viernes, 19 de agosto de 2011

Mondo Chorra: Los Caballeros del Zodíaco, anatomía de una saga cualquiera de la serie.



Cuando eres un enano, las cosas con las que te crías adquieren un color especial. Con las series de televisión de nuestra época (para aquellos que éramos pequeños en los 80 y 90) no había excepción alguna. Si nos daba por ver una serie, da igual lo truño que fuese (véase por ejemplo Campeones, que no podía ser más mala en cuanto a animación, argumento, diálogos o cualquier otro elemento), íbamos con esa serie más a muerte que los fans de Kiss.

Eso pasaba también con Los Caballeros del Zodíaco. En mi caso, que siempre fuí admirador de la mitología (especialmente la clásica), podría decirse que fue amor a primera vista: un puñado de melenudos, con armaduras que simbolizaban constelaciones, se daban de hostias (y bien dadas, la serie no escatimaba en cuanto a sangre, mutilaciones y todo tipo de violencia gratuita, lo cual era un pasote a nuestros tiernos diez años, donde lo más duro era ver al lobo de La Aldea del Arce reírse como un imbécil) y se enfrentaban incluso a los mismísimos dioses, como Poseidón.
Así que ahí estaba yo, cada tarde llevándome mi ración de hostias y espectaculos de automutilación, sólo por ver cómo el bien le pegaba una patada (literal) en el culo al mal. El Universo se ponía en orden otra vez y luego me iba yo a mis libros, para ver si conseguía aprobar la EGB. Y en contra de la creencia popular, la violencia explícita de la serie no me hizo peor persona: jamás me he metido en una pelea ni he participado en actos violentos de ningún tipo (por no participar, no he participado siquiera en disturbios contra la poli, que tan de moda están ahora, ahí es nada)

Y los años pasan, y te acuerdas de estas cosas. Y con el tiempo, te das cuenta de cómo van funcionando, más o menos. En el caso de Los Caballeros del Zodíaco, cualquier saga podría resumirse con unos trazos más o menos genéricos. Aquí los dejo para uso y disfrute del personal:

Toda saga de la serie suele empezar con Saori Kido, alias Atenea reencarnada (una especie de chorba pelimorada con bastón gigante y cara de tener pocas intenciones de tener un revolcón con ser vivo alguno) dando vueltas por su mansión. A su lado aparecerá Tatsumi, un mayordomo calvorota y sin cejas que se viste de guerrero kendo cuando las cosas se ponen chungas. Probablemente ella dirá algo aparentemente trascendental, pero que en realidad vendrá a tener el mismo sentido que "Haría falta comprar mortadela, que llevamos tres días rellenándonos el bocata con papel de lija". Tatsumi pondrá cara de "A sus órdenes" (siempre pensé que este hombre tenía una fijación extraña con su ama, pese a que él debía rondar los cuarenta y ella, según la serie, no tenía más de dieciséis años). Al fondo, veremos a los Caballeros de Bronce haciendo alguna chorrada como flexiones con los dedos, footing o rezar delante de una cruz (cada uno tiene sus hobbies, supongo). Nótese el detalle de que, por algún extraño motivo, estos alegres chavales van a llevar SIEMPRE la misma ropa.


De esta guisa iban los gachones todo el santo día. Lloviese, hiciese calor o sin haberse duchado en dos semanas.


Como no es plan de que las cosas resulten aburridas (y no, los chistes malos de Seiya, alias Caballero de Pegaso no sirven para romper la rutina), esa paz es rápidamente interrumpida. De la nada (literalmente, se materializará en mitad del aire) un mastuerzo con la misma expresión de "No voy a hacer el amor con nadie en la vida, pero tampoco me importa" que Saori se materializará, dejando al personal con la boca abierta.
Supongo que las pintas del malo de turno deberían influir en este asombro: por lo general, los malos de la serie suelen tener un aspecto sacado de un video-clip de Europe: labios pintados, litros de laca en el pelo, hombreras...
Junto al maloso, cómo no, tiene que aparecer el séquito de subalternos, imprescindibles para el desarrollo de la saga, como explicaré más adelante. Este grupo de matones suele caracterizarse por seguir unos patrones definidos, puesto que en ellos vamos a encontrar siempre:

