Pues fíjese usted que me creía yo que habíamos superado ya ciertas cosas. Años y años han transcurrido desde aquel incidente fantasma con cierto cantante latino en un reality, un armario, una fan, un perrito y un bote de mermelada/foie gras (dependiendo de la versión). Yo creía que a estas alturas ya habíamos dejado atrás la rumorología, las leyendas urbanas y, muy especialmente, eso de creernos absolutamente todo cuanto nos cuentan.
O, hablando en términos más directos, creernos todo cuanto vemos por televisión.
Eso, por supuesto, hasta la semana pasada; sólo necesitas mirar un rato la caja tonta y estar atento a las noticias para descubrir, no sin cierta desazón, que tu país está lleno de amebas. De tontitos. De primos. De esquizofrénicos.
Con respecto a esta última palabra, voy a hacer un inciso con intención de explicar el por qué de este término: según lo (poco) que estudié en la Facultad de Psicología, hace unos cientos de años, los trastornos y patologías mentales pueden enmarcarse dentro de dos grupos. Por un lado tenemos los trastornos neuróticos, y por otro, los psicóticos. La diferencia entre éstos, grosso modo, consiste principalmente en si el trastorno provoca la pérdida de contacto entre el paciente y la realidad. Dicho de otro modo, se entiende por trastorno neurótico todo aquel que viene a ser una especie de "desequilibrio emocional", o trastornos derivados de la ansiedad (definición de William Cullen): un trastorno depresivo, una hipocondria, cualquier o casi cualquier parafilia o trastornos del sueño podría responder a esta catalogación.
Un trastorno psicótico, por su parte, vendría a ser "Un desorden mental severo, con o sin un daño orgánico, caracterizado por un trastorno de la personalidad, la pérdida de contacto con la realidad y causando el empeoramiento del funcionamiento social normal" (definición de Stedman). Aquí aparecerían los diferentes tipos de paranoia y esquizofrenia.
La esquizofrenia, propiamente hablando, vendría a ser dicho trastorno caracterizado por alteraciones en la percepción o la expresión de la realidad. En resumen, lo propio de una persona que, bien no ve las cosas como son para los demás, bien ve cosas que no están ahí.
Justo lo que pasó esta semana en cierto programa de la televisión, cuando se invita a un cantante pop, al que me referiré como El Campañitas (por eso de haberse pegado varios años sin dar golpe como músico, pero poniendo su jeta -y poco más- ante cualquier campaña prosocial que se precie o cantando en discos de homenaje; o, al menos, ha venido siendo así hasta que al chaval le ha dado por grabar su primer disco en solitario) y a un mago.
Pero no como Gandalf, sino de los otros. De los de chisteras, conejos y demás.
No es necesario imaginarse que si invitas a un mago a un programa de televisión te va a hacer un truco de magia. Hasta ahí debería llegar el Homo Hispanicus medio. Ojo, pongo debería. Como ya sabéis, el uso de un tiempo condicional en caso alguno implica un hecho real, sino uno que expresa hechos potenciales o hipotéticos.
El uso de este tiempo no está injustificado.
El truco en cuestión es más viejo que mear de pie: le muestran al público una guillotina y pasan zanahorias por la hoja de esta para que CREAMOS que está más afilada que el garramen de Lobezno. Luego el presentador le dice al Campañitas que por qué no se pone en la guillotina. Sólo una ameba con problemas genéticos graves en su única célula pensaría que algo se puede salir de madre. Con un truco tan trillado (eso ya lo hacía Alice Cooper en sus giras en los años 70) lo único que una persona normal puede pensar es "Venga, ya nos van a hacer el paripé de la decapitación". Un servidor, que no es más listo que los demás (puede que menos que la mayoría, incluso), ya se olía incluso el falso error de cámara por parte del equipo. Dicho y hecho, cuando baja la hoja, cae rodando algo que suponemos que es la cabeza del cantante y la cámara gira drásticamente mientras la voz del presentador (que, como actor no es gran cosa, para qué nos vamos a engañar) diciendo que corten la emisión, que ha pasado algo.
En cuestión de minutos, las redes sociales se hacen eco.
