lunes, 18 de junio de 2012

Mondo Chorra- Aquí no es donde se hacen las mamadas



Sé lo que muchos de vosotros estáis pensando.
Aunque pueda parecerlo, no soy ningún idiota y, pese a que haya bastantes que me ponen buena cara o hacen como que ni existo en realidad no pueden verme ni en pintura.
Sé lo que se dice de mí a mis espaldas: en base a mis escritos y mis opiniones se extrapola que soy arrogante, radical, categórico e incluso tocapelotas.
Otros creéis que no es más que una pose.

Lo cierto es que, probablemente, ninguno de vosotros, de esos que cuchicheais y jamás se han molestado en tratar conmigo de un modo medianamente civilizado, tenga ni puta idea a ciencia cierta de qué va el asunto.

Y mucho me temo que no es una pose. O no del todo, como dijo mi heroína favorita del cómic en cierta ocasión. Si seguís este blog con cierta frecuencia, ya deberíais saber de quién hablo; si no, puede que seáis unos recién llegados y tengáis que tirar de hemeroteca; o tal vez seáis de esos que os dedicáis al chismorreo y no sacáis en claro de este blog nada más que las palabrotas.

En fin, aquí está la respuesta.
¡Si en el fondo, os cuido a todos cosa mala!


Da la puta casualidad de que esto funciona así: os rasgáis las vestiduras y gritáis a voz en pecho acerca de lo que he dicho o dejado de decir... pero lo cierto es que si os diera la razón en todo y empleara la misma pasión en alabaros, aquí se acabaría el problema.
Sí, amigos Distópicos: el problema no es lo que diga, o como lo diga; aquí el problema es que este blog no chupa las pollas necesarias. No dice lo que el personal quiere oír ni le dora la píldora a nadie.
Lo que se dice aquí es lo que un servidor piensa.
Puede que esté equivocado.
Puede que lo que diga no os haga ni puta gracia.
Pero tened muy clarita una cosa: sabed que lo que os estoy diciendo es lo que yo creo que es la verdad. La Verdad, en mayúsculas, la ostentan otros más capaces y con más dotes de sentar cátedra. Esos Sabios que, desde su Olimpo, dictan los criterios de lo que está bien y lo que está mal. Criterios que, mire usted por donde, suelen coincidir con lo que es políticamente correcto y con lo que no.

Pues yo digo que a mí eso me da exactamente igual.
¿Por qué? Porque siempre hay alguno que, desde ese Olimpo, baja y te hace el "favor" de decirte que tu vida y tus ideales son un error. Que ves las cosas de manera equivocada. Que lo mejor que se puede hacer es seguir Su Criterio sin reservas. Sin hacerse preguntas.
Agachar la cabeza como corderitos, asentir todo el rato y sólo moverte para inclinar el tronco y besar pies.
O culos.
O cualquier parte de la anatomía que se precie.
Porque, si bien en este blog pudisteis leer un post acerca de los que me consideran un "maestro" y lo ridícula que resultaba esa afrimación, aquí lo que vais a ver es una manta de hostias a esos que te llegan considerándote un "discípulo", sin que tú hayas llegado siquiera a rellenar la matrícula.
Luego uno es el condescendiente, pero ni os imagináis la de gente que me ha llegado dándome lecciones acerca de cosas que luego te preguntas: "¿Y cómo sabes tú que yo de eso no se nada, si ni siquiera me has preguntado ni sabes mi opinión al respecto?"
O cosas como el que te llega diciendo o insinuando: "Tú lo que tienes que hacer es esto", en plan referente moral, al tiempo que ves cómo ellos mismos hacen cosas mucho, mucho peores que tú.
Ante actitudes así es cuando llega un día en que te preguntas: "Ellos sí y yo no, ¿por qué? ¿Qué hace diferentes a estos Altos Señores? ¿Por qué estos Sabios se pueden permitir el lujo de -desde el respeto y la corrección política, por supuesto- ponerte a caer de un burro y tú no puedes ni toser?"
Menudas risas te echas al darte cuenta de que entre esos gilipollas y tú no hay ninguna diferencia. Todo lo más, tú eres incluso más gilipollas al aceptar esa inexistente jerarquía.
Te ponen la polla y tu te la tragas sin preguntar.

Ejem, que alguien le enseñe a Candy a distinguir entre una polla y un micro, que creo que no lo ha pillado...


Hasta que un día preguntas:
- Bueno, eso es porque tú lo dices, ¿no? Arguméntame eso.
Y te das cuenta de que la otra persona te dice algo del tipo:
- Porque eso es así de toda la vida- lo cual viene a ser un equivalente a "Porque lo digo yo y aquí mandan mis Santos Cojones".
Y ahí se queda el razonamiento.
Esas son todas las razones que debes saber.
De preguntas libera tu mente, Joven Aprendiz.

Es en ese preciso instante cuando te das cuenta de que te has pasado demasiado tiempo haciendo el canelo. Pensando que otros saben más que tú; que otros tienen la respuesta; o sencillamente, que otros tienen la autoridad moral como para permitirles que critiquen hasta el modo de limpiarte el culo cuando vas a cagar. Al darte cuenta de que ellos pueden ser, como mínimo, igual de ignorantes que tú, es cuando descubres el teatro que resulta ser la vida.
No es tan raro, si lo pensáis: a nuestro alrededor siempre habrá gente que "mole" sin habérselo ganado: ese tío que presume de saber cómo conquistar a cualquier jamelga y al que, curiosamente, no le has visto nunca de enrollarse con nada más ajeno a su cuerpo que sus manos. Y sin embargo, como es amigo tuyo, das por hecho de que sí, de que te puede dar lecciones.
Ese compi de trabajo o de clase al que todo Cristo le chupa el culo y que, en el fondo no deja de ser un pobre diablo con ínfulas de Dios. Esa clase de payaso de feria al que le ríes los chistes por costumbre, porque en realidad tiene menos gracia que un capítulo de Calimero.
Y sin embargo, lo hemos hecho.
Todos, en algún momento dado de nuestra vida, nos hemos tenido que reír.


Venga, sed sinceros: ¿cuántos de vosotros no habéis tenido que poner esta cara en vuestra puta vida al menos una vez?


Tiene su explicación: desde el punto de vista antropológico hay roles establecidos que tendemos a aceptar; es nuestro miedo a ser excluidos socialmente el que nos lleva a comulgar con ruedas de molino y a reconocer medias verdades como ciertas. Porque no queremos ser bichos raros. Porque, en el fondo, somos seres sociales por naturaleza.
Quizás la teoría falla en el momento en que nos damos cuenta de que eso de la selección natural, en estos casos, brilla por su ausencia: en la naturaleza, los líderes suelen ser los más aptos. Los animales más fuertes, los que mejor saben proteger a su manada y, en fin, todo bicho viviente en el que confiarías tu supervivencia.
En el ser humano es diferente: hoy en día el proclamado líder (o, mejor dicho, autoproclamado en la mitad de los casos) no tiene por qué ser más inteligente ni más fuerte que el resto del grupo. La mitad de las veces, es alguien de quien no te fías ni muerto.
Y sin embargo, en el momento en que dos o más cometen el error de aceptarle como líder (o, como poco, como "miembro de la élite"), todos acabamos por bajarnos los pantalones. Quizás, porque es más fácil delegar la responsabilidad, el peso de la autoridad en otro.
No a todos nos sienta bien el poder.

Eso es algo humano y, como ya he explicado, socialmente reconocido. De ahí lo común que resulta.
El problema está cuando tú tienes tu propio criterio. Más acertado, menos... pero al menos tienes las cosas claras.
Ni te imaginas lo patético que te resulta un fulano que te viene diciendo "Eh, que tienes que pensar como yo".
A mí me lo han hecho ya en unas cuantas ocasiones.

"¿Perdona? ¿Eso que me cuentas se supone que me lo tengo que creer, así, a secas?"
"Claro, eres mi amigo y tienes que asumir Todo Cuanto Digo"
"Pero hombre, dame un argumento, una razón..."
"No, no tengo"
"Pues ando un poco corto de fe últimamente, qué quieres que te diga"


Ojo, no os vayáis a creer que va uno con el chip de borde las veinticuatro horas del día: hay veces en que llega alguien, te plantea un punto de vista que resulta convincente y dices "Me gusta, creo que lo voy a agregar a mi biblioteca personal". En este blog hay pruebas constantes de ello: muchas de las frases o ideas que se exponen aquí (por no decir más de la mitad) han sido planteamientos de gente que ha logrado convencerme, con ideas que realmente me han hecho pensar y cambiar de opinión.
Sí, soy así de radical y de categórico, como podéis comprobar. Llega alguien, me razona las cosas y las asimilo.
Guau.

Otras veces, han llegado con términos más que respetables y coherentes, sólo que no han llegado a convencerme. Lo que llamamos "puntos de vista alternativos". La clase de cosas que diferencian al humano con el que se puede hablar del mentecato al que mejor te dedicas a tirarle pistachos.
Hablemos de estos últimos.
Esta clase de seres son curiosos, porque van por la vida pensando que todo el mundo debe rendirles pleitesía. En otros términos, son de los que tienen como filosofía de vida "O estás conmigo, o estás contra mí". Partiendo de este puntal en sus creencias, son de los que te llegan contándote una cosa, la que sea, y sientan cátedra.

Pongamos un ejemplo:
- "Las tías es que son todas unas guarras".

Una aseveración curiosa. Rompedora. Incluso transgresora, como puede verse. Ante algo tan directo, se pueden hacer dos cosas:

a) Aceptar el enunciado tal y como llega y darle la razón al colegui, porque como lo dice el colegui, pues tiene razón; si fuera otro, otro gallo cantaría... pero no es así.

b) Preguntar algo tan sencillo como: "¿Y en qué te basas para soltar eso?"

