miércoles, 11 de junio de 2014

Mesa de Autopsias- Fantasmas, de Dean Koontz



La primera vez que oí hablar sobre Dean Koontz debía yo andar terminando el instituto. Esa época de ignorancia absoluta en que te crees que el terror es Stephen King y nada más, como el que se cree que el heavy metal son solo los Iron Maiden. Por aquel entonces, alguien en mi familia me habló de este señor y me dijo que le habían contado que era bueno. Me pasaron un par de títulos, entre los que destacó este Fantasmas, el cual, había hecho que más de uno y más de dos tuvieran que cerrarlo espantados con alguna escena. "Coño", me dije yo al escuchar aquello, porque King estaba entretenido, pero a eso no había llegado (ni llegaría, seamos honestos) ni de coña.
Pasaron los años y cada vez que encontraba títulos de este señor en alguna librería o establecimiento donde hubiese libros, me ponía a hurgar si estaba el susodicho Fantasmas, pero nada. Haciendo honor a su nombre, el puñetero libro había desaparecido de la faz de la tierra y me tuve que conformar con otras historias del señor Koontz que, lejos de impresionarme brutalmente, sí me entretuvieron en su momento.
Han pasado ya más de quince años desde que iniciase aquella búsqueda. Tras algún intento fallido de búsqueda por Internet, donde algún usurero que se hace llamar librero pretendía aprovecharse de que el libro estaba descatalogado y de su "derecho a poner el precio que considerase oportuno" (cobrando la burrada de casi 50 pavos por un ejemplar de segunda mano la edición de Círculo de Lectores del año noventa y pico con una esquina doblada, como si me estuviera vendiendo el puto Quijote en edición anotada para coleccionistas), va y resulta que me encuentro una copia de esta novela en una librería de segunda mano por dos pavos y medio.


La portada de mi edición de Martínez Roca.
Para los que la hayáis leido: no, yo tampoco entiendo por qué coño han puesto eso en la cubierta.


Total, que más feliz que una perdiz, me dispongo a zamparme este libro y, una vez hecho, tengo aquí un análisis sobre él. Tras esta historia de encuentros y desencuentros, vamos allá. Aviso, como siempre, que en este análisis se cuentan elementos reveladores de la trama, así que seguid leyendo si ya habéis leído la novela o no os importa que os cuenten cosas importantes:

Si de encuentros y desencuentros es mi historia con Fantasmas, también lo es la historia en sí. La protagonista, Jennifer Paige (no confundir con la cantante) se reencuentra con su hermana Lisa, a la que apenas conoce, tras el fallecimiento de sus padres; ésta nació cuando Jenny estudiaba medicina y su ocupación como doctora la apartó de su familia durante años. Ahora se encuentra cuidando de una adolescente de la que apenas sabe nada, a la que decide llevar a Snowfield (California), el apacible pueblo de montaña donde vive y ejerce como doctora.
Hasta aquí, lo que viene siendo el trasfondo de la principal línea argumental, porque lo que viene siendo el corpus de la historia no es algo que deje mucha tregua al lector, tal y como reza Stephen King en el pequeño comentario que hace de esta novela. Desde el primer capítulo, ya tenemos claro que en Snowfield pasa algo durante la ausencia de Jennifer, y nos queda más claro aún cuando ésta y su hermana llegan y se lo encuentran casi totalmente desierto, salvando algunos cadáveres en un extraño estado. Ante una situación tan inusual, las autoridades no tardan en aparecer para intentar hallar la causa y posibles soluciones al respecto, lo que hará que se desate, de modo casi literal, el infierno.


Snowfield debería tener una pinta del estilo a esto, según la descripción dada en la novela.


La estructura de la novela es sencilla, dividiéndose en dos partes ("Víctimas" y "Fantasmas") que, a su vez, se subdividen en capítulos centrados (veinte y veinticinco, respectivamente) en distintas tramas: por un lado, la trama de Jenny y su hermana, que abarca una necesaria gran cantidad de la primera parte. Junto a ella, una línea argumentada en Bryce Hammond, el comisario encargado de liderar el grupo de la policía del condado que investiga los hechos de Snowfield, que cuenta con una especie de "prólogo" antes de ir al pueblo: se trata de una especie de subtrama policíaca centrada en la investigación del asesinato de la esposa y el hijo de Fletcher Kale a manos de éste. Una pequeña historia dentro de la historia que, pese a la extensión no resulta gratuita al poner de manifiesto la personalidad de un personaje principal como es Hammond. Así pues, vemos un personaje minucioso al que le gusta no dejar ni un solo cabo suelto. De esos agentes comprometidos con su deber, pero sobre los que prima un sentimiento de humanidad.

Al fusionarse las tramas, ya en Snowfield, aparecen más personajes (principalmente, otros policías) y nos vamos encontrando más características de la particular amenaza que anida en el pueblo: vemos que los pocos cuerpos que quedan aparecen sin una gota de sangre, abotargados y amoratados. Tras las líneas de teléfono, cuando funcionan, responde un sinfín de sonidos, desde animales hasta las voces de los desaparecidos. En las casas, las mesas están puestas, las televisiones encendidas y algunos grifos incluso están abiertos. Algunos han desaparecido incluso dentro de habitaciones cerradas por dentro. Misteriosos charcos de agua destilada en algunos lugares. Ataques de extraños animales jamás vistos.

