miércoles, 30 de noviembre de 2022

Escupiendo Rabia- Sobre campañismo, demócratas de chichinabo y otras mierdas gigantescas que nos estamos comiendo a diario





Antes de empezar, me gustaría dejar claras un par de cosas. Que no haría falta, pero viendo cómo están los pellejos de finitos y lo dura que se le pone a la gente eso de ir atribuyendo ideologías en el prójimo, es lamentablemente necesario.

Para empezar, quiero recordaros que aquí nadie financia este blog. No tengo amigos entre ninguno de los personajes aludidos y, debo decirlo, algunos hasta me caen mal... aunque no por ello son menos dignos de defensa ante la picota constante que se está convirtiendo esta sociedad de soplapollas y fanáticos del s.XXI.

En segundo lugar, creo que tampoco hace falta recordaros que ningún partido político ni asociación supervisa este contenido, de forma que si vais a empezar a jugar a las adivinanzas acerca de mi ideología personal, os invito a que me lamáis el ojo del culo y luego os vayáis a cascarla. Como ciudadano español, me reservo mi derecho a no declarar acerca de mis inclinaciones políticas y, si alguno de vosotros es lo bastante imbécil como para exigirme que lo haga, lo más bonito que se puede encontrar es que lo mande a cagar con todos los gastos pagados. Y, si algún pedazo de mierda con patas tiene las narices de acusarme de machismo, le invito a que eche un vistazo a posts como el que escribí acerca de los sobamientos indebidos en los Sanfermines años antes de lo de la Manada y que, en vez de opinar acerca de mi persona, opine sobre su puta madre, a la que seguro conoce mejor. O eso espero.

Dicho esto, vamos a empezar, que la cosa viene intensita:

Desde hace algún tiempo estoy viendo cómo el gobierno se está viniendo arriba con una serie de campañas publicitarias con las que se están luciendo cosa mala. Ya no es que lo diga yo y ya está, es que cada vez que suben una se está liando pardísima y, en alguna que otra ocasión, se están viendo obligados a retirarla ante el estrepitoso ridículo que han hecho.

Podríamos empezar con la funesta campaña del verano de 2022, en la que se mostraba a modelos alternativas de Instagram en una playa, luciendo unas carnes más que abundantes, con un slogan que, ya podía decir lo que le diera la gana, pero a mí me sonaba a "Tú, puta foca, no tengas miedo de ir a la playa por ser una foca". Obviamente, no dicho así, sino con un tonito como muy de sororidad y buen rollito (e infantilizante, que va genial para lavarle el cerebro al personal). Una idea de fondo, dicho sea de paso, que demuestra bastante la ignorancia de los mandamases, que viven en el Centro del Universo (sin playa, por cierto) y que parecen no haberse enterado de que en las playas de nuestro país (o, al menos, en las de mi tierra), lo que abundan precisamente son los cuerpos no normativos. Partiendo de esta idea, resulta a todas luces ridículo decirle a nadie que no tenga miedo de ir a la playa siendo obesa, teniendo estrías o lo que sea, cuando el puto 90% de lo que ves en una de nuestras playas es GENTE NORMAL: abuelas que entierran la sandía en la arena, madres de familia con un cuerpo nada escultural después de haber traído al mundo a varios críos, señoras y señoritas con sobrepeso o incluso obesas de todas las edades y así hasta donde queráis. Sí, también hay chicas esculturales o directamente pibonazos, pero van a la playa a lo mismo que a todo el mundo: a tomar el sol o hacer lo que les salga del coño. Ni tiranizan a nadie con sus formas esculturales ni imponen nada a las mujeres con un cuerpo no-normativo. Dicho de un modo algo más contundente, que la que tiene un complejo por no tener un cuerpo escultural, lo trae de casa y en caso alguno tiene que ver con lo que vea en la playa en sí, porque también puede verlo en el Mercadona o en la calle. Dicho de un modo más contundente aún, que eso de decir "La playa también es vuestra", aparte de ser una falsedad (nadie les ha quitado jamás ese derecho) apesta a victimismo revestido de un empoderamiento bastante cutre. Pero queda tela de guapo llamarlo "violencia" ("violencia estética", en este caso) , que es algo que está tan de moda como la palabrita "vulnerable", manifestar y/o ver con buenos ojos el odio a los hombres (que ahí no parece haber discurso de odio, oiga, porque viene con su paquetín de excusas de mierda que lo justifican) o andar señalando lo "normativo" como una fuente de decadencia, corrupción y maldad en estado puro.