Un personaje de la calaña a la que me refiero ni se molestaría en darte explicaciones. Te soltaría algún argumento de medio pelo como "Yo sé más que tú (aunque no te haya preguntado por lo que tú sepas y ni me importe)" y poco más. Puede que incluso aluda a su experiencia personal (y solo a ésta), y de ahí conforme todo un sistema de creencias en el que todo el mundo debería creer.
A partir de ahí, pasaría al Plan B: La Técnica a lo Stalin de "Si me cuestiona es MALO".
Y es ahí cuando empieza la campaña de puñalada trapera; por delante las cosas siguen como siempre: puede que el fulano en cuestión siga en modo risitas y compadreo, o puede que se tome unos metros de distancia. Incluso es posible que, un día, te cite con su mejor cara de víctima para preguntarte si te pasa algo con él. No se descarta que incluso se las apañe para hacerte pensar que eres el gusano más grande de este planeta por no comulgar con Su Credo.
No os confundáis.
Dada mi experiencia (ojo, hablo desde esta y sólo desde ésta; es más que probable que a otros humanos les pasen cosas totalmente diferentes, por lo que no se puede extrapolar nada desde aquí), a lo que se está dedicando es a ponerte a caldo. Por la espalda y sin vaselina, simplemente por el hecho de que has estado haciendo preguntas, sin Aceptar Su Sagrada Palabra.

Es bajo este tipo de circunstancias cuando, en muchas ocasiones, se producen disidencias y tensiones en cualquier grupo; cuando impera el Pensamiento Único, siempre habrá alguien que no esté de acuerdo; y a ese alguien, como suele ser propio en el temperamento gregario de las manadas, se le dará la patada sin escucharle. O bien se le escuchará, pero con un veredicto ya planteado de antemano.

Este.
 O bien ese de "Te invitamos a que te vayas a tomar por culo"


¿Es esto siempre así?
Cuento con que no; repito: sólo me limito a hablar por experiencia personal, con un resultado de más o menos el 100% de los casos en lo que a mí respecta (dando un margen más o menos flexible para excepciones, por supuesto). Tal vez es un problema con la autoridad, no lo niego: nunca me han gustado aquellos seres que se me presentan diciendo "Eh, hola, ¿has visto lo que molo? A partir de este momento vas a obedecerme y pensar como yo pienso. Eso, o no eres mi amigo".
Algunos es que, más que un amigo (al que se suele ver, o se debería ver como un igual) parece que quieren un secretario o un perrito faldero.
Otros no son más que ovejitas y lo único que buscan es a alguien con un mínimo de carisma a quien darle la razón.

Pues va a ser que no.
A día de hoy, habiendo tenido que soportar una infinita cantidad de gilipollas integrales, una ración no menos nutrida de gentuza que te utiliza única y exclusivamente como paño de lágrimas (para olvidarse de tu nombre cuando no te necesitan, dicho sea de paso) y de seres que parecen estar ahí sólo cuando les resulta conveniente, llega un momento en que te pasas por el forro de los cojones toda esa mierda de la corrección política, el savoir-faire (o como coño se escriba, nunca se me dio bien el francés) y en la puta madre que los parió a todos.
Cuando has tenido que bregar con semejante pandilla, llega un momento que el ostracismo no se plantea como una opción tan mala porque, puestos a soportar gilipollas, se soporta uno a sí mismo, que por lo menos hay confianza y todo queda en casa.

Si vas a lamer el culo de alguien que no se lo ha ganado, háztelo a ti mismo. Al menos, te reportará más beneficios que hacérselo a otra persona.
Y da más gustirrinín.

Por otra parte, es posible también que mi concepto de amistad sea diferente al de más de uno y más de una, por lo que todo lo que habéis leído sea una divagación absurda.
Pero tengo que decir que, si me he encontrado con gente que hacen de la gilipollez una variante extremista de una religión cada día más extendida, también he encontrado con gente muy honrada que, en el momento en que la he cagado a base de bien, me lo han dicho. Sin necesidad de llegar al insulto, al desprestigio o la humillación: se han venido para mí y me han dicho "Mira, yo esto no lo termino de ver, por esto, por esto y por lo otro".
Porque igual un amigo no es el que te dice que todo es bonito y te está lamiendo la punta del carajo día sí y día también. Porque es posible que darte la razón en todo no sea sinónimo de amistad, sino de sumisión. Porque tal vez la lealtad incondicional, hagas lo que hagas, no es más que un error y una virtud falsamente atribuida a las personas.
Porque igual no mereces que te defiendan a capa y espada y lo mismo no te habías enterado.

Quizás es por eso por lo que escribo este post de reflexión acerca de cómo está el patio que rodea a esta sociedad basada en la hipocresía y la chupada de polla gratuita. Porque ando un poco cansado de esa actitud de obligada servidumbre, donde parece ser que decir lo que piensas, para más de uno es equivalente a algo malo (también he conocido a más de un hijo de puta que, bajo el lema "Yo es que soy sincero", se sienten con carta blanca para descargar su ira sobre gente que no lo merece o, sencillamente, insultar gratuitamente. No, no van por ahí los tiros). Resulta curioso que se mire con ese respeto rayano en el miedo a una persona que sabes que no te va a mentir.
Pero sin embargo, todos hemos pasado por ese miedo en más de una ocasión.
Miedo a oír algo que no queremos oír.

Con respecto a eso, solo puedo decir una cosa:
Yo no creo ser mejor ni peor que los demás. No pasa absolutamente nada por reconocer que uno no tiene por qué ser especial; ni siquiera notable. Las cosas por su nombre y, si hay que reconocer algo, se reconoce.
La gran diferencia, si es que hay alguna, es que yo me he hartado ya de ese miedo irracional a lo que pueda pasar por no ponerle buena cara a alguien cuando no crea que se lo merece.

Pensad en este planteamiento:
Es posible que, como escritor/blogger/dibujante/ilustrador/persona/inserte aquí su categoría favorita, yo sea mediocre.
No tengo por qué negarlo: yo ni he inventado nada ni tengo ningún tipo de habilidad superior al ser humano común.
Pero es posible muchos se encuentren a la misma altura que yo... La diferencia, la real diferencia entre ellos y yo es que yo sé d´donde estoy, lo tengo asumido y, a partir de aquí, lo único que puedo hacer es mejorar.
Puede que otros, al mismo nivel de mediocridad que un servidor, se estén enterando ahora de dónde se encuentran en ese imaginario escalafón, al leer estas líneas.
Porque medio mundo les ha estado comiendo el rabo.


Lo hemos dicho ya mil veces, pero lo decimos una vez más por si alguien no se ha enterado:
Aquí no rendimos vasallaje, pleitesía ni homenaje a nadie: ni personas físicas, ni entidades, ni colectivos. Ni siquiera a movimientos organizados, desorganizados o directamente caóticos: si cualquiera de estos seres hace las cosas bien, se dirá; del mismo modo que si lo hacen mal a nuestro juicio, no se omitirá, justificará o se faltará a lo que consideramos que es la verdad.
Nadie nos paga subvenciones para decir lo que otros quieran que digamos.
Tampoco nos pagan por atacar a nadie.
Qué cojones, no nos pagan. A secas.
No nos regalan libros para que reseñemos y/o ensalcemos por las nubes.
No tenemos amigos ni familiares trabajando o formando parte de la junta directiva de grandes editoriales.
Tampoco en las medianas.
Al paso que vamos, probablemente tampoco en las pequeñas.
No se forma ni se ha formado parte integrante de grupo político alguno, ni se simpatiza con ninguno de ellos.
En este blog no se miente, o no deliberadamente: todo lo que se diga aquí puede ser erróneo (de hecho, es probable que lo sea), pero al menos cometemos nuestros propios errores, y no los de otros. Seguimos nuestros propios principios y no los que nos haya inculcado nadie.
Si a alguno de los lectores no les gusta dichos principios, se le anima a coger los bártulos e irse a leer blogs políticamente más correctos. Se recomienda incluso que se lleven un par de botes de nata y sirope de chocolate para que la felación sea más satisfactoria.

Las cosas que aquí se denuncian son cosas que se consideran INJUSTAS, sin atención a criterios de credo político, religioso o de cualquier otra índole. Del mismo modo que no siempre se defenderá a gente que nos caiga bien; basta con que según qué individuos actúen de un modo JUSTO o COHERENTE.
También es posible que se ataquen ideas previamente defendidas: esto se deberá a que hay algo bueno en todo lo malo y hay algo malo en todo lo bueno; queremos creer que el que actúa mal se puede enmendar (por poco probable que esto sea) y que todo lo bueno se puede corromper y convertir en mierda. En cualquiera de ambos casos, no pensamos cerrar la boca. Creemos en lo que es justo y en lo que no, pero no creemos en el maniqueísmo.
Y no, aquí no es donde se hacen las mamadas. Para eso, contacten con otros blogs, hablen con otra gente o sencillamente, rodéense de gente que nunca les hará preguntas ni les cuestione.

jueves, 14 de junio de 2012

Escupiendo Rabia- Matar al Mensajero, o Donde Dije Digo, Dije Diego



Tenía que pasar.

Basta con que las cosas se pongan todavía más jodidas para que al homo hispanicus, en su sacrosanta sabiduría de rebaño de lemmings, le falte tiempo para buscar una cabeza que cortar. Para poder descargar toda su rabia contenida tras años y años de inutilidad e irresponsabilidad.
Ahora resulta que está de moda pedir la dimisión del presidente. Porque, según ese principio, saldremos de la crisis. Porque con la dimisión todo irá mejor: nuestras vidas serán más felices, la UE se olvidará del rescate económico al que nos han sometido, los yogures tendrán más fruta y a todos nos medirá la picha de dos a tres centímetros más (si sois tías, os aumentará lo que gastáis de sujetador en al menos una talla).

