domingo, 13 de noviembre de 2011

Escupiendo Rabia: Caza de brujas, o "Se ofende, no el que puede, sino aquel al que le sale de los cojones"




Vivimos en un período electoral, época en la que los candidatos de una u otra facción política no hacen sino recordarnos que vivimos en un fabuloso estado de derecho, donde todos somos iguales, nadie está por encima de la ley y en plena armonía con Europa, ante la cual somos todo un ejemplo a seguir.
Yo digo que una mierda para ellos.

Quitémonos la venda de los ojos de una puta vez, porque la hipocresía ofende: somos un país de bárbaros, garrulos y anormales que vivimos, ya no a la par de Europa (ojalá), sino en una época post-feudal, basada en valores ancestrales a cual más obsoleto. Somos expertos en escandalizarnos ante las gilipolleces más grandes que ha parido madre (o cagado, según se mire, porque algunas cosas que he visto u oído no podrían caber en útero humano alguno, sino que serían más propias de una cavidad rectal que de cualquier otra parte de la fantástica anatomía humana), pero mirar para otro lado ante las injusticias; somos expertos en aplaudir criminales y lanzar el dedo acusador contra gente que no ha cometido delito alguno en su vida.

Cuando la gente se hace pajas de órdago pensando en la cantidad de derechos que tiene (pasando de los deberes y las responsabilidades, que son para los demás), resulta que se planta uno un día delante de la caja tonta para enchufarse al canal de cine. En esto que, mire usted por donde, no sólo emiten cine, sino que hay reportajes la mar de interesantes acerca del séptimo arte, y es ahí donde me entero de esto:


Con dos cojones. Censurar una película  de Eva Longoria (actriz que me parece excesivamente sobrevalorada, dicho sea de paso, pero no por ello meritoria de este tipo de actitudes) porque "contiene escenas lésbicas", como si eso fuera ilegal, inmoral, o engordase. Como si ahora el amor entre dos mujeres fuese una cosa prohibida, delictiva, sucia o vergonzosa.
En este enlace no aparece explícitamente, pero en el reportaje que vi se especificó de forma clara que nuestra amiga la Orejas (experta en censurar películas de terror por su contenido violento al tiempo que ella misma dirige películas con contenido de sexo bastante explícito entre personajes menores de edad, que consumen drogas y en general hacen el gilipollas constantemente) no ha tenido nada que ver en esto. Resulta que esta vez ha sido la distribuidora la que ha decidido censurar la película, "recortando" a tijeretazo limpio todas aquellas escenas de contenido lésbico, porque (y agarraos) "la Iglesia Católica podría ofenderse ante lo que se muestra en la película".



Safo de Lesbos (650-510 AC). Esta mujer ya escribía sobre el amor entre mujeres desde algún tiempo antes de que el primer Cristiano hubiese nacido para ofenderse.

Para mear y no echar gota.
Ahora que uno está conociendo los entresijos de la Constitución, se da cuenta de muchas cosas. Para empezar, del hecho de que la Iglesia, por mucha tradición católica que haya en este país de analfabetos, NO es quién para decidir los contenidos de lo que se emite en un medio que no tenga que ver con ella. Asímismo, una distribuidora EN CASO ALGUNO tendría por qué sentirse presionada (directa o indirectamente) por la Iglesia (ni por nadie, ya puestos) a la hora de proyectar una película en nuestro país. Precisamente por un detallito llamado "estado de derecho", en el que queda claro que los derechos de uno no pueden pisotear los de otro. Dicho de otro modo, si a la Iglesia le ofende ver a dos mujeres darse el lote en una película, siempre tiene la opción de no ir al cine o meterse en la sala donde proyecten la peli de Los Pitufos, pero JAMÁS debe consentirse la censura previa (esto último también está regulado por nuestra Constitución, mire usted por donde).

