta, treinta y tantos), te das cuenta de que eso empieza a aplicarse a todos los aspectos de la vida o la sociedad: aparte de esas rencillas ajenas que te obligan (o presionan, o esperan que) a elegir si te vas con papi o con mami, se suman todo tipo de tendencias: ahora, con la más mínima puta cosa que sucede en nuestra sociedad tienes que elegir. Con o contra, sin término medio. Sin cuestionarte nada, sin intentar encontrar una postura intermedia entre ambas cosas.
O eres amigo o eres enemigo.

Y es que volvemos de nuevo a los años de la cueva, al Neolítico. Lo he dicho muchas veces, pero la voz de este blog es una voz que predica en el desierto, porque cuanto más escribo aquí, menos veo que cambien las cosas.
Tal vez no consiste en que cambien; tal vez soy yo el anormal o el que está como una puta cabra.
En cualquier caso, no pasa nada si lo repito, porque nadie lo va a escuchar: tenemos mucho miedo. Mucho miedo a ser los que nos equivocamos. A que venga alguien de fuera de nuestra cueva y nos diga que hay un mundo diferente al que nosotros mismos nos hemos plantificado en nuestras cabezas.
Esos que vienen de fuera son el enemigo, la amenaza a la que hay que combatir a sangre y fuego.

"¡¡¡A por el hijoputaaaaaaaaaa!!!"


Supongo que, de ahí que se espere que yo mismo me posicione ante tal o cual cosa. Que diga lo que pienso, como hago siempre. Creo que muchos de vosotros lo estáis esperando y no sé por qué, porque ya ha quedado claro que lo que yo diga importa exactamente una puta mierda. Mi opinión no cambia nada; saber lo que pienso no os hace más felices, ni os crece el rabo cuando lo digo. En todo caso, la mitad de las veces puede cabrearos...
Y es curioso que puedo ser terriblemente crudo a la hora de exponer las cosas pero, a diferencia del discurso de muchos otros, yo no llamo hijo de puta a los que no piensan como yo. No le digo a la gente lo que tiene que pensar. Mucho menos lo que tiene que hacer. Quizás porque considero que todos tenemos ya las entrepiernas lo bastante negras como para saber lo que hacer con nuestras existencias. Y si no lo sabemos, pues macho... cada cual cada uno.

Llegados a este punto, supongo que entenderéis que yo me bajo aquí. Estoy harto de esas luchas intestinas entre unos y otros. De "Este me ha dicho", "Este miente". Estoy hasta las pelotas ya de que se espere que apoye tal causa, que me sume a atacar a tal persona (a la cual a lo mejor ni conozco) o que me dedique a defender a tal pandilla superguai que dicen que molan que te cagas.
Las cosas, por cojones, como que no.

Y fíjese usted que es cuando me niego a participar en nada por cojones (otra cosa es que yo me sume a algo por sentirme particularmente afectado, o defender/atacar una causa en la cual crea/me parezca aberrante) resulta que soy el disidente. El traidor. La persona que no es de fiar.
Inserte aquí su epíteto totalitarista.
Os digo "No quiero participar en esto" y, como vivimos en la puta falacia de "O estás conmigo o estás contra mí" ya se entiende que estoy abrazando la causa contraria o que me lo hago con el enemigo, que tiene las tetas más grandes y ha salido de portada en Playboy varias veces.
Porque somos así de básicos.
Porque es imposible que entendamos que la persona que no está de acuerdo contigo, que no te jalea cuando haces el salvaje igual es gente que sí está de tu parte, pero que no te apoya porque no cree que estés haciendo nada que merezca la pena apoyar. Tíos, a ver si vamos enterándonos de que el apoyo incondicional, la fe ciega y la lealtad contra viento y marea no es más que una muestra de hipocresía de lo más vulgar.


Venga, va. Si el enemigo es esta tía, no tengo problema alguno en revisar mis creencias o en cuestionar mis propias filiaciones.


Hipocresía, sí.
Cágala un día y piensa en lo idiota que te sientes al descubrir que la gente que te rodea, consciente de ello, en lugar de decirte "Macho, estás metiendo la pata hasta el sobaco" lo que han hecho ha sido animarte. Alzar los puños y decirte que muy bien, que así se hace. Que de puta madre, que sigas.
¿Eso es un amigo?
¿Eso es defender una idea?
Peor aún, cuando lo haces tú y te animan... pero si lo hace otro al mismo tiempo que tú se lleva hostias hasta en el carnet de identidad. Eso en mi tierra se llama maniqueísmo, donde unos son los Buenos (hagan lo que hagan) y los otros son los Malos (que jamás se redimirán porque los ha parido Satán).