1) Un tío muy grande.
2) Un tío que parece sacado de un concierto punk.
3) Un tío de sexualidad dudosa, con pintilla de artistilla. A veces puede aparecer con algún instrumento musical, como un arpa, una flauta o una balalaika.
4) Un tío con mirada de psicópata (por lo general, esto se traduce en la serie por tener unas pupilas extrañamente pequeñas y sin color), y con un arma a juego, como una sierra circular flotante o cualquier cosa con pinta de hacer pupa.
5) Un jefecillo con alto sentido del honor, la lealtad y esas cosas, que se mete en faena básicamente por servir al maloso, no porque sea malo en sí.


De izquierda a derecha: los gemelos (psicópatas), el grandullón, el jefecillo (abajo), el punk, otro con sentido del honor (sobre el punk), el tío con sexualidad dudosa y un tercer psicópata (sobre el de sexualidad dudosa del arpa)



Más de lo mismo: un par de psicópatas (no se ve bien la lanza chunga de uno de ellos), un honorable (abajo, a la derecha), otro con sexualidad dudosa (a la derecha del todo), un par de medio decadentes y el punk (al centro-derecha y no, no es un chiste). Se rellena fantástico cuadro con Poseidón (al centro) y con una tipa que, para variar, no lleva la puñetera máscara de las mujeres-caballero de la superficie.


Esta moza.


La escenita de marras, con aparición de la pandilla al completo, servirá básicamente para presentárnosla, creando un poco la expectativa de "Joder, menuda se va a montar aquí"... Sin embargo el secuestro en sí (porque vienen a secuestrar a Saori/Atenea, amiguitos, no os vayais a pensar que es para otra cosa para lo que han venido) suele ser siempre tirando a soso. Discurso por parte del malo, con alguna amenaza chulesca por parte del punk del grupo, que se reirá como una ratilla (y acallado por el jefecillo, que no está para milongas) y poco más. Saori, más que secuestrada, se irá voluntariamente a hacer cualquier estupidez para los malos (por lo general, dicha estupidez se limitará a rezar en un cubículo mientras la muerte llega lentamente, o bien estar a punto de morir en una agonía que durará unos treinta capítulos o así) ante la mirada atónita de los Caballeros de Bronce, que, bien no podrán hacer frente al despliegue de chulería de los recién llegados, bien no actuarán por orden directa de la pelimorada.

Total, que los protagonistas se quedan con dos palmos de narices mientras se llevan a la reencarnación de la Diosa Atenea (que, pensándolo bien, Atenea era una diosa guerrera. Pelín sosa que ha quedado la reencaranción... ¿nacería en la época hippy?). Tatsumi se habrá puesto ya (por supuesto) el traje de Kendo y sudará como un marrano, gritando histéricamente para rescatar a Saori (me reitero en la extraña fijación que tiene con la moza). Los Caballeretes, por tanto, no tendrán más narices que ponerse en marcha. Antes de eso, por lo general, suele haber algún capitulillo de preparación antes de la manta de hostias: esto consistirá principalmente en visitar a algún maestro, y las tramas variarán dependiendo del maestro al que visite cada Caballero:

En el caso de Seiya, Caballero de Pegaso, esta visita será en plan fantasmal. Su maestra, la Caballero del Águila (que nunca me enteré si era realmente su hermana o no), aparecerá de la nada y le soltará algún consejito críptico, del que no nos enteraremos hasta ya finalizando la saga.


Es lo que tiene que las mujeres Caballero se pasen toda su santa vida con una máscara puesta...

Hyoga, el Caballero del Cisne no irá a buscar a maestro alguno: irá a ver a su santa madre, que está en el fondo del Oceáno Ártico, en el camarote de lo que parece ser un galeón (¿?) y con aspecto de chavala de la misma edad que Saori. La escena será casi en silencio, e Hyoga (con dos cojones) se sumergirá con una simple camisetilla y unos vaqueros, rosa en la boca, para dejársela a su madre (una vez más, otra relación de dudosa moralidad...)