La Conferencia Episcopal ni ninguno de los colectivos sotaneros o amigos de los sotaneros se ha pronunciado aún al respecto, que sepamos; posiblemente porque no lo necesiten, ¿para qué? La distribuidora ya se ha bajado los pantalones y aquellos seres que rezan a un Dios de Amor ya tienen lo que quieren, que es no ver a gente a la que ellos consideran "enferma" o "anormal" demostrar su amor en una película. Porque todo lo que se emita tiene que ser casto, heterosexual, y a ser posible orientado a la procreación.
Estos mismos son los que van pidiendo tolerancia cada vez que alguien muestra un punto de vista diferente a la doctrina católica. Los mismos que lloriquean por los rincones cada vez que se habla de igualdad de derechos para personas del mismo sexo. Los mismos que contienen las arcadas cuando oyen hablar de la palabra "divorcio", pero que ponen la mano para recibir pasta cuando hablamos de "nulidad matrimonial". Los mismos que condenan a madres solteras o (horror de los horrores) a ateos.


Oscar Wilde. En sus obras hacía alusiones hacia la homosexualidad o bisexualidad de algunos personajes, como en El Retrato de Dorian Gray. Fue condenado a ir a la cárcel por su "conducta inmoral". A día de hoy no nos explicamos cómo la Iglesia no ha pedido retirar sus libros de las tiendas. ¿Será porque a lo mejor es UN PUTO CLÁSICO?

Resulta curioso el hecho de que una institución conocida por ser uno de los mejores mecenas de la Historia se alegre con la censura y la mutilación de otras muestras de arte que se salen del (su) tiesto. Aquí, por supuesto, no vamos a atacar al arte sacro, tan necesario como cualquier otra representación artística (al fin y al cabo, todas o casi todas las mitologías de la humanidad han sido representadas por medio del Arte y eso no supone ni más ni menos problema que el arte cristiano); a quienes se va a sentar al estrado de la Distopía es a aquellos que, no contentos con acaparar obras que deberían considerarse patrimonio de la Humanidad (nada más que por tiempo que llevan creadas), se dedican a impulsar la mutilación y destrucción de todo aquello que no casa con sus ideales. Esto ya se ha mencionado alguna vez en este blog, amiguitos: ya sabéis lo que sucede cuando se politiza el arte, ¿verdad?

Exacto: se convierte en propaganda.
Y, partiendo de esta idea, da la impresión de que la Iglesia (o al menos sus sectores más beligerantes) están dedicándose a meterse donde no les ha llamado ni Dios, solicitando (o sugiriendo) prohibiciones o censura en sitios donde dichos conceptos no deberían existir (especialmente en un sitio como España, donde la censura tiene un carácter particularmente negativo, con fundadas conexiones pre-democráticas).
Supongo que llamarlo propaganda os puede sonar exagerado, pero no recuerdo que la Conferencia Episcopal se pronunciase acerca de la violencia explícita en La Pasión de Cristo. Yo no voy a quejarme al respecto, puesto que esa historia debió ser igual de violenta, o más, que como se plantea en la película. Lo que me parece muy fuerte es el hecho de que se censuren, mutilen o incluso prohiban historias no tan violentas en nuestro país por los mismos motivos y no pase nada. Porque no hablan de Jesús. Tócate los huevos.


William Shakespeare: otro posible blanco de las iras de la Iglesia, que podría sugerir el retiro de sus obras por incitar a la homosexualidad entre hombres casados y con hijos (en El Mercader de Venecia) el amor entre mujeres (en Noche de Reyes) o la iniciativa amorosa por parte de una mujer, si entendemos sus Sonetos desde el punto de vista heterosexual. Como la persona poética de éstos no está especificada, podría interpretarse sin problemas el tema del amor homosexual (incluso hay teorías que sugieren que el propio Shakespeare fuese homosexual). Hala, otro para la quema.