Es en este punto cuando la novela se encamina hacia su segunda parte. Iniciándose con un prólogo bastante crítico hacia el uso que dan los medios a una emergencia, aquí encontramos una nueva remesa de personajes, más allá de los dos grupos de policía del condado que se internan en Snowfield. Me refiero a un equipo destinado a emergencias biológicas, nucleares y químicas, que se supone especializado en contingencias de este tipo (digo "se supone" porque, en realidad, para lo que sucede realmente en el pueblo nadie está preprado). Aparte, reaparece la subtrama de Fletcher Kale, que transcurre paralela a los sucesos de Snowfield a lo largo de toda la novela. Por último, tenemos algún capítulo destinado a Timothy Flyte (autor de un libro, The Ancient Enemy), cuyo nombre y el de su libro aparecieron garabateados en el espejo de un baño, en la casa de uno de los desaparecidos. Si bien en la primera parte de la novela Flyte ya aparecía, dándonos unas pinceladas acerca de sus investigaciones, éstas van a coger especial peso en la segunda parte. Muy especialmente en el momento en que su presencia es requerida en Snowfield.


Fotograma de la adaptación cinematográfica basada en la novela. Aunque no hablamos de una gran película ni mucho menos, se nota que Koontz escribió el guión y hay grandes intentos de respeto hacia el texto original.
La lástima es que los intentos se quedasen en eso, en intentos.


Una vez tiene sentadas las bases de cada trama, Koontz las desarrolla en el contexto de los acontecimientos de Snowfield, haciendo que cada personaje actúe y se desarrolle de una forma bastante coherente, acorde a su personalidad y lo que pone de manifiesto que es precisamente esa caracterización de cada uno de los actores de la historia uno de los puntos fuertes de esta novela. El autor no va a escatimar recursos (ni párrafos, ni páginas) en contarnos la vida de una buena cantidad de personajes, a fin de que entendamos por qué actúa de tal o cual manera y comprendamos sus reacciones ante la amenaza de Snowfield. Casos claros, aparte de los ya mencionados como Bryce Hammond o Jennifer Paige, los de algunos policías del condado como Gordy Brogan, que es un católico de personalidad bienintencionada y amigo de los animales. Gordy no va a actuar igual cuando la entidad que se acaba denominando "El antiguo Enemigo" se burla de Dios y de la cristiandad crucificando a un sacerdote en la iglesia del pueblo que Hammond (con una personalidad más basada en la voluntad y la esperanza que en la fe) o que Jennifer (cuyos lazos con los habitantes de Snowfield tienen un carácter más emocional). Otros personajes, como el agente Jake Johnson, basan su personalidad más en la prudencia, mientras que Stu Wargle se presenta como un agente desaliñado y carente de imaginación y Tal Whitman contempla la situación como su cruzada personal contra el miedo (trauma infantil que viene acarreando desde pequeño). ¿Qué conlleva esto? Que, por sobrenaturales y extraños que sean los eventos (que lo son, y mucho), no todos los personajes van a reaccionar con la boca abierta y señalando a lo que ha sucedido.


"¡Cooooño!"


Este desarrollo de los personajes, en líneas generales, se perfila con mayor precisión a la hora de contarnos la historia previa de éstos, o bien con sus acciones, pero no así en los diálogos. Salvando algunos de los diálogos que se sostienen con el Antiguo Enemigo (vía chat, curiosamente; y digo curiosamente porque la novela es de los años ochenta), gran parte de las líneas que salen de boca de los personajes resulta a menudo forzada o poco creíble. Quiero pensar que se puede deber a la traducción, pero cuando un personaje como Lisa me cierra una frase con un "¡Santo cielo!", por muy en inglés que lo pongas (imagino que lo dirán con un "My god" o alguna cosa similar) te lo crees igual de poco. En algunas partes, los diálogos casi recuerdan a mensajes de texto, basados en frases cortas, casi unimembres y sin demasiado apoyo emocional. Abro el libro por una página al azar (me ha salido la página 247 de la edición que compré de Martínez Roca) y me encuentro con esto:

Tenemos una escena en que el grupo se encuentra en el fregadero de una casa todo un botín de joyas, pertenecientes al pueblo entero. Transcribo el diálogo para que veamos la carga emocional que destila cada frase y entendamos un poco mi crítica del párrafo anterior:

"Bryce contempló de nuevo el montón de joyas.
—Entonces, esos objetos pertenecen probablemente a gente de todo Snowfield.
—Bien, yo diría que, en cualquier caso pertenecen a los desaparecidos —le corrigió Tal—. Las víctimas que hemos encontrado hasta ahora llevaban relojes y joyas.
—Tienes razón —asintió Bryce —. Así pues, los desaparecidos fueron despojados de sus objetos de valor antes de ser llevados a... a... bueno, a donde diablos los llevaran."

(Fragmento de la edición de Martínez Roca del año 1988)

Este, con todo, no es el peor diálogo, pero ilustra un poco lo que quiero decir: los personajes, a la hora de hablar, en muchos aspectos parecen bastante maquinales. Sus líneas de diálogo resultan parcas y escuetas en muchas ocasiones. La falta de acotaciones, limitándose a un par de verbos deícticos como "dijo", "respondió" o "asintió" limitan mucho el lenguaje no verbal y el lector carece por completo de información acerca del tono con el que se dicen las cosas. Que a ver, una cosa es que no se lo tengan que dar todo mascado al lector y otra cosa es que no le den nada.