Siryu, Caballero del Dragón, irá a visitar a su maestro a las montañas de China. Éste será lo más parecido a un primo de Yoda, pero con gorro vietnamita y pellejo morado. No, no me preguntéis cómo coño cabía de joven en la Armadura de Libra (o cómo habrá encogido desde su juventud). Junto a é estará Shunrei, hija adoptiva del Yoda Morado. A ella la reconoceréis rápido: es la especie de Chun-Li con cara de pava que mira a Siryu con ojitos de cordero degollado, como a punto de decir: "¿Por qué no te dejas de mierdas de salvar el mundo, te preparas unas oposiciones y nos vamos a vivir a un adosado?"


"El séptimo sentido encontrar debes, joven aprendiz"...

Shun, Caballero de Andrómeda, no hará gran cosa salvo pensar en su hermano Ikki, Caballero del Fénix, que estará Dios sabe dónde. Éste último es una especie de Lobezno (patillas incluídas) que parece sentirse feliz dando vueltas por el monte hasta que la situación se pone lo bastante jodida como para que el tío consienta mover sus santos cataplines.

Y ya los tenemos, nuestros cinco Caballeros de Bronce se ponen en pos de los malos, que se encuentran alegremente afincados en algún paraje natural modificado para parecerse a un parque temático con columnas de piedra de las gordas. El resto de Caballeros (es decir, los segundones) se quedarán en la mansión Kido junto con Tatsumi, poniendo cara de panolis (y con la armadura puesta, oiga) diciendo frases tan sustanciales como "El tiempo se agota". Se ve que el guionista de los dibujos animados no tenía muchas ganas de echar mano de estos tíos, pese a que tuviesen poderes como los cinco protagonistas... y Tatsumi, como es un rata, no les pone ni un bocata por delante. En fin...


Aquí, la banda al completo. Observad que también tienen un gigantón y un punk...

Si algo tienen los malos de la serie es que cada uno protege algo. Este algo puede ser un pilar que sostiene los océanos (rollito mitológico on), custodiar un cacho de armadura o una gema. Por tanto, tendremos una ristra de capítulos la mar de entretenidos viendo cómo los cinco caballeros protagonistas se enfrentarán a los cinco esbirros arriba mencionados. Por medio habrá algunos soldadillos de medio pelo (los reconoceréis porque no tienen ojos, sino sombras bajo un casco) que estarán básicamente para palmar de modo absurdo y sin una sola oportunidad ante los Caballeros de Bronce. En ocasiones serán sustituídos por algún esqueleto, pero no es la tónica común...

Cada uno de estos capítulos de reparto de enemigos (y, por extensión, de hostias) se alargará de modo más o menos considerable, donde descubrirermos que no todos los malos son malos (como el jefecillo), o que otros son más malos que el malo (este papel suele recaer siempre en el psicópata).
El reparto, además, suele estar siempre bastante compensado: si bien a Shiryu le suelen poner al más fuerte de los enemigos (que no por ello es necesariamente el más grande), a Hyoga le suele caer el psicópata y a Shun, bueno... le suele caer el artistilla de sexualidad dudosa, al cual no tiene narices de meterle hostiazos lo bastante fuerte y, a causa de su infinita compasión (aquí los homófobos dirán que es porque el Caballero de Andrómeda es gay; a mí la verdad es que es algo que siempre me dio exactamente igual), su oponente estará a punto de fregar el suelo con él... hasta que aparece su hermano, el Caballero del Fénix, y le saca las castañas del fuego, mandando al otro barrio al enemigo de marras.


"Pero... ¿Qué...?"
"Soy el Caballero del Fénix y he venido a mandarte al Infierno".
Traducido a un español algo más contemporáneo:
"Pero... ¿Qué...?"
" Ven p'a acá valiente, ¿tú que laj disho a mi hermano, eh? ¡A vé, payazo ahora lo repite, que te reviento la boca!"


