domingo, 31 de agosto de 2014

Escupiendo Rabia- "Es que yo tengo una causa" o Cuando la corrección política se convierte en miedo a abrir la boca



No sé qué pasa últimamente, pero cada día lo veo con mayor frecuencia. Por todas partes, a diario, y de un modo cada vez más patente. Y es que, por algún motivo, más y más gente que conozco se están viendo obligadas a cortarse un pelo (o dos, o tres, o a recortarse la melena a lo bestia) cada vez que hacen algo tan (por lo visto) terrible como es decir lo que se piensa, siempre y cuando eso que se diga no se convierta en un despliegue de barbaridades (por barbaridades me refiero a insultos abiertos, faltas al respeto deliberadas y demás). Terrible, porque cada día más, parece haber una legión de talibanes de la corrección política, que parecen encender sus ordenadores buscando la gilipollez más tonta a la que sacarle el pelillo y el higuillo y así poder indignarse. Rasgarse las vestiduras. Berrear sus proclamas a los cuatro vientos, para que todo el mundo pueda contemplar lo comprometidos que están con vete tú a saber qué causa. Como dijo un buen amigo, y perdonadme que atesore su frase para citarla de un modo más o menos libre, "está surgiendo una raza de gente cuya única preocupación en la vida es encender su navegador favorito y buscar algo con lo que escandalizarse". Y lo más fuerte de todo es que tiene más razón que un santo.

Esto me viene a recordar algo que me comentó una amiga mía inglesa, hace ya algunos años, donde me decía que en su país la corrección política estaba llegando a extremos tan absurdos que ya muchos ni se atrevían a decir "Feliz Navidad", sino "Felices vacaciones de invierno", para así no ofender a ciertos grupos minoritarios; idea que, analizándola en frío, resulta tan absurda que llega (y sobrepasa) lo ridículo. ¿Por qué? Porque con imbecilidades de este calibre, lo que estamos haciendo es dar una importancia tremenda a cuestiones personajes ajenas que, en definitiva, nos sudan el nabo a dos litros de sudor por poro. Es decir, que alguien se ofenda porque sea Navidad resulta tan ofensivo como si yo paso por delante de la mezquita que tengo en mi ciudad y me ofendo porque gente que vive su religión y sus tradiciones, sin molestar a nadie, celebran las suyas. O como si un señor va por la calle con una camiseta de un grupo que no me guste (pongamos, no sé, Mago de Oz), y yo me siento tan ofendido que monto un cirio y le doy a entender que no debe salir a la calle con eso puesto. Incluso podría obligarle a quitarse la prenda para que así mis inocentes ojitos no se vean mancillados con su blasfema indumentaria.


"¡Hoy he visto un grupo de niñas yendo a ver a los One Direction! ¡Esa gente tiene letras que me parecen ofensivas! ¡Bueno, en realidad no las he oído, pero una vez dijeron "baby" y ODIO esa palabra, me hace sentir sucia cuando la oigo! ¡Por eso exijo que retiren sus discos en veinticuatro horas o liaré una campaña de desprestigio en las redes sociales que van a flipar! ¡Coño ya! ¡Y a las niñas que he visto, que las fusilen, por ser fans de semejante gentuza!"


Este barniz de "corrección política extrema", si lo analizamos en profundidad, posee tres elementos subyacentes que resultan, como poco, preocupantes:

1) La intolerancia del grupo que se hace el ofendido hacia aquellos que por lo visto lo ofenden: nos damos cuenta de que, cuanto más beligerante es ese grupo en concreto (inserte aquí su colectivo basado en política, religión, sexo o lo que sea) a la hora de clamar por sus derechos, más agresivo e irrespetuoso se vuelve con aquellos a los que dice criticar, convirtiéndose prácticamente en un remedo (si no en algo peor, porque a menudo la gente a la que atacan no suele ni atacarlos de forma intencionada, ni piensa nada malo de ellos realmente) de la gente a la que se supone que se enfrentan. Con esta idea, de paso, lo que tenemos es gente que al final hace un flaco favor a su ideología, provocando una sensación de automarginación de su colectivo ("O se está con nosotros o contra nosotros", "Si no eres amigo, eres enemigo" o "Si no eres parte de la solución, entonces eres parte del problema") y, paradójicamente, causando rechazo, cuando no, dando una imagen bochornosa de su colectivo o causa a defender.


"Tu comentario sobre la música punk no me ha gustado. Al hacerlo me he sentido ofendido, y no porque me guste el punk, sino porque yo tengo cresta. Si alguien se mete con un punk se mete conmigo. Así que te has metido en un fregao de los buenos"


2) La tiranía del que más chilla: este elemento nos hace ver que, cuanto más ruido hace la gente, más presencia tiene. Esto no tiene por qué ser malo de por sí; lo malo es cuando nos damos cuenta de que mucha, muchísima gente, y más cada día que pasa, toman esto como el único recurso, basando toda su apología en atacar posiciones contrarias, usando insultos o discursos que no tienen el mayor reparo en defender la violencia o la agresión como método (aunque sea de boquilla) para defender lo suyo, y careciendo de argumentos medianamente razonables con los que poder llegar a un debate. La gente así, por suerte, es poca (o quiero pensar que es poca); el problema es que dan tantísimo por culo, y hacen tanto ruido, que se les nota el doble y no para bien: al final, un solo majarón de este calibre hace que el ideal que defienda, por noble que sea, eche para atrás a una persona que no esté muy metida en el tema. O bien, lo que provoca es que pase de él y no quiera saber ni de él ni, por extensión, de su puta ideología. Por lo típico de "Si todos son como este, paso de conocer a ninguno más". Nos podemos poner en plan empíricos y decir "Bueno, pero eso es culpa del otro, que no quiere conocer a nadie más". Vale. Si nos ponemos realistas, nosotros solemos ser de "Con uno basta". En este mundo que vivimos, no andamos con tiempo para experimentar si la ideología concreta hace al gilipollas, o es que este tío era gilipollas en sí y su causa era una causa más. Con semejante propaganda, a algunos no les da por interesarse por ese tema ni tocándolo con un palo. Porque consideran que tienen cosas mejores que hacer que aguantar cómo alguien les viene a predicar bajo amenaza de que, si no le dan la razón a tal o cual colectivo, se convierten en su enemigo. No está la cosa como para ir buscándose enemigos, pero es que tampoco está para que venga cualquiera a calentarnos la cabeza.


"Hola, soy fan del fútbol americano"
"Ajam"
"Sí, no hay nadie más fan que yo"
"Pues vale"
"¿A ti no te gusta?"
"No lo sigo, la verdad"
"Pues te tiene que gustar"
"¿Por qué?"
"¿Cómo que por qué? ¿QUÉ TIENES TÚ EN CONTRA DEL FÚTBOL AMERICANO?"
"¿Yo?"
"SÍ, TU. TIENES ALGO EN CONTRA, ¿QUÉ ES?"
"Nada, solo he dicho que no lo sigo"
"SI NO LO SIGUES ES PORQUE TIENES ALGO EN CONTRA, ADMÍTELO"
"Tío, que no"
"NO LO NIEGUES, ¡INTOLERANTE!"
"Pero vamos a ver, que a mí me da igual el fútbol americano"
"SI, YA, ESO DECÍS TODOS LOS INTOLERANTES".
Discusiones así hasta la eternidad, solo porque a alguien le sale de los huevos buscar follón.


3) Imposición de censura "por una buena causa": Este, si os digo, me parece el más grave. Precisamente son aquellos que proclaman de forma extrema por la libertad de su colectivo, credo o ideología concreta, los primeros en atacar la libertad de los demás. Son los primeros que viven todo el santo día buscando algo con lo que indignarse, para así montar plataformas chorras para retirar contenidos, artículos o elementos publicitarios, partiendo de que tal o cual publicista, tal o cual diseñador, o tal o cual artista ha intentado, de forma deliberada, atacarlos. Este principio da por hecho una especie de factor telepático, en el cual, el ofendido parece leer la mente de la persona a la que acusa de odio hacia su colectivo y da por hecho que, no contento con ello, lo quiere plasmar para que todo el mundo lo vea. Lo que es peor, llegando incluso a generalizar de una forma tan pasmosa que cualquiera con dos palmos de frente se puede quedar flipando: "Si X artista ha hecho un dibujo en que aparece una chica desnuda, pues resulta que ese tío trata a las mujeres como objetos, que es un maltratador en potencia. Que la gente que le ha encargado el dibujo está organizando una campaña de desprecio a la mujer, donde reducen su sexualidad a un mero objeto decorativo. Que todos aquellos que compren el póster con esa ilustración, por tanto, comulgan con esa idea y, por tanto, toda la industria es una máquina de odio". Pongo el caso con una ilustración, porque lo más cercano últimamente que me viene al caso es lo de la famosa portada de Spiderwoman, pero no me quiero limitar a ello. Ejemplos hay miles, y a cual más absurdo, lo que demuestra que hay un montón de gente buscándole tres pies al gato a la primera puta cosa que encuentran para así parecer que están más comprometidos con esa causa que nadie.