Por contra, otro de los puntos fuertes contrarresta esta carencia. Me refiero, sin duda, a la ambientación. Si arriba he mencionado que Koontz se toma su tiempo en describir el trasfondo personal de cada uno de los personajes que tienen una cierta relevancia, con la ambientación no es menos, hasta el punto de conseguir que en algunos pasajes nos sintamos bastante dentro de la historia. No van a faltar escenas detalladas acerca de los edificios de Snowfield o de la decoración del interior de algunas casas (por ejemplo, una cuyos colores eran principalmente el amarillo y el verde y que era capaz de poner de los nervios a quien la visitaba al no encontrar absolutamente ningún otro color por ninguna parte). En las escenas en que cae la noche, la descripción del apacible pueblo se torna en algo mucho más siniestro y la oscuridad toma tal presencia que casi parece un personaje más. En algunas partes, incluso lo es, como en el caso del callejón cubierto que Jennifer y su hermana tienen que atravesar en uno de los primeros capítulos de la novela. Y es que Koontz, sin tener que se diga la prosa de un genio ni mucho menos, sí posee un estilo ágil y sencillo de leer, que hace fácil meterse en la historia. A esto se añade un ritmo narrativo que solo se ralentiza de verdad (no cuento aquí las pausas digresivas para que un personaje te cuente su historia o la de alguien, porque para mí eso no es ralentizar, sino aportar trasfondo) cuando se añade en la segunda parte de la novela la subtrama de Fletcher Kale, que resulta forzada y (por extraño que resulte que lo diga yo), innecesaria.


Snowfield de noche podría tener una pinta tal que así.


Detengámonos un poco en el caso Kale: la cosa, en realidad, empieza bien, en el momento en que te lo plantean como un secundario que, originalmente, parecía servir como "reflejo" para mostrar la personalidad de Bryce Hammond. El problema y lo forzado aparecen más adelante, cuando vemos que ese personaje sigue apareciendo tras su detención, y contándonos cómo se fuga. ¿Es esto malo? No, porque bueno, está desarrollando un personaje que está bien construido en líneas generales. El problema quizás es cuando vemos que esa trama aparece relacionada con la principal de un modo, digamos, "exótico" (por no llamarlo rocambolesco): Kale, tras haber sido detenido, es capaz de ponerse en fuga y huye en dirección a una casa. Hasta aquí bien. Lo que ya empieza a resultar sospechoso es que la casa (un bunker en toda regla) es propiedad de Jake Johnson (sí, uno de los polis que están en Snowfield), el cual le vendió una propiedad un tiempo atrás. Aquí la cosa empieza a ponerse rara, pero más rara se pone cuando nos enteramos de que Kale tiene intención de ocultarse de la policía en... sí, amigos, en Snowfield. El amigo tira para allá, pero no llega. ¿Por qué? Porque antes de eso, se encuentra con un motero llamado Jeeter, mencionado a lo largo y ancho de toda la novela (y que aparece por primera vez en los últimos capítulos) y un cachito del Antiguo Enemigo. Jeeter le cuenta una historia del tebeo y Kale se la cree, quizás porque ve el cachito del Antiguo Enemigo, que también le cuenta un buen rollo. Total, que un personaje que funcionaba bien como secundario (y nada más) aparece metido por cojones en la trama principal junto a uno que no llegaba ni a episódico. Y ambos se precipitan hacia los cuatro o cinco últimos capítulos de la novela, para confluir con los supervivientes de Snowfield. Con dos cojones.


Que si te pones a pensarlo, la descripción de Jeeter el motero es la hostia también: motero con su banda de delincuentes, sádico, asesino, violador, le pega a las drogas, vende armas y adora a Satán.
A Koontz le faltó poner que jugaba al rol, ya puestos.


Es precisamente la conclusión de la novela la parte más floja (algo que no es gran cosa, si consideramos que más o menos el 90% de la historia es más que aceptable), donde todo confluye de una forma pelín atropellada y solucionada en cuestión de párrafos: llegan los dos malosos estos, justo después de que los buenos se la hayan visto con una criatura preternatural digna de Lovecraft que se autoproclama un dios (¡Un dios!), pistolita en mano y tirando para el hospital en plan primos chungos de los asesinos de Columbine. El motero palma de un tiro en la barriga y Kale... A Kale le ha mordido una garrapata venenosa de las montañas y le da un pasmo. No es coña.
Incluso la forma de concluir lo sucedido en Snowfield resulta un poco atropellada a veces: Koontz se esfuerza tanto en que TODOS los misterios que han sucedido en el pueblo aparezcan resueltos y con una clara explicación, que en algunos momentos te da la impresión de que está tirando de una lista para ver si se le ha olvidado algo (pongo el caso de los cuerpos que aparecen sin sangre o los charcos de agua, cuya respuesta se encuentra, pero siempre hay alguien ahí para asociarla rápidamente al misterio que se encontraron al principio, como si dijera "Eh, no nos hemos olvidado de dar respuesta a esto"). A esto se suma que la batalla final con el Antiguo Enemigo recuerda más a una película de acción que a una historia de terror.


En una de las explicaciones acerca del Antiguo Enemigo, vemos la idea de los gusanos planarios que, por medio del canibalismo, son capaces de asimilar lo aprendido por sus víctimas.
Una idea así la veríamos también, solo unos añitos más tarde, de la mano de Alan Moore y su Cosa del Pantano. No sabemos si Alan Moore había leído esta novela por aquel entonces o ambos autores habían llegado a esta idea por sus propios medios.