Y Saori, rezando. La veremos de vez en cuando, para no saturarnos con tanta hostia.

No faltarán los diálogos interminables en cada batalla. Alguno de los malosos le dirá a alguno de los Caballeros de Bronce alguna frase que invite al Síndrome de Estocolmo, como "¿Pero es que no ves que no puedes vencerme?" o bien "¡Únete a nosotros y dejarás de sufrir!"
Ante esto, la respuesta será para empezar en diálogo interno, con cosas como "No tengo derecho a rendirme" y demás. Lo veremos más de manifiesto cuando el Caballero de Bronce de turno destroce alguna columna al comérsela tras una hostia o levante la solería del Terra Mítica de los malos después de una sobrenatural colleja. Luego de esto, la imagen será un travelling desde los pies a la cabeza, donde veremos a un canijucho melenudo al que parece que le han reventado la columna (o bien como si se hubiera puesto la armadura con percha y todo), con montones de rayas en la cara (básicamente simbolizan mierda y moratones), dejando bastante pasmado a su enemigo. Éste último abrirá los ojos como dos platos y dirá algo así como "Joder, macho, te estoy reventando a guantazos y tú en pie. Lo tuyo es masoquismo"


Algo en este plan. Pero puede estar incluso más reventado.

Tampoco faltarán los flashbacks, especialmente los del Caballero de Andrómeda, que recordará la infancia junto a su amado hermano, todo ello acompañado de una musiquita super-emotiva, con coros de señoritas japonesas invitando al lagrimón colgandero. Y oye, gracias a ellos, uno piensa que un Caballero de Bronce es algo más que un heavy canijucho embutido en un cacho de lata con ganas de dar hostias por defender a una pava. Ahora es un heavy canijucho embutido en un cacho de lata y con ganas de dar hostias por defender a una pava, pero con corazoncito y todo eso.

En algún momento tendrá que aparecer Sheena, alias Caballero de la Cobra. Esta tía es una especie de remedo de Catwoman (es decir, no del todo buena ni  del todo mala) que tendrá una relación amor-odio con Seiya. Por lo general, aparecerá en un momento en que a Seiya uno de los subalternos esté a punto de darle para el pelo. El papel de esta chavala por lo general consistirá en aparecer de la nada (todavía sigo sin saber cómo rastrea a los Caballeros de Bronce a lo largo y ancho del planeta), salvar a Seiya de un puñetazo mal dado, recibir ella uno diez veces más gordo y perder el conocimiento para que éste espabile y mate al enemigo. Justo antes de eso, le dirá a Seiya que prosiga su camino, que ya hablarán otro día sobre por qué le persigue, cual acosadora psicópata...

Si es que las tienes loquitas a todas, Seiya...


He hablado antes de la Caballero del Águila. Llegados a este punto hay que decir que es el momento en que, tras una considerable tormenta de puñetazos, patadas, cabezazos, lanzazos y demás golpes exóticos de nombres rimbomantes (tales como "Capitulación del Demonio", "Aguja Escarlata", "Bombardero Surtidor de la Ballena" -no es coña-, "Ataque del Millón de Fantasmas" y muchos otros), Seiya va a tener una revelación. Eso o la conmoción cerebral. Flotando en el aire se le aparecerá la imagen de su maestra (¿O será su hermana?) repitiendo la chorrada que le dijo al principio de la saga: cosas como "conócete a ti mismo" o "métele el puño por el culo" ahora cobrarán un sentido brutal. Seiya, pues, se levantará, con su cosmos (cosa que brilla a su alrededor) brillando a tutiplen y con MÁS ganas de pegar hostias. Gracias a eso reventará a su enemigo (por lo general el mastuerzo gigante) y dará las gracias a la Diosa Atenea por guiarle (no, yo tampoco sé por qué).




O igual se me ocurre alguna razón... puede que incluso dos.