Un montón de gilipollas se creyeron que REALMENTE habían decapitado al Campañitas, obligando a la productora y al programa a pedir disculpas y dar explicaciones. El propio cantante tuvo que decir en su Twitter que estaba vivo, para tranquilizar a sus fans.
Estoy de acuerdo con lo que dice arriba.
Y esto, llega un punto en que ni me desconcierta, ni me causa rabia, ni me da ganas de reirme por no llorar. Nada de eso.
Ver como mi país está lleno de cretinos e imbéciles que se creen absolutamente todo cuanto ven en televisión no es para reirse ni para cabrearse. Es para preocuparse, y mucho. Ya empieza a quedar más que claro que, cada día más, nos estamos convirtiendo en una nación llena de gente impresionable, manipulable y, por encima de cualquier otra cosa, carente de imaginación y fácil de engañar.
Pablo Motos no es Robert de Niro.
No es Edward Norton.
Joder, ya puestos no es siquiera Shia LaBoeuf. ¿Ninguno de esos genios se dio cuenta de que estaba fingiendo?
Es más, la magia ni siquiera es magia. Nada de lo que vemos es real; de hecho, ni siquiera se acerca a lo real. Es todo un arte dispuesto para engañar al público, para hacerle creer, por un momento, que puedes decapitar a una persona y que ésta, a los tres segundos, se levanta como si nada. Que puedes entrar por una puerta y salir por otra como si te hubieses teleportado. Clavar espadas en el cuerpo de una azafata vestida con lentejuelas. Creer que un truco de magia tiene la más mínima posibilidad de dañar a alguien tiene tanto sentido como pensar que la gente muere a diario haciendo películas. Sí, existen los accidentes, por supuesto... pero es más probable matarte de un accidente de tráfico que actuando en una peli (exceptuando al pobre Brandon Lee, pero eso es materia de una investigación mucho más severa y que aparenta una cierta intencionalidad en lo que le sucedió)
A este SÍ se lo cargaron durante un rodaje. Pero sucedió allá por el 94. Ha llovido mucho desde entonces y no se ha vuelto a saber de más gente que haya palmado en circunstancias extrañas o accidentales durante el proceso de una película. En ningún caso se puede tener como algo que entre dentro de lo probable.
Pero pongamos el caso hipotético de que el señor Motos fuese la próxima estrella revelación del Actor's studio. Pongamos por un momento la extrama posibilidad de que hubiese el más mínimo indicio de accidente en la susodicha guillotina.
Pensad por un momento DÓNDE lo estais viendo.
Bingo. Lo estais viendo en la tele, patria de la mentira y de la tergiversación de la realidad. Donde absolutamente nada es lo que vemos.
No hablo por hablar. Hace algunos años conocí a la que se convertiría en una buena amiga mía que, por avatares del destino, recibió una beca para trabajar en una de nuestras magníficas cadenas privadas. Como comunicadora audiovisual que era, ya había sido advertida en la carrera de que los medios de comunicación NO son veracidad, ni información: son una manera de dar espectáculo. Y si consideramos que la magia y el cine son parte del mundo del espectáculo, no nos costará nada descubrir que la tele es la mayor fábrica de engaños, mentiras e ilusiones que existe en la actualidad. Ella misma lo comprobó en sus propias carnes cuando vio cómo funciona ese mundo por dentro: cómo, en programas de encontrar pareja, donde se supone que los concursantes no se conocen entre sí y ni siquiera tienen contacto entre ellos, alternaban tranquilamente en los pasillos de la cadena y se ponían de acuerdo acerca de lo que decirse ante las cámaras.
Para dar espectáculo.
Para hacer creer al público que estaban viendo algo real.
Ejemplo número 1 de que NO todo lo que vemos u oímos tiene por qué ser real: Milli Vanilli.
Ejemplo número 2: la modelo polaca Iga Wyrwal. Decid lo que os dé la gana, pero yo sigo sin creerme que esta mujer sea de verdad...
Y con esas, todas: las noticias no empiezan por lo más destacado del día, sino por lo más espectacular; por aquello de lo que va a estar hablando la gente días y días. Y, si os fijais, esa noticia de interés se sigue repitiendo días y días...
¿Una noticia que se repite?