En fin, salvando esto, podemos decir (si es que os fiáis de mi valoración personal que, insisto, no es ni la verdad absoluta ni pretende serlo) que tenemos una novela en la que los puntos positivos son mayores en número y peso que los negativos: entretenida e interesante, gracias a lo ya mencionado, así como al concepto del Antiguo Enemigo. Nada original, si tenemos en cuenta que Koontz mama aquí (admitido por él mismo a lo largo y ancho de la novela) de H.P. Lovecraft, mostrándonos una criatura preternatural e informe (y multiforme), que vive en las entrañas de nuestro mundo desde el alba de los tiempos. Sin embargo, Koontz no se queda en el simple guiño-homenaje: en esta novela nos vamos a encontrar una infinidad de conceptos e ideas que tratan de explicar el origen de la criatura. Desde análisis científicos hasta un repaso por las desapariciones más célebres de la historia (no falta el clásico "Mary Celeste", por supuesto). Hipótesis y teorías que tratan de racionalizar la esencia del Mal. A diferencia de como sucediese en Lovecraft, el Antiguo Enemigo se muestra más... más humano que las Semilas Informes de Tsattoghua (para mí, el referente más claro proveniente del universo lovecraftiano): El Antiguo Enemigo posee un elevado ego, y se muestra comunicativo con la raza humana, demostrando de paso una inteligencia y un sentido del humor que confieren un cierto carisma a la entidad antagonista.


Más detalles curiosos: En la novela se hace referencia a dos científicos conocidos como Isley y Arkham.
Isley, en DC Comics, es el nombre original de la villana conocida como Hiedra Venenosa, mientras que Arkham, aparte de ser el psiquiátrico donde ésta es encerrada de vez en cuando, es el nombre de una de las ciudades más emblemáticas del universo creado por H.P. Lovecraft.
¿Coincidencia o eran referencias deliberadas?


Para terminar, me gustaría hacer una crítica acerca del maltrato que esta novela ha sufrido con el paso de los años: primero, con una fallida película que, pese a contar con el propio Koontz para la redacción del guión, falla estrepitosamente en el reparto, poniéndonos a Rose McGowan en el papel de Lisa (Lisa en el libro es una adolescente, apenas una niña, mientras que Rose McGowan no veía los veinte en la película) y a Ben Affleck en el papel de Bryce Hammond. El personaje de Stu Wargle, encarnado por Liev Schreiber (al que hemos visto más tarde en el papel de Dientes de Sable en Wolverine: Origins), resulta poco creíble, forzado e incluso ridículo a veces, pareciendo pasárselo en grande ante una masacre. Otros personajes, como Gordy Brogan o Tal Whitman, directamente son borrados de la adaptación, mientras que otros como Frank Autry, ven cambiado su nombre y desaparecen en un suspiro. Flyte, encarnado por Peter O'Toole, no consigue salvar la adaptación pese a su esfuerzo por aportar su experiencia.


"¡Jua, jua, jua, se han muerto todos, qué cachondeo!"


En segundo lugar, con el tema de los derechos de publicación en nuestro país. Teniendo en cuenta que este puto mercado editorial se mueve (única y exclusivamente, sin atender a otros motivos) por razones de pasta, para que aquellos que tengan los derechos de la novela se acuerden de volver a editarla (puede llevar, tranquilamente, más de quince años sin verse en una tienda) vamos a tener que esperar a que a alguien en Hollywood por hacer un remake de esta novela si alguien quisiera comprársela. Entretanto, autores de los de siempre, como Joe Hill o Stephen King, ven reeditadas todas y cada una de sus novelas (incluso las menos leídas o populares) año sí y año también. Por no mencionar la cantidad de novelas de segunda en otros géneros, surgidas a rebufo de sagas que ya empiezan a recibir unas críticas lamentables en sus segundas o terceras partes. Luego es que la gente no lee, pero eso es lo que pasa cuando uno se dedica a editar y publicar fotocopias de fotocopias y a saturar el mercado decuplicando la demanda, riéndose de paso del lector que tiene un mínimo de criterio y exigencia a la hora de gastarse dinero en un libro.
Y es que a veces, uno desearía que el Antiguo Enemigo surgiera de las profundidades para comerse a unos cuantos.

domingo, 8 de junio de 2014

Mondo Chorra- Festival de la Carne, segunda parte: Mujerazas Edition




Y seguimos con el Festival de la Carne, que se ve que dio buenos resultados. En apenas veinticuatro horas, la Chulazo Edition de este artículo se ha convertido en lo tercero más visto de todo el mes, lo que puede considerarse todo un éxito. En este que nos concierne, como ya habréis imaginado, nos vamos a la otra cara del asunto cárnico. Es decir, si en el anterior pusimos maromazos que subieron la presión arterial de nuestras lectoras, aquí nos va a tocar hacer un repaso de las muchachas o mujerazas que cortan la respiración de nuestros Distópicos más habituales.
Distópicos... o Distópicas, porque tengo que comentar el hecho de que las lectoras de este blog se han sumado a los chicos y no se han cortado un pelo a la hora de votar a sus mozas favoritas... con lo que se rompe el tópico de que las mujeres son unas envidiosas que no soportan que haya otras mujeres guapas. Tengo que decir que mis lectoras (algo de lo cual estoy más que orgulloso, por qué no decirlo) han sido de lo más honestas a la hora de hablar de estas Mujerazas y no han tenido problema alguno en reconocer la belleza ajena.
Una vez comentada esta curiosidad, vamos a ir directos al tema, que veo que ha habido bastantes ganas de que llegue este artículo:

Mujeraza número 1. Sofía Vergara: Modelo y actriz colombiana, nacida en 1972. Probablemente la elección más clara de ambos artículos de este Festival de la Carne, siendo votada tanto por chicos como por chicas. De Sofía hay poco que decir que no hable por sí mismo. En su momento saltó a la fama mundial tras un supuesto idilio con Enrique Iglesias, para más adelante seguir trabajando en su faceta como actriz hasta llegar a su papel en la serie Modern Family. Pronto la veremos en la segunda parte de Machete, lanzando balas con el sujetador (y no, no es coña).