El Mal. Al pintar algo como esto, mucha gente simplemente piensa que el cuerpo humano es un objeto de belleza digno de admiración, Y YA ESTÁ. Para otros, es una excusa para empezar con monsergas muy sacadas de madre, que probablemente no tengan nada que ver ni con lo que pensase Boticelli ni leches en vinagre. Pero es fácil coger y proyectar la ideología que nos dé la gana solo al ver un dibujo o una fotografía. Incluso es más fácil aún montar una plataforma para pedir que a la Venus le pongan un jersey de cuello vuelto, que así no ofende a nadie.
O sí. Puede que haya gente que se ofenda porque considere que los jerseys de cuello vuelto están desfasados y son ofensivos para las tendencias actuales.


Aquí, la famosa portada de Spiderwoman de Manara. Poco menos que Satán encarnado. Para mí no es precisamente el mejor trabajo de Manara, pero tampoco me he puesto a buscarle tres pies al gato, ni me he puesto a sentar cátedra sobre la figura de la mujer en los cómics (principalmente porque llevo leyendo cómics toda mi puta vida y casi siempre la gente que he escuchado protestando es gente que no los ha olido ni por el forro, y no sabe siquiera que en los cómics la liberación de la mujer y la identidad de ésta como persona independiente y con iniciativa es un hecho superado desde hace ya bastantes años). Es un dibujo de una mujer araña que acaba de trepar por una pared Y YA ESTÁ. El que vea más cosas en esto, las ve porque le da la puta gana, y porque tiene ganas de encontrar donde no hay para apoyar sus filias y fobias personales.


Spiderman cagando. Que vengan aquellos con diarrea galopante a protestar también, porque esta postura les hace parecer que se ríe de ellos.




Podemos poner el caso de las famosas camisetas que Zara ha tenido que retirar. Vale que la camiseta es fea de cojones. Vale que no es un diseño que digas "afortunado" (para mí es cutrecillo), pero yo por ejemplo, al verlo, casi he pensado más que esa estrella de seis puntas es una puta estrella de Sheriff antes que ponerme a darle vueltas a que Zara pueda tener ideología neonazi y que la camisetita de marras "recuerde demasiado" a los pijamas de rayas que llevaban los judíos durante el Holocausto. Que le recordará a quien le quiera recordar. Yo veo la camiseta y pienso (a menos que me equivoque), que los pijamas tenían las rayas VERTICALES y en colores diferentes (dos tonos de gris, si no recuerdo mal, y no blanco y negro). Pero lo más ridículo de todo esto es ponernos a exigir a una empresa que el único interés que tiene es vender camisetas (y nada más) que retiren un artículo porque "ofende". Al mismo tiempo, cuando se han hecho acusaciones de plagio por parte del grupo Inditex, y donde se denuncia que el grupo textil ha tomado dibujos de ilustradores sin permiso, o incluso fotos de gente, el eco que se ha hecho ha sido mínimo. Porque parece que algo como el plagio no es tan ofensivo (pese a ser igualmente delito), o porque igual la comunidad de ilustradores no es tanto de rasgarse las vestiduras. O igual porque tras la denuncia de un delito como el plagio parece que no hay una causa que defender y ante la cual hacer un concurso público de a ver quién defiende algo con mayor vehemencia.


A ver, que el diseño de la camiseta es tirando a feo, vale.
Pero de ahí a sacarse asociaciones antisemitas... da mucho que pensar acerca del tiempo libre de la gente.


De hecho, a mí las puntas rematadas por círculos del diseño me han recordado más a esto. Pero igual es que yo no voy por la vida buscando símbolos antisemitas (o de lo que sea) en cualquier puta cosa que se me ponga por delante. Me conformo con vivir mi vida del modo más tranquilo posible y no andar jugando a las adivinanzas con chorradas que, siendo honestos, ni me van ni me vienen.



Es por eso por lo que, hablando con muchos amigos, me estoy dando cuenta de que cada día más gente se está retirando de la vida pública de una red social... o bien, no se retiran, pero ya están dejando de decir lo que piensan, porque vaya a ser que alguien se ofenda (aunque la intención real de ofender sea cero) a la hora de ver cualquier chorrada. Ojo, no hablo de barbaridades como lo de la página aquella de humor negro, donde había gente riéndose de un chaval con síndrome de Down. Hablo de cosas mucho más mundanas y menos malintencionadas, como chistes sobre navegadores de Internet. Igual esto os suena a coña, pero le pasó a un amigo mío, que subió el típico chiste de comparativa entre los distintos navegadores, quedando (como siempre) el Internet Explorer como el más lento, que tarda la vida en hacer cualquier cosa. Bueno, pues fue subir el chiste y ya tuvo gente diciéndole que "al poner un chiste así, se estaba riendo de gente que tenía problemas de aprendizaje", como si una cosa tuviera que ver con la otra. Y lo más grave, proyectando en esa otra persona una ideología que, ni de lejos, compartía. Gente que conozco que han dicho algo sin demasiada trascendencia y que, a manos de la tergiversación por parte de determinados individuos, se ha convertido en auténticas batallas campales, donde te encuentras que alguien que había dicho cualquier cosa de cachondeo, sin mala intención alguna, acaba teniendo que dar explicaciones y justificando cosas que, en realidad, no tiene ni por qué justificar. Pero ha llegado alguien y, berreando, se lo ha exigido. Así, por las buenas.


"¿Qué tienes que decir en tu defensa?"
"¿En mi defensa? ¿En mi defensa de qué?"
"¡Que te calles, subnormal!"
"¿Y ese insulto a qué viene?"
"Viene a que me he ofendido y, por tanto, ya no tengo por qué ni respetarte, ni tratarte con educación. Ya tengo carta blanca para llamarte gilipollas, gilipollas"
"¿Pero eso a qué coño viene?"
"A MÍ ME HABLAS CON RESPETO".


Proyección. Esa es, quizás, la palabra. Pensad en algunas de esas personas que van así por la vida. Pensad en el hecho de que, cuanto más respeto piden para sí mismos, menos tienen hacia los demás, proyectando su propia intolerancia en gente que, simplemente, ni estaba al corriente de la causa, bien no era asunto suyo, bien no está del todo de acuerdo (que no es obligatorio tampoco), llegando incluso a medir al prójimo en base a su actitud hacia aquello que estén defendiendo. En el momento en que hay discrepancia, si nos fijamos, gente así se pone como gato tripa arriba y acusa a la persona con la que está hablando de "intolerante", de forma casi automática. Se cierran en banda y la otra persona ya puede razonar con una pizarra y haciendo croquis, que no hay manera: ya es vista como el enemigo y no hay nada que hacer, partiendo de lo que viene a ser una simple opinión (la ideología que sea, ¿a favor o en contra?) a terreno personal: "Si no comulgas con esto al 100%, es porque eres tal, eres cual, odias tal, amas tal". Nuevamente, el ciclo de rasgada de camisetas en plan Hulk Hogan, los berridos desatados en plan "¿Lo veis? Eso justifica que estemos a la defensiva" y, sucintamente, la imposición de censura. Porque en el momento en que vuelvan a coincidir, a la otra persona se le quitan las ganas de hablar de ese tema en concreto y, en el momento en que se lo saquen, lo primero que hará será buscar la salida discretamente.


"Sí, es que hemos olvidado que teníamos un pollo en el horno. Si nos disculpáis..."