Pensad en ello.
Los medios de comunicación son espectáculo, orientado principalmente a dos objetivos:
1) Orientar al receptor a segun qué ideologías, dependiendo del medio en cuestión (lo que llamaríamos propaganda)
2) Distraerlo de verdaderos problemas y evitar que piense en ellos ("Al pueblo, pan y circo", que diría Juvenal; diecinueve siglos han pasado desde que acuñó esta frase y fijaos: así seguimos y así seguiremos)
Pero no nos confundamos: eso no convierte a los medios en algo intrínsecamente malvado. Nosotros tampoco somos las pobres ovejitas inocentes que vivimos engañadas en un mundo corrupto y cruel que nos exprime el cerebro. Tal aseveración sería de una inocencia tal que tendríamos que adornar este post con fotos de Osos Amorosos y perritos en cestas.
No, joder.
Recordad este dicho popular, atribuido a Anaxágoras, según he leído por aquí (cosa que no termino yo de creerme demasiado, pero no he encontrado otra fuente): "Si me mientes una vez es culpa tuya; si me mientes dos, es culpa mía".
La ceguera no es siempre algo fisiológico. También puede ser voluntario.
Y es a eso a donde quiero llegar. Volviendo al caso de arriba, no es culpable el señor Motos por poner en marcha una farsa como la que montó; tampoco culpa del mago, que hizo lo que sabía hacer. Tampoco del Campañita, por prestarse a ello. Ni siquiera de la cadena, por permitirlo.
La culpa es de toda esa panda de cretinos y críos mentales que dieron por hecho que, por haber sucedido en la tele, era verdad. Ese rebaño humano que se intoxica a diario de mentiras y mierdas y que, no contentos con ellos, se las creen sin reservas. Sin preguntarse nada.
Muchos de ellos son de esa nueva especie de seres inteligentes que van por la vida de ofendidos en cuanto ven un contenido por televisión que no les gusta y, echando mano del argumento demagógico ("tal contenido me ofende y pido que lo eliminen y que no vuelvan a ponerlo nunca más") se dedican a presionar a las cadenas de televisión (vulnerando abiertamente el Artículo número 20 de nuestra Constitución, punto 1d, donde se habla de la Clausula de Conciencia, consistente en el derecho a informar sin recibir presiones políticas o ideológicas) para que contenidos tan "ofensivos" como ver una pareja homosexual o familias no "standard" en una serie de televisión desaparezcan de nuestras pantallas. Esto último sucedió, cuando se supo que la serie de televisión Los Serrano recibió presiones por parte de ciertos colectivos de "telespectadores" (¿En serio la gente tiene tiempo libre para crear colectivos de gente que ve la tele?) por mostrar una familia formada por un viudo y una separada, y la relación no del todo "canónica" entre dos de los hermanastros.
Con lo fácil que habría sido hacer un resumen de cualquier capítulo para argumentar que la serie era un mojón de aquí te espero... lo mismo así nos habríamos ahorrado patochadas como SJK (Santa Justa Klan), los discos de Fran Perea, el auge de El Sueño de Morfeo o aquel último capítulo que anticipaba la crisis de guionistas que nos azota en la actualidad...
Estos colectivos hicieron alguna declaración pública acerca de que la televisión estaba intentando normalizar cosas demoníacas y antinaturales, que atentaban contra los valores cristianos de nuestra sociedad. Aquí me remito de nuevo al artículo 20, punto 1d de nuestra Constitución y al artículo 16, donde queda más que claro que ninguna confesión tiene carácter estatal. Dicho de otra manera, por mucha mayoría católica que haya en España, el credo católico en modo alguno puede imponer su doctrina en la televisión ni en cualquier otro medio de comunicación. Por cultura se puede tener en cuenta, pero eso no quiere decir que nuestros medios de comunicación tengan que pasar por el filtro religioso. No a menos que la Conferencia Episcopal fundase su propia cadena de televisión privada y fuesen ellos quienes decidiesen los contenidos que emiten en su propio canal.