Y es que así es como somos: los que están de nuestro "lado" son unos angelitos, nacidos sin mácula. Ya pueden estar ametrallando guiris en un parque que los vamos a justificar. Probad con los Otros, los que vienen de más allá de la puerta de la cueva. Para nosotros, esos no son seres humanos: son demonios, animales, hijos de puta sin cerebro que no sirven para nada más que para hacer el Mal. Nunca se nos pasará por la chota de que esos tíos en cuyas putas madres nos cagamos son precisamente tan humanos y falibles con nosotros. Gente con madres, que tiene una vida, unas aspiraciones y unos miedos como todo hijo de vecino.
Pero eso no lo pensamos: nos resulta más fácil trazar la línea en el suelo y dividir el mundo entre los Buenos y los Malos. Un mundo en blancos y negros, donde... ¡Oh, sorpresa! Nosotros siempre elegimos el bando de los Buenos y nos sentimos impelidos a luchar contra el Mal. Es fácil pensar que los Otros estarán trazando planes maléficos de conquista mundial en algún salón a oscuras mientras se ríen de un modo atronador. Partiendo de esa base, TODO cuanto hacen esos Malvados Enemigos consiste en conspirar, mentir, traicionar y sembrar Maldad a su paso.
Nosotros, por tanto, nos convertimos en las Fuerzas de la Luz: todo lo que hagamos llevará ese sellito de "Pero es que lo hago YO, que soy de los Buenos" y no nos cuestionamos jamás que igual nuestra moral pueda ser discutible, que podamos estar metiendo la pata o sencillamente que seamos tan cabrones como la gente a la que ponemos a caer de un burro.

Asumidlo: nuestros enemigos (o la gente que nos cae mal, en su defecto) no se reúnen en un salón para decir "¡Tenemos un plan maléfico, MUAJAJAJAJAJAJAJJAJA!"
Es posible que a la mayoría ni siquiera les importemos un carajo.


En gran parte, de ahí viene un poco mi nihilismo (al que muchos confundís con rabia, cabreo o enfado) hacia la raza humana. Pero es que pasa como la persona a la que la pareja le ha puesto los cuernos tropecientas veces; ante eso tienes dos opciones: una, negarlo todo y vivir en la ignorancia mientras la otra persona se cepilla a todo lo que se menea, o bien no creerte absolutamente nada porque todo lo que te has tragado hasta la fecha son mentiras.
Yo he optado por la segunda opción. No elijo bando porque, en toda contienda que me estoy echando a los morros últimamente ningún bando me ha resultado convincente. Ninguno es poseedor de ese Bien Absoluto que proclaman tener; sin embargo, ambos se saltan conceptos como la honestidad y acaban por asumir la filosofía de que el fin (SU fin) justifica los medios (SUS medios).
Unos por otros.
Los otros por los unos.
Y te das cuenta de que esto es un nido de víboras o, usando términos menos políticamente correctos, una puta merienda de negros, donde cada uno en realidad a lo que va es a pillar el cacho de carne más gordo y, si puede arrearle una hostia en la nuez al de al lado para que coja menos, pues mejor. Que se joda el de al lado.

La cuestión es justo esa: no hago más que ver MENTIRAS. Tergiversaciones. Unos que se hacen las víctimas y los otros que son de decir "No, si yo no he hecho nada". Dedos que se acusan los unos a los otros y que, por el rabillo del ojo, te miran a ti para que te pringues y te quedes con alguno de ellos. Ambos, curiosamente, te van a decir "Has elegido sabiamente al unirte a nosotros"... pero luego siempre te añaden "Venga, vamos a joder a esos cabrones".
Por sistema.
Eso, para mí, es lo que hace que no haya verdadera diferencia entre unos y otros. Siempre habrá quien te diga "No somos iguales", pero ya sabes que lo que viene a continuación es propaganda: una disertación acerca de la cual sus fines son más nobles que los de los demás.
Y te lo tienes que creer.

Pues señores, da la puta casualidad de que yo no soy el pesimista que os creéis que soy, ni vivo tan cabreado como os creéis. Lo que soy es un escéptico, y no, no es que esté cabreado. Lo que estoy es harto ya de que se me meta en historias en las que no tengo nada que ver. De pedirse que me posicione ante tal acontecimiento o ante tal colectivo. De que acate, de que siga dogmas. Porque resulta que cuando cuestiono las cosas, hago preguntas o no termino de ver las cosas tan claras, ya no molo tanto.
Muchos preferís que agache la cabeza y que os dé la razón.
O de que os jalee, diciendo qué chulis que sois, y cómo molan las cosas que soltáis por la boca.
Me sorprende enormemente de que, a estas alturas de la película, esperéis eso de mí. De que, tras pegarme un siglo diciendo "mejor pensar por uno mismo que dejar que otros piensen por uno", ahora queráis que me una a una causa o que defienda a tal o a cual sin preguntarme nada. Sin plantearme cuestiones de muy diversa índole.

Pues va a ser que no.
Uno no es un robot que acepta protocolos preestablecidos sin reservas.