Esta especie de imposición de la corrección política tiene además otros efectos tela de chungos, y es que se parece haber puesto de moda una imposición de lo que yo suelo llamar "Apología de la Imbecilidad" (sí, venga, con ese nombre que le pongo ya podéis venir diciéndome que ataco a no sé cuántos, que falto al respeto y demás cosas bonitas. Seguid leyendo, anda). Esto, básicamente consiste en tomar una buena causa (la que sea, da igual) y pervertirla de tal manera en que esa buena causa queda diluida con tal de hacer el majarón de forma colectiva, como hemos visto recientemente con lo de los putos cubitos de agua: se busca una causa (en este caso, donar fondos para la ELA) y para concienciar a la gente, uno se filma echándose agua fría por lo alto. Hasta aquí, pues vale. ¿En qué momento se pervierte la idea? En el momento en que la gente pasa por completo de aflojar un duro para la organización que se encarga de recaudar fondos y se dedican a hacer concursos de gilipollas. Y no, no me vengáis con Apologías de la Imbecilidad (que es justo de lo que estamos hablando, cómo se defienden estas cosas): dejar que una avioneta de extinción de incendios te suelte varias decenas de litros de agua a más de cinco metros de altura es una idiotez, por muy buena que sea nuestra causa. Así pasó, que el "genio" que llevó a cabo la "proeza" acabó ingresado en estado crítico en el hospital con politraumatismo severo. O la otra que no se le ocurrió otra cosa que echarse el puto cubito encima de un caballo, a punto de matarse cuando el animal se encabritó.

Buenas causas que se convierten en concursitos de postureo para ver quién hace el gilipollas de forma más espectacular... Pero es que no siempre hace falta una buena causa. Recordemos esa moda hace algo más de un mes, que consistía en hacer lo mismo, pero bajo amenaza de tener que pagarle una cena a alguien. O de poner fotitos de cuando eras pequeño. Que a ver, no son cosas dañinas, pero sí cansinas. Y parece que eso SÍ tiene que aceptarse por cojones, mientras que por otras cosas si os digo más inocuas, cierta gente monta el grito en el cielo y exige que tal o cual retire lo que sea, que desmienta lo que sea, o cualquier día de estos que se retire al Tibet donde no vuelva a aparecer.
Es quizás una de las cosas más contradictorias de esta vida que estamos teniendo últimamente: cómo se crean polémicas y alarmas sociales por cosas que, si las pensamos en frío, no son ni serias; al mismo tiempo, vemos cómo de las cosas serias por las que sí deberíamos protestar nos las pasamos por el forro. O bien, hacemos como que nos importan, pero nos quedamos en la majaronada simbólica y, en el fondo, no aportamos un carajo. Mucho hashtag, mucho selfie con un cartelito en el pecho, mucha campaña, mucho de todo, pero luego resulta que no estamos haciendo absolutamente nada que tenga una verdadera repercusión.


Con esto, no decimos que la gente no haga cosas por ayudar, sino todo lo contrario:
si quieres ayudar, pues ayuda. Pero para quedarte en el postureo barato y dedicarte a lo superficial, que es retar a tus coleguis y luego no hacer nada que VERDADERAMENTE ayude (como lo es dar pasta o colaborar de forma medianamente activa), no ayudas. Es más, lo que estás haciendo es frivolizar sobre un asunto más bien serio.


Y es que te pones a ver cómo funciona todo esto y te das cuenta de que, cada día más, te encuentras con gente que sienta cátedra sobre según qué cosas, más otros cuarenta detrás riéndoles las gracias. Gente que habla desde la más total y absoluta ignorancia acerca de un tema y por lo visto te tiene que parecer bien porque lo que dicen suena comprometido con X causa, aunque lo que estén diciendo no es que sea más o menos comprometido en realidad: es que ni siquiera es cierto, como ese famoso caso donde leí que hubo alguien con la genialidad idea de crear una petición para que los gatos fuesen considerados especie protegida "para que nadie más pudiese hacerles daño". De pensar, "de puta madre", sí, que queda muy bonito, pero eso implicaría que a mí me podrían multar entonces por tener gatos en casa. Pero no reparar en eso y lanzarse mucha gente de cabeza a firmar la petición sin pararse a considerar pros y contras de ideas que, sobre el papel, parecen buenas, pero que hay que estudiar si son realmente viables.
Encontrarte, cada vez con mayor frecuencia, gente que viene sentando cátedra (sin haber cogido ni siquiera unos apuntes al respecto) sobre temas que tú has estudiado y se permiten el lujo de darte lecciones y de decirte que, para experiencia, la de ellos (véase la que se armó cuando llegó alguien llamando inculta a la cantante Melody por su no-acento andaluz y le preguntaron si había estudiado y aparecieron de debajo de las piedras miles de lingüistas sentando cátedra y equiparando acento con nivel cultural o incluso con educación, y nos tuvo que parecer bien porque "es que es su opinión", aunque esté hecha desde la más total ignorancia). Por lo visto hay que comulgar con ruedas de molino, porque tienen mucha gente que los admira, como si ahora el hecho de que la masa, solo por el hecho de ser masa, tuvieran automáticamente la razón en cualquier postulado.


Porque todo el mundo sabe que es mucho más lógico tirar de un tópico, como decir que los andaluces somos una panda de paletos incultos "porque hablamos raro", en lugar de ponerse a estudiar las variedades de la lengua de forma seria para darte cuenta de que esa asociación sí que es de verdaderos ignorantes.


Soberbias majaronadas de corrección política, como equiparar educación con cortesía, como si una persona fuese más educada por usar las fórmulas de cortesía que utilizamos para dirigirnos a la gente. Pongo el caso de una profesora que me dio una asignatura de Filología Hispánica optativa hace algunos años, que me cuenta esto:

—La gente de hoy, sí, vosotros, estudiantes, es que no sabéis lo que es el respeto. Por eso, si me vais a escribir un correo, nada de "hola"; a mí me ponéis en el encabezamiento "Estimada profesora" y el trato, de usted. Si no, no lo leo por urgente que sea.

"Guai", pensé yo. Tampoco es que tuviera mucha intención de mandarle correo alguno, y con esa actitud de prepotencia (porque yo soy el primero en decir que un profesor no es un colega y que merece un mínimo de respeto, pero de ahí a exigir un trato de Entidad Superior a la que le debes la vida me parece pasarse tres pueblos). Yo iba a hacer el examen, sacarme los créditos de libre configuración y ya está. Pero es que el caso es que la mujer siguió con su discurso sobre los modales, hablando de una doctora a la que por lo visto admiraba tela marinera.

—Se va la doctora a una tienda de estas, sería un Zara o un Mango o algo así y le llega la dependienta, mona monísima ella, y le dice '¿Hola, puedo ayudarte en algo?' y, ¿sabéis lo que hizo la doctora? Le respondió 'Pues lo primero es que me hables de usted'".


"Y no lo olvides, humana inferior".


Partiendo de esta base, tenemos que esta buena mujer equipara fórmulas de cortesía a educación, sin pararse a pensar que ambas cosas son paralelas pero no vinculantes. Me explico: si seguimos este principio, el inglés es la lengua más descortés que existe porque no plantea ese vínculo "tú/usted" y equipara a todo el mundo al mismo nivel, sea conocido o no. Cositas lingüísticas aparte, que darían para un montón de estudios comparativos, parece ser que la buena señora se centró tanto en el hecho de que hablar de usted era lo educado, que ni siquiera cayó en la cuenta de que la dependienta estaba intentando ser amable y que, en definitiva, no estaba ni entrando en falta de respeto abierta, ni en insulto ni nada. Simplemente utilizó una segunda persona más cercana; más interesante es aún el hecho de que, si a la doctora le pareció maleducada la entrada, no es mucho mejor soltar una bordería a una persona que viene con la intención de ayudarte para distanciarte de ella de forma bastante despectiva, como si el respeto viniese otorgado por ser quienes somos (y ya está, con eso ya está todo hecho) y no hubiera que ganárselo a costa de tratar a la gente como se merece. Como si fuese algo que podemos exigir, pero que no tenemos por qué mostrar. Volviendo al caso del profesorado, sí: soy de pensar que a un profesor se le debe respetar... pero eso va en ambas direcciones y un profesor también tiene el deber de tratar con respeto a sus alumnos.