La automutilación es un concepto curioso. En todas las batallas siempre nos vamos a encontrar a algún animal que bloquea alguno de los sentidos del Caballero de Bronce que ose enfrentarse a él (o todos, ya puestos). Algunos tendrán poderes chulis que sumirán al oponente en un sueño a causa del sonido de la alegre melodía de una flautilla, o bien convertirán en pedrolo al que ose mirarles el culo. Ante eso, la respuesta más inteligente por parte del Caballero en cuestión (generalmente, el Caballero del Dragón o bien el de Andrómeda) será la más obvia: reventarse dicha parte del cuerpo. No será de extrañar que veamos que uno de estos cafres se salte los ojos con sus propios dedos o se quede más sordo que un calcetín al reventarse los tímpanos. Así, de guai.

Y Saori rezando.

Encontraremos formas curiosas de machacar al enemigo, casi todas referentes a muertes lentamente chungas o bien tan espectaculares que te dan ganas de levantarte del sofá donde estás comiéndote el bollicao y aplaudir como un puto histérico: así pues, tendremos gente que muere desangrada por pasar por un patio sembrado de floripondios o trincar al enemigo por los sobacos y llevárselo a la atmósfera para reventar por falta de aire, en plan estrella fugaz pero al revés.
El sacrificio será compartido entre los propios Caballeros de Bronce, que se interpondrán en mitad de las ráfagas de puñetazos para que otro sobreviva (este "otro" será automáticamente Seiya, Caballero de Pegaso que, por algún motivo, debe ser ÉL Y SÓLO ÉL quien salve a Saori, y nunca otro), o bien dar la vida por otro entregando su "calor humano" para que el susodicho no se enfríe.


Ejem. Pues eso.

Llegamos al enfrentamiento final. Seiya llegará hecho un Cristo, con más golpes encima que Bruce Willis y con la clásica postura de "Maniquí jodido" (consistente en la percha dentro de la armadura arriba mencionada, más un ojo cerrado, un hilillo de sangre cayendo por la comisora de la boca, las piernas torcidas y una especie de posición de guardia tan cutre que da la impresión de que si le pegas un soplido se parte por la mitad). Más hostias por todos lados. Más discursos de villano y, de nuevo, el "No tengo derecho a fallar".
Joder, la Saori esta debe pagarles a los Caballeros de Bronce una burrada al mes por ser sus guardaespaldas, porque si no, no me explico de dónde puñetas sale tanta devoción.


O igual sí.

Más flashbacks emotivos. Toda la vida pasa (nuevamente) por los ojos de Seiya, que se levanta una y otra vez, gracias a la técnica chachi que ha descubierto de su maestra.
Pero el malo es mucho malo. Le mete palos hasta en el carnet de identidad, pero... justo entonces, Saori deja de rezar y abre los ojos (aquí suele tener siempre cara de "Juro que por Dios no vuelvo a beber", porque más que abrirlos, pasan de estar cerrados a entornados) para guiar al pobre Seiya ante el camino a la victoria. Esto consiste básicamente en la imagen de la Diosa Reencarnada brillando como un puto neón gigante. Al verla, el Caballero de Pegaso dirá "Atenea me guía" y, emplando su golpe estrella ("¡Dame tu fuerza, Pegaso!", previa sesión de postureo, imprescindible en todo melenas con armadura, sea bueno o malo) le mete un único y definitivo hostiazo al malo en pleno corazón, que muere brutalmente. Lo sabremos porque tendrá la boca abierta y sus pupilas encogerán.

Tras todo este espectáculo, cruce de video-clip de Whitesnake y combate de Pressing Catch, la Diosa Atenea sale del cubículo, cura a Seiya, que la mira con cara de "¿Y ahora vamos a follar?" y se da media vuelta sin decir ni mu. Como si tuviera un GPS metido en la cabeza (o en cualquier otro sitio de su Divina Anatomía), Saori marcha en pos de los cuerpos del resto de los Caballeros de Bronce, a los que recompondrá y resucitará como si aquí no hubiese pasado nada.


Aquí, los Whitesnake.



Aquí, los Caballeros de Bronce. Vuelven los 80.

Por último, aparecerá Tatsumi pilotando un helicóptero, acompañado de los otros cinco Caballeros de Bronce (¡héroes!), que rescatarán a los protagonistas.
Y aquí termina una saga.
Una cualquiera, da igual.