En cuanto a los contenidos, ciertos argumentos dan risa: si vamos a prohibir lo violento por nuestra habitual tendencia social a negar lo malo, lo oscuro o lo zafio del ser humano, entonces que venga alguien y me explique (si tiene los cojones bien puestos) por qué el AMOR entre dos personas, aunque sea del mismo sexo está mal. ¿Porque no está orientado a la procreación? Partiendo de esa base, un matrimonio tradicional en el que uno de sus miembros sea estéril rompe la ley de Dios, y por tanto, debe segregarse, ¿no?

Si hablamos de un Dios de Amor, hablamos de Amor. Y lo que debe predicarse es el Amor. Joder, hasta Cristo decía que lo primero que había que hacer para entrar en el Reino de los Cielos era amar a los propios enemigos. No despreciarlos, no llamarlos enfermos, ni antinaturales. Eso suena más propio del credo del que el mismo Hijo del Hombre se separó al predicar su doctrina; aquella religión que hoy en día va de víctima por la vida, pero que en sus escritos más oscuros demonizaba los matrimonios interraciales, el bilingüismo y la sodomía. No diré más respecto a esos amables seres.

Ante la defensa de gente con una mente tan abierta y tan dispuesta a amar al prójimo (o, al menos, al prójimo que agacha la cabeza ante el sistema del mismo modo), no puedo sino maravillarme.
Unos dicen que la Iglesia Católica se encuentra con derecho a tales cosas porque "en España la mayoría de la gente es católica".
Mi respuesta ante eso es que no voy a entrar en lo que es la mayoría, porque:

a) No me han pasado el censo actualizado
b) Lo que sea la mayoría no justifica la falta de respeto con la minoría
c) La Iglesia Católica NO se encuentra (o no debería) encontrarse por encima de la Ley; por tanto, si la Constitución dice que aquí NO tenemos religión oficial y que tenemos libertad para publicar lo que nos salga del culo siempre conforme al arreglo de la ley, ya pueden ofenderse o tirarse desde un puente, que NO tienen derecho a presionar ni obligar a nadie. Se pongan como se pongan.


Otro inmoral cuyas obras podrían prohibirse, si seguimos la doctrina de los amigos de la sotana: Federico García Lorca.

Otros dicen que es que algunas cosas son ofensivas.
Mi respuesta es que ya me están tocando los cojones con eso de la "ofensa" como argumento.
Hoy en día todo el mundo se ofende; hoy en día no se pueden tocar ciertos temas porque el prójimo se santigua escandalizado, se pone a llorar o simplemente empieza a chillar como una folklórica histérica para pedir censura. Ni regulación ni control ni putas hostias. Las cosas por su nombre, y eso se llama censura.

Los terceros son los demagogos, que son los que dicen que los niños pueden acceder a ese contenido y pueden sufrir confusión.
Mi respuesta es que ese argumento, con todos mis respetos, da risa de lo demagógico que es. Para empezar, usar a los niños como arma argumental roza lo despreciable, porque se emplea a personas que no pueden defenderse por sí misma para sensibilizar al contrario. Intentar sacar la lagrimita del contrario, diciéndole "mira qué malo eres, mira a este pobre niño" a mí personalmente lo que me causa es ganas de vomitar.
Lo de la confusión es una ridiculez como la copa de un pino y os explico por qué: si un padre no tiene los cojones de explicarle a su hijo que el amor puede no darse entre personas de sexos diferentes, igual tendría que plantearse revisar sus dotes como padre. Pero más allá de eso, por la misma regla de tres, igual de confuso debería ser que un niño viese a una persona cuyo color de piel es diferente, y por experiencia familiar, os digo que NO lo es. Un niño acepta como normal aquello con lo que se cría; si en su clase hay otro niño de raza asiática o con la piel más oscura, lo ve como normal. Esto dice mucho más en favor de los niños que de los adultos, que nos pasamos todo el santo día pensando en lo que puede confundir o no a un crío, pero luego, como nos comunicamos con ellos la mar de bien, ni siquiera nos molestamos en preguntarles. Dispara y luego pregunta, así lo hacemos.
En tercer lugar, aunque ambos argumentos tuviesen sentido, hay que decir que España goza de un sistema de calificación por edades en sus películas. Esto, lejos de prohibir u obligar, es un sistema de recomendaciones y orientaciones: es decir, un menor podría ver La Matanza de Texas siempre y cuando un adulto vaya con él; en cualquier caso, la responsabilidad es del adulto por meterle en una sala a ver contenido no recomendado a un crío.