Si seguimos con este ejemplo, podemos tener un diálogo como este (ficticio, por supuesto) entre un señor A y una señora B, de alguna etnia minoritaria, en un autobús, que demostraría que el señor A es educado solo por usar términos corteses:

Señor A: "Perdone que la moleste, señora, he visto su increíble barriga y he pensado que lo mejor es que una mujer en su estado esté sentada".
Señora B: "No estoy embarazada"
Señor A: "¿En serio? Perdone mi confusión, ha sido verla y pensar que estaba usted al menos de ocho meses, jajajajaja"
Señora B: "Pues no".
Señor A: "Jajajajaaj, error mío, pero claro, es normal: si me permite el comentario, hoy en día parece ser que las mujeres están locas por abrirse de piernas para así quedarse embarazadas del primero que pasa y así conseguir que las mantenga. Más la gente de (inserte aquí etnia), que están deseando siempre aprovecharse de las ayudas del estado. Porque, corrígame si me equivoco, amable señora, si usted se queda embarazada, pillaría un buen pellizquito, ¿a que sí?".


"Jajajajajaj me parto yo solo. Eso sí, he sido educado en todo momento, le he dicho a la señora 'perdone', y la he tratado de usted y todo"


Como podemos ver, el señor ha usado fórmulas de cortesía, que son lo más de lo más para más de uno, pero no está siendo en absoluto educado con la señora, usando insultos hacia su físico, su etnia y hacia su género que son, como poco, dignos de guantazo a mano abierta, y riéndose de ella en su mismísima cara. Es un ejemplo bastante extremo pero, si lo pensamos, nos damos cuenta que de para mucha gente, el decir las cosas de buenas maneras implica automáticamente ser educado, del mismo modo que decir lo que uno piensa sin muchos tapujos no te convierte precisamente en un ordinario. Y sin embargo, en el momento en que alguien habla claro, manifestando una postura que no está de acuerdo con esa tónica general y barnizada de tener que poner buena cara ante la idiotez más grande, entre los cargos con que se acusa, uno de ellos es precisamente "la falta de educación". Algo que parece ser el Mal Absoluto frente a esa especie de obligación a tolerar a gente intolerante, de tener que aguantar insultos soterrados por no darle la razón a tales o a cuales, o de apoyar auténticas estupideces.

Concepciones y actitudes que dan mucha vergüenza ajena y que, en definitiva, están desplazando a gente que posee un mínimo de sentido común. Gente que berrea menos, o directamente no berrea en absoluto. Que no van de indignados por la vida, ni proclamando nada. Gente que no se dedica a vociferar por sus derechos ni a hacer gala de que pertenecen a tal colectivo, a tal partido político, que rezan a tal o cual Dios. Pero, sin embargo, gente que tiene que estar soportando día sí y día también que vengan otros a predicarle y a darles la castaña con su rollo. Y no solo les tiene que parecer bien; encima ellos se tienen que callar, no vaya ser que ofendan a los que se pasan el día dando la murga.


"¡Que sepas que al decir que no te gusta el helado de chocolate estás ofendiendo, no solo a los miles de personas a las que sí les gusta, sino también a los fabricantes y a los vendedores! ¡Y además, eso tiene una connotación racista! ¡Seguro que tú eres de esos que piensan que habría que matar a palos a los negros, porque te parecen seres inferiores! ¿A que sí? ¡Confiesa!"


Este rollo de corrección política por cojones y de apología de verdaderas absurdeces al final lo que está llevando es al punto de que, precisamente aquellos que claman por su igualdad de derechos o por el reconocimiento de su ideología (lo cual es respetable) sean los primeros en reconocer con estas actitudes, no solo que se se sienten diferentes, sino que parece incluso que todo el mundo tiene que ser consciente de ello por cojones. Es curioso, porque el principio de igualdad, para mí, es precisamente limar diferencias y llegar a normalizar cualquier ideología, siempre y cuando no haga daño a nadie ni inflinja leyes que no deberían inflingirse jamás... y estar recordando lo diferente que es uno no me parece precisamente la mejor manera de normalizar nada. Uno es de una manera de pensar o de vivir y otro de otra, Y NO PASA NADA. No necesitamos que nos llegue nadie y nos diga "Oye, ¿te has dado cuenta de lo muy metido que estoy en no sé qué?" "¿Has visto lo comprometido que estoy en esta causa?" "¿A que molo pensando de esta manera?"
Maduremos de una vez: el mundo va mejor cuando cada uno se ocupa de sus propios asuntos, tiene su propia forma de pensar y no va imponiendo a los demás la suya propia, prohibiéndole lo que tienen que decir o lo que hacer. A la gente, en realidad, le importa poco. No es asunto nuestro lo que piensen otros, así que si tan malo es que le digamos a otros lo que tienen que pensar, igualmente malo es que los otros nos estén recordando constantemente su ideología, como si tuvieran algo que demostrar... o como si a los demás nos importara una puta mierda de qué palo va el prójimo. Bastante tenemos ya con vivir nuestras vidas como para que vengan algunos a hacernos partícipes de la suya, metiéndonos en cosa que, a decir verdad, nos la soplan a cuatro carrillos.


"Tío, que me dejes. Que me importa un carajo tu ideología, a lo que te dediques, que me da igual tu vida. Que yo lo que quiero es que me dejes tranquilo y dejes de darme la castaña, que llevas tres días dándome la tabarra y eso no hay quien lo soporte!"


Y no, no empecemos con la chorrada de la libertad de expresión, por favor. Esto que cada día veo con mayor frecuencia no es libertad, porque al final pasa lo que está pasando: que se convierte en una ley del embudo, donde los únicos derechos a expresarse que se oyen son los de los que más berrean, y no precisamente para bien. La libertad de uno acaba donde empieza la de los demás, y de eso se suelen olvidar los que se dedican a ofenderse con la gilipollez más minúscula que encuentran para respaldar su credo. Esa libertad termina en el momento en que te viene alguien y te dice, de forma más literal o menos, de forma más implícita o menos, "Lo que estás pensando no es lo políticamente correcto. Cambia tu forma de pensar o serás mi enemigo, porque me voy a ofender, voy a gritar mucho y tú vas a convertirte en el Mal Absoluto, ya que voy a poner palabras en tu boca y voy a dar por hecho de que tu ideología es tal o cual".

lunes, 25 de agosto de 2014

Mondo Chorra- Educar en el miedo, o Si te la meten te jodes, es culpa tuya




Si hay algo que me alucina en la sociedad de este nuestro país, es cómo nos ponemos muy bien puestos acerca de un tema, yendo de progresistas, liberales y de lo que nos dé la gana, pero en el momento en que algo se sale de lo previsto, volvemos a una actitud que roza lo medieval. Pongo el ya trillado caso de la supuesta violación durante la feria de Málaga como punto de partida, ante la cual no pienso entrar en la veracidad de la historia, ya que no me queda claro ni que hubiese violación, ni que no la hubiese. Dicho caso me resulta demasiado lleno de incógnitas, agujeros en todos los argumentos y demasiadas versiones y recreaciones como para entender un carajo de lo que realmente pasó ahí. Aparte, hay una resolución judicial y, por muy fundadas que estén mis sospechas al respecto (que tampoco tengo intención de compartir aquí, ya que son mías y no interesan a nadie), poco importa mi opinión al respecto.

Ante lo que sí puedo actuar es ante las opiniones y las sartas de burradas que he venido oyendo y leyendo desde que se tuvo constancia del hecho, que (si cabe) me ha dejado más con la boca abierta que el presunto delito en sí. Vamos a ir desgranándono, porque luego no tengo ganas de que se me diga que me estoy posicionando con tal o con cual. Por eso quiero dejar claro que tampoco es que me parezca bien que se juzgue a nadie antes de que tenga su juicio, y que parte de la culpa de eso la tuvo la prensa a la hora de condicionar a la opinión pública a lo bestia, señalando como culpables a un grupo de personas antes de que se echase un vistazo a las pruebas, se escuchasen testimonios y se valorase el caso. Para lo que no ha sido tan condicionada, por lo que he venido viendo, ha sido a la hora de hacer juicios de moral acerca de una presunta víctima (tan presunta como los acusados) acerca de su catadura moral por, aparentemente, tener ganas de tema. Al respecto de eso, antes de que saliese la sentencia he venido oyendo cosas tan brutalmente alucinantes como que, aun dando por cierto que realmente la joven fuese realmente violada, "ella se lo había buscado" por hechos imperdonables en este país como "ser simpática" o "ir buscando guerra". Incluso llegué a escuchar, en ese momento en que nos habían dicho que, efectivamente, había habido una violación grupal, que había sido un acto sexual que, "sencillamente, se había ido de las manos". Como dando a entender que, en el momento en que una mujer se arrepiente de lo que está haciendo mientras está en plena faena, no hay marcha atrás y está socialmente obligada a terminar el asunto, lo quiera ella o no. O bien, como si eso no revistiese mayor importancia.