Con este post quiero que quede claro, amigos de la falacia y otros coyotes que gustáis de ver cosas donde no las hay, que el señor Rajoy no es amigo mío. No paga ninguna subvención a este blog (coño, la verdad es que nadie la paga, me pregunto por qué). No creo que nos vayamos de cañas nunca, la verdad. Personalmente su política (y ya puestos, la de los amigos de la oposición) no me convence. No suele entusiarmarme, además, que un señor que se presenta a las elecciones sin un programa claro y que tenga como amiguitos a la COE y a la Conferencia Episcopal (a los que tampoco veo como patrocinadores oficiales de este blog), dirija mi país.
Pero puedo soportarlo si lo hace, me guste o no.

Porque quizás soy de esos que piensan que lo que se ha elegido en las urnas es directa responsabilidad del pueblo; y que si ha salido por mayoría absoluta, esto es lo que hay y esto es lo que hemos votado. Si no nos gusta, en las próximas no le votamos y santas putas pascuas.
Pero no, resulta que el homo hispanicus de hoy en día, en líneas generales no es así. Ahora lo que se lleva es el "Me quejo por todo aunque me pase todo el santo día tocándome los cojones", o el "Odio al gobierno fascista y opresor que nos atenaza, pero no voy ni a votar para cambiarlo".
A vosotros, que os arreglen el país y si no os gusta, nos llamáis para que salgamos todos a la calle con nuestras pancartas a lloriquear.

Así me gusta.

Y es que parece ser que las cosas, o no se ven, o no se quieren ver. Yo no me aclaro, pero lo cierto es que cada vez entiendo menos el mundo que me rodea. Así os lo digo y así os lo cuento.
Yo no puedo entender cómo gente que, en caso de ir a las urnas, vota eufóricamente a tal señor que promete, promete, y promete, pero que no tiene absolutamente nada con lo que respaldar sus argumentos; luego nos la mete doblada y los mismos genios que votaron resulta que ahora se desdicen.
Aquí al señor Rajoy resulta que no le ha votado nadie, mire usted por donde: el homo hispanicus es un ser honesto e inocente al que han engañado y que jamás se había esperado que el partido que ahora nos gobierna fuese a ganar las elecciones.
Poned cara de sorpresa, como si no lo supiérais; así el efecto dramático es aún mayor.

"¿En seriooooo? No me jodas, machooooo"


Y es que lo de pedir la dimisión del presidente se ha presentado como la solución a todos nuestros males. Bienvenidos a la Utopía.
Sí, queridos Distópicos: según nos cuentan los iluminados de a pie, partiendo de esa cosa tan extraña que es la sabiduría popular, en el momento en que dimita Rajoy, aquí se han terminado los problemas: la Unión Europea retirará su rescate; los bancos decidirán que ya está bien de joder al pueblo llano y mandarán a todos sus mandatarios a comparecer por la estafa que han cometido día sí y día también con sus cuentas.
Todos los políticos corruptos de este puto país, tanto del partido en el gobierno como de la oposición predicarán con el ejemplo y se entregarán a las autoridades, confesando todos y cada uno de sus desfalcos, estafas y demás cabronadas de las que no nos hemos enterado ni de la mitad.
Pero esperad, que la dimisión del presidente tiene más efectos beneficiosos: resulta que si dimite el presidente los mercados tendrán de buenas a primeras más confianza en España (porque ya se sabe que un señor con barba que habla en pársel es el centro de todos los males de nuestro amado país desde la puta Edad Media); Moody's, Goldman & Sachs y demás coyotes decidirán, por tanto, que ya no hace falta seguir jodiéndonos, como están jodiendo a media Europa (y allí no gobierna Rajoy... ¿O tal vez sí? ¿Acaso Grecia, Portugal, Irlanda e Italia son protectorados en la sombra del amigo Mariano y no nos hemos enterado?)

Escuchas a más de uno y parece que el mundo tras la Gran Dimisión sería algo más o menos así.
Porque TODO nuestro futuro depende de que UNA SOLA persona se vaya a hacer puñetas.


Sarcasmos e ironías aparte, quiero pensar en lo que pasaría si realmente dimitiese este tío.
Hagamos nuestras cábalas:

Si se celebran elecciones, tenemos dos opciones:

a) Que los pronósticos de muchas encuestas se mantengan y el PP vuelva a ganar, pero con otro candidato.
Respuesta: pues que la política del gobierno sería tres cuartos de lo mismo, pero con otra persona a la cabeza. Eso, claro está, a menos que os creáis que un presidente es como un rey absolutista de la vieja guardia que decide en persona absolutamente todo cuanto tiene lugar en este país y que un gobierno es básicamente la decisión y el criterio incontestable de una única persona.

b) Que los pronósticos de otras encuestas se cumplan y sea el PSOE el que gane. En ese caso, lo más probable es que fuese Rubalcaba (o algún otro) nuestro presidente.
Recordemos que, más que ganar el PP las elecciones, las perdió el PSOE... porque si me decís que el programa del PP era mejor, voy a tener que preguntaros exactamente qué decía: yo a día de hoy, sigo sin saberlo, porque no recuerdo que tuvieran uno; sólo recuerdo un montón de promesas vagas ("Vamos a crear empleo") que no llegaron a ninguna parte.
O sí llegaron: al aumento inexorable del paro y a un montón de reformas laborales que cualquier día de estos son capaces de mandarlas al Tribunal Constitucional, como sigan así.

c) Que salga cualquier otro partido.
No.
Olvidad esto.
Como si no hubiera dicho nada, ¿vale? En este puto país o eres A o eres B y ni se te ocurra salirte de lo establecido, que eres raro, inútil o simplemente gilipollas.
Claro, lo del voto castigo o quedarse en casita esperando a que los demás sean los que muevan el culo por uno es lo más sensato, dónde va a parar.
Ya ves que sí.

Por otra parte, tal vez cupiese la posibilidad de que el presidente dimita y tengamos un presidente en funciones. Para el caso, lo mismito que A.

Si os fijáis, las dos primeras opciones (o las únicas, según se mire) van a tener un resultado similar: gente cabreada que, de nuevo, pedirá la dimisión del presidente que esté, sea del color que sea y enarbole la banderita que enarbole.
Pero nosotros seguiremos pidiendo su cabeza, porque así nos sentiremos más contentos. Más felices. Así, en plan guerrillero popular urbano, es como sentiremos que habremos cumplido un servicio con el país. Porque es lo que mola a estas alturas de la peli, a toro pasado y cuando ya está todo el puto pescado vendido. No cuando tuvimos nuestra oportunidad de concienciarnos y cambiar las cosas. No dejando claro que lo que no queremos es un país servil que se baje los pantalones con la Unión Europea, esté quién esté al gobierno.
No.
Nos manifestamos en su día (cosa que está muy bien, que nadie se confunda) y, ¿cómo terminamos la cosa? Nos fuimos por las ramas, tiramos por los cerros de Úbeda y acabamos saliendo por la tangente, más divididos y más dispersos que antes.
Puede que no os guste esto.
Puede que incluso os cabree.
Pero no tenéis más que ver la opinión pública generalizada al respecto: "Empezó muy bien, pero mira cómo acabó".
Y no, no os escudéis diciendo que la culpa es de la prensa, que mentía mucho: estuvimos en las calles y lo vimos con nuestros propios ojos. Las excusas facilonas, a otro, por favor. A mí ya no me valen. Otra cosa es que haya quien quiera aferrarse al sueño y, como el que sigue una religión apocalíptica o a un mesías de plaza de mercado como en la Vida de Brian, quiera creer y tenga Fe Verdadera en la Verdad Universal Unilateral e Incuestionable y que, adorando a los Nuevos Ídolos del Pueblo, la Salvación esté Asegurada.
Por mí, de puta madre. Pero no vengáis a decirme lo que tengo que hacer, porque lo que habéis hecho vosotros ni me ha convencido ni existe ley alguna que me obligue a ello.
Creed lo que queráis, pero a mí no me toquéis los cojones ni me acuséis de nada porque no os chupo el culo.


Menos para esto, claro. Aquí sí que estamos unidos.


Disertaciones aparte, volvamos al tema, que irónicamente nos salimos de madre.

Y los de arriba descojonándose.
Porque a los hijos de puta que están manejando el cotarro desde arriba, tirando de los hilos e invisibles para el guerrillero de pancarta y cacerola, todo esto se la está picando. A esos tíos las manifestaciones, las protestas y los actos simbólicos les importan tres mierdas, porque a golpe de informe negativo mandan nuestra economía a tomar por culo.
Los bancos son capaces de cambiar un gobierno, nada más que por ese trato de favor digno de la Camorra Siciliana que se produce en el momento en que los partidos políticos piden préstamos para financiar sus campañas.
La Unión Europea ni se entera de las mantas de hostias que impregnan nuestras calles, o mejor dicho: pasa de enterarse porque a ellos, seamos claros, les pilla allende nuestras fronteras. Ya podemos quemar el Parlamento si nos sale del cipote, que quemaremos EL NUESTRO y seremos NOSOTROS quienes tengamos que reparar los desperfectos, no ellos. Sin embargo, son ellos los que desde sus despachos, nos imponen reformas que cumplimos, pero que no sirven de nada. Son ellos los que terminan de chafarnos una economía que llevaba años tocada a causa de la cantidad de hijos de puta que hay en este país, desde el político corrupto hasta el presidente del gobierno que mira para otro lado cuando el corrupto es de su partido, pasando por el hijo de puta del vecino de arriba que nos estafa a todos currando y cobrando el subsidio por desempleo.
En este país el principal problema somos los españoles.



Por muy bien que nos pongamos, la picaresca la inventamos nosotros y, pícaro el gobernante, pícaro el ciudadano de a pie.
Eso está ahí desde el principio de los tiempos y, si lo pensamos, en España el listo todavía es el que cobra sin currar o el que se las apaña para soplar pasta de quien sea, como sea y con las menos responsabilidades posibles.