Este señor es Percy Bhysse Shelley, al que muchos conoceréis por haber sido el esposo de Mary Shelley, autora de Frankenstein. Ateo y con una vida pecaminosa. Hala, sus libros de poemas, a la hoguera también...

Luego vemos el caso de algunos lumbreras que meten a críos de seis años a ver El Pianista o Kick-Ass (Pongo estos dos ejemplos porque en ambas películas he visto niños pequeños) Pero que uno tenga un padre gilipollas no es culpa de nadie, oiga. No vamos a ponernos a prohibir películas a cascoporro por eso. Ante la facilidad de la ofensa, siempre se tiene la libertad de elegir no ver dicha película: por ejemplo, el tratamiento sobre el vampirismo que se hace en la Saga Crepúsculo me parece simplista, vulgar, maniqueo, retrógrado, sexista e incluso ridículo. Me habreis oido poner a la señora Meyer a caer de un burro como escritora. Habreis leido por activa y por pasiva que su Saga me parece una mierda pinchada en un palo. Pero jamás me habreis dicho que deberían censurarla o prohibirla.

Recordad sin embargo la tanda de payasos que surgió cuando los libros de Harry Potter empezaron a pegar el pelotazo: millones de niños acostumbrándose a leer gracias a una saga que, mire usted por donde, fue acusada de (y cito de modo casi textual) "incitar a los niños a usar la brujería y apartarse de las doctrinas de Jesús".
Supongo que estos son los listos que SÓLO leen la Biblia. A ver, yo me la leí en su día y como libro no está mal; de hecho, tiene sus ventajas históricas (gracias a la cantidad de traducciones que hubo se convirtió en una obra de referencia en lingüística comparada de lenguas muertas, por ejemplo), pero no por ello se debe atacar a cualquier libro que no sea El Libro. Porque incluso en la Biblia se encuentran contenidos no aptos: véanse matanzas (Sodoma y Gomorra), torturas (Deuteronomio) o erotismo puro y duro (Cantar de los Cantares). Si nos regimos por ese baremo, la Biblia debería ser el primer libro censurado. Y nadie se lo plantea (ni yo mismo siquiera).


Charles Baudelaire. Adoraba a Satán en sus poemas. Otro indeseable.

Igual es por el pánico homosexual.
Muchos expertillos en eso de la naturaleza humana, al considerar que no ser heterosexual es una "desviación", se creen que la homosexualidad es una enfermedad contagiosa; que al tolerar los matrimonios lesbogays habrá una especie de epidemia zombi-gay y todos nos iremos a Chueca a bailar por Lady Gaga vestidos en tanga con tirantes y plumas. Muchas plumas.
Viva el puto estereotipo.

Me tengo que descojonar como intentan ser políticamente correctos al mismo tiempo que sugieren la segregación del colectivo homosexual: cómo dicen que "son personas iguales que tú y que yo", pero al mismo tiempo niegan su igualdad de derechos ante la ley. Un homosexual, según ellos, puede casarse, pero "no puede llamarse matrimonio" (toma ya), porque la Constitución dice que el matrimonio es "entre hombre y mujer". Vaya, ahora SÍ aceptan la Constitución; sin embargo, si estamos hablando de igualdad, estamos hablando de igualdad, tal y como expresa ésta en su sección de derechos fundamentales. Si ahora resulta que el matrimonio es exclusivo entre heteros, el concepto de igualdad se va a tomar por culo (no pun intended).