Imaginad entonces para dónde van a poner mirando a este, por mostrarse tan simpático.


Que igual planteado así nos resulta descabellado, pero es la idea subyacente de todo esto, y que hemos podido ver también en las recomendaciones del Gobierno para evitar ser violada, que dejo por aquí:

http://www.interior.gob.es/web/servicios-al-ciudadano/seguridad/consejos-para-su-seguridad/prevencion-de-la-violaci%C3%B3n

En ese tipo de recomendaciones nos encontramos que para evitar una violación lo principal, así en general, es vivir con miedo. Miedo a salir a la calle, miedo a revelar que eres mujer en un buzón, miedo a cualquier cosa que tenga una colita entre las piernas, porque los penes son el Mal encarnado y cualquier cosa con pene, en un momento dado, es susceptible de que se le vaya la pinza y se ponga a violar indiscriminadamente (basta con que se sienta provocado por vete a saber qué y ya la tengamos formada). Lo "prudente" es ir mirando constantemente a tu espalda, no sea que tengas al enemigo soplándote en el cogote, o bien en el asiento de atrás, como en las películas.
Esa es la cultura en la que vivimos, esa en que, en lugar de perseguir con más dureza a un violador y donde éste debería vivir acojonado solo por el mero hecho de ser un criminal, se carga parte de la culpa en la víctima, "por provocar" o "por no ser prudente". Es la sinrazón de una sociedad absurdamente igualitaria, que parece tener más miedo de ofender a aquellos que viven contra la sociedad y aprovechándose de aquellos que están indefensos. Gente a la que prefiere poner exactamente al mismo nivel a la gente a la que agreden, sin contar con el hecho de que ambas personas no son iguales. No actúan igual: la mayor parte de la gente, quiero pensar, es medianamente honrada y no vive con intenciones de dañar a los demás. Poner a aquellos que no lo son y que se dedican a hacer daño al prójimo a su mismo nivel es insultante para el ciudadano honrado, al que simplemente se le aconseja que sea "prudente", para así poder convivir con la gente que, obviamente, no tiene ninguna intención de vivir como personas civilizadas.
Prudente, el eufemismo del siglo para no decir abiertamente que vivamos con miedo.


Al Espantapájaros le gusta esto.


Esas recomendaciones, como se ve al leerlas, están cargadas de absurdo de arriba abajo, donde se dice a la mujer que, en caso de violación, "intente razonar con el agresor". Pongamos casos algo menos graves, por ejemplo el de un atraco a mano armada. ¿Alguien puede explicarme en qué cabeza cabe, cuando nos venga el yonki de turno, qué sentido tiene decirle "Oiga usted, señor yonki, voy a explicarle las consecuencias que tiene eso de atracarme, no se sentirá mejor, no llenará el vacío de su vida y no solucionará nada si me atraca"? Ahora es cuando me diréis "Pero una violación no es lo mismo". Exacto: es una variante de asalto mucho más grave y mucho más agresiva que un atraco normal y, por tanto, diría que es más complicado llegar a un entendimiento razonable. Pensad que si a un atracador de poca monta le importa tres mierdas cómo te sientas cuando te manga la cartera, imagínate lo que le va a importar a un violador, al que tu dinero le importa un carajo. Y esto sin recordar cosas tan chulas como que un gran porcentaje de las violaciones (porque por lo visto hay que hacer caso a las estadísticas) se producen dentro del entorno conocido de la víctima. Entonces, que alguien me explique por qué esas recomendaciones parecen más enfocadas a tener miedo al mundo, en general. El mensaje, o al menos el mensaje que yo he entendido de esta lista de chorradas, es "No salgas a la calle sola (y según leo en la lista de sugerencias, tampoco es que den muchas más esperanzas saliendo acompañada), ten miedo. Mucho miedo." Que a ver, una cosa es no salir por ahí como si estuvieras en tu casa, sin preocupaciones algunas (eso es la bien entendida prudencia, pero la que debemos tener todos, no solo ante violaciones, sino ante cualquier peligro o riesgo que tengamos por delante) y demás, y otra muy diferente pasarse al otro extremo. Porque al hacerlo, tengo la ligera impresión de que se diluye la culpa del agresor (único y exclusivo culpable de una agresión voluntaria de cualquier tipo) y se busca responsabilidades en la víctima.


"Vieeeeneeen a por tiiiiii..."


Y, más subyacente aún: "La justicia no tiene mucho interés en mover un dedo para actuar como debería, así que más vale que te escondas o que salgas siempre acompañada de un hombre que te proteja". Vamos, si queréis, a algo que resulte ligeramente más cercano a una violación en cuanto a gravedad: pongamos asesinato, ¿vale? Si yo voy por la calle y a un soplagaitas se le ocurre que es divertido ir pegando puñaladas a la gente, ¿la culpa es mía por bajar a la calle y dejar que me apuñale? O si es un grupo de maromos me pillan por sorpresa o a traición, y me dan de hostias hasta mandarme al hospital... ¿La culpa es mía por ejercer mi derecho de ciudadano de ir por dónde me salga del culo? Vamos más lejos: si yo, siendo varón, salgo a la calle, me trinca un grupo de cabrones, me da una paliza, me roba y me revienta el ojete detrás de un Seat Panda, ¿también vamos a decir que la culpa es mía por salir a la calle solo, desvalido y desprotegido? Llamadme cínico, escéptico o lo que queráis, pero tengo la ligera impresión de que a mí no se me estaría juzgando de la misma forma que a una víctima femenina de violación... Porque de un varón raramente se diría que iba provocando ser forzado, ni tampoco se vendría con el puto tópico de "es que soy un ser desvalido y desprotegido por definición y, por tanto, tengo que prestar más atención que cualquier otro bicho viviente" (lo que de por sí me parece un insulto de tres pares de narices al género femenino de arriba abajo, nada más que por la generalización, y segundo por la condescendencia con la que se esgrime este argumento). A mí, lamento decirlo, no creo que se me culpase por haber sido agredido. Como tampoco se culpa a los menores cuando reciben abusos. Y eso es lo verdaderamente absurdo de todo esto.


Aunque algunos curas sí dicen sentirse provocados por niños. Lo mismo es que piensan que diciendo eso cuela.
Lo triste es que en este país, sí que parece colar...


En casos de agresión sexual, como vemos, la sociedad hoy en día dice estar muy concienciada, pero a mí me empieza a escalofriar cómo se sigue, de forma implícita, culpando a la víctima por ser agredida. A veces encontramos que el agresor también es crucificado por la opinión pública, pero siempre queda por alguna parte la duda: siempre habrá alguien (más de uno, me temo) que venga con la sospecha de que, en algún momento, la mujer hubiese ido "buscando guerra", que hubiese "provocado" al hombre o incluso que "no quisiese terminar lo que hubiese empezado", como si este tipo de argumentos justificasen lo injustificable de una agresión sexual. He escuchado genios que han llegado a decir que esas cosas pasan porque las mujeres van borrachas y luego no se enteran de lo que les hacen. Muy bonito, porque al decir eso, yo entiendo que se da a entender que cepillarse a una tía borracha o inconsciente para más de uno no cuenta como violación. Imagino que porque no se está resistiendo, y si no se resiste, oiga, ancha es Castilla, que cuenta como "consentido". Que no pierda el sentido, reza este planteamiento, y así nadie se la mete sin su permiso. Por tanto, venga, hijos de puta de este mundo: no sé a qué estáis tardando en comprar somníferos para echarlos en la bebida y empezar a jincaros guarris a diestro y siniestro, porque partiendo de este supuesto, eso sale gratis. O emborrachadlas a lo bestia, que es más fácil aún. Luego decís que os estaba calentando la picha y listo. Y por favor, quiero que se note el tono de ironía en esto último, que parece que algunos no sabéis ni distinguirlo y os falta tiempo para ir lanzando ladrillazos, acusando al prójimo de lo que no es.


Por esa regla de tres, no hay mayor sitio destinado a la provocación y la depravación que una playa, donde las mozas van en topless y en tanga. Por esa regla de tres, como están exhibiéndose y provocando, todo bicho con pirula tiene derecho a estar molestándolas. Y si no, que vayan a la playa con traje de neopreno.
Así me lo aprendí yo.