Por tanto, que no tengamos cariño por nuestros políticos es comprensible; incluso respetable. Me reitero en decir que aquí no estoy defendiendo a nadie, sino que estoy cuestionando y poniendo en duda la enésima idea chachi que ha surgido por ahí (a lo largo de esta semana, van no sé cuántas) que, puede estar de lo más bienintencionada, pero de cuya proyección o trascendencia me permito dudar más que seriamente.
Hay derecho a quejarse, soy el primero en reconocerlo.
En lo que no termino de estar de acuerdo es en ver razón al cien por cien ante la queja.
Me explico:
Lo que no tiene razón de ser es querer sanar al árbol a base de cortar las ramas... porque una dimisión lo que va a provocar será el gasto de unas nuevas elecciones (¡Bien!), para luego encontrarnos que esté quién esté en el poder, será otro triste mensajero de las noticias que sus superiores (o los nuestros, porque España es un protectorado alemán desde hace ya cosa de un año y pico, sólo que nunca quisimos admitirlo) envíen.
Y nosotros a lo que nos dedicaremos es a matar al mensajero.
Porque esa es la solución.
Así, queridos Distópicos, es como se solucionan las cosas.

"Sí, las tengo más grandes: ¡Es que ha dimitido el presidente!"


Luego nos quejamos, pataleamos y nos ponemos a organizar paellitas con el pretexto de la protesta (no me lo invento, he llegado a recibir invitaciones con titulos así), pero nunca pensamos en lo que hemos hecho. Nunca pensamos en que tal vez, y sólo tal vez, tengamos lo que nos merecemos.
Yo no es que sea mejor ni peor que vosotros, pero sí he tenido el detalle de planteármelo; para mí, la conclusión de todo esto es que esta mierda que nos comemos a diario, como país, es el pago por lo responsables que hemos sido durante décadas. TODOS.
No unos sí y otros no.
Esto no es un tebeo de Marvel o DC, donde unos son muy buenos y otros muy malos. Ojalá, lo digo en serio: viviríamos más en peligro (un mundo donde vivan Magneto o El Joker nunca puede ser un sitio seguro), pero siempre contaríamos con la esperanza de que nos salvaría un macizo cachas o una tipa embutida en un corpiño de Victoria's Secret que le queda dos o tres tallas pequeño.
Pero esto, mucho me temo, no funciona así.

Aquí estamos pagando por nuestras irresponsabilidades, y ningún tío en pijama va a dar la cara por nosotros.
Estamos pagando por lo bien que lo hemos hecho estafando al fisco, cobrando por duplicado, votando al partido al que se ha votado siempre en casa se haga lo que se haga, o bien votando a mami porque papi no nos ha dado caramelos este año.
Mirando para otro lado cuando los demás se han declarado insolventes a la hora de pagar la comunidad del bloque mientras se iban de tapas todos los fines de semana. Cuando envidiábamos a ese fulano que se gastaba un millón de las antiguas pesetas (endeudándose hasta las cejas) en un saloncito para que a los tres meses el Corte Inglés se llevase sus muebles.
Cuando hemos visto a un moroso y hemos dicho que ole sus cojones, que más nos roban los políticos.
No os rasguéis las vestiduras hablando de las víctimas de la crisis. Esto lo hemos visto todos durante décadas y nos ha parecido "lo normal".
Así de responsables hemos sido. Se nos ha llenado la boca hablando de nuestros derechos, del poder para el pueblo, de la libertad de opción y demás gilipolleces demagógicas; sin embargo, todavía no he oído a nadie reconocer su responsabilidad en la mierda en la que se ha convertido este país: la culpa es de los políticos, pero ellos resulta que suben al poder por vía hereditaria o les ha votado el vecino de arriba, que siempre ha tenido cara de gilipollas. Nosotros, no. Nunca. Jamás de los jamases. Nosotros tenemos el poder, pero luego... ¿A quién coño le importan las responsabilidades? Tenemos derechos, ¿pero quién cojones piensa en los deberes?

En Agosto de este año Spiderman cumplirá cincuenta años. Cincuenta años desde que acuñase aquella frase de "Un gran poder conlleva una gran responsabilidad".
Hemos tenido cincuenta años para hacerle caso.
Lo siento, Spidey.


Y es que la culpa es siempre de otros.
De los peperos.
De los sociatas.
De los perroflautas, que no veas si son marranos.
De los bancos, que son unos usureros.
De los funcionarios, de los reyes, de los controladores aéreos.
De los marcianos, si nos ponemos, que todo el día vigilándonos desde el espacio hacen que nos distraigamos de lo que realmente importa. Es lo que tienen las ondas mentales electromagnéticas.
De la puta madre que los parió a todos.
Pero a nosotros que no nos toquen, que como tenemos derechos, somos inocentes como corderitos. Invulnerables. Intocables.
Pues nada, señores.
Ejecuten ustedes al Goldstein de este mes y luego plantéense el futuro y la repercusión de sus acciones.
Para muchos quizás sea incluso una experiencia nueva.

sábado, 9 de junio de 2012

Escupiendo Rabia- Patriotas de quita y pon




Hay días en que uno directamente alucina con la sociedad en la que vive.

No sólo te enteras de que tu país está a punto de ser intervenido (al menos oficialmente, para mí lo estamos desde 2010, desde el momento en que nos dictaron desde Bruselas las medidas económicas que tuvimos que adoptar ante la crisis y nos obligaron a modificar nuestra Constitución) y de que nos esperan un 2012 y un 2013 con los que vamos a flipar en colores. O de que resulta de que nuestros sacrosantos gobernantes, una vez se han cepillado los avances sociales que tanto había costado conseguir en materias como economía y educación, se baja los pantacas ante la Iglesia Caótica (porque lo del Catolicismo/Cristianismo quedó muy atrás, poco después de que crucificaran a un cabeza de turco hace dos mil y pico de años) y ante la banca; ésta última, recordemos, responsables de gran parte de la mierda que nos estamos tragando a golpe de embudo día sí y día también.

En mitad de la que está cayendo, da la casualidad de que el pueblo (hablo en líneas generales, que luego hay mucho colectivo que se encojona con estos comentarios), lejos de indignarse y revolverse (o bien haciéndolo, pero con ideas peregrinas y utópicas que no pasan de charlilla tabernera entre colegas; como si una sociedad sociedad que lleva siglos enferma pudiese cambiar de la noche a la mañana, y a golpe de actos simbólicos y discursos que suenan a cuento de hadas), se dedica a tocarse las gónadas y mirar para otro lado.
El lado hacia donde miran, cómo no, es la Eurocopa, que empieza mañana.

Ante esto que acabo de decir, no saquemos conclusiones precipitadas: ser amante del fútbol no está en absoluto reñido con preocuparte por tu país, ni mucho menos. Eso sería tan maniqueo como decir que si te gusta leer automáticamente ya no te gustan los videojuegos o el cine.
Lo alucinante es el modo en que los medios acaparan la atención ante esto, procurando tenernos ilusionados, contentos y felices ante un partido de fútbol y que pensemos lo menos posible en cómo se nos va a quedar el culo cuando los coleguis germanos vengan con sus frankfurtis dispuestos a ponernos mirando para Bruselas.
Más alucinante aún es el hecho de que estamos entrando al trapo totalmente.

Algo como esto, pero todos con una camiseta roja.

Ahondando más en el caso Eurocopa/Mundiales, tengo que decir que hay cosas que jamás han dejado de alucinarme, y es precisamente lo que da título a este post: ese patriotismo intermitente o de quita y pon que parece invadir la mente del homo hispanicus de a pie.
Aquí puedo permitirme hablar en líneas generales y considerar las excepciones como algo bastante marginal, a tenor de lo visto en los últimos cuatro años.
Echad un vistazo a vuestros balcones.

Si las cosas van según lo previsto (es decir, como ha venido sucediendo en los últimos torneos), ahora vuestros ojo-patios, calles, y fachadas de edificios deberían empezar a verse inundadas con banderas nacionales. En señal de ánimo a la selección, se argumenta.
En señal de hipocresía, argumento yo.
A mi parecer (y ojo, que es solo mi parecer, que luego me dicen que soy un radical por decir lo que pienso y no comerle la polla al Pensamiento Único Megaguaish que impera en esta sociedad de lameculos y fariseos), esto no es más que una muestra de la clase de gentuza que solemos ser en nuestro país. Esa caterva de (como llaman en mi tierra) convenidos (o "conveníos", si se usa el acento local) que animan a su patria y visten los colores sólo cuando tienen posibilidades de ganar, o bien están ganando. O bien, ese rebaño de criaturas mononeuronales que consideran que el patriotismo y lucir la bandera por alguna parte es un sinónimo de fascismo siempre y cuando no se juegue un partido nacional.

Y es que somos más papistas que el puto Papa.
Planteémonos el caso de un señor que vaya con su coche y al lado de la matrícula tenga una pegatina con la bandera democrática.
Automáticamente aparecerán de uno a tres gilipollas al día o así diciendo que "Si no es facha, como poco es pepero".
Nada como sacar conclusiones en base a un dato, que ni siquiera tiene por qué ser revelador. Muérete de envidia, Sherlock.
"Watson, se me acaba de torcer el culo de la impresión: ¡los españoles son capaces de reconocer a un fascista sólo con ver la marca de calzoncillos que usan! Sin duda alguna, tengo que rendirme ante tales poderes de deducción y detección. Superan los míos con creces"


Esto parte, cómo no, de la falacia de pensar que si A contiene B y C, siempre que veamos B o C aislados tenemos que pensar automáticamente en A: dicho de otro modo, si los fascistas de antaño supuestamente eran ultrapatrióticos, hoy en día todo aquel que se considere a sí mismo un patriota es fascista por definición.
Por esa regla de tres, tenemos que si una paella contiene guisantes y arroz, todo lo que lleve arroz y/o guisantes es una paella.
¿Habéis probado el arroz tres delicias?