La cosa se pone heavy en el momento en que la campaña, aparte de causar la risa de aquellos que vivimos en la costa, se vuelve ilegal. Ilegal desde el punto de vista de la ley, no de una mera opinión que, una vez terminéis de leer esto, podéis decir "Será mongolo" y poneros a ver pelis guarras, que sin duda es algo más productivo. No. Es ilegal en el momento en que coges esas fotos sin permiso de sus creadoras y, no contento con eso, vas y las retocas con Fotochop para acentuar la obesidad y plantarlas en un cartelón. Más degradante aún ha sido el hecho de coger la foto de una modelo anglosajona que necesitaba una prótesis para poder caminar y retocarla para ponerle una pierna. Porque sí, las gordas son hermosas, pero cuando hablamos ya de una discapacitada, parece que como que ya no tanto y hay que cubrirlas. Y, de hecho, llueve sobre mojado: esto no es nuevo, ya que ya ha habido antecedentes acerca de la actitud de la pandillita contra los discapacitados. (Esto, por supuesto, ni es violencia verbal ni delito de odio ni nada, así me lo aprendí yo)



Luego podemos decir que el Potochós se usa para que las influencers creen una falsa e irreal imagen de belleza con la que contaminar la mente de las chavalitas más influenciables.
¿Y esto entonces qué coño es?


Pero es que aquí no acaba la cosa: en el momento en que empieza a llover el aluvión de protestas (y con razón, por lo insultante que ha sido la campañita a todos los niveles), comienza la huida hacia delante. Ante esto, el Ministerio de turno puede coger y decir "Vale, esto ha sido una cagada en toda regla y aquí van a rodar cabezas, desde la división de comunicación hasta la agencia con la que se ha contado para perpetrar semejante despropósito, y ya de paso emitimos una disculpa pública, garantizando que esto no va a volver a repetirse". Eso sería lo lógico, porque bueno, todos cometemos errores y demás, ¿no?

Pues no.

Resulta que, en lugar de depurar responsabilidades, van y sueltan que la artífice de semejante asalto contra la propiedad intelectual y presunta culpable de un acto discriminatorio en toda regla, (por no mencionar ya que ha cogido a unas modelos que, lo mismo son afines al gobierno, lo mismo no, y las ha convertido en imagen de éste) es una activista antigordofobia y al parecer es una especie de santa porque, ojito, va a repartir la pasta que ha ganado entre las afectadas. Esto es como si pillas a alguien mangando en un MediaMarx y dices que es un activista porque va a devolver lo que ha mangado. No, amigos, eso se llama actuar de forma reactiva y no proactiva: explicado en términos más sencillos, esa pasta se está devolviendo no por activismo ni gaitas, sino porque han pillado a la diseñadora con el carrito de los helados. Habría sido una activista si hubiera contactado con las modelos, les hubiera pedido permiso y les hubiera prometido donar todo lo que ganase desde el minuto uno. A partir de aquí, de lo que estamos hablando no es de activismo, es simple y llana cara dura, justificada de la manera más trapera y cutre.

Volvamos a lo arriba mencionado acerca de "No volver a repetirlo", porque es de traca. Sucede apenas unos meses después, cuando nos encontramos otra campañita de lo más bonita y preciosa, esta vez referente al tema de la crisis energética. En ella, se nos pone por delante a un puñado de actores en lo que viene siendo una terapia de grupo, de las muchas que proliferan en este país. Dicha terapia no muestra a alcohólicos, drogadictos o ludópatas, no. Lo que muestra es a gente que se pasa consumiendo, con un slogan más bonito y precioso aún, que dice que "De malgastar energía también se sale".


Sin criminalizar, ahí.