Mujeres que no pueden salir solas, que no pueden pasarse de rosca bebiendo... Y mujeres que tampoco pueden vestir como les da la real gana. Nos ponemos muy bien puestos, sí, pero anda que no hemos escuchado veces esa soberbia burrada de "Con esa ropa que lleva lo va pidiendo a gritos" o "Mírala cómo viste, menuda guarra". Lindezas dichas, a menudo, por otras mujeres. Muchas de esas mujeres, para más inri, nos vienen con una idea de liberación del género femenino (algo que me parece muy respetable y que defenderé las veces que haga falta), pero al mismo tiempo parecen obviar que la vestimenta forma parte de la opción personal de una mujer y que, precisamente, parte de esa liberación personal consiste en el derecho a elegir. Si una mujer quiere vestir con shorts muy cortos es su elección. Es su culo y sobre enseñar o no su culo ella decide, lo que no la tiene que convertir ni en una guarra si lo enseña, ni mucho menos ir con la intención de que llegue el primer mastuerzo, la empotre contra un callejón y se lo reviente por la fuerza. El feminismo, el verdadero feminismo, consiste en esa igualdad, en ese derecho a elegir hacer lo que a una le dé la gana: si quiere ponerse un escote hasta el ombligo, nos puede gustar más o menos y nos puede parecer más o menos hortera, como nos puede gustar más o menos el peinado que lleva o el color de su vestido, pero ojo: los juicios de valor y las moralinas nos las metemos por donde nos quepan. ¿Que lo hace por agradar a los hombres? Y si así fuese (que no tiene por qué), ¿qué pasa? Es su elección, como si al día siguiente le da por ir en chándal o en jersey de cuello vuelto. Es una elección en la que los demás no tenemos ni voz ni voto y que, es más, no es ni asunto nuestro.


Esta rubia que parece una Barbie es Número Nueve, creada por Ann Nocenti (autora de marcada ideología progresista) para su etapa en Daredevil. El personaje en sí es un clon genéticamente alterado y diseñado para ser una mujer perfecta. En un momento dado, se encuentra con un personaje, una tal Brandy, que le dice, básicamente (y de un modo muy agresivo), que deje de vivir para los hombres, "porque quiere ayudarla".
Daredevil interviene diciendo:
—Curiosa manera de ayudar: gritando e intimidando a la gente.
Brandy, inocente pero no idiota, se defiende a sí misma diciendo que hace lo que le gusta, y que no hay nada malo en ese hecho y que, por tanto, no se merece un juicio de valor que la insulta, llamándola "esclava sin personalidad". "¿Por qué no haces lo mismo en vez de pelear?", añade.  "Quizá seamos más parecidas de lo que crees".


Por tanto, dejémonos ya de monsergas. Una mujer (y que conste que me da verdadera vergüenza tener que decir esto, porque me parece jodidamente obvio, pero por lo visto no lo es) tiene derecho a ir a dónde le da la gana, con quien le dé la gana o sola; tiene derecho a beber lo que le dé la gana y tiene derecho a vestir como le salga de su epicentro. Si llega un hijo de la gran puta y la agrede sexualmente, a ver si nos enteramos de una puta vez, que ya empiezo a hartarme de esa majaronada de justificar criminales y criminalizar a las víctimas: no es porque ella lo vaya pidiendo. Nadie en su sano juicio en esta vida va pidiendo una violación, que parecemos tontos, coño. Si una mujer la han agredido sexualmente, la culpa recae en su violador, y nada más que en su violador. Dejémonos ya de imbecilidades como "Eso pasa por ir buscando sexo", como si fuese ilícito que a una mujer le pique el país bajo y se lo quiera rascar. Hasta los cojones ya de esa concepción de la mujer como criatura espiritual y etérea que solo se abre de patas en cuanto encuentra el amor verdadero, y de poner al hombre como una especie de monstruo que solo quiere follar, porque ni es lo uno ni es lo otro. De verdad que estoy muy harto de esa especie de cultura que demoniza la sexualidad femenina y donde la libido de una mujer es visto, poco menos, que como un caso de posesión satánica de las de peor clase. Estoy hasta las mismísimas narices ya de que una mujer que tenga una sexualidad más o menos activa, que no tenga ganas de un compromiso (porque se puede elegir tener sexo sin tener pareja y no es digno de lapidación... O no debería serlo en nuestra cultura, que cacarea estar tan avanzada) sea tachada automáticamente de "guarra", "ninfómana" y de cuarenta mil apelativos que lo que hacen es juzgar moralmente su sexualidad.


Agustín de Hipona, hecho santo y visto en nuestra sociedad como un santo "enrolladete", con su mierda del "toma y lee", era de los de decir frasecitas tan molonas como esta, probablemente por influencia neoplatónica:
"Las mujeres no deben ser iluminadas ni educadas en forma alguna. De hecho, deberían ser segregadas, ya que son causa de insidiosas y voluntarias erecciones en los hombres".
Sí, vamos, que son monstruos del infierno que nada más que valen para parir hijos a pata partida.
Ole tus cojones, Agustín.


Pero lo que más me empieza a reventar de todo esto es que haya tanta gente que parezca estar más de acuerdo en segregar a las mujeres para que no las violen que en perseguir y castigar, sin tolerancia alguna, a aquellos que se aprovechan de ellas. Que decimos que no, pero si no viviésemos en una sociedad que pareciese más obsesionada por el pudor y por el "qué dirán" que por hacer justicia con la gente que no sabe convivir con otras personas, realmente no nos preocuparía tanto que nuestras familiares o amigas saliesen a la calle como les diese la gana, o al menos no nos daría tanto miedo como nos lo da hoy. Porque sabríamos que la gentuza que piensa que una mujer no es más que un objeto con agujeros que rellenar tendría pánico siquiera de llevar a cabo una agresión. Sin embargo, funciona justo al revés: los que vivimos respetando el sistema parece que debemos vivir asustados de los que no. Y esto no va solo por los violadores: va por delincuentes y criminales de todo tipo, desde un ratero de poca monta hasta un asesino múltiple, pasando por un pederasta o un camello. Formamos parte de ese círculo vicioso cada vez que tenemos a un criminal confeso y demostramos simpatía hacia él. Cada vez que una mujer (por no salirme de este tema concreto) ha sido agredida sexualmente y, en cuanto se identifica a su agresor y se prueba su culpabilidad, se ponga en duda la inocencia de una víctima porque "vaya a ser que lo hubiese provocado antes".
Y que luego, tengamos todos los santísimos cojones de ir de concienciados y de modernos por la vida. De mirar por encima del hombro, con nuestra condescendencia occidental, que es como una especie de armadura moral, a aquellas culturas donde las mujeres no pueden salir a la calle solas, donde tienen que vestir tal y como ordena una tradición.


Según nuestra moral mamporrera hacia el decoro de la vestimenta, esta señora solo por vestir así ya es una pedazo de guarra que va pidiendo que le metan el nabo repetidas veces en cualquier momento, con quien sea. Sin importar que el portador del pene en cuestión sea lo más parecido al aborto de un Critter, que venga acompañado de seis orcos, que se la metan por un agujero que a ella no le guste usar, etcétera. Según la mentalidad de muchos españoles, llevar pantalones así da derecho y carta blanca a la penetración. Y la señora en cuestión se tiene que callar; no haberse puesto semejante prenda inmoral.


Quitémonos la venda de los ojos: nosotros no somos mucho mejores. No lo imponemos por ley... o no por legislación, mejor dicho; lo imponemos, en cambio, por condicionamiento social: "Si vistes así eres una guarra" es algo que no nos es tan ajeno como debería; "si tienes sexo ocasional no te valoras a ti misma como persona" es una de esos mantras de moral de los años de Maricastaña que tenemos que escuchar, como dando a entender que si una mujer se lo hace de vez en cuando con quien le da la gana, vale menos como persona, como si su catadura moral estuviese ligada a su forma de vivir su sexualidad. Como si el tocino tuviese que ver con la velocidad y una persona fuese mejor o peor dependiendo de su actividad sexual o de sus ganas de compromiso.


Cara que ponen algunos cuando oyen a una mujer que dice que no tiene pareja, pero que eso no hace que renuncie al sexo. Porque es algo aberrante, por supuesto.


Cara que ponen los mismos cuando eso lo dice un tío.