Chuck Palahniuk, estandarte de la literatura contracultural y creador de obras de culto como El Club de la Lucha. En sus novelas a menudo aparecen valores tan inmorales y anticristianos como gays, travestis (Monstruos Invisibles), adictos al sexo (Asfixia), madres solteras (también en Asfixia), terroristas (Nana, El Club de la Lucha) y demás indeseables. Ya mismo sufrirá el tijeretazo, si no prohiben directamente sus libros, al paso que vamos...

Lo cual me lleva a otra cosa que me hace gracia, y es el hecho de adueñarse de un concepto entero. Parece ser que, si una persona se casa con alguien del mismo sexo no puede llamarse matrimonio, porque así parece recogerlo nuestro derecho, basado en el derecho romano y tal. Guai. El derecho romano a ese respecto, según me contó alguien (lo siento, no recuerdo quién fue), parece estar basado en (ajajá) las doctrinas católicas, muy posiblemente porque esa parte fuese redactada cuando el Cristianismo era religión oficial del Imperio. Dicho de otro modo, estas doctrinas se mean sobre los conceptos de igualdad que venimos defendiendo desde 1978 (para empezar, porque nosotros ya NO tenemos religión oficial)... pero veamos en qué creo yo que la pifia este planteamiento.
Para empezar, lo que me mosquea de todo esto es el concepto de "apropiación indebida". Partiendo de esa base, va a resultar que no existieron matrimonios antes del Cristianismo; o bien, si nos ponemos así, da la puta casualidad de que un matrimonio civil, tal y como me contaban los curas de mi colegio, "no es tal ante los ojos de Dios". Dicho de otra manera, "a la manera del clero o a la carretera".
En segundo lugar, es un poco la idea de pillar el canasto de las chufas y encabronarse por todo aquello que no siga los dictámenes de la Santa Iglesia Católica, Apostólica y Romana, cagándose en la puta madre de todo aquel que transgreda sus normativas (¿Oiga? ¿Normativas? ¿Es que ellos ponen las leyes?), pero al mismo tiempo, quejarse de que las iglesias se están quedando cada vez más vacías y que cada vez hay menos gente con fe.


Clive Barker. Otro antinatural, según los cánones de heterosexualidad por cojones. Si habéis leído novelas suyas como Imagica, veremos que no tiene reparo alguno en mostrar personajes protagonistas capaces de establecer relaciones sexuales, digamos, poco usuales (cuando leáis esa novela entenderéis a lo que me refiero); en relatos como "En las colinas, las ciudades", los protagonistas son una pareja gay que se encuentra con algo bastante insólito mientras hacen un viaje en coche.

Yo no sé si estas quejas las hacen en serio, pero espero que eso de que no saben la razón por la cual cada vez hay menos gente creyente en la Secta Oficial sea una pose y no verdad, porque de ser así, me estarían demostrando que son de lo más cortos de entendederas. No puedes pasarte media vida puteando a los demás (me remito a la historia para ver el nivel de tolerancia del Catolicismo hasta nuestros días) y luego esperar que vengan a ti como putos corderitos. Que puede que yo piense que la raza humana no es demasiado lista, pero todavía muchos no han desarrollado tal nivel de gilipollez extrema como para llegar a eso.


Citando libremente al doctor Henry Jones: "Los ignorantes como usted deberían leer libros, en lugar de quemarlos". Esto se puede aplicar a aquellos que imponen la tijera y el rotulador rojo a aquellas obras de arte por miedo a que unos cuantos se cabreen o se rasguen las vestiduras.