Vamos a analizar esto, porque en el momento en que lo vi a mí se me revolvieron las tripas: desde varios meses antes de la invasión de Ucrania, las eléctricas ya estaban cogiendo por los huevos a media Europa, pegándose unas columpiadas con las facturas de aquí te espero  (¿O no nos acordamos ya de los horarios de consumo del año pasado?), o cometiendo cerdadas tan grandes como vaciar los embalses para encarecer el precio de la energía, pese a la sequía galopante (por cierto, también nos dicen que tenemos que ahorrar agua, tócate los cojones a dos manos). El amigo Vlad, dicho sea de paso, se convierte en la excusa perfecta para que ahora eso de que te cobren un cojón de pato por kilowatio, pero eso sería entrar en otro tema... El caso es que las eléctricas hacen lo que les sale de los cojones, aludiendo vete tú a saber qué, porque yo todavía no me he enterado. Se suma a esto la crisis alimentaria producida por la guerra (y de la que grandes empresas sacaron tajada a las veinticuatro horas de haberse declarado el conflicto, como si no tuvieran existencias de aceite o cereales, ni almacenes, ni una puta garrafita guardada en la alacena del garaje) y la consiguiente subida de precios. Podemos sumar otros grandes temazos como la precariedad laboral, el paro y los ERTEs a causa de la pandemia, las congelaciones de sueldos, las trampas producidas por hipotecas, los impuestos (que son necesarios, no se puede negar) y los gastos cotidianos, que no hacen sino subir. En resumidas cuentas, que la gente ya de tanto apretarse el cinturón, está ya casi que no puede respirar.

Paralelamente a esto, nos encontramos cumbres climáticas cada dos por tres, donde los mandatarios cogen sus avioncitos, van de aquí para allá con su séquito, consumiendo recursos, fondos destinados (pero una pasta al fin y al cabo) en seguridad, alojamiento, dietas, fotógrafos (importantísimo, oiga) y demás. Cumbres donde se gasta aire acondicionado, luz, agua y toda clase de recursos para al final encontrarte que se han reído de ti en tu puta cara, porque terminan siempre con un "No ha habido acuerdo" y se vuelven para casa con las putas manos vacías, en lugar de no haber parado hasta llegar a un compromiso real. Te encuentras partidos políticos que, a una escala menos espectacular, hacen tres cuartos de lo mismo: te montan un bolo delante de tropecientas mil personas, con electricidad invertida en iluminación, megafonía y putas pantallas LED para verles la jeta. Más pasta, más recursos, más energía invertida en combustible para menear vehículos oficiales, camiones y cualquier día hasta un puto helicóptero.


Y todo el puto día de paseo, las criaturas. Viviendo a tope.


Y es la gente la que derrocha. Eso te lo dicen con toda su puta cara, los mismos que tienen a una caterva de chupópteros vendiendo basura en vez de reciclarla y que tienen los huevazos de decirte que eres una malísima persona por no separar el cartón del plástico.

Algo en lo que yo no había pensado al ver esta campaña fue en un detalle que descubrí apenas unos días después, que fue cuando apareció el portavoz de una asociación de adictos en rehabilitación, preguntándose a qué cojones venía semejante anuncio de mierda. Que a santo de qué, eso de comparar a alguien que derrocha luz (insisto, con estas facturas, para mí que el que derrocha luz no es precisamente "el ciudadano", sino todos esos pisaverdes a los que se la sudan las campañas, la concienciación y que ve a la gente de a pie como una especie de tribu de simios de la que reírse. Esos también son ciudadanos, sí... pero parece que las campañas y la conciencia no van con ellos; es mucho más molón meterse con el pobre, que es el que tiene que hacer -más- sacrificios) con un adicto. Porque los adictos, aunque muchos no se lo quieran creer, también son personas y no les hace ni puta gracia que, con lo que ya tienen a las espaldas para superar sus adicciones, venga un soplapollas de arriba y lo ponga como ejemplo de la mierda más grande de la sociedad y encima venga de salvapatrias.

Esta campaña, por cierto, fue tildada como "polémica" en el momento en que dichas quejas saltaron a la luz, y no es para menos: te pones la chapita de progresista, ecologista y lo que te dé la gana, pero en la primera has humillado a una discapacitada y en la segunda a los adictos en rehabilitación. Sin embargo, el gobierno, una vez más, se pasa por el pellejo del capullo las quejas y los actos humillantes hacia un colectivo en concreto (parece que la gente que no hace lo que puede por salir de una adicción no es un colectivo "vulnerable", ni "sensible", ni hostias. Algo así como los discapacitados, como ya hemos visto) y, de retirarla, nada. Hace escasos unos días que volví a ver el anuncio de marras.