Y no sólo ellos. En este guiso de "me siento ofendido" y "tu contenido ofende, pero no la censura que yo propongo" participan medios y organismos que, por regla general, suelen ser bastante respetables. ¿Por qué? Quizás porque la estupidez es contagiosa; quizás porque, con la intención de hacerse notar y salir en la tele hay que pasar por el aro del circo. O quizás, horror de los horrores, porque en el organismo más respetable del mundo también hay idiotas que no saben distinguir la realidad de la ficción y usan la demagogia y el pataleo para dejar bien claro que la soplapollez es una forma de vida que hay que defender a capa y espada.
¿Que no me creéis?
Sólo mirad las noticias acerca del cartel de la película Larry Crowne.
Y no sólo ellos. En este guiso de "me siento ofendido" y "tu contenido ofende, pero no la censura que yo propongo" participan medios y organismos que, por regla general, suelen ser bastante respetables. ¿Por qué? Quizás porque la estupidez es contagiosa; quizás porque, con la intención de hacerse notar y salir en la tele hay que pasar por el aro del circo. O quizás, horror de los horrores, porque en el organismo más respetable del mundo también hay idiotas que no saben distinguir la realidad de la ficción y usan la demagogia y el pataleo para dejar bien claro que la soplapollez es una forma de vida que hay que defender a capa y espada.
¿Que no me creéis?
Sólo mirad las noticias acerca del cartel de la película Larry Crowne.
Ya os lo pongo yo.
A primera vista, no hay nada ofensivo en dicho cartel: Tom Hanks llevando a dar un paseo a Julia Roberts, ambos felices y sonrientes...
Pues que sepáis que este cartel ha sido denunciado, amiguitos.
Por la DGT.
Los actores salen en un cartel conduciendo en moto y no llevan casco, lo que consideran "incita a inflingir las normas de circulación".
Con dos cojones.
Otros que tampoco distinguen realidad de ficción. ¿Qué será lo próximo? ¿Prohibir la emisión de Mad Max?
O igual otros se apuntan a la movida y empiezan a pedir sanciones de todos colores para ganar pasta por la cara. Pongamos que un día yo digo que me ofende ver cómo Schwartzenegger mata gente en Terminator porque, joder, matar está penalizado.
Pues que sepáis que este cartel ha sido denunciado, amiguitos.
Por la DGT.
Los actores salen en un cartel conduciendo en moto y no llevan casco, lo que consideran "incita a inflingir las normas de circulación".
Con dos cojones.
Otros que tampoco distinguen realidad de ficción. ¿Qué será lo próximo? ¿Prohibir la emisión de Mad Max?
O igual otros se apuntan a la movida y empiezan a pedir sanciones de todos colores para ganar pasta por la cara. Pongamos que un día yo digo que me ofende ver cómo Schwartzenegger mata gente en Terminator porque, joder, matar está penalizado.
Pero nada, amiguitos Distópicos. Así funciona el tema: ahora todo es demagogia; todo ofende y hay que escuchar al colectivo más minoritario y disparatado, dándole explicaciones de cosas que a lo mejor no serían ni necesarias. Dichos colectivos, cuya moral es tan discutible, son los primeros en usar a los niños como arma argumental diciendo que sus hijos están en serio peligro moral a la hora de ver según qué contenidos; aunque ese contenido sea algo como ver a un señor de raza negra besando a una chica blanca.
De esto ya mejor ni hablar.
Ante eso, sólo se pueden usar argumentos contundentes: es cierto que todas las opiniones son o deberían ser opiniones válidas; pero oiga, para tener una opinión no basta sólo con convertir oxígeno en dióxido de carbono. La opinión de uno debe (o debería) estar basada en unos argumentos medianamente sólidos que impliquen saber medianamente de qué coño se está opinando. Es como si te van a operar a corazón abierto y el médico te pide tu opinión (sin que tú seas médico) acerca del mejor modo de operarte. Una persona de a pie con un mínimo de sentido común no abre la puta boca al respecto y, todo lo más, busca una segunda opinión... de otro médico. Pero no entra a discutir acerca de algo para lo que no está preparado o debidamente informado.