Por otra parte, hay mucha gente creyente, lo cual no creo que sea malo. Yo mismo no me considero ateo, aunque os parezca extraño; es tan sólo que, por cuestiones personales, me niego a creer que un templo en Roma sea un país (aunque esté reconocido por la ONU); me niego a creer que una panda de viejales hablen con Dios y que sean representantes de éste en la Tierra. Porque no. Porque no creo que ellos tengan nada que los haga especiales como para eso. Y por último, me niego a reconocer esa superioridad moral de la que presumen, porque me han demostrado en infinidad de ocasiones que no son mejores personas. Que sus creencias a menudo se han usado para justificar la barbarie. Que han mirado para otro lado cuando se han cometido masacres, pero que luego han condenado verdaderas chorradas.
En resumen, me niego a aceptar la autoridad de una panda de hipócritas (y por hipócritas me refiero a la cúpula, que son los que han engañado a miles para que les hagan el trabajo sucio en el tercer mundo; países que, que yo sepa, no ha visitado ningún Papa en su puta vida, o no lo ha hecho con tanta frecuencia como con los países del primer mundo. Igual es porque no hay hoteles guapos, ni caterings con jamón del bueno o langostas)



"NGorongo, dicen que el Papa viene la semana que viene a visitarnos"
"Guai, ¿eso hará que estemos menos jodidos?"
"Bueno, viene a dar una misa y a rezar por nosotros"
"Muy bien, pero ¿pasaremos menos hambre?"
"Dicen que le van a preparar un banquete con más comida de la que veremos nosotros en toda nuestra puta vida"
"Vaya, eso no suena muy bien. ¿Para qué viene, entonces?"
"Pues viene porque nos ama, y porque tiene un mensaje para nosotros"
"¿Ah, sí? ¿Cuál?"
"Que Dios nos ama también"
"Coño, pues para decirnos eso y comerse nuestra comida de toda una vida, ya podría mandarnos un mail y quedarse en su palacio"
"Pero si nosotros no tenemos ordenador"
"Bien, ya lo vas pillando"

Os voy a proponer un experimento.
Suponed, por un momento, que existe un Dios tal y como lo pinta el cristianismo. Los ateos lo tendréis un poco más dificil, quizás, pero haced el esfuerzo. Suponed, por tanto, que teneis por delante un mundo poblado por hormigas, o por células que habéis creado, ¿de acuerdo?
Suponed que esas hormigas o esas células tienen colores diferentes. Suponed que no todas esas hormigas o células procrean; no hacen daño a nadie, pero simplemente se amanceban entre ellas, nada más. Suponed que, si bien en unos sitios la cosa medio va bien, en otros, tenemos hormigas o células que matan a otras. Otras fomentan la superpoblación y la propagación de enfermedades desde sus puestos de poder. Por otra parte, tenemos especímenes que matan, esclavizan o violan masivamente a otros; pequeños insectos que se destruyen entre sí por recursos naturales y que, descubrís un día, que lo hacen por vosotros. Porque, según un puñado de esas criaturillas, vosotros les habéis dicho que tienen que limpiar el mundo de indeseables, de enfermos y de aquellos que desafían a Vuestra Ley.
Pensad esto con frialdad, tomaos el tiempo que haga falta.
Y, una vez hayáis terminado vuestra reflexión, responded a esta pregunta: Si sois un Dios de Amor, ¿exterminaríais a alguien? Y si, decidís hacerlo al que más se lo merece, ¿a cuál de ellos sería?

4 comentarios:

Gissel Escudero dijo...

Justamente venía pensando yo en estas hipocresías religiosas viendo la adaptación de "Los pilares de la tierra". Por algo no creo en las religiones...

Rumbo a la Distopía dijo...

Yo creo en algunas ideas que plantean, pero no en todo el sistema político que crean alrededor de ellas...

Gissel Escudero dijo...

Lo que sirve de la religión es la enseñanza de buenos valores morales y los conceptos de bien y mal. Pero todo eso se podría aprender sin necesidad de un trasfondo religioso. Por desgracia, parece que nuestro cerebro mismo nos predispone a las creencias religiosas (por algo la religión ha existido desde siempre, aunque fuera adorando al Sol).

Anónimo dijo...

Merecemos una somanta de hostias, pero todos (día diplomático)