Vamos con la última hasta la fecha, para ir montando ya un bonito hat-trick de burradas. En esta ocasión, tenemos cómo el Gobierno se saca una campaña de lo más molona para denunciar actitudes machistas en la sociedad. Algo que, así contado, dices: "Ah, mira, ¿van a entonar un mea culpa y admitir que su última ley ha rebajado penas a agresores sexuales o incluso permitiendo que éstos, ya declarados culpables, se peguen el órdago de pedir una indemnización al gobierno por daños y perjuicios? Porque más machista que sacar una ley que rebaja penas (pese a las advertencias de juristas y otros partidos durante DOS años), poquita cosa; de hecho, si iba de ayudar a las víctimas de violaciones, flaco favor les está haciendo"...


En un alarde de democracia, lo más bonito es decir que es que los jueces actúan así por machismo. Cuestionando el poder judicial entero antes que reconocer una cagada. Así vamos genial.



Pues no: esta campaña tiene un acabado mucho más siniestro, y es que consiste en señalar con el dedo a ciertos sujetos de la sociedad y ponerlos en la picota. Me refiero al señor Pablo Motos o al Xokas que, como he mencionado arriba, ni son amigos míos, ni me caen bien ni me han llegado a soplar un euro por escribir esto.

Perdonadme si no escribo mucho sobre el Xokas. No estoy todo lo puesto en la farándula de Internet como para permitirme hablar de nadie que apenas sé quién es, pero sí puedo hablar por Pablo Motos, alguien a quien he venido siguiendo de una forma más o menos standard a lo largo de los últimos años y a quien ya conocía de su etapa en la radio. Que Pablo Motos no me parece el comunicador más brillante de este país no es ningún secreto; que en muchas ocasiones es desacertado a más no poder, pues también, del mismo modo que os puedo decir que, en muchas, muchísimas ocasiones, no tiene ni puta gracia. Como digo, no es colega mío y los que me conocéis sabéis que yo ni a mis amigos los defiendo a capa y espada si reconozco que la han cagado. Hasta aquí, bien... pero vamos a ser coherentes: el programa del señor Motos es lo que es. Es una versión suavizada del Crónicas Marcianas de Xavier Sardá (de hecho, ambos a manos del señor Jorge Salvador, otro tío que siempre me ha caído tirando a mal), de modo que tampoco es que engañe a nadie ni te esté vendiendo algo que te vaya a decepcionar: es espectáculo, tirando a más o menos barato dependiendo del día. No es La Clave de Balbín, ni el programa aquel de Garci de la 2.

El humor de Pablo Motos me parece, en ocasiones, algo simplón y sus colaboradores por lo general me dan vergüenza ajena, pasando desde un Jandro que, será un excelente mago, pero abre la boca y me cuesta entenderlo porque se está riendo de sus propios chistes hasta un Juan del Val que me parece el perfecto ejemplo del cuñadismo capaz de soltar unos comentarios hacia su propia mujer que, seguramente estarán pactados y más estudiados que mi temario de la carrera, pero que resultan harto humillantes.

Y sin embargo, toda esta campaña de desprestigio me resulta directamente vergonzosa: aquí he leído montones de cosas maravillosas, donde se dice que el anuncio de marras no alude directamente al señor Motos y que (transcribo textualmente) "Alude a una realidad diaria, reflejando situaciones tristemente cotidianas". Eso os lo puedo comprar, pero entonces quiero que alguna mente pensante me explique por qué se han citado, coma por coma, las palabras exactas del señor Motos en la entrevista a Elsa Pataki de hace unos años. Entrevista, por cierto, en la que se le preguntó si dormía con ropa interior sexy... porque precisamente ropa interior sexy era lo que estaba promocionando ella en la entrevista. En un programa de tono humorístico y con una promoción de ese tipo, ¿qué coño queríais que le preguntase a la señora Pataki, qué era lo que pensaba de Proust?