Y es que nos gusta sacarlo todo de quicio y ver cosas donde lo has hay: un patriota, a ver si nos enteramos de una puta vez y nos quitamos las orejas de burro con las que estamos demostrando a toda Europa lo anormales que podemos llegar a ser, NO tiene por qué tener tendencias políticas definidas hacia un lado u otro. Se puede amar al propio país siendo de derechas, de izquierdas (o mejor dicho, votando a un partido u otro; ya están demostrando que cada día se parecen más entre sí, salvando los logos de los partidos y poco más), monárquico o republicano (y a ver si nos enteramos de una vez: NO SON LO MISMO. "monárquico" no implica "de derechas" y "republicano", "de izquierdas". Estudiad un poquito y luego me habláis de ese tema).
El patriota no es el gilipollas ese que se ridiculiza con la imagen del señor con los tirantes de la bandera española y berreando en contra del aborto. Es la persona que ama a su país, pero con el sentido común suficiente como para pensar que se puede y se debe mejorar. Que nuestra cultura, con sus miles de defectos, también tiene las virtudes necesarias para hacer que nuestro país merezca la pena.
Es el que piensa que no tenemos por qué vivir avergonzados de nuestras raíces ni sentirnos súbditos de nadie.

Aquí, una suculenta paella valenciana.

Aquí, un delicioso arroz tres delicias. Si consideráis que ambos son lo mismo o que no hay mucha diferencia de sabor entre una cosa y la otra, casi mejor dejad de leer este post, porque queda claro que ningún argumento va a convenceros ni a bajaros de la burra.



Qué curioso resulta que aquellos que escupen su bilis sobre los símbolos del país que nos vio nacer (bandera, himno, literatura, arte en general) sean los mismos que ensalzan las virtudes de cualquier otro país antes que las propias como si ser españoles fuese algo sucio, zafio. De segunda categoría, incluso.
Como si tuviéramos que envidiar cualquier cosa a cualquier país de este mundo porque somos lo peor que ha parido madre. La última puta escoria de la humanidad.
Esos mismos son los que se mean sobre los supuestos del nazismo acusando de "ridículos" los principios de raza superior (para mí lo son, al menos); parece ser que lo de la "raza inferior" sí vale y nos ha tocado a nosotros, según este principio, serlo.
Y eso, según estos intelectuales y charlatanes de las libertades, no es ridículo.

Y es que al homo hispanicus le gusta ser un perdedor.
Se regodea en su propia mierda, cual cochino en el barro: no va al cine porque total, cualquier cosa que se ruede bajo un director español es digna de Alfredo Landa o de Pajares y Esteso. Cintas más que dignas como REC, Celda 211 o Abre los ojos o no existen o no son mierdas. Sin embargo, si los amigos del otro lado del Atlántico hacen un remake, llueven los bukkakes y las alabanzas.
Porque con tiros, explosiones y el jetorro de Tom(topolla) Cruise todo sabe mejor.

Dicho de otro modo: tú ves a una pava en una peli americana, pintando el carenado de una moto en semejante postura y, si te gusta medianamente el cine, dices...
"¿Pero qué gilipollez de excusa es esta para que te pongan a una tía con el culo en pompa?"
Si al lado tienes un amiguete que se traga estas mierdas y lo flipa, te dirá:
"¿Qué más da, tío?"
Si esta misma escena tiene lugar en una peli española, será tu amiguete el que diga lo siguiente:
"¿Ves? Ya han puesto una tía marcando culo. ¡Española tenía que ser la peli, colega!"

Con esto, lógicamente, no quiero dar la vuelta a la tortilla y decir que el cine español es infinitamente mejor que cualquier otra cosa parida en el mundo, no nos confundamos: lo que quiero decir es que las cosas han de verse en su justa medida y pasándonos los prejuicios por el forro de los cojones. Si una película es buena, nos tiene que importar un huevo que se haya rodado aquí o en los Estados Unidos (que, de vez en cuando, nos deleitan con cine en condiciones, tampoco es para ponerlos a caer de un burro sistemáticamente tampoco); del mismo modo que si la película es un mojón como la copa de un pino, ni cabe el ataque a la nacionalidad ("Claro, es que es española, ¿qué te esperabas?") o la defensa a ultranza de mierdas que no tienen por dónde cogerla. Como ejemplo, ya visteis mi crítica acerca de The Chaser, que fue defendida a capa y espada por provenir de Corea, que ahora es un país que "mola", cinematográficamente hablando: esa misma película -ópera prima de un director y no obra maestra, que parece que ambas cosas se confunden con pasmosa facilidad- se llega a rodar en España y habrían salido pestes de todo bicho viviente.

En el tema de la música, igual: gente que argumenta que TODO lo que se produce allende nuestras fronteras es mejor por definición; por esa regla de tres, podemos decir que los Jonas Brothers, Justin Bieber, Tokio Hotel, Milli Vanilli o los sobrevaloradísimos Manowar son mejores que cualquier artista, banda o grupo parido en nuestras fronteras.
Porque somos inferiores en todo.
Y nos lo tenemos que creer.

Dicho de otro modo: somos lo más parecido a unos putos orcos y no hacemos NADA bien a derechas.
Partiendo de esa base, los turistas se rinden ante nuestra gastronomía, los estudiantes se interesan por nuestra historia y nuestra literatura y los japoneses aprenden flamenco.
Por hacernos un favor, porque como sabemos que lo nuestro es una puta mierda, lo hacen para que no nos sintamos tan mal con nosotros mismos por ser tan inferiores.


Más gracioso resulta aún ver al loser hispanicus cambiar de tercio como el que cambia de personalidad y, de la noche a la mañana, en el momento en que un deportista nacional gana un partido, campeonato o lo que sea, subirse al carro del triunfo e ir por la vida de adalid de la Hispanidad.
Porque ahora sí. Ahora que hay campeonato mola ser español. No antes, cuando no ganábamos nada, que era cuando se miraba para otro lado y la gente de aquí vestía camisetas de la selección de Brasil.
Ahora miras a los balcones y nuestra bandera ahora ondea a sus anchas (eso sí, comprada en los chinos, que es más barata; que esté hecha con materiales inflamables no importa. Mejor por si tenemos que quemarla cuando perdamos algún partido), cubriendo fachadas sin miedo a ser acusado de tener ciertas tendencias políticas.
Durante lo que dure la Eurocopa (o mejor dicho, durante el tiempo que juguemos antes de que nos eliminen), está de moda ser patriota. En estas fechas, ya nadie es independentista y nadie se va de un campo cuando suena el himno nacional. Nadie dice provenir de otro país aunque sea español de origen, acorde con las leyes vigentes.
Todos somos españoles, españoles, españoles.
Ja, ja y puto ja.

"¡Todos con la Roja!"

Y cuando la fiebre pase o, si (horror de los horrores), fuésemos eliminados del campeonato, ¿qué haremos?
Lo de siempre.
Recogeremos nuestros bártulos y volveremos a nuestro status de antichovinistas, despreciando nuestro hogar día sí y día también. Alabando cualquier cosa que no sea nuestra, por mala, ridícula o cutre que sea (pensad que grandes mierdas del cine como Waterworld o 2012, considerados verdaderos desastres por Hollywood, llenaron bastante nuestras taquillas; y hubo gente que incluso lo flipó con ellas). Acusando a la gente de cosas que no son sólo por amar los colores.
Y nos tiene que gustar, porque eso es lo que hace la mayoría. Porque como son mayoría, tienen razón. Y todo el mundo a callar.
Porque en democracia (¿he dicho democracia? Llamadlo mejor demagogia) resulta que sólo la opinión de la masa es válida. La de la gente que no ve las cosas de la misma manera es tildada rápidamente de errónea, de radical o directamente de gilipollas perdida.
He ahí el respeto del que presume el intelectual-cool de hoy en día. Más flagrante es que además vaya exigiendo que Su Palabra sea aceptada y respetada, no vaya a ser que se cabree y te llame radical.
Guau.


"La Eurocopa ha terminado, ¡¡¡Quita esa bandera, neonazi de mierdaaaaa!!!"


Pues bien, este que está aquí no piensa callarse. Da igual molar menos, que te acusen de lo que sea o que piensen que desayuno recién nacidos estrujados con los chococrispis. Francamente, me la suda; por eso, me da igual decir lo que pienso, le duela a quien le duela. Aunque mis pensamientos no concuerden con la ideología de diseño super-cool que nos quieren meter con calzador, donde el mundo es chupiguai, todos somos hermanitos y la humanidad es una raza fantástica al mismo nivel social que los elfos de Tolkien, por lo menos.
Así os lo digo, con total claridad: ese oportunismo y esa hipocresía me revuelven las tripas.

sábado, 2 de junio de 2012

Escupiendo Rabia- La culpa es de los críos, los vistan como los vistan



En anteriores entregas de esta sección estuve haciendo un análisis sobre lo que es la sociedad de castas aplicada a un entorno tan supuestamente igualitario como es el académico. Aquellos que seguís este blog con regularidad recordaréis que estuve hablando largo y tendido acerca de cómo muchos docentes se saltan a la torera esa supuesta objetividad que debería haber a la hora de evaluar a un alumno y cómo sus filias o fobias personales acababan influyendo sobre la nota académica.

En este post voy a ir avanzando un poco más con respecto a este tema, porque me estoy dando cuenta de que me quedé jodidamente corto. Como siempre, la crítica y la denuncia no van dirigidas al colectivo de profesorado en general, sino hacia ESOS profesores que se creen los reyes del puto Mambo por haberse sacado unas oposiciones y que, una vez obtenida la plaza, se autoproclaman con carta blanca para hacer lo que les salga de los cojones.
Desde Rumbo a la Distopía, nos cagamos en la puta madre de esos especímenes que se mean sobre una profesión tan noble como es la docencia y pasamos a sacarle los colores, si es que tienen vergüenza.

Allá vamos.

Como he mencionado alguna vez, mi tarea como docente particular me ha permitido ver montones de cosas de lo más interesante por parte de los profesores que he tenido el gustazo de echarme a la jeta. Algunos de ellos han demostrado ser buenos profesionales y han dejado clara su política de considerar a los alumnos (tengan la edad que tengan) como PERSONAS, y además INTELIGENTES. Éstos han agilizado mucho la tarea de preparar aparte a un alumno al que, bien le cuesta la asignatura, bien me pide que le prepare por mi cuenta con algún fin específico (véase aprender a comunicarse en inglés a nivel de conversación; algo que, hoy por hoy, en la docencia académica todavía no se estila con mucha frecuencia), y ni que decir tiene que se han ganado todo mi respeto.