Pese a todo, no os creáis que la serie me parece mala. Yo no me lo podía pasar mejor viendo aquel despliegue de sangre, violencia, muerte, destrucción, armaduras fashion y seres mitológicos. Viene a pasar como con House: todos los capítulos vienen a ser más o menos iguales, pero molan.

9 comentarios:

Raelana dijo...

xDDDDDDDDDDDDDDDDDDD Dios, que panzá de reir. ¡Y que recuerdos! Yo me quedé en la primera o segunda temporada, no vi más, la primera temporada era como un torneo y se pasaban capítulo tras capítulo peleando en un ring o algo así...

Rumbo a la Distopía dijo...

Eso era el principio de la serie, sí. No está incluido aquí por ser el origen y lo que menos se parece al resto. Luego, vinieron las sagas de los Caballeros Negros (cuando el Fénix era maloso), la Saga de los Caballeros de Plata, la Saga de los Caballeros de Oro, Asgard y Poseidón.

Al parecer hay un par de sagas más (Los Caballeros del Hades y el Cielo, o algo así), más algún ova dando vueltas, pero a mí me pasó igual que a ti. No llegué a ver el final de la serie tampoco...

Anónimo dijo...

A ver si me sale ahora el comentario, que cuando lo intenté por primera vez, me daba avisos de error. Será que tu blog no quiere que le escriba XD aunque sólo quiero decir lo que ya te dije por FB (sí, soy Silvia, española, amiga de Gissel, la que sacó un 10 en mates por cula de esta serie) y es que me he reído muchísimo con este post :D

Rumbo a la Distopía dijo...

Gracias, Silvia!

Parece ser que ha dado algunos problemas con algún usuario, cierto; y la verdad es que, pese a que he intentado arreglarlo, no he descubierto dónde está el problema.

Me alegra que te haya gustado! A ver si en breve puedo ir subiendo algún post de este tipo, que parece que han tenido una buena repercusión :)

En cualquier caso, si te da algún problema lo de los comentarios más adelante, házmelo saber o déjame algún comentario en mi muro :)

Anónimo dijo...

¡Ok! Aunque parece que ya sí me deja :) ¡Seguiré pendiente de los posts!

Rumbo a la Distopía dijo...

Genial! Ahora mismo estoy pensando qué nueva aberración subir... en cuanto se me ocurra algo, espero tus comentarios!

Anónimo dijo...

Por supu! :)

Bryoria dijo...

Llevo un rato riéndome a carcajadas como una condenada y asintiendo con la cabeza mientras digo: ¡es verdad!

Yo me las he tragado todas hasta la saga de Poseidón, me han dicho que aún me queda la de Hades pero... no sé si tengo edad para aguantar eso otra vez. XDDDD

Dios mío, todavía me acuerdo de lo enamoradísima que estaba yo del caballero de... ANDRÓMEDA Sí, ahora tengo muy claro que lo nuestro era un amor imposible en muchos sentidos. XDDDDD

Rumbo a la Distopía dijo...

Jajajajaaja lo más gracioso es que esto lo redacté ANTES de ponerme a revisar la serie, tirando de lo que recordaba!

El caso de Andrómeda, más de veinte años después, todavía sigue dando que hablar. De hecho, cada vez que se menciona Los Caballeros del Zodiaco, siempre siempre siempre hay alguien que hace referencia a la dudosa tendencia sexual del pobre Shun. A mí, sin embargo, me parece quizás de los personajes más interesantes y menos estereotipados (es un decir) del reparto. Si nos ponemos a verlo, Seiya era un Gary Stu de libro; Ikki, el chulazo patillas macarra al rollo Lobezno; Shiryu, el Pequeño Saltamontes al que se querían parecer los chavales que no se querían parecer a Ikki.
Y luego estaban Hyoga y Shun, que venían a ser un poco los hermanos tontos del fandom.
Curiosamente, mis dos favoritos. Siempre he sentido simpatía por los personajes que no se llevan la aclamación popular ;)