La campaña de Women'Secret que promocionaba Elsa Pataki tenía por nombre "Me siento sexy". Y el baboso es Pablo Motos por preguntar al respecto. Sí, debo ser un machista por preguntarme qué coño tenía que haber preguntado el hombre en su lugar...
Nótese además que cuando Elsa Pataki empezó a verse con Chris Hemsworth, fue vejada y humillada públicamente hasta lo indecible, y no por Pablo Motos, precisamente, sino por toda esa gente que ahora la ve como una pobre corderita por algo que ni vieron en 2014 o por ahí.
Hasta hicieron un vídeo en Youtube, basado en el vídeo de Women'sSecret, cambiando la letra del original por una parodia bastante insultante acerca de su relación con el actor.
Y a todas esas personas que ahora se rasgan las vestiduras les pareció divertidísimo porque parece que su relación es ilegítima para aquí los jueces de la red. Entonces aquí sí es libertad de expresión.


Esto es como si yo digo: "Yo no quiero señalar a mi vecino de enfrente por aparcar mal, pero un hijoputa con un Fiat Punto del 91 de color azul metalizado cuyo nombre empieza por Pa y acaba por Co me ha rayado el coche". Es decir: no hace falta dar nombre y apellidos para aludir a nadie; es más, según estos iluminados, parece que encima hay que dar gracias al Ejecutivo por no haberlo hecho. Más acojonante aún es decir que "El que se pica, ajos come" si el aludido en cuestión recuerda claramente esa entrevista y descubre cómo, una vez más, el ejecutivo ha tenido el detalle de usurpar sus palabras sin su permiso y usarlas para lo que le ha dado la real gana, que es para ponerlo en la picota.

Nótese además la manipulación brutal y descarada: de esa entrevista se cuenta lo que le da la gana, aludiendo ahora que Elsa Pataki es una pobre corderita vulnerable (me encanta este término, porque se está empleando para victimizar a toda mujer cada dos por tres, aludiendo a la idea, machista por cierto, de que una mujer es incapaz de defenderse por sí misma por el hecho de ser mujer) que estaba fingiendo estar cómoda en la entrevista mientras un monstruo estaba acosándola delante de toda España (Elsa Pataki no es del todo mala actriz, pero llegar a ese nivel de actuación supondría un papelón para el que no creo que tenga las tablas). Se parte de ahí para decir que es que Pablo Motos acosa a toda mujer que se encuentra por delante, haciéndole preguntas inapropiadas y yo creo que a más de uno que ni ha visto el programa en su puta vida le falta decir que está dale que te pego con la zambomba en la mano mientras realiza la entrevista. Porque aquí los primeros que atacan son los primeros que se niegan a verlo (ataque desde el prejuicio) y, ya puestos, son los primeros en comerse toda la manipulación propagandística y, no contentos con eso, aplaudirla. Ver toda esta campaña de ataque personal hacia una persona (obviando otros programas mucho más humillantes como La Isla de las Tentaciones, donde directamente se vende carne como si estuvieran en el puto mercadillo) poco menos que como una gesta digna de Los Vengadores.



Tú aquí sueltas a parejas y las "tientas" a cada una por separado, con carne a manta, para ver si se ponen los cuernos y ante esto, el personal, calladito. Igual es porque la gente que más protesta contra Pablo Motos y compañía, en el fondo lo que le gusta es el salseo. Y ante el salseo, ni mu.


Hablo de manipulación mediática en el momento en que desde arriba te vienen diciendo que Pablo Motos solo hace preguntas inapropiadas a mujeres, teniendo un trato muy diferente hacia los hombres, lo que es abiertamente falso. Preguntas "indecorosas" acerca de ropa interior (me resulta muy gracioso que en el s.XXI esto se considere indecoroso, por cierto, y más aún en un programa humorístico) a famosos como a Maluma y otros tantos varones que han acudido al programa. Peter Dinklage puso bastante mala cara a una pregunta que aludía a su, ejem, reducida talla (no entraré en las polémicas que el propio señor Dinklage ha provocado sin ayuda acerca de su condición enana, que os dejo por aquí, para que vosotros valoréis si lo que dice os parece coherente o la bocachanclada digna de un gilipollas, mida lo que mida). Y sí, algo se comentó al respecto, pero no causó el revuelo de la desacertadísima entrevista a Las Chicas del Cable (a partir de la cual, se rebajó bastante el tono sexual de las entrevistas, precisamente a causa de las críticas) hacia 2016. Pero, como suele decirse, el mal que hacen los hombres les sobrevive y lo bueno queda enterrado con sus huesos.