Y luego están los OTROS.

"Nuestro-criterio-es-incuestionable"
"Los-alumnos-son-incompatibles"
"Los-alumnos-deben-ser-mejorados"

Esos profesores que, más que profesores, son robots y nada más que se limitan a lo que viene en el libro, como si hubiesen olvidado todo lo aprendido en su momento (porque imagino que para impartir una asignatura antes tienes que haberla estudiado), o como si explicar algo aparte supusiese un esfuerzo de la hostia. Les vaya a dar una hernia en el cerebro o algo, pobrecitos míos.
Os voy poniendo ejemplos sobre esto, para que os hagáis una idea:

Hará cosa de unos siete años, tuve a mi primera alumna; recuerdo que en la primera clase que dimos, pensaba que la chiquilla tendría problemas para pillar algún concepto, o bien que el inglés era algo que le costaba.
"No pasa nada", me decía a mí mismo, antes de entrar en la clase. "Se echa un vistazo a la teoría en el libro, se explica lo que haga falta y se ponen ejercicios."
¿Habéis oído alguna vez ese proverbio que dice que no se debe vender la piel del oso antes de cazarla?
Pues eso es lo que me pasó a mí.

Tuve que meterme la lengua en el culo. Tan adentro que las vellosidades del intestino me hacían cosquillas en la campanilla.
La teoría del curso no estaba POR NINGUNA PARTE. El libro, para que nos entendamos, era un maremágnum de viñetas y dibujitos, con palabras sueltas y donde se mezclaban hasta tres temas diferentes (presente simple, presente continuo y el verbo modal Can) sin explicar diferencias entre uno u otro.
Mi alumna tenía diez años.

- Um- digo, en cuanto veo aquel follón y la cara de póker de la niña-, ¿y te viene alguna explicación en los apuntes?

La niña menea la cabeza, casi extrañada. Como si esa idea fuese de otro planeta. Total, que sin demasiado problema por mi parte, me pongo a explicarle cómo funciona la gramática básica del inglés. Para aquellos que no controléis mucho cómo va, os diré que estructuralmente es bastante más simple que la del castellano: se limita a un máximo de cuatro elementos gramaticales (sujeto, verbo, objeto, complementos y auxiliares, si estos últimos son necesarios), que se van a combinar de tres formas diferentes, según la frase sea afirmativa, intrrogativa o negativa. Luego tenemos algunos detalles como adjetivos o adverbios, que se van añadiendo y listo. Tiene varios detalles más, pero digamos que estos son los básicos para ir pillando en un quinto de primaria.

Esa niña, en cuestión de dos cursos, consiguió pasar de no tener ni zorra de inglés a obtener un nivel que le duraría años. Y no, no es porque yo fuese un profesor brillante o porque la niña fuese superdotada (lamentablemente, ninguno de los dos casos se daba); la respuesta a esto tiene una explicación tan sencilla como patética.
La niña estuvo dando LO MISMO un año tras otro.

"¡¡¡Otra vez el presente simple no, por Dios!!!!"

He aquí una de las mayores tristezas de nuestro alabado sistema educativo. Ese sistema con el que politicuchos y soplapollas de diversas calañas se masturban, considerándolo el culmen de nuestra sociedad (o al menos, los politicuchos se masturban siempre que están en el poder; luego, cuando los destronan, algún otro imbécil le cambia el nombre y poco más y empiezan a llover las críticas, fíjese usted en el detalle), resulta ser el despropósito del siglo, avalado por falacias tan flagrantes como esta:

Falacia número uno: "Si empezamos a impartir inglés desde edades muy tempranas, las posibilidades de aprendizaje se multiplican".
FALSO: si vas a enseñar MIERDA, da igual que la inyectes al feto en el útero, que el chaval no va a aprender un carajo.

Falacia número dos: "Enseñar gramática a niños por debajo de la ESO no tiene objetivo porque no la entienden".
FALSO: Siempre que juegas a un juego con un niño lo normal es que le expliques las normas de dicho juego. Si se plantea el inglés como una asignatura que puede ser entretenida, y la gramática como sus reglas, no hay absolutamente ningún problema para que los críos la entiendan. No a menos que pensemos que son gilipollas, claro.

Falacia número tres: "El inglés es juerga y diversión; tampoco hace falta apretarlos tanto"
FALSO: En inglés es tan chungo como el profesor quiere que sea; ese doble rasero hacia la asignatura (donde todavía se considera una "maría" por parte de muchos) es lo que ha hecho que el personal, bien no tenga ni zorra de la utilidad que puede tener el aprendizaje de una segunda lengua (digo inglés, pero podría decir francés también) en un mundo que supuestamente es cada día más global y donde miran con lupa tu manejo de los idiomas. Sin embargo, hoy en día se sigue tomando a coña el inglés, mientras que el personal se baja los pantalones ante asignaturas oficialmente "chungas" como las Matemáticas o las Ciencias. No es mi objetivo echar mierda sobre otras asignaturas que no son mi área; lo que digo es que echar mierda sobre el inglés (o sobre cualquier otra maría) no es lo que hace una persona civilizada. Es la visión del ignorante.

"¿El inglés, una asignatura seria? JAJAJAJAJAJAAJ ¿Pero qué me estás contando, macho?"


Falacia número cuatro: "No podemos salirnos de (lo poco o casi nada) de lo que viene en los libros porque los niños no están preparados".
FALSO: El que considera al crío como un humano de segunda categoría que "no está preparado para tal o para cual" para tiene un criterio que me merece poca o ninguna credibilidad. Sabiendo cómo dirigirse de una forma natural y respetuosa hacia un alumno, se le puede hablar prácticamente de lo que sea; es más, se siente incluso más respetado porque ve que no le están considerando "un pastelito de fresa" (término adaptado de una profesora de primaria dirigiéndose a alumnos míos, no me lo he inventado). Yo mismo en mis prácticas en un instituto he podido ver cómo alumnos de doce años han llegado a plantear cuestiones que EN LA PUTA VIDA escucharé de muchos adultos que conozco.

Así es como ve más de uno el mundo, y de ahí se deriva el concepto de enseñanza que tienen.
Luego decimos que los niños están agilipollaos...

Pero supongo que es más fácil para el que juzga y evalúa ver los toros desde la barrera, y al niño/estudiante como un marciano del que:

a) No sabe nada
b) Cree que lo sabe todo
c) Le importa un cojón si está equivocado o no, porque jamás lo va a reconocer.

En suma a este grupo de falacias, hay más cosas que añadir. He comentado antes que mi alumna tenía diez años. Bien, esta niña llevaba dando inglés probablemente desde que tenía cuatro o cinco, lo que supone casi la mitad de su vida aprendiendo (supuestamente) una segunda lengua. Cualquier psicólogo te puede decir, además, que hasta los doce años o así, el conocimiento de ésta no es aprendizaje, sino adquisición; en otras palabras, que se viene absorbiendo de un modo más o menos inconsciente; cuando se llega a ese "período crítico" de los doce años, el cerebro actúa de un modo diferente y necesita aprender las cosas por medio de un proceso consciente y quizás no tan rápido como es la adquisición.
Si en lugar de aprovechar este proceso mental, lo que hacemos es agilipollar al personal, descubrimos entonces que las generaciones anteriores (aquellas que empezaron a dar inglés a los diez años y no a los cuatro) se igualaron a la que hay hoy en día en nuestras aulas en cuestión de un año, y les tomaron la delantera en cuestión de dos.

¿Por qué? ¿Porque los niños son más idiotas?
Todo lo contrario. Hoy en día los críos han crecido con acceso a mucha más tecnología (algo que era misterioso y ajeno para nosotros a esa edad) y queda demostrado que tienen tanta o más capacidad para absorber información que los niños que cursaron sus estudios años atrás.
Adivinad de dónde viene el problema.

Si no lo adivináis, os lo cuento yo:

1) Los libros: Los libros de inglés, en su día, eran libros DE TEXTO. Para aquellos alienígenas que acaban de sintonizar con nuestro planeta de amebas anormales, eso quiere decir que en sus páginas había TEXTO. Es decir, había palabras que conformaban frases, e incluso frases que tenían algún contenido útil. Incluso había apartados de teoría (no hablamos de chorrocientas páginas aburridísimas, como algún profe/pedagogo superguaish de diseño de estos de hoy en día nos quiere hacer creer, sino de alguna tabla para ver cómo eran los demostrativos o explicarte una estructura) donde te explicaban de qué coño iba el tema.
Hoy en día los libros de texto se parecen bastante a un cómic.
Y ojo, no es un ataque a los cómics, ni mucho menos. Me refería estéticamente hablando, con la diferencia de que tú te vas a una tienda de tebeos, te pillas el Batman de este mes y ves con brutal diferencia que éste último tiene como diez veces más contenido que un libro de texto, estando supuestamente destinado a entretener.
Otra cosa que me descojona es el hecho de que ahora tienes que comprar DOS libros: uno de "texto" (¿?) donde vienen los tebeos y demás polladas y un libro de ejercicios, que es como un cuadernillo con actividades. El chiste: en el libro de texto también hay actividades, de modo que uno no tiene muy claro para qué cojones sirve esa distinción; además, si tienes suerte, en ALGUNAS editoriales ves un resumen de la teoría (sólo en la ESO, a primaria que le follen)... en el libro de ejercicios.
Y los ejercicios, la mitad no tienen ni que ver con el inglés: son jueguecitos (en primaria hasta quinto o así hay mucho recortable y mucha pegatina), crucigramas (super útiles) e incluso actividades de recorta-pinta-pega. Porque en inglés tienen que darse manualidades. Por cojones.
Esto, por favor, que venga alguien y me lo explique, porque yo sigo sin pillarlo.