Mujeraza número 2. Scarlett Johansson: Actriz estadounidense, nacida en 1984. Otro de los sex-symbols más unánimes del blog, a la que llevamos viendo en la gran pantalla desde que era una mocosa. Ha pasado el tiempo desde que saliera en The Horse Whisperer y Scarlett ha crecido bastante, tanto física como profesionalmente. Es una actriz todoterreno, que lo mismo te hace una película histórica que una peli con Woody Allen o se embute en un mono de cuero ajustado para encarnar a la Viuda Negra.





Mujeraza número 3. Monica Bellucci: Se dice que Italia ha dado luz a algunas de las mujeres más guapas (o guapas y carismáticas a la vez, algo no tan común): Ornella Mutti o Sofia Loren pueden ser dos buenos ejemplos de ello. Monica Bellucci (Italia, 1964) no es menos, demostrando que, por muchos años que pasen, esta mujer no solo mantiene la belleza, sino también la elegancia y el porte.





Mujeraza número 4. Natalie Portman: Otra de las que no podían faltar. Esta actriz israelí nacida en 1981 es elegancia y sencillez a partes iguales, sin caer en el tópico de "Para estar buena tienes que tener curvas de vértigo". Hay mujeres con curvas que sí pueden resultar atractivas, y otras que aun teniéndolas pueden llegar incluso a echar para atrás. En el caso de Natalie, descubrimos que un cuerpo voluptuoso no lo es todo. Hace falta también carisma, la elegancia arriba mencionada o lo que quiera que tenga la señorita Portman y todavía no hemos llegado a definir.





Mujeraza número 5. Christina Hendricks (Actriz estadounidense, nacida en 1975): Con la señorita Hendricks sucede justo lo contrario. En una sociedad obsesionada con la delgadez (a menudo, extrema y enfermiza) y unos cánones de belleza cada vez más irreales y malsanos, Christina Hendricks se alza como bastión de un canon que recuerda a otras épocas, donde la voluptuosidad estaba mucho mejor vista hoy en día, donde se tacha (de forma despectiva) de "gordura", llegando a menospreciar a mujeres realmente impresionantes solo por no tener la talla deseada. Christina Hendricks tiene curvas, sí. Tiene pecho, sí. Y caderas, y muslos. Y nadie en sus cabales podría decir que es una mujer poco agraciada o poco carismática.




Mujeraza número 6. Kate Upton (modelo estadounidense, nacida en 1992) podría incluirse en la misma categoría que a Christina Hendricks: ambas poseen un cuerpo nada similar a ese discutible canon de belleza, más cercano a la androginia o al cuerpo de un preadolescente que a lo que hemos venido entendiendo toda la vida como una mujer de verdad. Y al igual que sucede a la actriz, la señorita Upton también ha sido lapidada por "gorda", como si por tener un cuerpo con curvas estuviese cometiendo un crimen, o como si su belleza desapareciese en el momento en que no cabe en la talla "ideal" impuesta por diseñadores y firmas de ropa. Sin embargo, y he aquí la ironía, pocos hombres (o mujeres) he conocido que nieguen lo que esta chica vale.





Mujeraza número 7. Blanca Suárez (España, 1988). Dado que soy poco seguidor de series españolas, tengo que decir que poco o nada sabía de esta actriz madrileña. Sin embargo, ha recibido algunas votaciones para participar en este artículo, lo que me ha permitido descubrirla.





Mujeraza número 8. Emma Stone (actriz estadounidense, nacida en 1988): Con la señorita Stone me ha pasado tres cuartos de lo mismo. Repasando su filmografía me doy cuenta de que no he visto absolutamente ninguna de las películas en que ha participado.





Mujeraza número 9. Emilia Clarke (actriz inglesa, nacida en 1987): He aquí otro caso similar al de Natalie Portman. No necesitas ser una sex-bomb para resultar atractiva, ni mucho menos. Es algo que se lleva dentro, como en el caso de la señorita Clarke. Igual es por esa mirada tan dulce como magnética (lo hemos visto una y mil veces aquellos que hemos seguido Game of Thrones), o por ese punto de vecina de al lado que destila, no lo sabemos ni nos importa. El caso es que Emilia Clarke rezuma encanto por los cuatro costados, y pocas pueden salir airosas publicando una foto sin maquillaje. Por eso no dudaríamos en seguir a Daenerys Targaryen allá donde nos diga.





Mujeraza número 10. Emma Watson (actriz de origen francés, nacida en 1990. Y sí, a mí también me ha sorprendido ver su lugar de nacimiento), sin embargo, nunca ha sido santo de mi devoción, ni a nivel físico ni en lo referente a lo que me transmite. Sin embargo, y como sucediera en el artículo anterior, respeto los votos que la han puesto aquí y la incluyo en esta lista confeccionada por vosotros, queridos Distópicos.






Mujeraza número 11. Anna Paquin: Otra de esas actrices a las que hemos visto crecer. Desde que debutase con The Piano, esta canadiense nacida en 1982 ha ido forjando una carrera cinematográfica discreta, pero con buena letra. La hemos visto en películas de terror como Darkness y ha encarnado (con mayor o mejor fortuna) a Pícara (uno de mis personajes de cómic femeninos favoritos de toda la vida) hasta tres veces. En la actualidad se ha dejado ver en la serie True Blood.