Pero vamos al meollo de todo esto: la cuestión no es que Pablo Motos tenga más o menos gracia o que sus entrevistas nos encanten o nos parezcan un truño; eso entra en el gusto personal de cada uno y, como tal, es como olerse los pedos. Los nuestros nos encantan, pero los de los demás nos dan puto asco. El asunto está en ver cómo un gobierno tiene la frialdad de señalar con el dedo a ciudadanos que no han cometido delito alguno y azuzando a la población en su contra, dando a entender que todo aquel que no apoye la campaña y lance su ladrillito contra el señor Motos es un machista que apoya lindezas como el acoso callejero, la violación o el maltrato. Por desgracia, no exagero: solo tenéis que ver cualquier hilo de Instagram u otra red social y leer los comentarios para descubrir cómo se está polarizando a la población hacia un fanatismo de tres pares de narices.



Esto es al final algo de lo que he  hablado mil veces: los de arriba nos azuzan para pelearnos entre nosotros mientras ellos están a sus historias, viviendo de puta madre y con más privilegios de los que los de abajo veremos en nuestra puta vida, y de vez en cuando nos señalan a algún enemigo para que mantengamos la pelea calentita.
La diferencia es que hasta ahora no estaban siendo tan asquerosamente descarados.
Igual es porque se lo pueden permitir.
Igual es porque estamos ya tan anestesiados que ya les da igual mantener la compostura y pueden azuzarnos sin cortarse un pelo.


Tres cuartos de lo mismo sucede con el lamentable caso del colegio mayor Elias Ahuja de Madrid de hace unos meses: se demostró que el vídeo, que tantísimo había inflamado las iras del Gobierno por su contenido machista y violento, resultó estar cortado y, donde se veía a un puñado de universitarios berreando a las chicas de la residencia de enfrente "¡Salid, conejas, que os vamos a follar!", se obvió a las aludidas, las supuestas "víctimas vulnerables", respondiendo a la bastada con otra bastada como "¡Queremos más!¡Queremos más!". Se criminalizó una novatada que a mí me resulta ordinaria y que atenta contra el decoro, pero no como para poner de delincuentes sexuales a los que lo hicieron y de compararlos con la Manada, como se ha hecho. Con la Manada, tíos: con una panda de hijos de puta que no es que berrearan por la ventana de una residencia; es que esos, sin berrear, violaron al menos a dos chicas en diferentes puntos del tiempo y se jactaron de ello, lo cual, os pongáis como os pongáis, dista MUCHO como para semejante comparación. Se empleó una manipulación y un doble rasero repugnante en el momento en que se cortó el vídeo y solo se mostró la actuación de ellos, porque se ve que la de ellas ya no interesaba mostrarla. Se sacó a alguna de las residentes a las que aquello le parecía una borricada y se las expuso como "el sentimiento generalizado" (el clásico caso de tomar la parte, identificarla con el todo y manufacturar una conclusión a la que el personal tiene que llegar por cojones, bajo pena de formar parte de la cultura de la violación, justificar el maltrato o cualquier otra animalada que se nos ocurra). A ellos se les ha condenado públicamente y se les ha llevado directamente a la expulsión (pese a no ser los únicos partícipes), fomentado desde el Gobierno y sin juicio, en el momento en que se muestra el edificio de la residencia en esta última campañita gubernamental de la que estoy hablando (eso ya, sin mencionar, las declaraciones de la ministra, referenciadas en uno de los links previos, donde ella se permite el lujazo de ir diciéndole a la gente qué es machista y qué no, o quién apoya o justifica las violaciones, según ella y su sacrosanto e infalible criterio. Gracias a sus magníficas gestiones, se está rebajando la condena de violadores de facto y no en potencia, pero los que justifican la violación son los demás). Esto, por no mencionar el caso del futbolista Rubén Castro, absuelto de un delito de maltrato (no una, sino DOS veces, en 2017 y en 2021), pero al que se ha acusado igualmente desde la campaña. Pero se ve que al Ejecutivo que una persona haya sido absuelta dos veces no le basta para seguir acusándola; lo que decida el Poder Judicial, a lo que se ve, se la suda y se puede andar socavando su legitimidad, a menos que se trate de cosas que le beneficien. Entonces los jueces ya no son unos machistas, sino que son "una parte necesaria de nuestro sistema democrático". Pero eh, cuando no te apoyan, es completamente legítimo cuestionar a un poder entero. Fabuloso. Democrático. Una putísima preciosidad.