No os imagináis lo que me ha costado encontrar un libro de inglés por dentro para poder ilustrar el asunto.
Os explico: por lo general, esto que véis es PRÁCTICAMENTE una página ENTERA de un libro de texto de primaria (no puedo hablar por este dibujo en concreto porque es de un libro que no he visto, pero se parece bastante a los que he tenido que manejar yo); probablemente vendrán de UNA a CINCO palabras de vocabulario (al menos tres de ellas muy parecidas al español, de forma que el alumno sólo tendrá que aprender un par de ellas). No os molestéis en buscar apartado de teoría o cualquier otro tipo de explicaciones a lo largo de las treinta o cuarenta páginas que tendrá el libro. No aparecen por ninguna parte, limitándose a cosas tan monas como esta y a poner ejercicios (dos o tres, no muchos). De modo que si vais a estudiar con vuestros hijos, no podéis usar este libro para estudiar; tendréis que buscaros la vida por otro lado (pese a que YA habéis comprado un libro que se supone que está destinado a tal efecto)...


2) Los apuntes: Ante esto siempre podemos decir, "Bueno, es posible que no venga la teoría en el libro, pero al menos vendrá complementada por unos buenos apuntes de clase".
Perdonad que me descojone.
Os planteo el caso de otro alumno que he tenido, con el típico librito de mierda al que ya me he referido arriba (da igual la editorial; todas parecen copiar la fórmula, como si fuera EL Método): cuando empecé con él, lo típico; la madre me comenta que la está cagando pero bien en las frases (es decir, gramática) y que no sabe cómo meterle mano al asunto. Me comenta que ella se pone con él, pero que en el libro no ha visto nada a lo que agarrarse. Yo le digo que eso está siendo algo bastante frecuente.
Ella me dice que, entonces, echa mano a la libreta para ver qué le han explicado en clase y ve que lo que hay son ejercicios, pero NO hay ningún apartado de explicación que complemente la puta mierda que viene en el libro.
Me encojo de hombros por no estallar de furia allí en medio. Porque si el chiquillo suspende, seguramente el profesorado le echará la culpa a él y no al profesor que NO le ha impartido un mínimo conocimiento de lo que tiene que hacer.

3) El Método Robot: Partiendo de la base de que el crío medio es subnormal perdido, ahora lo que se estila es el método "drilling" o de repetición de algo hasta que salga. Un método que no sé quién cojones ha pensado que funciona, pero que si por mí fuera iría directo a la puta hoguera.
No me malinterpretéis, practicar las cosas con cierta rutina está bien; lo que critico aquí no es eso, sino el hecho de que en la enseñanza de idiomas no se está haciendo otra cosa. Y es aquí cuando la estamos cagando, pero bien cagada.
Os pongo más casos: un chaval que me envían, con una madre supercabreada diciendo que el crío no está aprendiendo nada en el instituto y que tiene la impresión de que en inglés está perdiendo el tiempo.
Me pongo a currar con él, pensando que ya me han enviado al chungo de la clase.
Resultó ser uno de mis mejores alumnos.
Lo que le pasaba es que estaba hasta el mismísimo cipote de que se pegasen SIETE años (desde quinto de primaria o así hasta la ESO) dando el presente simple y el continuo, una y otra vez. Una y otra vez. Una y otra vez. Sin avanzar.
¿Por qué suspendía entonces? La razón era porque había dejado de prestar interés a la asignatura hacía años. Estaba aburrido. Desmotivado. Hasta los cojones de que le tratasen como si fuera idiota.

No hace novillos. Es que no quiere que le vuelvan a cantar la canción aquella de "Red, pink, purple, yellow, green and blue". La lleva oyendo desde que tenía cuatro años.

Este caso no es ninguna excepción: puedo datar casos concretos de profesores que, en institutos, se han dedicado a hacer ejercicios del libro día tras día, explicando lo justo.
Tenemos por tanto,

a= método robot;
tenemos b= libros de apenas sesenta páginas,

a+b= terminar el libro antes del tercer trimestre.

¿Solución al problema por parte de la docente?
No os la vais a creer.
O sí.
Empezar EL MISMO libro OTRA VEZ, desde el principio.
Sin cortarse un pelo, la colega.

Puedo hablaros, si queréis, de un nutrido grupo de alumnos de primaria que observan, año tras año, como sus temarios son EXACTAMENTE los mismos que el año anterior, variando quizás en alguna cosa, pero insistiendo en obviedades tan grandes como los números y los colores (materia que llevan recibiendo desde los cuatro años, y esto lo sé porque yo mismo he impartido clases a niños de esa edad en un colegio). Ante esa falta de respeto tan grande por el alumnado, ¿quién coño va a mostrar interés por una asignatura?

4) El rasero del contenido, o el concepto de alumno por debajo de los dieciocho como "gilipollas": Aparte de insultar al personal de una manera tan descarada, se pueden ver otros detalles igualmente flagrantes y directamente humillantes, consistentes en poner a cantar canciones de guardería a críos de trece años. Canciones que, lejos de mostrar un manejo del inglés REAL, se limitan a repetir las mismas palabras una y otra vez a lo largo de la canción, variando en alguna estrofa. Es decir, exactamente lo mismo que le pondrías a un crío de cinco o seis años, pero seis o siete años después.
Con sólo un año más, la gente de la generación anterior estaba escuchando a U2 en clase.

¿Y todo esto por qué? La defensa es la de igualitar el sistema educativo, creando una especie de "rasero" por el que medirse. Curiosamente, ese rasero va a ser siempre al que peor le va.
Por favor, señores docentes/pedagogos/legisladores académicos/políticos/soplagaitas de cualquier especie que se ajuste a esta categoría, dejen de hacer el subnormal, porque están demostrando una inteligencia menor que la que le atribuyen a un crío de preescolar: a ver si nos vamos enterando de que, el que no quiere aprender, NO va a aprender. Ya te puedes poner a enseñarle los colores con veinte años, que le va a dar igual. No hablamos de discriminación (libertoides y superguaish, meteos el puño por el culo, que os veo venir), sino de crear un NIVEL decente en las aulas. Si ese nivel se coloca a la altura del fondo del barril, lo que tendremos es que aquellos a los que le importa una mierda les va a seguir importando una mierda... y aquellos que tenían cierto interés se van a aburrir, como sucedió en el caso que he explicado arriba. Así no se crea un nivel, sino un rebaño.
A menos que eso sea lo que queráis, claro.

"El alumno debe ser guiado, tutelado y moldeado".
Ya, claro.

5) La "apertura" de miras del profesorado: En el post anterior respecto a esto, ya expliqué el concepto de objetividad y subjetividad a la hora de evaluar. Sin ánimo de comentar más sobre esto, añadiré que ahora lo que se lleva es evaluar ESTRICTAMENTE lo que hay en el libro, aunque lo que haya en el libro sea NADA.
Esto puede sonar muy bien, pero apesta a PIFIA.
¿Por qué?
Porque los libros están mostrando información muy fragmentada acerca de lo que es el inglés y su manejo.

Os pongo el caso del verbo "Have got" (tener), que puede negarse de dos maneras (reconocido oficialmente por libros de Gramática, como la de Sánchez Benedito, manual que lleva vigente desde principios de los ochenta hasta nuestros días): con la forma "haven't got" (usando have como auxiliar) o con la forma "don't have" (entendiendo have como un verbo más y añadiendo el auxiliar "got"). Recuerdo haber explicado eso en una de mis clases, cosa que mi alumno le comentó a su profesor para demostrarle un interés por la asignatura.
El profesor, al ver que eso no estaba en el libro, ni se lo pensó: dijo que esa forma NO existía.
Imaginaos qué risas nos echamos cuando vimos una frase negada con "don't have" en un libro de lectura al curso siguiente.

"La culpa es del Thomas Hardy ese, que no sabía escribir en inglés. Fijo que en realidad era un señor de aquí que se puso un pseudónimo para quedar bien"


Y tengo más casos; este me llegó hace unos días, con unas frases que supervisé a otro alumno. Estábamos trabajando sobre verbos modales (verbos especiales que funcionan como auxiliares). En uno de los casos nos aparece la frase: "¿Vamos a un restaurante?"
Id a cualquier libro de gramática. Podréis comprobar que TODA interrogación que se haga con este sentido (es decir, ofrecerse a hacer algo o sugerir algo), de usarse con un modal, se hará con shall.
Esa pregunta tenía un tachón rojo; en su lugar vi que ponía "Can" (verbo de habilidad, posibilidad o permiso, equivalente a nuestro "poder"), lo que quiere decir que se tachó una respuesta CORRECTA (pero usando un verbo que no aparecía en el libro) y en su lugar se puso una INCORRECTA (empleando un uso que no es que aparezca en el libro de mi alumno... es que no aparece por ninguna parte).
Cuando mi alumno preguntó al profesor acerca de esa corrección, el profesor se limitó a decir "Es que can es el verbo que estamos dando".
Y ya está. Fin de la aclaración.
A lo que digo yo: cojones, si ves que estás dando el verbo "poder", me parece muy bien; lo que no hagas es meter una pregunta que se debe hacer con otro verbo.

La misma lista de ejercicios, donde me encuentro la frase en español: "Pedro sabe trepar a los árboles, pero no habla chino".
En mi supervisión, usamos can para la primera parte de la frase ("can" como habilidad, equivaliendo aquí a "saber") y don't para la segunda (porque no se especifica si sabe o no hablar; simplemente se dice que no lo habla).
También corregida: según el profesor, la segunda va con can "porque se sobreentiende que no sabe hablarlo".

Hasta cierto punto, podríamos dar por válida la corrección... pero lo que NO tiene sentido es tildar de incorrecto lo que había puesto mi alumno. Ambas posibilidades son relativamente factibles.

A lo que digo yo entonces: ¿Ahora para hacer un ejercicio, aparte de controlar el idioma, también tenemos que tener telepatía para saber en qué coño está pensando el profesor cuando escribe una frase?