Como si diéramos por hecho que toda mujer, siempre y cuando esté soltera, esté condenada al ostracismo sexual hasta el momento en que tenga una pareja estable y, ya puestos, al paso que vamos cualquier día diremos que si no está comprometida de un modo más o menos serio en vistas a matrimonio, tampoco cuenta. Y con el tema de la pareja, pensemos: si somos tan abiertos de miras, ¿por qué a mucha gente le parece que una chica que tenga iniciativa a la hora de buscar pareja es una fulana? ¿Por qué se sigue pensando que es el hombre el que tiene que dar el primer paso por cojones?

Presumimos de lo modernos que somos, pero o no nos damos cuenta o no queremos dárnosla al ver que estos argumentos están ya obsoletos y pecan de un machismo que huele a rancio ya. Limitamos la elección de la mujer día sí y día también porque nos parece lo moralmente aceptable, mientras que, de un modo mucho más implícito (y escalofriante), planteamos a los agresores como víctimas de provocaciones. Pobres violadores, que no pueden pasear tranquilos por la calle sin que venga una fulana a pedirles que la empotren salvajemente.

lunes, 11 de agosto de 2014

Mondo Chorra- La reflexión de Starfire



Hace cosa de algún tiempecillo, reeditaron una colección de DC Comics de 1980 titulada originalmente The New Teen Titans, traducida por nuestra tierra de lengua cervantina como Los Nuevos Titanes. En la primera aparición de este grupo, tuvimos la suerte de conocer a un personaje bastante entrañable conocido como Starfire. Para poneros al día, esta moza proviene de un planeta conocido como Tamaran, habitado por una raza de guerreros de pellejo ambarino y que basan su forma de vida más en la pasión que en cualquier otra cosa.
Vamos a quedarnos un poco con este detalle, porque es lo que supone el punto de partida de este artículo. En una de sus primeras apariciones en la serie, Starfire asegura no entender la concepción humana de la sociedad, en la que ha contemplado con cierta decepción cómo los habitantes de la Tierra son capaces de sentir compasión por sus enemigos al tiempo que desconfían de sus amigos. Con toda franqueza, la chica alienígena dice ver eso como algo que no tiene el más mínimo sentido.
Permitidme que le dé la razón.

Quizás es ahora cuando muchos de vosotros alucinaréis pepinillos si digo que la compasión está sobrevalorada, pero para mí es así. Ojo, no de forma indiscriminada, que en esto hay matices. Por ejemplo, sentir compasión por alguien que no te ha hecho nada malo me parece honesto, del mismo modo que me lo parece sentirlo por un amigo o ser querido que se encuentra en una mala situación. No voy por ahí. Me refería un poco a ese hecho políticamente correcto, consistente en sentir compasión por gente que nos putea, o por gente a la que no conocemos poco más que de oídas, y que no sabemos si alguien que podría ser un amigo u otro soplagaitas más de los muchos que viven para dar por saco al prójimo. Eso de comportarse como amigo amiguísimo de alguien que no lo es, no ha demostrado serlo o (más absurdo aún) ha demostrado no serlo.


"¡Holaaaa, qué alegría verte! Te he echado tanto de menos... ¡Si es que no hay nadie que me haga la vida imposible tan bien como tú! ¿Qué haría yo sin ti? ¡Anda, a mis brazos!"


Sé que hay mucha gente que piensa que está bien comportarse de esa manera para diferenciarnos de la gente cabrona. Porque así demostramos que no somos como ellos, bla, bla, bla. Me parece una postura respetable, pero no la comparto en absoluto porque no la veo justa. Me explico: en el momento en que tratamos exactamente igual a una persona que nos putea que a una que nos trata bien, estamos siendo injustos, por extraño y contradictorio que resulte. Lo estamos siendo con la persona que nos trata bien, a la que estamos poniendo al mismo nivel que al que nos trata con la punta del pie. Ser justo no supone necesariamente dar un trato igualitario a todo bicho viviente, nos haga lo que nos haga. Para mí eso es pervertir la idea de la justicia como algo ciego, llevándolo al extremo más descabellado. Parafraseando a Jonathan Swift, la verdadera justicia no debería ser ciega, sino tener una infinidad de ojos para verlo absolutamente todo y tener en cuenta quién hace qué, cómo y con quién. Tomar nota de lo que sucede, y actuar en consecuencia.
Siguiendo mi planteamiento de lo que es justo, suelo tirar un poco por dos filósofos: el primero (no por orden cronológico, claro) es Kant, cuyo concepto de la ética, resumiendo muchísimo la filosofía de un tío que era más enrevesado que las subtramas de Melrose Place, consistía en actuar con el prójimo de la misma forma en que a uno lo tratan o, de forma más precisa, "no haciendo al otro lo que no harías a ti mismo".
Mi segundo puntal en esta argumentación nos lleva unos cuantos años más atrás, en el concepto aristotélico: para este hombre, lo que era justo no era ser necesariamente igualitario (o no en el sentido que por lo general entendemos), sino dar a cada uno exactamente lo que le corresponde, ni más ni menos. De ahí que piense que, en el momento en que tratamos a una persona que nos hace la vida imposible del mismo modo que a una que no lo hace, estemos siendo injustos: por un lado, estamos dando a esa persona más de lo que se merece, al tiempo que estamos poniendo a la persona que nos trata bien a ese mismo nivel y, por tanto, dándole menos.
Tomando ambas filosofías como punto de partida, suelo pensar que si no te putean, no putees a nadie. Pero si te tocan los cojones, lo más tonto que puedes hacer en esta vida es actuar como si no hubiera pasado nada y seguir bailándole el agua al gilipollas de turno.


No estamos pa chuparle los pies a nadie.


Con la gente que nos putea, queridos Distópicos, no creo que haya que hacer ningún tipo de concesión. La compasión con aquellos que han dado el primer golpe (especialmente cuando vemos que es intencionado, sin provocación y disfrutando de paso con ello, algo mucho menos raro de lo que debería resultar) debe ser exactamente cero. Porque a la primera muestra de compasión, la gente así no suele recapacitar, sino todo lo contrario: no se detiene en cuanto se le ignora; más bien se crece, toma terreno y se siente con la libertad de seguir pisoteando y machacando. Y en parte, porque tienen razón. El primer ataque lo pueden efectuar ellos y es culpa suya, pero en el momento en que demostramos compasión con gente que no la merece, los siguientes golpes que nos den son, en gran medida, culpa nuestra. Por permitirlo, por dejarnos que nos avasallen, que se rían de nosotros o que nos falten al respeto. La gente de esta calaña no siente consideración ni remordimientos cuando ven que sus enemigos sienten piedad hacia ellos; más bien se descojonan, y piensan que ancha es Castilla. Por eso no creo que debamos sentir ningún tipo de concesión con gente así. Nada de "Yo trato a todo el mundo por igual". Nada de "Todo el mundo es igual", porque sabemos que no todo el mundo lo es. Por tanto, pensemos entonces en qué nos merecemos nosotros y qué se merecen los demás.



"Hola, soy la Justicia, no veo un coño".
Así nos va.


Con esto no quiero decir, ni mucho menos, que cualquier confrontación por pequeña que sea, implique batalla. No, no van por ahí los tiros. Decía Sun Tzu en El Arte de la Guerra (obra de la que, admito, solo he leído algunos fragmentos, pero que me muero por echarle el guante de una vez) que la confrontación armada debe ser el último recurso de la guerra. Sin embargo, una vez llegados a este punto, no había que mostrar compasión alguna por el enemigo. Quizás porque raramente él nos la va a mostrar a nosotros.
Mi planteamiento se refiere más un poco a esa especie de barniz de corrección política donde, por alguna especie de regla social no escrita (o escrita por alguien tan imbécil que decidieron dejar su nombre en el anonimato) estamos obligados a ser amables con alguien que nos está jodiendo. No digo que haya que matarlo a hostias en cuanto se le vea, pero sigo sin entender esa extraña necesidad de tener que aparentar que te llevas bien con alguien o que te cae bien, cuando en realidad es mutuo que no os podéis ni ver. Para mí eso es fingir, y fingir es mentir. Algo que no llevo bien en absoluto y que nos devuelve un poco a Starfire y su mentalidad: puedes ser educado con alguien que te está tocando las pelotas, incluso correcto en el sentido de que no te vas a ir para él a reventarle los dientes a la primera de cambio... Pero nada más. Nada de hacerle favores, mucho menos pedírselos. Nada de tonterías de darle una y otra oportunidad, a ver si se da un golpe en la cabeza y se da cuenta él solito de que ese no es el camino correcto, porque la actitud de sumisión o de forzado amiguismo no sirve para eso.
A tomar por culo ya con esa especie de imposición social de tener que ser amable, encima. De tener que aparentar que os lleváis bien, cuando ya habéis llegado a ese punto de no retorno en que la dialéctica ha perdido su sentido y no queda absolutamente nada de lo que hablar. Al hacer eso, estáis agachando la cabeza, hincando la rodilla en el suelo y humillándoos ante gente que no merece de vosotros ni la más mínima concesión. Al tomar esa actitud de "Vamos a ser amables para evitar problemas", lo que estáis haciendo es poner la alfombra a aquellos que os insultan, desprecian o se ríen de vosotros. Les estáis haciendo la cama y les estáis dando de comer de vuestra mesa.