Mujeraza número 12. Charlize Theron: (Sudáfrica, 1975) Esta actriz nunca ha formado parte de mi elenco de iconos, pero tengo que reconocer que merece estar en esta lista, y no solo porque algún amiguete haya insistido por activa y por pasiva que la incluya aquí. Como actriz, poco malo tengo que decir. Insisto en que no es de mis favoritas, pero no es de lo peor que se ha visto en una pantalla en los últimos años. Viendo además la cantidad de "Hola, soy actriz porque estoy buena" que están surgiendo, tenemos que decir que es todo un alivio que Charlize no lleve ese rollo.






Mujeraza número 13. Laetitia Casta: En aquella época, a finales de los años noventa, en que había una especie de dicotomía dictatiorial sobre las modelos, y te tenía que gustar Cindy Crawford o Claudia Schiffer por cojones y sin rechistar, surgió Laetitia Casta. Esta modelo, nacida en Francia en 1978, surgió como un cambio de aires en la nota dominante: la modelo atlética (y posteriormente esquelética) como canon tenían un serio desafío en cuanto apareció esta curvilínea muchacha de mirada penetrante.





Mujeraza número 14. Erika Sanz: Actriz y bailarina española nacida en 1980 de la que no he sabido nunca demasiado, considerando que las series en que ha participado nunca han sido santo de mi devoción. Sin embargo, ha sido votada para formar parte de este artículo y aquí aparece reflejada.





Mujeraza número 15. Mila Kunis (Ucrania, 1983): Otra de esas actrices de una generación medio moderna de las que un servidor sabía poco o tirando a nada. Sin embargo, tomo nota de la recomendación y ya tengo pendiente ponerme a ver un día Cisne Negro. A ver si resulta tan impresionante como me habían dicho.





Mujeraza número 16. Lana del Rey: Definitivamente, ando desconectado del mundo. Lana del Rey (cantante estadounidense, nacida en 1986) es otra de esas votadas por los lectores de este blog y yo viviendo en otro planeta, porque no tenía ni idea quién era.





Mujeraza número 17. Anna Simon (presentadora y periodista española, 1982): Anna saltó a la fama hace algunos años en el programa Tonterías las Justas, presentado por Florentino Fernández, aunque ya había hecho alguna cosita previa en televisión. Desde entonces, la hemos podido ver de invitada en numerosos programas y concursos de la tele hasta haberla visto dando las campanadas en Antena 3 este último año.






Mujeraza número 18. Carla Gugino: (Actriz estadounidense, nacida en 1971) La señorita Gugino es de esas actrices que hemos visto en no pocos papeles y que, por culpa de una industria cinematográfica obsesionada solo porque recordemos los nombres que a ellos les convienen (y con los que nos bombardean constantemente), pasa por alto a otros artistas que, si bien no recaudan tanto (o bien es que no les dan tanto bombo) no tienen nada que envidiar a los que están de moda. A Carla Gugino la hemos visto en diversos papeles, como en Sin City, Watchmen o Sucker Punch.





Mujeraza número 19. Kat Dennings: (Actriz estadounidense, nacida en 1986). Kat, por su parte, es relativamente conocida por su papel en la divertida serie Two Broke Girls, aunque quizás lo es más por su trabajo en las dos entregas de Thor, convirtiéndose aquí en una secundaria cómica algo neurótica (la típica castaña con la que Marvel Studios parece obligarnos a comulgar en todas y cada una de sus películas). Quizás algún día pueda decir que tiene un personaje protagonista en alguna película con algo de éxito. De momento, seguimos esperando.





Mujeraza número 20. Lucy Pinder (modelo británica, nacida en 1983): Sabemos que en Inglaterra es costumbre que haya galerías fotográficas en según qué periódicos, como el Daily Star. Lucy Pinder, precisamente se dio a conocer en esta publicación, pasando a convertirse en una de las modelos más cotizadas por revistas como Nuts o Maxim.




Mujeraza número 21. Anne Hathaway (actriz estadounidense, nacida en 1982): Nunca deja de resultarme algo gracioso (como curiosidad, no como objeto de burla) que en Hollywood exista una actriz cuyo nombre coincide con el de la esposa del mayor dramaturgo de la lengua anglosajona y uno de los más importantes de toda la historia de la literatura. Anne, conocida hasta la saciedad por sus papeles en películas Disney de dudoso respeto hacia la inteligencia de sus espectadores, ha ido evolucionando con el paso de los años. Poco a poco, se ha ido esforzando por alejarse de esa imagen de "Niña Disney" que parece convertir a todas las que la portan, bien en repollos, bien en criajas rebeldes que se despelotan y toman drogas para parecer más malotas. Anne no ha pasado ni por lo uno ni por lo otro, peleando muy duro para ser respetada como actriz.