"Estoy en ello. Al parecer, en el próximo examen se obligará a usar Can como auxiliar de futuro..."
Gracias, Profesor Xavier. De no ser por sus poderes, nosotros no seríamos nada.

Mi respuesta ante este par de despropósitos (donde se corrigen cosas correctas para poner en su lugar cosas discutibles o que están directamente mal) fue decirle al crío las cosas muy claras: "Mira, tú memoriza esto para el examen de mañana, pero te digo que esto es incorrecto".

En el mismo colegio puedo hablar de la profesora que imparte inglés a la hermana de este alumno, que enseña (atentos) SU inglés. No el inglés standard, la RP pronunciation o el Método Celta de impartir clases, que son cosas aceptadas, respetables y totalmente lícitas.
No.
SU inglés. Porque ella es DIOS y está por encima del criterio de todo bicho viviente, de cualquier gramática y de cualquier nativo. No exagero en lo último: a día de hoy se que ha suspendido al menos a una nativa, dos bilingües (una de ellas, hija de una profesora de inglés nativa que lleva impartiendo clases en nuestro país más de veinte años, o sea que no es ninguna pardilla) e incluso a la hija de un compañero de departamento (que, nada más que por mitosis, algo se le debe haber pegado).
Pero como la señora imparte NIVEL, no aprueban más de tres en su clase.
Y nos tiene que parecer bien esto.

5) Cuando "aprender" en realidad es "memorizar": Una de mis mierdas favoritas y que tengo que ver más a menudo. Resulta que ahora el método molón consiste en no enseñar inglés. No si tenemos en cuenta la enseñanza de la asignatura como algo teórico con aplicación práctica: ahora el tema consiste en no impartir teoría y hacer actividades con una aplicación práctica de cero (porque no existen los términos negativos para expresar esto, que si no, ibais a flipar).
Esto consiste básicamente en coger las cancioncitas de soplapollas que he mencionado arriba y ponerlas como deberes. Sí, queridos Distópicos. Hay que memorizar canciones de guardería, que las preguntan como si fueran algo fundamental en el manejo de una segunda lengua (literalmente, me han llegado a informar de que las preguntan en clase como el que pregunta una parte del temario)
Para más inri, he llegado a ver algunos exámenes donde el contenido que hay que demostrar es lo bien que hemos memorizado frases como las que hemos visto arriba (las de los modales) o citas textuales de los tebeos que vienen en los libros.
Si alguien tiene los huevos de decirme qué utilidad tiene saber decir "Me voy a convertir en un tejado" en inglés (sacada de un libro de texto de Oxford, cuya temática son los superhéroes) os monto un pisito. Y si sois capaces de darme una explicación RACIONAL acerca de por la cual esto es más útil que enseñar a los críos a construir frases por sí mismo, hasta os pago la hipoteca.

No es de extrañar que acabemos teniendo diálogos así:
Turista: "Hello, how can I get to the bus station?"
("Hola, ¿cómo puedo llegar a la estación de autobuses?")
Chaval que ha cursado sus estudios de inglés en nuestras escuelas: "Let's save the animals!"
("¡Salvemos a los animales!")
Turista: "Aw, another weird Spanish! Fuck off!"
("¡Argh, otro español raro! ¡Anda y que te follen!")


6) El error de base o "No pasa nada si suspendes": Otra de las grandes gozadas de nuestro sistema educativo, donde el tema de repetir es mucho más laxo que antiguamente. ¿Qué conlleva esto? Pues que un chaval con errores de base en una asignatura, como el ejemplo de las tablas de multiplicar (aquí hablo también por las matemáticas, asignatura impartida por mi hermana) puede estar pasando de curso con taras académicas que se remontan a primaria. Yo mismo me he encontrado con estudiantes a los que he tenido que preparar prácticamente desde cero (estando ya en tercero y cuarto de ESO)  Imaginad la vergüenza que pasaban al principio conmigo cuando veía que no era capaz de hacer ni lo básico. Nadie en su centro educativo parecía haber detectado esos errores de base. Sencillamente le suspendían y, a la larga, acababa pasando de curso. 
Así se hace.

7) El factor "hostia hostia hostia que tenemos que ponernos al día" o "Mira lo que hace el vecino": Otro factor interesante, consistente en hacer cambios de improviso en el sistema educativo, generalmente con la "sana" intención de equipararnos a algún país que oficialmente mole más que nosotros, sin atender a que la sociedad o la cultura de ese país sea diametralmente opuesta a nuestra forma de pensar o de actuar. Partiendo de ideas tan geniales como esta, donde cualquier día intentaremos equipararnos al sistema educativo de las bacterias que encuentren sobre la superficie de Marte, nos dedicamos a modificar improvisadamente los objetivos de un año para otro, pidiendo de buenas a primeras que, si un alumno al que no se ha enseñado a hacer sus propias frases, ahora tiene que hacer redacciones completas como si fuera un bilingüe. Todo esto, claro está, ex nihilo y de un curso para otro. Sin formación previa y sin directrices específicas.
La prueba es que hasta el curso pasado no me había tocado preparar redacciones con ningún alumno y, de buenas a primeras, en todos los colegios y en todos los niveles que imparto (me refiero a primaria y ESO, porque Bachiller sí ha tenido costumbre de pedir redacciones desde siempre) se están dedicando a pedirlas.
Me pregunto qué clase de redacción te puede salir si te has pegado media vida dando los números, los colores, el presente simple y el presente continuo y te limitas a eso.

8) La motivación, esa extraña desconocida o "Yo es que estoy quemao": En estas lides se habla mucho, muchísimo de eso de motivar a los alumnos. A más de uno se le llena la boca con el tema.
Y yo me tengo que descojonar.
Aquí es cuando muchos me sueltan que yo veo las cosas muy bonitas desde fuera, que tengo que estar dentro para vivir lo que es la enseñanza, que si tal que si cual. Muchos que hablan desde SU experiencia, que parece ser la única que vale. No existe otro punto de vista diferente. Por tanto, si ellos dicen mierda, nosotros tenemos que decir amén.
Las excusas de siempre. Y como siempre, me las paso por el culo.



Ya hemos visto los factores que desmotivan a un alumno día tras día y curso tras curso en una clase. Ahora vamos a ir viendo más detalles acerca de la motivación.
Empecemos hablando de la motivación entre los profesores: no caigamos en la trampa de pensar que TODOS los profesores están quemados, o bien que aquellos que ejercen mala praxis en sus labores lo hacen debido a esa "quemazón"; esto es como todo, por un lado tenemos los que están más quemados, que paradójicamente suelen ser los que menos se quejan; y luego están los llorones, que vienen a ser los mismos que se suben al púlpito del conocimiento y que se autoprotegen diciendo que son unas víctimas de un mundo hostil que no les comprende. Esos mismos, queridos Distópicos, son lo que vienen ya cansados y quemados desde que están en prácticas. Yo mismo los he conocido: ex-compañeros de un montón de años, cuya falta de respeto hacia la carrera y la profesión dejan claro que no les debo ningún tipo de lealtad. No se la merecen.
Las cosas por su nombre.
Para mí son una VERGÜENZA.
Esos entrañables seres a los que veías sin ningún ánimo por impartir un par de clases a la semana, y que hablaban de su tarea como "la mierda esa". Como si les hubieran puesto un cepo entre las patas y les dieran descargas cada vez que iban a clase. Con esas ganas.
Tipejos que acuden al centro educativo con la máxima de "Yo vengo aquí pero paso de currar porque estoy harto; lo hago por la pasta y (con todos sus cojones, sueltan) ni siquiera eso me compensa".
Pues no, señores. La mierda esa es vuestro puto trabajo y si no os gusta tenéis dos opciones, a cual más digna: una, hacerlo del mejor modo posible, porque tenéis una RESPONSABILIDAD; dos, dedicaos a otra cosa. Y si queréis pasta, GANÁOSLA honradamente. Pero no vengáis a echar más mierda sobre el sistema educativo, que con la que ya hay tenemos de sobra.

Y no es poca.
Esa tubería azul de la derecha va directa hacia el cerebro de los genios que diseñan y aprueban nuestros constantes sistemas educativos (recordad que desde 1995 hemos tenido chorrocientas reformas y contrarreformas provenientes de ambos partidos políticos que, se llamarán de todo, pero están de acuerdo en empobrecer la educación año tras año. Curso tras curso. Y nosotros todavía pensando que unos son muy buenos y otros muy malos).
El resultado, ya lo estáis viendo.

Y si los críos andan desmotivados porque lo que se está impartiendo está hecho para subnormales, os las apañáis y os las componéis para motivarlos. Porque también forma parte de vuestro puto trabajo. Si no os gusta, ahí tenéis la puta puerta. Pedís una excedencia y dejáis de joder al prójimo. No es tan difícil de entender.

En fin, creo que si me extiendo más acabo escribiendo una Biblia, incluso para los estándares de este blog, que suele ser de los Menos Leídos de la Red... porque creo que el personal muere antes de poder terminar cualquier post.
Coñas aparte, tengo que decir como conclusión, que luego vemos nuestras noticias. Sí, esas noticias catastrofistas donde la especie hispánica es lo peor desde el disco aquel de los KISS donde se quitaron el maquillaje y grabaron una mierda tras otra. Esa clase de titulares donde se lloriquea y se patalea constantemente, diciendo que nuestro nivel educativo es de lo peor. Donde nuestros estudiantes tienen un conocimiento de inglés pésimo. Donde se nos dice que el aprendizaje de una segunda lengua es una cuenta pendiente para un chorrocientos por ciento de nuestra maltrecha sociedad.
Y si os fijáis, todo apunta hacia un único sitio.
Pensad en esto: si en una clase donde hay veinticinco alumnos, suspenden veintidós... ¿Os hacéis de quién puede ser la culpa?

Para la sociedad en que vivimos, para la opinión pública, para los docentes, para el sistema educativo y para los gañanes que recomiendan libros para cerebros de esponja como "aptos para la docencia", la culpa está clara: es de los críos, los vistan de uniforme o los vistan de civiles.