"Gracias por putearme delante de todo el mundo. ¿Más pollo?"


Quizás para muchos de vosotros esta actitud de trazar la línea os parezca orgullosa. Es posible, pero para mí es más bien una cuestión de dignidad. Se dice que muchos de estos sujetos se crecen cuando les haces el "aprecio" de hacerles ver que han captado tu atención y que lo que realmente les duele es ser ignorados, pero igual la realidad es muy distinta. Como cualquier abusón de poca monta, quizás la gente que nos chulea lo único que piensa es que no te vas a defender, y se siente con carta blanca para tratarte como le salga de los cojones. Hoy un poquito, mañana otro poquito, y cuando te quieres dar cuenta, te tratan como a su fulana personal. Y es eso lo que hay que evitar a toda costa, porque ya no hablamos de orgullo una vez llegados a esto. Cuando permites que la gente te falte al respeto, estamos hablando de salvaguardar la propia dignidad. Y es precisamente la dignidad uno de los mayores tesoros que debe poseer cada persona. Algo único e intransferible que jamás debería ser vulnerado... pero que, al cabo del día, vulneramos a conciencia muchos de nosotros. Porque "Nos dan pena", porque "No somos como ellos", porque "Somos así". No, valemos bastante más que eso. Lo suficiente como para no tener que soportar a según qué personas.

Es posible que por eso haya que darles lo que piden, aunque sea una vez. Dárselo para que lamenten haberlo pedido, porque a veces, aquellos que buscan algo corren el terrible riesgo de que lo encuentren. Para que se enteren de una vez por todas dónde está la línea que no deben pasar y para que nos dejen en paz de una puta vez. Para que cada uno viva su vida sin tener que andar molestando al prójimo. Porque todos tenemos un límite y tener que ver cómo alguien se cree con derecho a sobrepasarlo no nos convierte en santos, mártires o mejores personas. Como mucho nos convierte en gente que no tiene ganas de follones y, precisamente por eso, los consiente día sí y día también. En gente que da carta blanca a los tocanarices a que sigan. "Pasen, amigos, y sigan, que no pienso defenderme", parece ser la filosofía. Y es que, como dijo alguien (por Internet atribuyen esto a Edmund Burke, pero no estoy del todo seguro), para que el mal triunfe, lo único necesario es que la buena gente no haga nada.
Con esta actitud, si lo pensamos, dejamos que el mal triunfe día a día. Cada vez que nos dejamos atropellar por gente que, en definitiva, no es nadie (es decir, no es ni más ni menos humana que nosotros), le estamos dando carta blanca para que sigan con su política de pisotearnos.


Devolver el golpe no tiene por qué ser de forma literal, ejerciendo la violencia física. Es más, por lo general, suele ser la peor forma de serlo... Pero hay mil maneras de actuar para poner a alguien en su sitio.
Tan solo tenemos que querer ponerlas en práctica.


Para otros, esto tiene que ver con la educación. Creemos que somos maleducados por tratar a alguien como se merece, o simplemente por no ser amable. Nada más lejos de la realidad: ser amable no te convierte en educado, del mismo modo que no serlo no te convierte en una persona sin modales. Puedes ser la persona más antipática y desagradable del mundo y, sin embargo, no faltar a tu educación en ningún momento. Basta con no sonreír, no decirle cosas bonitas a quien no se lo merece. Basta incluso con quedarse callado cuando podrías decir algo que ellos esperan que digas para quedar bien. Como he comentado arriba, no tienes por qué hacerle un favor cuando te lo pide, porque nadie te obliga a ello. Puedes simplemente no entrar a defender a esa persona cuando está hasta el cuello de mierda. Puedes no darle la razón cuando está soltando toda una sarta de majaronadas por la boca. Puedes probar incluso a no creerte los insultos y las humillaciones que suelta por tu boca. Incluso puedes probar a decirle "No" de vez en cuando y demostrar que, dado el caso, por ahí no pasas. Hacerte valer, hacerte respetar o simplemente dejar clara tu postura de que no piensas dejarte avasallar por un desgraciado no te convierte en maleducado; sin embargo, un desgraciado usará esto como arma en tu contra a la primera de cambio. Eso, fíjate, sí que merece la pena ignorarlo... más que nada porque no es más que un truco barato de chantajista moral de poca monta.


Trazar la línea, descripción gráfica.


Curiosamente, el caso contrario sí me parece peor, que es esforzarse por ser amable cuando en realidad no tienes ningunas ganas de serlo. Poner buena cara y sonreír a quien te está ninguneando, o dar la razón a quien creas que no la tiene solo para que esté contento y no dé por culo. Esa es una actitud que suelo considerar hipócrita, si no cobarde o incluso paradójica: no hay problema en que otros nos molesten, pero la idea de que estamos molestando a alguien que se está comportando para echarlo de comer aparte nos resulta insoportable. Porque parece ser que al ser amables estamos siendo educados al mismo tiempo. Evitamos conflictos, el cabronazo de turno está contento y todos los demás a comulgar con sus mierdas. Despertad: que evitemos el conflicto no quiere decir que éste no venga a buscarnos a nosotros. Como suelen decir de coña por ahí (otra atribución, esta vez a Bruce Lee), esperar que las cosas te vayan bien solo porque no busques problemas es tan absurdo como ir por la selva y esperar que un tigre no te ataque solo porque eres vegetariano. Ojalá funcionase así, pero me temo que no es tan sencillo: a veces, por mucho que evites la guerra, la guerra va a venir a buscarte a ti. Al Universo en general le importa tres leches tu ideología. La gente que es mala no desaparece como en las historias de fantasía, con solo no pronunciar su nombre. Está ahí y cada día abunda más, porque parece haberse puesto de moda darles manga ancha, ignorarlos o sentir lástima por ellos. A cambio, proliferan, se hacen fuertes y consideran (no sin razón) que nadie los pone en su sitio.



"Cuando los gilipollas te pisotean, al Universo le importa tres pares de cojones, así que haz lo que tengas que hacer y déjate de chorradas". Paulo Coelho, poderoso.


El pacifismo está bien, cuando ves que tu entorno también busca la paz. Es lo lógico cuando nadie quiere problemas. Pero, cuando ya te han declarado la guerra, cuando te han lanzado el primer golpe, tienes dos opciones: defiéndete o prepárate para convertirte en el blanco de los golpes. Tomes la decisión que tomes, recuerda que no importa la compasión que sientas por gente que ataca sin provocación: ellos no la van a tener hacia ti. Que hace ya mucho que nadie inscribe un nuevo mártir en el calendario, así que olvídate de pasar a la posteridad por tu abnegación. Si esperas que ellos solos se den cuenta de lo mal que lo están haciendo o que vean que tu pasividad ante sus ataques los haga reaccionar y convertirse en mejores personas, vas listo, porque no lo van a hacer. Tampoco vas a ganarte su favor, su amistad o su cariño por aceptar que te humillen. De conseguirlo, piensa en lo lícito y lo justo que ha sido el modo de conseguirlo. A base de humillación. A base de ceder sin que la otra persona lo haga. Luego piensa si realmente mereces el favor de una mierda humana de ese calibre.
Y recuerda también que, aunque ellos efectúen el primer movimiento en la contienda, no quiere decir que tengan por qué dar el último, o el definitivo.
Eres tú quien debe elegir entre ser compasivo con quien no lo merece o dejar que el mal triunfe una vez más solo por no hacer nada.