Tiene tanta lógica y sentido común como decir que un profesor, por cometer una falta de respeto al decoro tal como tirarse un pedo en clase, es un pederasta. Me parece que aquí las instituciones podrían medir un poquito sus palabras a la hora de abrir la boca, porque no están en una puta barra de bar. Se supone que son profesionales que están administrando un país.


Aun en el caso de haber sido condenado: el gobierno no tiene potestad alguna para vulnerar el honor DE NADIE, menos aún de una forma tan simplista y subjetiva ("¡Ahí, ahí está el monstruo!") y andar provocando un linchamiento público. No es su puto trabajo, de hecho: si el ejecutivo considera que el señor Motos, el Xokas o cualquiera están cometiendo un delito, la fiscalía del Estado está para actuar de oficio e incurrir en un proceso que los siente en el banquillo de los acusados. Pero vamos a ser honestos: si no actúa de oficio para llevar a juicio a dos policías condenados por violar a una chica de dieciocho años en la  Costa del Sol (librándose de la cárcel gracias a un pacto con la víctima para que ésta no tuviese que revivir semejante episodio una y otra vez, por cierto), ¿de verdad nos creemos que serían capaces de actuar por algo así?

Pues la respuesta es que lo mismo sí que son capaces: vivimos en una sociedad que ve la paja en el ojo ajeno y no la viga en el propio. Impera más perseguir y lanzar a los perros a alguien cuyo único delito (tipificado) es cagarla cuando abre la boca que a aquellos que usan a las mujeres y se las follan por turnos en un portal mientras ésta está inconsciente (de hecho, es tristemente cierto: el caso de la Manada, que fue el pistoletazo de salida para la ley del Solo sí es sí, podría acabar beneficiado de la forma más lamentable de la rebaja de penas de los agresores. Y esto, ESTO, nos tiene que parecer una medida ejemplar. Por cojones y sin derecho a crítica, réplica o cualquier mínima discordancia)



Que yo digo que, para ir tanto de demócratas, de hablar de un estado de derecho y para defender tanto la Constitución, aquí los genios están vulnerando derechos como el 14 (igualdad ante la ley), el 18 (derecho al honor), el 16 (derecho a la libertad ideológica) o el 20 (libertad de expresión). Por no mencionar detalles como pasarse la libertad de cátedra por el forro de los huevos y decirle directamente cómo tiene un profesor que hablar a su clase o los temas que tiene que tratar, estén o no relacionados con su asignatura.


Y todo esto, todas estas campañas de mierda, se hacen con una pasta que está destinada a campañas informativas: campañas que no van a disuadir a los violadores de violar porque, por desgracia, al violador, las campañas informativas se la sudan; campañas que no van a hacer que una persona acomplejada de pronto quiera ir a la playa porque, joder, si tienes un trauma o un complejo, no existe nada más legítimo y digno que someterte a terapia (si te lo puedes permitir, claro). Que la terapia de "Eres bonita y chupiguai" te venga desde el gobierno, tratándote como si tuvieras trece putos años y estuvieras en una esquina del patio del colegio mientras las demás juegan a la comba, a mí al menos me resulta denigrante. Y antes de que lo pregunte nadie, no: yo no voy a la playa ni me gusta mostrar mucho mi cuerpo (puede pasarme sin ser mujer, así que no me vengáis con la parida de "Es que para una mujer es peor". Los complejos son los complejos, y el victimismo galopante y caradura que estoy empezando a ver en el temita me toca los huevos a dos manos, como si por el hecho de ser hombres ni sintiéramos ni padeciéramos o, de hacerlo,  no tendríamos derecho a decir ni media porque "para una mujer es peor". Iros a la mierda un ratito). Y no: no me siento representado si un gobierno de pronto saca una campañita casposa diciendo que no tenga miedo de ir a la playa. No voy porque no me sale de los putos cojones o por el motivo que sea, ¿estamos? Dejad de meteros en lo que haga yo o deje de hacer con mi puto tiempo libre y haced vuestro puto trabajo, que es administrar el puto país. No sois nuestros padres, ni nuestros mentores, ni tenéis la talla moral para dar lecciones de nada. De hecho, la catadura moral de la clase política, en general (o la falta de ella, que acabaríamos antes), sería para un post completo.