Y con esto, concluye el repaso acerca de las mozas que han sido votadas por lectores de ambos sexos en este blog. Algunas votaciones minoritarias, por razones de extensión, han tenido que quedarse fuera; es por ello por lo que he decidido dejar la lista en veintiuna, tal y como sucediera en el artículo anterior. Con todo, hay que decir que el buen gusto de mis lectores no deja de sorprenderme.

domingo, 1 de junio de 2014

Mondo Chorra- Festival de la Carne, primera parte: Chulazos Edition




No hace mucho salió, en una de esas conversaciones que empiezas de (medio) normal y acabas desbarrando a lo bestia, el comentario de chulazos y pericas que nos ponen becerros a unos y a otros. Fíjate tú con la tontería y el cachondeo, que se me ocurrió decir "Pues como sigamos así un día voy a escribir un post sobre gente que nos sube los niveles de dopamina". La coña, como no puede ser menos entre colegas, que te siguen las burradas y las cosas de cachondeo a una velocidad de pasmo, no tardó en secundarse. Va y se me ocurre hacer un sondeo entre mis lectores para ver qué es lo que pone burrete al personal. Sin exageraros, en menos de una hora, me aparece una interminable lista de nombres. La inmensa mayoría, para mi sorpresa, sugeridos por mis lectoras. La sorpresa viene, entendedme, no por el hecho de que me lo sugieran (contaba con ello); es más bien por el hecho de que mis colaboradores varones debían tener un mal día hormonalmente hablando o porque tanto nombre de chulazo con colchoneta por abdominales los dejó completamente cohibidos y apenas fueron capaces de equipararse siquiera a la marea que asoló mi muro en un rato: con deciros que la proporción entre sugerencias hechas por lectoras femeninas frente a lectores femeninos ha sido de más o menos diez a uno.
En fin, que como uno agradece el feedback, me pareció que una buena forma de agradecer a todos aquellos lectores que habéis estado soportando las salvajadas de este blog es precisamente haciéndoos un homenaje con lo que, en el fondo, le gusta a todo el mundo, que es alegrarse la vista con carne en condiciones óptimas. Este post, como no podía ser menos, está dedicado a las señoritas, con material referente a las recomendaciones que aparecieron en el sondeo.
Señoritas distópicas, va por ustedes.
Disfruten.

Chulazo Número 1: Gerard Butler. Actor escocés nacido en 1969, conocido especialmente por su papel como Leonidas en la adaptación cinematográfica de 300 y El Fantasma de la Ópera.



Chulazo Número 2: Jorge Fernández (España, 1972). Presentador de televisión y, anteriormente, Mister España 1999. La gran sorpresa de este post, tras haber sido votado numerosas veces por las lectoras.



Chulazo Número 3: Jared Leto. Cantante y actor estadounidense, nacido en 1971. Jared combina su faceta como actor (lo conocimos en películas como El Club de la Lucha o Mr. Nobody) con la de cantante del grupo 20 Seconds to Mars. Aquellas fans de él probablemente pierdan el sueño con el video musical de su canción "Hurricane", que cuenta con unas escenas (si tenéis suerte de encontrar la versión sin censura) más que tórridas.



Chulazo Número 4: Sean Bean. Actor británico, nacido en 1959. Sean es conocido por haber hecho infinidad de películas, aunque es más conocido aún por morir en la mitad de ellas, habiendo sido tiroteado (por al menos tres tipos de armas de fuego), decapitado, asaetado, reventado en una explosión y unas cuantas más. Sin embargo, ha sobrevivido en papeles como en Troya, donde hacía (ejem) de Ulises (aquellos que conozcáis la historia original u os suene La Odisea seguro que os estaréis partiendo el pecho de la risa). Uno de sus papeles más famosos en los tiempos más recientes es el de Ned Stark en la serie Juego de Tronos.



Chulazo Número 5: David Tennant. Actor escocés, nacido en 1971. David tenía que salir en este post, os lo juro. Si no lo llego a incluir o me llego a olvidar de él en la lista de votaciones, probablemente una (o más de una) persona me habría escrito para manifestar su desacuerdo y no habría parado de bombardearme hasta que la cara de uno de los más célebres Doctores en su etapa moderna apareciese por aquí. Aparte de en Doctor Who, Tennant ha llevado a cabo otros papeles, como uno más o menos menor en Harry Potter, la serie Broadchurch y también le zurra al teatro.



Chulazo Número 6: Hugh Jackman (Australia, 1968). Otro de los que no podían faltar, si hacemos caso a la votación popular previa a este artículo. Hugh necesita poca presentación: ha hecho unas cuantas pelis, pero es su papel como Lobezno el que lo ha catapultado a la fama. En breve volverá a meterse en el pellejo del mutante canadiense en Days of Future Past. A ver qué hace.



Chulazo Número 7: Tom Hiddlestone (Reino Unido, 1981). Seguimos con actores que se han dado a conocer ante el gran público con papeles basados en cómics. En este caso, pasamos de héroes a villanos, donde Tom encarna a Loki en las dos películas de Thor que se han estrenado hasta la fecha, así como en The Avengers.





Chulazo Número 8: Richard Armitage. (Reino Unido, 1971). Otro actor que supone una sorpresa en este artículo, ya que personalmente no tenía ni la menor idea de quién es este tipo. La explicación es que no he visto The Hobbit ni la nueva versión de North And South.



Chulazo Número 9: Aidan Turner. Actor irlandés nacido en 1983, al que tampoco conocía de nada. Aidan es conocido por sus papeles en series como Being Human o The Hobbit.



Chulazo Número 10: Alexander Skarsgard (Suecia, 1976). Otro actor, conocido por su papel en True Blood y por peliculones como Battleship (notad mi ironía al escribir esto último, por favor). También se le pudo ver en el remake de Straw Dogs y, por lo visto, aparecerá en la próxima versión de Tarzán.