Pero el Homo Hispanicus medio no es así. Es del que entra a matar, cual torero en un ruedo: chilla, berrea y actúa sin pensar. Ataca aquello que no entiende y pide su prohibición tajante y expresa, haciendo que nos retrotraigamos a siglos atrás, cuando quemábamos y ahorcábamos (o puede que no lo hiciésemos realmente, como indican algunos historiadores, pero desde luego que no lo consentíamos) toda aquella muestra de pensamiento divergente; y cuando otros le preguntan a qué viene tanto jaleo, chilla que son los demás los que no lo entienden y que son unos inmorales.
"Nadie esperaba a la Inquisición Española".
No, si a veces piensa uno que nunca se han ido, que tan sólo se han escondido un poco...
Antes he hablado acerca de lo de la esquizofrenia, y he aquí donde viene la verdadera preocupación: el concepto de realidad depende de la campana de Gauss: en otras palabras, tendemos a considerar "normal" (por ejemplo, ver una percepción como "real") cuando la mayoría de individuos de una población la entienden como tal; de esta manera, los casos patológicos serían aquellos que quedarían en los bordes de la campana.
O sea, esto.
Partiendo de este supuesto, me gustaría que pensáseis en una cosa. Pensad en lo que sucede cuando, por el motivo que sea, la mayor parte de la población ya empieza a comportarse así y cada vez menos es la gente que actúa de un modo medianamente racional o que se para a pensar y analizar lo que está viendo, leyendo o escuchando.
Imaginad por un momento un país que, en su mayoría, considera que todo, absolutamente todo cuanto sale en los medios de comunicación, es una verdad irrefutable e indiscutible. Considerad qué lugar tendrían artes como el cine, el teatro o la literatura en un mundo donde la gente carece de imaginación y se ofenden ante la más mínima muestra de humor negro, sarcasmo, ironía, violencia (verbal o física, implícita o explícita), sexo (implícito o explícito) o escepticismo ante el futuro de la raza humana.
Pensad en lo que sería un mundo donde la gente se toma demasiado en serio cosas que en absoluto tienen la mitad de importancia de lo que deberían. Donde todo aquello que no sea políticamente correcto deba ser mutilado, silenciado, "adaptado a todos los públicos" (eufemismo donde los haya, muy presente en nuestra televisión) o directamente retirado.
No sé a vosotros, pero una sociedad así a mí me pone los vellos de punta.











6 comentarios:
Hombre, y eso que ni te has metido con la gente que cree cualquier cosa que lee en la Interné. Mi lista de "hoaxes" favoritos:
1) Que McDonald's obtiene la carne de vacas monstruosas genéticamente alteradas que se crían en laboratorios (bichos sin pelo que se alimentan de un tubo).
2) Que McDonald's obtiene la carne de las lombrices (eso en realidad no estaría mal; imagino que la carne de lombriz no ha de elevar el colesterol).
3) Que los pollos de Kentucky Fried Chicken también son bestias sin pico ni plumas que se crían en laboratorios.
4) Lo de los gatitos bonsai.
5) Que las águilas se refugian en cuevas y se arrancan las plumas, las garras y el pico para luego regenerarse y vivir muchos años más.
En fin. Hay gente predispuesta a creer cualquier cosa.
Sí, ya oí en su día la leyenda del FrankenChicken; igual podría aplicarla en mi nueva historia de cachondeo jajajaja
Bromas aparte, lo que sí es triste es que haya gente dispuesta a defender una idea a capa y espada, sin pruebas y sin haberse preguntado si lo que están defendiendo es cierto. De eso al fanatismo hay una línea divisoria prácticamente inapreciable...
¡Usa al FrankenChicken, usa al FrankenChicken! :-)
En cuanto a la defensa sin pruebas... bueno, creo que todavía no se ha comprobado por completo que el ser humano sea una criatura racional. Eso ya lo dice todo...
Amén.
¿No habéis notado que hace cosa como de diez años es mucho más difícil bromear sobre cualquier cosa?
Sí, me he dado cuenta. Hace un par de días precisamente estuve viendo Aterriza como Puedas con mis padres y les comenté que las frases del comandante del avión ("Dime, has visto alguna vez a un adulto desnudo?" o "¿Te gusta cuando tu perro se frota con tu pierna?") hoy en día serían directamente censurables o blanco de denuncias de todo tipo...
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