Creo que ya deberíais saber que yo tengo mi propia forma de ver las cosas. Errónea o acertada, eso da casi igual, si partimos de la base de que mi opinión es forjada en base a mi experiencia o en base a las conclusiones que saco tras analizar las cosas exhaustivamente (la longitud de mis posts, especialmente en el apartado Mesa de Autopsias deja bastante claro -o debería- que procuro no dejarme absolutamente nada sin someter a estudio o sin sopesar) y que, si lanzo una opinión, puede estar equivocada, pero no es gratuita ni a la ligera.
Otra cosa es que lo que opine no os guste o que no case con vuestro credo, sea cual sea. No es algo que me quita especialmente el sueño, porque parece ser que la opinión es como la mierda: sólo nos gusta como huele la nuestra; la demás nos da asquete la mitad de las veces. Y nunca os paráis a pensar en esa Ley del Embudo que aplicáis con ello: a los demás nos tiene que gustar vuestra opiníon, pero la nuestra... ay, amigo, qué equivocados que estamos. Qué cabrones que somos por no agachar la cabeza y lameros el ojete cuando abrís la boca.
No podemos ser peores personas.

Ya no estamos en la Edad Media; sin embargo, eso del vasallaje se sigue llevando. Cada año que me hago mayor, más y más frecuentemente veo esas defensas a ultranza de gente que no hace NADA malo, que son inmaculadas hagan lo que hagan. Que JAMÁS cometen errores y que TODO lo que hacen es un ejemplo a seguir para el resto de nosotros, pobres mortales. Conforme más pasan los años, veo más y más espadas juramentadas, a lo Juego de Tronos. Gente que parece dispuesta a morir o a llevarse hostias por otra gente, solo porque esa "gente" se llama Tal, Cual o Pascual.
La Gracia Divina concedida por un Nombre.

Luego estamos los demás: aquellos que no nos agachamos. Los que nos hacemos preguntas. Los que no le reímos las gracias a quienes tienen menos gracia que pillarse la punta del nabo con la bisagra de una puerta. Esos somos los que no somos de fiar. Los que, a la corta o a la larga nos convertimos en blancos de sospechas. En proscritos. En disidentes.
Pues bien, señores, ha quedado claro que, diga uno lo que diga, siempre se va a encontrar una lluvia de pedradas en respuesta; eso, o suspicacias. Esperanzas de que le dé al personal la razón como a los tontos, que eso es lo que resulta reconfortante.
Lo siento, señores.
Yo me bajo en esta parada.

4 comentarios:

Lore dijo...

no es cuestión de buenos o malos tio, esto no es blanco o negro.. creo que prejuzgas a la gente que crees que van de "buenos"... y no creo que seas nihilista, eres pasota total, por decir algo y no caer en lo mismo que te "acuso" más arriba... en fin, sigue viendo pelis de marcianitos porque lo que es la realidad en lo que respecta a la última semana, parece que no la ves :)

Rumbo a la Distopía dijo...

No sabía que estuviese hablando de ti. En cualquier caso, ya sabes lo que pienso de tu condescendencia; yo no te he juzgado a ti y te diría que te ahorrases tus juicios de valor porque son bastante cansinos.

Con respecto a que prejuzgo a los demás, eso te lo has sacado del sobaco, porque es justo al revés: yo lo que he hecho ha sido condenar actitudes que me han molestado a lo largo de mi vida, con lo cual el prefijo "pre" (antes de) sobra.

Y con respecto a la realidad, hija mía... qué suerte que tienes que la ves claramente y qué pobrecitos que somos todos los demás que no estamos de acuerdo contigo y que vivimos en una mentira.

De todos modos, me parece que tu comentario tan "respetuoso" y tan cargado de buenos sentimientos no hace más que darme la razón en cuanto a lo que digo.

Nieves Delgado dijo...

Bueno, hasta cierto punto es lógico; cuando expresamos una opinión la evaluamos desde nuestro punto de vista, que es el único que tenemos. Y nuestras opiniones tienen mucho que ver con nuestra forma de ver la vida, que a su vez está basada en un sistema de valores (cada uno tiene el suyo). Así que cuando tú y yo opinamos sobre lo mismo, en realidad estamos comparando nuestros sistemas de valores. No es tan raro que tendamos a arrimarnos a aquellos que más coinciden con nosotros es ese terreno, ¿no?

Rumbo a la Distopía dijo...

Esa es la parte lógica, Nieves, y la comparto. Quizás el problema es cuando no compartes del todo esa opinión (que también es posible, acostumbro a hablar con gente que no piensa del todo igual y me gusta ver los distintos puntos de vista SIEMPRE Y CUANDO estén razonados) y lo que intentan es imponerte la suya a sangre y fuego, obligándote un poco a que tomes parte en sus cruzadas personales contra el mundo. Eso es precisamente lo irracional y lo que clama al cielo.