Chulazo Número 11: James Purefoy (Reino Unido, 1964). A este actor sí lo conocía, pese a no haber visto la serie Rome. Aparte de ese papel que le dio a conocer ante el gran público, lo hemos podido ver en series como The Following y en películas como Destino de Caballero (o eso pone en la Wikipedia. Vi esa peli en el cine y me pareció una putísima mierda, así que si salió ahí, mi memoria lo borró en un acceso de amnesia postraumática), Solomon Kane o John Carter. También hace pelis algo más seriotas, como Vanity Fair o Mansfield Park.



Chulazo Número 12: Nikolaj Coster-Waldau. Actor de origen danés, nacido en 1970, al que la mayoría de los seguidores de Game of Thrones conocemos por su papel como Jaime Lannister. También se le ha visto en pelis como Black Hawk, Derribado, Kingdom of Heaven y, más recientemente, en la sobrevalorada Mamá.



Chulazo Número 13: Dennis Schunke. Cantante alemán, nacido en 1980. Otro de los que no tenía ni zorra de quién era... o no por el nombre, al menos. Schunke fundó en 2006 la curiosa banda Van Canto, que se dio a conocer por hacer versiones a capella y en plan coro de temazos del heavy metal de toda la vida.



Chulazo Número 14: Ian Somerhalder. Actor estadounidense, nacido en 1978. A este sí que lo conocía, aunque no por el nombre. Aquellos que nos tragamos la serie Lost, sin duda que lo recordaremos por su papel como Boone Carlyle. Ha aparecido también en CSI, Law and Order y Smallville. Sin embargo, su trabajo más reciente y que le está devolviendo a un plano algo menos secundario es en The Vampire Diaries.



Chulazo Número 15: Richard Kruspe. Músico alemán, nacido en 1967. Richard formó parte de la antológica banda alemana Rammstein, para luego separarse y ponerse al frente de Emigrate.



Chulazo Número 16: Benedict Cumberbatch (Reino Unido, 1976). Otro actor, al igual que Tennant, que si no aparece en este artículo habría supuesto mi inmediata puesta en búsqueda y captura y posterior ejecución a collejas. Personalmente, como hombre, me cuesta un poco entender el boom que este muchacho ha provocado, pero se respeta igualmente. A Benedict lo hemos podido ver recientemente en Star Trek: Into Darkness, aunque se dio a conocer por su papel en la adaptación (británica) más reciente del personaje Sherlock Holmes.



Chulazo Número 17: Jon Bon Jovi. Músico estadounidense nacido en 1962. Es hora de tirar de nostalgia y recordar que esto del chulazo no es un concepto moderno. Bon Jovi era hace varias décadas conocido por forrar las carpetas de unas pocas adolescentes a lo largo y ancho del planeta. Muchos jebis de entonces acusaron su aspecto de guaperillas (ochentero y con los pelos cardados, pero guaperillas al fin y al cabo) para atacar su sexualidad (algo bastante típico) y decir que sus canciones eran putas cagadas una detrás de otra. Curiosamente, este pavo ha sabido reinventarse a sí mismo de vez en cuando y hoy en día parece obtener bastante más respeto del que tenía cuando empezó. No hace mucho recibió aplauso generalizado por poner a Justin Bieber en su sitio y dar conciertos sin cobrar en países donde la crisis está azotando severamente.





Chulazo Número 18: Michael Fassbender. Actor y productor de origen alemán, nacido en 1977. Quizás el claro ejemplo de que puedes ser un guaperas y ser un actor como la copa de un pino (tal y como le pasa, en mi opiníon, a Brad Pitt, al que me extraña que ninguna de mis lectoras haya votado, por cierto). Fassbender es de estos actores que son completos y versátiles, y lo mismo te hace de soldado en Inglorious Basterds que de Magneto en X-Men First Class. También le endiña a cine algo más independiente, como en Shame o argumentos con más solera y tradición como Jane Eyre.



Chulazo Número 19: Taylor Kitsch. Actor y modelo canadiense nacido en 1981. Viendo un poco su trayectoria, supongo que es evidente que este muchacho aparezca en este artículo. Taylor ha aparecido en películas como X-Men Origins: Wolverine, Battleship y John Carter, compartiendo cartel con algunos de los chulazos previamente mencionados.



Chulazo Número 20: Roy Khan (Noruega, 1970). Cantante de la banda Kamelot desde la marcha de Mark Vanderbilt en 1998 hasta que decidiera abandonarla en 2011. En la actualidad no forma parte del mundo de la música y parece llevar una vida tranquila y feliz junto a su familia.



Chulazo Número 21: Matt Smith (Reino Unido, 1982). Matt, al igual que Cumberbatch, es otro de esos actores que sigo sin entender por qué causan tal revuelo entre las señoritas... pero que lo causan igualmente. Imagino que más que otra cosa, debe deberse a un carisma especial o algo así. En cualquier caso, le sucede exactamente lo mismo que a Tennant: que, si no lo añado en este artículo, puedo morir de una forma lenta y muy dolorosa. A este muchacho lo hemos podido ver como una de las encarnaciones más modernas del Doctor (la undécima, concretamente, si no nos ponemos melindrosos con las cosas vistas en especiales y demás) en Doctor Who.



Y esto, queridos amigos Distópicos (o tal vez debería decir Distópicas, porque queda claro a qué público va dirigido este artículo) es todo en lo referente a los chulazos más votados por el público de este blog. A lo largo de los próximos días, iremos redactando el artículo dedicado a nuestros lectores varones, con más carne de la buena en este festival. Porque no todo va a ser seriedad, ni crítica social, ni hostias en vinagre. A veces trae más cuenta echar un buen rato, alegrarse la vista y recordar que somos humanos.