De hecho, debo decir que me está tocando muchísimo la bolsa escrotal ver cómo aquí algunos parecen autoerigirse en el monopolio de la vulnerabilidad: Si estás canijo y se meten contigo por ello, o no hacen más que decirte que te hacen falta unos potajes (literal en mi caso), no tienes derecho a quejarte porque los obesos lo pasan peor que tú, y te tienes que joder. Por lo general, esto lo dice alguien que no está obeso, pero da igual: el obeso es más vulnerable porque según no sé qué escala de valores (bastante perversa, por cierto), ellos tienen menos privilegios.
Con el tema del género, pues similar: tú puedes tener una pareja mujer que te humilla en público; puedes sentirte acomplejado de mostrar tu cuerpo porque, joder, no te gusta. Puedes tener mil traumas, o puedes haber pasado por cientos, miles, de experiencias desagradables a lo largo de tu vida que te han dejado marca.
Pues no te falta el intelectual de chichinabo minimizando lo que te pase y diciéndote que te den por el culo, porque estás en el "lado opresor/privilegiado" de la sociedad y, como hay gente que lo pasa peor que tú SOLO por estar en el otro bando, tú no tienes derecho ni a manifestar tus complejos, inseguridades, traumas, lo que sea. Muy empático y tolerante, sí señor.
Ya solo les falta decir que cualquier carga que tengas en tu mochila personal te la tienes bien empleada por haber nacido con el órgano genital equivocado.


Volviendo al tema, hablamos de campañas que no van a hacer que el contribuyente se sienta menos insultado cada vez que el gobierno se dedica a tirar balones fuera y cargarlo con la culpa de todo, desde el consumo excesivo de energía, la poca conciencia con el medio ambiente, el machismo rampante en la sociedad y cualquier día hasta de que se acerque un meteorito a la Tierra y nos barra del mapa. En vez de luchar por la gente, se habla por ella, representándola en lo justito, se la trata como si fueran niños de cuatro años y se les dopa con información malversada. Todo desde el mismo gobierno, con la cara dura más grande y dando a entender que, si no apoyas toda esta sarta de mentiras es porque eres un machista, fascista o yo qué sé ya.

Yo solo digo una cosa: si un Estado anda diciéndole a la gente lo que puede o no pensar (incluyendo cursos de orientación OBLIGATORIOS en las escuelas acerca de materias que no computan), se dedica a señalar enemigos con nombre y apellidos con el dedo sin pasar por un tribunal o directamente sin dejar que actúe el Poder Judicial, que para algo está (ciudadanos señalados que oye, siguen siendo ciudadanos y también pagan sus impuestos) y se dedican a decirle a la gente que no tienen cabida en la sociedad, o se dedican a montar campañas victimizantes, basadas en unos dobles raseros vergonzosos y descarados, a mí llamadme loco o ignorante, pero yo aquí no veo actitudes de un sistema democrático ni de coña.

Pero supongo que los fascistas somos todos los demás. No ellos. Ellos no. Nunca. Jamás. Son seres de luz que están ahí, en sus asientos, por sus méritos, sus logros y no por nepotismo o por haber apuñalado por la espalda a todo el que tenían al lado hasta que han alcanzado el puesto que ostentan. Todos esos seres magnánimos están ahí para ayudarnos, para protegernos y para hacer de esta sociedad algo más justo. No hay más que verlo.

No hay comentarios: