sábado, 18 de julio de 2020

Escupiendo Rabia- Tiranos con piel de comprometidos



1. Antecedentes.

Una vez conocí a una persona que siempre tenía una causa que defender. Siempre que hablabas con ella, te contaba que estaba metida en tal o cual cosa, luchando por tal o cual causa. La defendía de una manera que podríamos definir, usando un eufemismo bastante grande, como "beligerante a más no poder". La mitad de las veces que hablaba de lo que defendía, acababa cagándose en todos aquellos que no apoyaran causa y medios al 100%. En cierta ocasión, llegó a definir su ideología basándose en aquello que ésta aborrecía, pero sin centrarse en sus postulados propiamente dichos. Basaba sus argumentaciones en una defensa apasionada, pero con apenas un solo razonamiento lógico. Mucho simbolismo y mucha consigna, pero le preguntabas detalles acerca de lo que defendía y al final acababa dejando claro que sí, que defendía la causa, pero no tenía ni la más mínima idea del caso en concreto por el cual luchaba.
Esta persona acabó rompiendo todo contacto conmigo, debido a que yo no soy de dar la razón al que más chilla, sino al que puede defender algo en lo que yo pueda llegar a creer por medio de la convicción y no de la persuasión.
Hace unos ocho años de esto.


Ha llovido después de esto.


Tras todo ese tiempo te das cuenta de que esa persona con la que hablabas de vez en cuando no era más que una fanática. Alguien que parece considerar que su vida tiene sentido defendiendo algo, aunque no sepa del todo bien lo que es... y no solo eso, que parece usar eso como vara de medir para etiquetar a los demás según una escala de valores basada en el "o conmigo hasta la muerte o contra mí".
No puedo decir que eche de menos a alguien que intente obligarme a pensar de tal o cual manera o, peor todavía, que utilice según qué términos (esgrimidos como insulto, por supuesto) si no me ajusto a esa manera tan "progresista" de pensar.

Lo peor es que esto, que hace ocho años me parecía un caso aislado, no parecía sino vaticinar la oleada de tiranos ideológicos que están empezando a proliferar en este siglo de mierda como si fueran putos herpes genitales, que se te pegan a las partes pudendas y te las inflaman a base de intentar meterte sus mierdas con calzador. De que abraces de forma apasionada y radical todos y cada uno de los postulados que vete tú a saber quién les está metiendo en el coco día sí y día también.


—¡VENGO A EXIGIR LA DIMISIÓN EN PLENO DE UN SISTEMA ELEGIDO POR LAS URNAS PORQUE ME SALE DEL COÑO! ¡PORQUE TENGO DERECHO!
—Señora, ganaron las elecciones ayer.
—¡NO ME LLAMES SEÑORA, SEÑORO!



2. Anatomía de los libertoides:

La verdad es que no deja de tener gracia ver el doble discurso de estos personajes, libertoides como ellos solos, que son los que van pregonando la libertad. Libertad de pensamiento, de elección, de acción. Los que se niegan en rotundo a las etiquetas y aseguran tener una mente abierta y una actitud tolerante hacia la vida. Los escuchas cinco minutos y oye, al lado de estos el puto Bono de U2 parece un rancio sacado de la posguerra. Estos tíos se venden a sí mismos como la quintaesencia de la tolerancia y el progreso. Están a un paso de que cualquier día les den el premio Nobel a la concordia o que los llame algún fulano de la ONU para darles una palmadita en la espalda y mandarlos a solucionar los problemas que campan por este mundo.
Los
Co
Jo
Nes.


Una polla pa tos ellos.


Basta escucharlos otros cinco minutos más para darnos cuenta de que no. De que estos tíos se pueden vender como les dé la real gana, pero no son mejores que la gente contra la que dicen luchar. Peores, si te digo, porque esa gente a la que se oponen, en buena parte de los casos, van de cara y no fingen ser más tolerantes o ser mejores personas de lo que son. Puede que sean unos mierdas y eso no lo vamos a negar, pero son unos mierdas que no pretenden ser lo que no son. Sin embargo, aquí los guerreritos y los defensores de las causas asoman la patita en el momento en que los dejas hablar lo suficiente. Entonces te das cuenta de que todo eso de las etiquetas se va por el retrete cuando ves que claro, las etiquetas no van con ellos, no; las usan contra todos aquellos que no son de "los suyos". Lo de la libertad de pensamiento va con ellos, siempre y cuando suscribas un argumento suyo, por peregrino o mamporrero que sea, al 100%. Si no, prepárate para una batería de insultos tipo:

Fascista/facha
Franquista
Homófobo
Tránsfobo
Racista
Privilegiado
Reaccionario
Neoliberal
Derechoso
Ultracapitalista
Opresor
Neocon
Incel
Machirulo
Unga unga
Pepero
Cayetano
Voxtante
Señorito
Imperialista
Acomodado
Burgués/aburguesado
Primermundista
Heterocentrista/heterocéntrico
Marioneta del patriarcado
Nazi/neonazi

Y todo un largo etcétera de neologismos sobaqueros (los cuales posiblemente ni he oído todavía y no tengo ni idea de lo que significan en concreto, pero en esencia significan "el que no piensa como uno"), sacudidos y escupidos con un único objetivo: socavar lo que sea que pienses (aunque en el fondo compartas muchas ideas en común con ellos) y ridiculizarte por no estar tan concienciado (como ellos, que dicen que no, pero se comportan como la brújula moral de la sociedad cada vez que abren la puta boca) ante los millones y millones de problemas de este mundo.


Estaba pensando en compartir en Jincagram el último truño que he cagado, pero debo consultar antes a los de la brújula moral, para que me digan si debería hacerlo o voy a ofender a mucha gente.


Se les llena la boca con la tolerancia y el respeto, pero lo verdaderamente triste es que solo toleran y respetan a aquellos que les dan la razón como a los tontos, meándose en cualquier principio de diálogo o debate y convirtiendo cualquier conversación con ellos en una especie de imposición de Pensamiento Único, ante lo cual no cabe absolutamente nada a discutir. Qué digo discutir, es que ni siquiera matizar.
Mucha defensa de la igualdad y las libertades, pero basan su autoimpuesta superioridad moral para crear una escala de valores por la cual evalúan a los demás para ver si son dignos de respeto o no, aunque ellos mismos, desde el minuto uno, se pasen eso del respeto por el forro: o piensas exactamente igual que yo o automáticamente eres cualquier insulto de la lista de arriba.

Esta gentuza hipócrita, como mencionaba antes, parece haberse adueñado de las redes y andan por ahí con sus plataformas de mierda y sus consignas mamporreras, que repiten como si fueran putos zombis hasta que calen por huevos en la sociedad. Al estilo Goebbels, ese fulano que formaba parte de un movimiento que ellos se pasan el día mencionando para despotricar contra él. Ese partido al que tanto putean, irónica y paradójicamente, inventó la metodología propagandística que ellos mismos usan a diario: la de repetir mantras de forma machacona e insistente para convertirlos en la nueva realidad, aunque no valgan un pimiento.


Aquí el señor Joseph Goebbels: este señor decía cosas como "Somos todos soldados de la revolución. Queremos la victoria del trabajador sobre los que se lucran de forma pernicosa", o "Al principio está el entendimiento; este entendimiento se usa como herramienta para encontrar a según qué hombres, y convertir el entendimiento en política. (...) El éxito es lo que importa: no importa si se da un discurso elegante o se hace llorar a las mujeres. El objetivo del discurso es persuadir a la gente de que pensamos lo correcto", entre muchas otras cosas, que así planteadas, pues oye, coinciden bastante con esta metodología que usan estos tíos.


Aquí Joseph Goebbels, de cuerpo entero. Mismo tío, mismas frases.
Pa que veais, al final los extremos se tocan, y las herramientas de los que vemos como monstruos de la humanidad son usadas por los que van de salvadores.





Realidad.
Vamos a quedarnos con ese concepto porque con estos tíos tiene miga: para uno de estos engendros sociales, "realidad" es simplemente su punto de vista. Todo lo demás o es mentira o es que los demás no estamos lo bastante despiertos para verla. Te pueden venir con cuarenta mil mierdas de conspiranoicos (sin evidencias, desde luego) solo para desacreditar un gobierno al que desprecian, lo que dice mucho de cómo el fin justifica los medios para esta gente: pudiendo hacer crítica contra un gobierno por algo que haya hecho mal (suelen ser cosas evidentes y, por lo general, bastante sujetas a crítica), se dedican a tirar de teorías conspiratorias y chorradas que no pueden probar. Simplemente se escudan en argumentos casi basados en una fe ciega. Y solo para desprestigiar a aquellos a los que no votan, ni más ni menos.
Igual que te habla un fanático religioso, pero yendo por la vida de ateos.

Según estos postulados de fe, ellos tienen la conciencia abierta y expandida ante los Verdaderos Problemas. Ellos están concienciados y se ven a sí mismos como la primera y última línea de defensa ante todos los Imperios del Mal que nos amenazan; los demás somos un puñado de gentuza que no está concienciada y que vive dormida en una especie de Matrix.
Porque ellos no: ellos sí saben separar el trigo de la paja y no viven en ningún mundo de piruletas.


"Tómate unas rulas y despierta, puto mongolo".


3. Las brujulitas morales con patas:

Esto me hace pensar en una ingenuidad bastante grande: el que te dice que ha abierto los ojos automáticamente te tacha a ti de ciego e ignorante sin molestarse en escuchar lo que tú puedas o no decir (porque lo mismo estás de acuerdo con él y no se ha enterado porque está más ocupado mirándose su ombliguito de revolucionario); y más automáticamente aún empieza a hablarte de una utopía que por lo visto es muy fácil si (inserte aquí enemigo a combatir) fuese de otra manera o simplemente no existiese. El curso de acción continúa subiéndose al púlpito y, con un complejo de Mesías que te cagas, empezar a repartir lecciones de moral como cuando el párroco del barrio empieza a repartir hostias (de las de comer) en una misa: tú eres tal, tú eres cual, tú no piensas lo correcto, tú tampoco.
Es más ingenuo aún ver cómo se ofende cuando encima les reprochas que vengan a decirnos a los demás no sólo cómo tenemos que pensar desde esa superioridad moral, sino cómo tenemos que vivir.
Puede que los demás no seamos tan correctos, pero desde luego no nos vamos para alguien y le decimos "Oye, que sepas que no estás votando a la persona correcta. Cambia tu voto o te insulto", o bien irte para alguien a quien no conoces de nada y le impongas a hierro la terminología chupiguai de moda que tiene que utilizar.



Pues a esto se dedican estos seres en las redes sociales, a incendiar cualquier conversación con su mierda de corrección política y juzgando a todos aquellos que los miran con los ojos como platos preguntándose quién ha pedido la opinión de semejante energúmeno.

La cosa de decirte cómo tienes que vivir llega a tal extremo de tiranía que estos elementos son capaces de decirte hasta cuál debe ser tu aspecto físico: que si las rastas si eres blanco, o llevar un vestido de china a una fiesta son apropiación cultural, y ofendes a las minorías llevándolo, y te tienes que comer esta payasada con patatas, por parte de gentuza que al mismo tiempo te predica la igualdad entre razas y la aldea global. O sea, todos juntitos, pero bien diferenciados, por lo visto.
Para defender esta tendencia a decirle a los demás cómo tienen que vivir se usan argumentos como imperialismo o esclavitud, que por lo visto ahora son la Fuente Primitiva de Todo Mal (hasta si nos cae un puto meteorito y nos barre del sistema solar, según muchos de estos, va a ser culpa de la esclavitud), pero ignorando deliberadamente otros elementos como mestizaje, convivencia, hermanamiento o préstamos, que también se han dado entre culturas.

5. Mearse en la cultura por una buena causa:

Muestra de estos elementos que ellos obvian es que el español se estudie en montones de países, así como el inglés y el chino. Me podéis venir con paridas como las de que es que el español fue un imperio que esclavizó a millones de indígenas (ya desmentí esta patada a la historia en mi post anterior. Podéis leer toda la documentación que aporté, si no queréis leer mis tochos, y lo mismo los que lloran aprenden hasta alguna cosita. Yo debo decir que aprendí un montón investigando), pero es que a día de hoy la gente está aprendiendo idiomas VOLUNTARIAMENTE. Algunos hemos estudiado culturas extranjeras porque nos atraen, sin que tengamos que ponernos a pensar en lo que los antepasados de unos hicieron a los de otros. Y ya no solo de las dos filologías por definición en nuestro país (la inglesa y la hispánica); estaba pensando en la clásica, la eslava o la francesa, solo por mencionar las que conozco que se estudian en mi comunidad autónoma (y si no se me escapa ninguna). Existen filologías de muy diversa índole y precisamente tratan de estudiar y entender otras culturas. No pinta nada el concepto de apropiación aquí, sino el de acercamiento cultural: ¿me apropiaría de Shakespeare por leerlo en español? ¿Se apropiaría una compañía de teatro española del arte de El Bardo por representar El Sueño de una Noche de Verano ambientada en Cádiz en lugar de la Atenas original? Voy más lejos aún: ¿ahora habría que quemar las obras de Shakespeare porque una buena parte de estas estaban ambientadas en otros países? Yendo a ejemplos más modernos, ¿qué nos falta para que crucifiquen a Eminem por ser un blanco que canta rap? Total, ya le están dando a Rosalía por cantar flamenco no siendo gitana (y me parece tremendo que nadie note el estereotipo racial que se destila de todo esto). Sin embargo, Raimundo Amador en su día tocó blues con el todopoderoso B.B. King. Lo mismo esto pasa hoy en día y también lo crucifican porque el blues es de negros (lo siento, señores Gary Moore y Eric Clapton, se están apropiando de una música que no les pertenece y sus discos serán vetados) y él es gitano. O lo mismo no, porque según la escala de opresión (más abajo hablaré de ella) inventada por estos fulanos a él sí se le permite y a otros no.
Si la respuesta que me vais a dar a toda esta sarta de salvajadas es "sí", por favor, dejad de leer e iros a tomar por culo. Vosotros y la mierda que tenéis por pensamiento.



Partiendo de esta base, según estos, un blanco ya no puede hacerse un peinado africano sin que previamente haya tenido que estudiar cultura africana y entender al 100% todo lo que es la opresión a la que la raza negra ha sido sometida.
Un puto máster te hace falta para ponerte unas putas trenzas, macho.
Es que si nos ponemos así, no podremos ni comernos una puta pizza porque estamos apropiándonos de un plato típicamente italiano. Es como si yo me ofendiera porque se come paella en un restaurante de Nueva York, o porque los japoneses quieren aprender flamenco. Y que no me vengan con gilipolleces de opresión, que ni Japón ha oprimido nunca a España, ni España a Japón para que vengamos con estas GILIPOLLECES. Se llama interculturalidad y no abuso.
Por favor, que alguien le diga aquí a los listos que fumar porros es apropiación cultural también. Los primeros, que yo sepa, fueron los árabes con el hachís.
Ah, y hacerse tatuajes también. Que todo el mundo se los borre, porque era una tradición en los mares del sur.
Y circuncidarse, también: es un rito de origen semita, así que los justicieros de sofá que tengan fimosis, que se jodan.
¿O es que denunciar la apropiación cultural solo vale para lo que hacen los demás y solo sobre lo que interesa?

Estas imposiciones, como estamos viendo, se están haciendo ya demasiado frecuentes y llegando a unos extremos de caza de brujas y acusaciones que sobrepasan con mucho lo ridículo y lo vergonzoso; apestan además a un moralismo de baratillo que, personalmente, a mí me da ganas de vomitar y cagarme en todo lo cagable sobre la imbecilidad congénita del ser humano. Todo lo que venía siendo un sistema de derecho en el mundo occidental se está yendo a la mierda porque un puñado de críos jugando a ser héroes están haciendo piña para borrar la historia y reformarla a su santo antojo. Para amenazar de muerte (sí, de muerte) a todo aquel que no casa con sus ideales y, de paso, amparándose en un derecho a la libertad de expresión que para esto no se contempla, como justificación. Son los mismos, como indiqué en mi post anterior, que literalmente se cagan en los muertos de aquellos que salen a manifestarse durante el confinamiento por un motivo que ellos aborrecen, pero al día siguiente ellos mismos salen por otro diferente y sí ven como legítimo... lo que hace que, aparte de mearse en el derecho a la libertad de expresión del que tanto cacarean, se meen de paso en el derecho a manifestarse estableciendo una escala de valores por la cual unos sí pueden saltarse las leyes de seguridad y los demás que lo hacen son unos mierdas.


"¡Quemando la historia y las cosas que no nos gustan nadie volverá a hacernos daño!"
Sí, hijos, sí. No hay nada más invencible que un ignorante.


6. Las cuotitas para que toditos los individuitos se sientan representaditos y no vivan incomoditos:

Son los que andan exigiendo cosas a todo el mundo. Los que no han visto una serie en su vida pero exigen que dos personajes del mismo sexo sean homosexuales (ya parece ser que dos varones no pueden ser buenos amigos, del mismo modo que muchos rancios consideran que hombres y mujeres no pueden tener una amistad sin que ninguno quiera meteysaca) y que mantengan una relación amorosa entre sí bajo amenaza de boicot, o bien los que exigen que un personaje que hasta la fecha ha sido hetero de pronto se vuelva no hetero para satisfacer a gente que ni siquiera lo conocía previamente, lo que hace que el personaje en sí de pronto pierda parte de lo que es (exactamente del mismo modo que si fuera LGTBI y lo convirtieran en hetero) en un acto de fanservice brutal y descarado, pero revestido con una chapita de moralina que parece que hay que aceptar por cojones bajo amenaza de acusaciones de homofobia.
Los que exigen cuotas de todo tipo para que una película, serie o cualquier otro formato de entretenimiento deje de ser entretenimiento y se acerque al panfletismo; véase el caso de Netflix, que empezó ofreciendo un contenido más o menos entretenido, más o menos trabajado, y de un tiempo a esta parte parece una plataforma más obsesionada en cumplir cuotas raciales/de género que en ofrecerte un contenido mínimamente entretenido.


—Vale, pues mi idea es hacer una serie histórica sobre la Rusia zarista.
—¿Dónde está el negro?
—¿Perdone?
—El personaje negro, que dónde coño está.
—Es la Rusia zarista, señor, en esa época no había gente negra en el país, que se sup...
—ME IMPORTA TRES POLLAS LO QUE HUBIERA EN RUSIA A PRINCIPIOS DEL S.XX. O ME METES UN NEGRO O TE VAS A LA PUTA CALLE.
—¿Quiere que ponga negro al zar?
—Como si pones negro al mismísimo Jesucristo. Hay que dejar claro que no pensamos que los morenos son inferiores.





Antes de que ningún imbécil se me eche al cuello: ¿estoy diciendo con esto que me parece mal que metan gente de otras razas o de otros géneros en una película o serie?

NO.

Lo que me parece mal es que se imponga por ley y que se someta la creatividad de un guionista a las imposiciones y los caprichitos de un puñado de niñatos que antes de ver cualquier cosa ya están mirando con lupa a ver si se sienten representados. Y si su colectivo aparece, están buscando los tres pies al gato para que aparezca de la mejor forma posible, no sea que se sientan insultados.
Me parece fatal que estas cosas no se hagan de forma natural: que en lugar de crear un personaje LGTBI o de color desde cero y pelear duro para que ese personaje se gane a la gente, se tenga que coger a un personaje existente y pegarle ese lavado como reclamo para que los revolucionarios de sofá se puedan ir a la camita pensando que han vuelto a salvar el mundo.


"Ah, una serie de Vikingos con vikingos multiculturales... el mundo es mejor gracias a mí".


"Gracias, hijo de puta".


El resultado: que los guionistas hoy en día parecen tener tal presión en lo alto que están cayendo ya en el despropósito: ya no basta con incluir diversificación, es que hay que transformar personajes ya conocidos en aras de esa diversificación para que esa gentuza, que luego ni ve esas películas ni lee nada que no sean sus panfletos, no berree.
Y por supuesto, más vale que esa diversidad que incluyes se entienda, o te llevas palos por todas partes, incluso por parte de aquellos a quienes querías contentar.

Lo triste de esto es la defensa mamporrera, diciendo que estas cuotas son necesarias para concienciar a la gente. No deja de ser una hipocresía enorme que las leyes estadounidenses vengan imponiéndolas en sus contenidos culturales, al mismo tiempo que miran para otro lado con la violencia policial o con el trato que tienen, no solo a su minoría negra, sino también con la asiática y la hispana, que también se llevan sus dosis de racismo (a veces a manos de los propios negros, porque de ser racista no te libra el color de tu piel) y que por lo visto no molan tanto defender. Nos vienen dando lecciones, como siempre, pero ya han demostrado ser absolutamente incapaces de arreglar su propio patio, anclados en una mentalidad del s.XVII.



Por ejemplo, esto: manifestación antihomosexual en una iglesia baptista en Estados Unidos.
Ahora me decís que le ponéis gays a estos anormales en todas las series de Netflix y mañana van a cambiar de opinión.
Si de verdad os creéis eso, sois inocentes de cojones.


Yendo más lejos en todo esto, estoy viendo una enorme cantidad de falacias en todo este asunto: por ejemplo, se argumenta que si un personaje de tal o cual colectivo no aparece en una serie, el espectador no se siente identificado con él, no empatiza con él y por tanto pierde interés en el contenido. Y, de paso, ya se asume una ideología por parte del guionista que a ver cómo se quita de encima.

Otra falacia bien gorda es esa tendencia inocente a pensar que si cambias o censuras el arte automáticamente cambias la sociedad, cuando es justo al revés: el arte es un reflejo de la sociedad. Podemos decir que 50 Sombras de Grey es machista, y lo es... pero eso no vuelve machista a la gente que lo lee. No es el Necronomicón, ¿vale? La sociedad es machista y la obra de E.L. James es un reflejo de ese machismo.



Creo que fue Lázaro Carreter el que planteó la metáfora de que el arte (o bien la lengua, creo recordar) es como un espejo que refleja la realidad. Podemos lanzar una capa de espray sobre el espejo. Podemos romperlo o taparlo con un trapo, pero por mucho que se haga, no se podrá jamás arreglar la fealdad de la cara que se refleja en él.

Todo esto a mí me resulta tendencioso.
Explico un poco por qué: si tomamos ejemplos de ficción como Batwoman (lesbiana desde su relanzamiento en la serie de comic 52, y adaptada en una serie de televisión que parece no haber tenido demasiada suerte), Irene Larra de El Ministerio del Tiempo (mostrada como lesbiana desde su primera aparición), el capitán Holt de Brookyln 99 (gay y afroamericano, mostrado como tal desde el mismísimo comienzo de la serie), y eso por mencionar solo a unos pocos, hablamos de personajes concebidos como tales y que son simplemente geniales debido a su carisma. Podemos sentirnos identificados con ellos o admirarlos por lo que son. El hecho de que sean gays, lesbianas o lo que sea, no es más que un complemento a su esencia, que los perfila como personajes, pero NO son única y exclusivamente una representación racial o sexual. Decir que son geniales SOLO porque son de tal colectivo sería desvirtuar al personaje (en los medios audiovisuales, también al actor que los representa, porque seria dar a entender que da igual lo buen actor que sea, que viniendo ya de tal o cual raza o colectivo ya lo tiene todo hecho) y un insulto a la inteligencia del que lo admira. Para entendernos, es como si tuviéramos que ser gays para escuchar a Queen o a Judas Priest y entender de lo que canten (aunque sus letras no hablen de ese tema por lo general), o para que nos gusten Chuck Palahniuk o Clive Barker. O como si dijéramos que lo que los hace buenos en su campo artístico no es su talento, sino su raza o su homosexualidad.
Eso, a mi juicio, es lo que pasa cuando en lugar de normalizar a un colectivo, lo pones en la palestra para que todos vean el colectivo al que pertenece y reducir su trabajo y su talento a puntos en un marcador para una causa.


—Ole, otro autor gay en ganar un premio literario.
—Oh, ¿y qué ha escrito?
—¿Y qué más da? Ha ganado un premio
—Pues porque lo mismo me da, no sé, por leer su libro.
—¿Pero tú qué clase de homófobo eres? ¿Es que ahora hay que leer un libro para premiarlo?
—Sería la idea, sí.
—Lo que importa es que el autor es gay. Si ha ganado un premio, es otro tanto para la causa gay. Como si escribe una puta mierda, a mí me da igual.


Todo esto se resume en que no tienes que tener la misma orientación sexual que el personaje para sentirte identificado con él (de verdad, puedes identificarte con un personaje homosexual sin tú serlo, vamos a ir dejando ya ese prejuicio), del mismo modo que no toda representación de un colectivo minoritario tiene por qué ser beneficiosa o positiva. Dicho de otro modo, que un colectivo aparezca en una película no es ni bueno ni malo per se, todo depende de cómo se le trate. Por ejemplo, se puede poner un grupo de mujeres feministas en una serie y el personal diría, sin que esta se haya estrenado "Oh, qué bien, esta representación es la que hace falta".
Aquí es donde cae el error falaz: en asociar representación con positividad. Pongamos que esas feministas que se retrata en la serie son, bueno... una parodia o una caricatura de lo que debería ser el feminismo. ¿Hay representatividad? Sí. ¿Está hecha desde el respeto? Dudosamente.


Véase a las troncas estas: toda la puta vida de Dios nos meten en la cabeza de que, como son mujeres de treinta y tantos, solteras y follan, ya es una serie feminista.
Entre lo poco que he visto, que me resulta digno de telefilme cutre de Antena 3 de los domingos, y lo que he podido comprobar, que es la historia de una tía que pierde el culo por un mongolo, pa mí que tiene de feminista lo que mi ano recién cagao de cuadro pre-rafaelita.


Con las cuotas raciales y de género sucede algo similar: en el momento en que se transforman personajes heteros y blancos en LGTBI y/o de color, se puede llegar a producir el efecto contrario al deseado. Que parezca que hay que "transformar" a personajes ya conocidos con intención de usarlos como reclamo por las minorías, dando a entender de forma sutil que esa minoría es tan tonta que se tiene que acercar a un personaje si le pasas el barniz. Cruel, sin duda, pero viendo cómo están funcionando las leyes que vienen de Estados Unidos, yo a estas alturas me espero cualquier cosa.
Se produce un segundo efecto colateral, que consiste en que la gente "privilegiada", en lugar de decir "Hostia, eso de la inclusión no es mala idea" sufra un fuerte rechazo ante una transformación forzada con fines políticos, propagandísticos y económicos (hay que ganarse los votos o la audiencia de las minorías, lo que no implica necesariamente que esas minorías les importen un carajo a los ejecutivos), encima descarados.


—Disculpe, caballero, ¿tiene un minuto para hablar de La Causa?
—No hace falta, yo creo ya en ella.
—PERO DÉJEME QUE LE HABLE DE ELLA.
—Le repito que no hace fal...
—DEBE USTED CREER EN ELLA PORQUE ASÍ SERÁ MEJOR PERSONA.
—¿Me está usted escuc...?
—LA CAUSA HARÁ DE ESTE UN MUNDO MEJOR. LA GENTE ESCÉPTICA COMO USTED DEBERÍA ABRIR LOS OJOS ANTE ESTA REALIDAD QUE NO TARDARÁ EN IMPONERSE Y ASÍ DAR PASO A UNA EDAD DE ORO, DONDE TODO EL MUNDO SERÁ FELIZ POR SIEMPRE JAMÁS Y NO HABRÁ DESIGUALDADES DE NINGÚN TIPO. ARREPIÉNTASE, PECADOR DE MIERDA, Y ARRODÍLLESE PARA ADMITIR QUE NO TIENE NADA QUE HACER CON SU VIDA HASTA QUE ABRACE LA CAUSA COMO SU ÚNICO FIN DE EXISTENCIA.
—Se acabó. Váyanse usted y su causa a tomar por culo.
—Oh, vaya, otro intolerante.



Todo esto viene por la idea de hacer las cosas forzadas y con leyes en la mano, imponiendo cosas que sencillamente deberían haber surgido de forma espontánea. Y no, por favor, no me hagáis creer que esto surge de forma desinteresada y por el bien de los demás.
Os pongo un ejemplo: hace unos 40 o 50 años, Marvel ya hacía estas cosas: fue pionera a la hora de incluir personajes secundarios de color (véase por ejemplo Robbie Robertson, de Spiderman, que no era en absoluto un estereotipo racial, sino que era editor de un periódico... en los Estados Unidos de los 60) y empezar a darle peso a los personajes femeninos. Al principio de una forma más o menos tímida, pero más adelante, sin absolutamente ningún tapujo ni nada de lo que avergonzarse: así , e pocos años, surgirían personajes femeninos fuertes como Jean Grey, Hulka, Carol Danvers o Spiderwoman. DC había empezado unos 30 años antes y ya había creado a Canario Negro y Wonder Woman, a las que se unirían Zatanna, Power Girl o Raven, con el paso de las décadas. Es decir, entre finales de los años 30 y los 80, ya habían sentado las bases de un feminismo más que necesario y de una integración racial. Lo que viene siendo una actitud comprometida y valiente, especialmente considerando el periodo de la historia del que estamos hablando. Incluso honesta, considerando que por aquel entonces el género del cómic no había llegado ni mucho menos a la proyección que tiene hoy en día.


Mientras en los 60 seguía habiendo enormes desigualdades con los negros y todavía coleaba la segregación, Stan Lee y John Romita no solo incluyeron a Robertson como un personaje secundario recurrente; además, le dieron un papel serio (nada de negritos con cara de pasmo) y en un puesto de cierto poder en el Daily Bugle.


¿Qué ha cambiado entonces?
La diferencia está en que en su día esas cosas se hacían porque, aparte de aumentar las ventas (que puede que fueran comprometidos, pero no gilipollas) se quería responder a problemas y asuntos reales, del mismo modo que se hablaba de la delincuencia juvenil, del peligro de las drogas o de la violencia sobre los menores. Se reflejaba en las historias y estas, por sí solas, calaban en el público sin que hubiera necesidad de ondear ninguna bandera ni de ponerse una chapa. La idea era que, aparte de contar historias de tíos en mallas volando o trepando por edificios, se ofreciera un contenido de una mínima calidad. Que hubiera algo real que contar.
Nos metemos ya en las primeras décadas del s.XXI, donde el postureo y el panfletismo se convierten en una seña de identidad y parece que ya nadie puede hablar de nada sin tener que pregonarlo a los cuatro vientos, mostrando una especie de intención de tener algo que demostrar o de querer impresionar.


Portada de un volumen de la Aves de Presa original (no confundir con la película mierdera de la Warner) del año 98: como puede verse, no se esconde en ningún momento que todos los personajes protagonistas sean mujeres, pero se ve que se muestran claramente normalizados. Como lo que debería verse en la portada de un cómic: personajes perfectamente integrados, sin tener nada que demostrar a nadie.


Portada del Ms. Marvel 31, de 2018. 20 años después, no solo vemos que eso de tener personajes femeninos no ha quedado como una integración totalmente normalizada, sino que se lleva la cosa a un extremo: esta portada, al menos personalmente, me apesta a panfleto. Los personajes aquí aparecen, no como personajes, sino como representación de diferentes colectivos, con su puño en alto a lo Rosie the Ribeteer. La actitud no parece la de un comic en plan "Somos heroínas y venimos a hacer cosas de heroínas", sino la de "EH, FIJAOS BIEN, QUE SOMOS HEROÍNAS DE MÚLTIPLES RAZAS Y COLECTIVOS Y TENEMOS VAGINA. TENEMOS VAGINA PERO NO SOMOS INFERIORES, ¿OS HABÉIS ENTERAO? ¡NO-SO-MOS-IN-FE-RIO-RES!"
Los que llevamos leyendo cómics toda la vida, o aquellos que se inicien y tengan cierta conciencia de género, no necesitamos estos mensajitos. Ya sabemos de sobra que las mujeres no son inferiores, y que entre las superheroínas, las mujeres a menudo suelen contar entre los personajes más poderosos.
Estas paridas lo único que hacen es darle la razón a los promachistas, a la hora de soltar el discurso rancio de "Es que las mujeres ahora se tienen que andar determinando todo el rato para esconder que no dan para más".


7. De la cuotita al panfletito y tiro porque me toca:

En comics, ya tenemos especiales dedicados a la semana de la prevención del suicidio, el bullying o la igualdad de género, anunciados a bombo y platillo, como si el público fuera idiota de remate y hubiera que atraerlo con cosas que se llevan haciendo y que se llevan aceptando toda la vida. Todo como muy evidente, muy masticadito y tratando a su lector como si tuviera cuatro putos años. Ya no basta con que te saquen una serie donde el grupo protagonista sea exclusivamente formado por mujeres (lo cual ni siquiera es ninguna novedad: empezó con las Liberadoras, grupo de existencia fugaz en los 70 como secundario de Los Vengadores, aunque con alguna reencarnación posterior; en los 90, DC ya sacaría sus Aves de Presa como cabecera y, más adelante, Musas de Gotham, sin contar la cantidad de series con protagonistas femeninas que lleva habiendo toda la vida, especialmente desde los 70 hasta la fecha), o que el equipo creativo sean exclusivamente mujeres: hay que salir por la prensa diciendo que esto es pionero, dando a entender que los personajes femeninos o las autoras nunca han tenido peso en las grandes compañías de comic (lo cual es FALSO, si pensamos en Karen Berger o Louise Simonson, entre otras, que han sido reputadísimas editoras de ambas compañías durante años, por poner solo los dos ejemplos más famosos) y ponerle, encima, el nombre de Fearless, que suena a "Sin miedo (a ser superheroínas en un mundo de hombres, les ha faltado decir, sin un machismo rancio oculto por lo bajo)".


"Uh, Power Girl, mira las cacho tetas que tiene. ¿Qué necesidad tiene de tener esas tetas? ¡Las mujeres de verdad no tienen esas tetas! ¡Asi de machista tiene que ser la serie!"

Punto 1. Las tetas se tienen, por nacimiento o por gusto (porque está la que se pone tetas y no es de recibo juzgarla por eso, lo mismo que si se las quita. Que mucho hablar de que la mujer puede elegir abortar y se ve como supermoderno y como "derecho a decidir sobre su cuerpo", pero en el momento en que se somete a una cirugía estética se dice que es una guarra y que no le hacía ninguna falta. Sin doble rasero y sin hipocresía el argumento, oiga)
Punto 2. A quien vaya de feminista y me vuelva a hablar de "mujeres de verdad", estableciendo un cánon moral por el cual una mujer debe tener según qué aspecto o cómo comportarse, le prometo que me meteré el dedo en el culo y se lo estamparé en la boca.
Punto 3. El que critique una serie como esta, tildándola de machista, por favor, que se lea solo el primer número y que aprenda un poquito. Y luego ya si eso que hable.


Al mismo tiempo y de forma muy contradictoria, los que van de ilustrados por la vida, en lugar de entender que el mundo del cómic ha sido precisamente todo un ejemplo de integración (planteaban heroínas fuertes y decididas cuando el cine todavía no nos había dado a la Teniente Ripley, Sarah Connor, Alice en Resident Evil o Selene en Underworld) tiran de un puritanismo rancio a más no poder y se quedan en la vestimenta, dando a entender que vistiendo como visten (que les falta ya decir que visten como putas, para hacer el combo ya de machismo encubierto) no pueden salvar al mundo ni putas hostias, o bien nos salen con lo de poner un personaje de color y plantarlo en la portada de un comic en plan "¿Veis chavales? ¡Puede ser un héroe aunque sea un (puto) negro (de mierda)!"
Y esa es la actitud que está haciendo que muchísimos lectores veteranos, ya concienciados desde siempre con la causa racial o de género (es complicado no estarlo cuando muchos nunca conocieron a Tony Stark como Iron Man, sino con el afroamericano James Rhodes), empiecen a descolgarse de la nueva oleada de comics que están intentando colarles, sencillamente porque tienen la impresión de que los editores de las compañías se están cachondeando de ellos.



De hecho es rematadamente triste que en los 80 se hablase de la discriminación positiva en Los Vengadores cuando intentaron contratar a Falcon solo por ser negro y éste rechazase su puesto en el grupo porque no quería ser una cuota con patas.
Casi 40 años después y la misma compañía que denunció esas prácticas las pone en marcha ahora, encima poniéndose medallitas.

En televisión, tres cuartos de lo mismo: empezamos viendo Sense8, que parecía ser la serie que redimiría a Héroes y que se quedó en un panfleto descarado y barato, con una línea argumental que iba a la deriva: los personajes, conforme avanzaba la serie, parecían haber perdido todo interés en entender aquello en que se habían convertido o usar sus dones con algún propósito para dedicarse a soltar discursitos sobre lo iguales que somos todos bajo la piel. Constantemente. ¿Qué efecto tiene esto? Pues que al que ya viniera homófobo o racista de casa eso le iba a sonar a puta mierda... pero es que aquellos que ya estamos concienciados con la igualdad de oportunidades para las minorías vemos esto y tenemos la impresión de que nos están hablando como si fuéramos tontos del culo. Como si alguien llegase a tu casa y, con tus huevos ya negros, te explicase en qué consiste la adolescencia o te hablase de las tablas de multiplicar como si fueran algo novedoso.
Es decir, que explicar las cosas de esa manera ni conciencia a los que no tienen interés, y a los ya concienciados los insulta con cosas que ya considera más que obvias. Eso por no mencionar que la mayoría de la gente que se caga hoy en la serie lo hace porque esperaba que le contaran UNA PUTA HISTORIA, y no un manifiesto.


—Somos todos iguales.
—Me parece muy bien.
—Y tenemos habilidades especiales.
—Hostia, contadme.
—Pero somos todos iguales.
—Que sí, que muy bien, pero contadme eso de los poderes.
—Bajo la piel somos todos iguales.
—¿Pero eso de los poderes...?
—No debéis odiarnos, aunque tengamos sexos diferentes y vengamos de mundos diferentes...
—Y dale...
—Y somos iguales.
—Illos, me estáis tocando mucho la polla ya.


Ni que decir tiene que Sense8 acabó por convertirse en un patinazo antológico. Posiblemente por eso, porque ni contentaba a según qué público que no parecía el deseable (¿crear una serie de minorías para ponérsela por delante a homófobos? ¿De verdad alguien pensaba que eso iba a ser buena idea?) y escupía a la cara al público más cercano a lo que ofrecían, porque lo estaban tomando por subnormal.

La ficción moderna prolifera en ejemplos de todo tipo que ilustran este panfletismo de poca monta: La nueva serie de Sabrina, que prometía mucho, se ha quedado en algo similar: lo que antaño fuera una sitcom de andar por casa y sin grandes pretensiones pero muy resultona, ahora se vende como una serie de terror. Hasta aquí, bien.
Empiezas a ver la serie y te das cuenta de que lo único que tiene de terror es la ambientación, que sí está muy lograda; para todo lo demás, ves una sarta de tonterías muy grande (una bruja, aunque de herencia parcialmente humana, criada como bruja, en un entorno satanista, pero que se rebela contra el mismo Satán porque, de pronto y sin razón aparente, no termina de fiarse de él, pese a que es su puta deidad en la que ha creído toda su puta vida), un guión que se contradice a sí mismo (satanistas que hablan de seguir la voluntad propia, pero que se rigen por más reglas que los propios cristianos) y un montón de elementos panfletistas que, una vez más, te hacen tomar por idiota: aquí se toma el tema de la brujería como excusa para la lucha contra el patriarcado (dando a entender la falacia de que las brujas de la Edad Media eran feministas, cosa que es una patada a la historia como un piano). El resultado es una serie que parte de ideas interesantes y que al final se limita a exponer a una tipa que hace lo que le sale del coño en cada capítulo, liándola muy parda y sin consecuencia alguna porque, de algún modo u otro le perdonan cada una de las cagadas que ha cometido.
Siempre he dicho que el feminismo para mí es que una mujer pueda hacer lo que le salga del coño, y hasta ahí bien; lo que me parece una meada fuera del tiesto es plantarte eso para decirte que sí, que haces lo que te da la gana, pero sin asumir ninguna responsabilidad. Eso para mí no es un mensaje feminista, es un mensaje de mierda.



"Gotiquitas, venid a mí".


Con el tema de la inclusión racial están igual. En Sense8 por ejemplo tenía sentido, porque se hablaba de gente aleatoria por todo el planeta, desde Asia hasta Africa pasando por el norte de Europa; en otros casos, la raza del personaje no afecta a la trama porque el personaje, bien es secundario, bien podría ser de cualquier raza (me viene a la mente la enfermera que sale en el universo de Daredevil, que era un personaje menor de los comics de Marvel y era una mujer blanca. Nadie recuerda a ese personaje y en el fondo aquí da igual que sea de tal o cual raza); en otros casos, resulta forzado. No por la aparición de un personaje de otra raza en sí, sino que te justifiquen la aparición de dicho personaje con motivos propagandísticos. El caso más relevante me viene a la cabeza con El Ministerio del Tiempo, serie que me encantó, pero a la que no perdonaré la metedura de zarpa de Netflix en su tercera temporada. Nótese el caso de la chica china que aparece en el Ministerio, solo para decir que las series o las películas españolas no incluyen ni chinos ni negros, y cuando lo hacen, los representan mal. Supongo que el que escribió eso no recuerda a un actor negro en Los Hombres de Paco, por ejemplo, a un asiático en Tapas, o latinoamericanos en Aida. Desde hace ya unos diez años.



Recordemos además que la diversidad de razas en nuestro país es un fenómeno muchísimo más reciente que en el mundo anglosajón. Esa lección de moralina barata, viniendo de una cultura que trata a sus minorías raciales con la punta del pie, como poco, manda cojones. Y ya no solo hablo de los años 50; en los mismos años 80, la MTV tenía como norma no trabajar con gente negra (el director de videoclips Don Letts cuenta en su biografía el bochornoso espectáculo al que se vio sometido cuando fue a hacer una entrevista de trabajo con ellos y éstos dijeron que no podían hacérsela porque no tenían ni idea de que éste era negro). No fue hasta el éxito de Michael Jackson cuando ya se vieron obligados a cambiar su política

8. Si no te pones una #chapitademierda no eres nadie:

Pero es un poco a lo que iba al principio de este post: que hoy en día ya no solo basta con hacer las cosas; tienes que ponerte una puta chapa, no sea que los animales esos que exigen justicia se ceben contigo. Ahora se está atacando a mucha gente, ya no por tener ideas intolerantes, sino por no manifestar expresamente su apoyo a según qué ideas, según qué mandatarios o según qué colectivos (porque ya no basta con obligarte a posicionarte: aquí los demócratas encima esperan que apoyes a su candidato, o si no, eres muy malo). Estos ataques se hacen con una violencia verbal que resulta a todas luces vergonzosa y a los que nadie parece tener los arrestos para meterles mano porque "lo que defienden es legítimo". Lo que defienden a lo mejor, pero los métodos de camorra siciliana, la demagogia del "si no me apoyas eres el enemigo", los boicots y la mala leche no.
Y hablamos de gente a la que se le llena la boca con la libertad de expresión y los derechos civiles.



Como menciono, Taylor Swift se comió una campaña de desprestigio bastante intensita por parte de la prensa y de los grupitos más liberales de Estados Unidos porque se mantuvo neutral en las pasadas elecciones presidenciales. En un momento dado, animó a la gente "a votar" y hubo quien la señaló con el dedo por no estar apoyando abiertamente a Hillary Clinton. Recientemente sí se ha manifestado en contra de Trump, y ha argumentado que se mantuvo callada por no influir sobre la gente.
Sea como sea, tenemos claras un par de cosas de todo este caso:
1. Que los que van de liberales van persiguiendo a famosos para que se posicionen en favor de sus candidatos.
2. Que si no lo hacen, se llevan una campaña de desprestigio.
3. Que la presión social es tan grande que, de haber sido Taylor Swift pro-Trump (lo que, nos guste o no, NO es ilegal) o directamente apolítica, se lo hubiera tenido que comer con patatas si no quería un boicot.
Y estos son los que dicen creer en la democracia y luchar contra el totalitarismo.
Fabuloso.
Magnífico.
Una puta preciosidad.


Hasta tal extremo de absurdo y ridículo está llegando la cosa que aquí los expertos en señalar con el dedo parecen andar buscando una forma de etiquetar y catalogar a la sociedad entera en base a lo privilegiados que está cada uno de sus individuos o lo oprimido que está su sector. Los mismos que hablan de democracia, globalidad y entendimiento, al mismo tiempo, son capaces de crear mierdas tan perversas y repugnantes como los tests de privilegio (tales como el de www.checkmyprivilege.com, o intersecionalityscore.com donde, con toda su cara, te plantan un test para ver dónde encajas en el ranking. Dicho de otro modo, cuanto más bajo estás en ese ranking, con más derecho puedes putear a los demás digan lo que digan. En otras palabras, se genera no solo una jerarquía orquestada por según qué grupos, sino que dicha jerarquía tiene como objetivo socavar la libertad de expresión del prójimo, si este forma parte de un grupo "opresor".


O a convertir lo de la opresión y los privilegios en una especie de concursito para ver quién tiene más derecho a lloriquear.
Muy serio y muy maduro todo.

Y no, no son métodos respetables por muy respetable que sea la causa. No hay una carta blanca ni una prebenda moral que le dé el derecho a nadie a amenazar de muerte a otro u obligarlo a manifestarse en favor o en contra de alguien. No existe en un estado de derecho nada que permita a nadie obligar a los demás a declarar sobre su ideología.

9. Nos dicen que el Pensamiento Único está mal, pero por lo visto no es tan malo según quién te lo imponga:

Sin embargo, es lo que se está haciendo. Gentuza como el personaje este con el que perdí contacto por su intolerancia y no la mía se están adueñando de los medios públicos, forzando a los demás a ser igual de beligerantes, como el típico caso de la gente que hace bullying para no convertirse en víctimas, pero no porque estén de parte del abuso.
Poco a poco estamos llegando a una tiranía de Pensamiento Único, donde unos anormales que predicaban la intolerancia se han visto contraatacados por otros animales que predican otro tipo de intolerancia, pero que resultan más cómodos de ver, porque entonan consignas que suenan muy bien, y llevan chapas y camisetas de muy distintos colores, todos predicando la tolerancia que piden para ellos, pero no para nadie más.


Nos tocan la flauta y nos ponen a bailar al compás de la canción.
Pero si pensamos que esa canción sonaría mejor con algún cambio en las notas, los que bailaban con nosotros se arremolinan para darnos de hostias.
Y usan la flauta para metérnosla por el culo.


Ante esto, me viene a la mente el reciente caso del grupo Def Con Dos, que desde los años 90 han denunciado (sin salir por la tele presumiendo de nada ni ondeando banderitas ni participando en campañitas donde se pone la cara y poco más) temas tan espinosos como la violencia de género, la corrupción de según qué instituciones o el daño impune que hace la banca sobre la gente. Pasan los años y siguen denunciando cosas, pero como gente que se sube a un escenario con guitarras y amplificadores, acaban dando hostias para los que mandan, sean los que sean, y les plantan sus errores en la cara, sin casarse con nadie. Eso les ha llevado a denunciar la práctica de ir condicionando, poco a poco y por ley, las relaciones interpersonales (especialmente las sexuales). Se han quejado de que los que van de modernos ahora denuncien prácticas sexuales liberales o que haya gente que busque sexo y nada más, sin relaciones amorosas por medio (lo cual, siempre y cuando sea de mutuo acuerdo, no tiene nada de pernicioso). Mientras que hay gentuza que está aprovechando esto para hacer caja, como siempre, ellos han denunciado cómo se viene atacando a según qué practicas desde un moralismo bastante puritano, pero barnizado y vendido como progresismo. Yo mismo he llegado a ver a psicólogos por la tele explicando "lo que tiene que ser" una relación sexual, sin despeinarse siquiera. El susodicho en cuestión, con el argumento piruletero que estaba dando, casi daba a entender que prácticas como el sexo duro (cosa que bueno, está para el que le guste y, como digo, siempre desde el mutuo acuerdo) eran una percepción "errónea" de una relación sexual.


—¡Es que si no hay amor, la relación sexual es un comerciooo!"
—Pero entonces, ¿el amor libre?"
—Eso no existe, hombre.
—Entonces de las relaciones abiertas o de las parejas liberales ni hablamos.
—Esos son unos viciosos, que no tienen dignidad.
—¿Y qué pasa con el sexo duro, del de agarrar por los pelos, azotar en el culo y empotrar contra el cabecero...?
—Eso es prácticamente una violación.
—¿Perdone? ¿Aunque haya consentimiento?
—Es que esa no es una relación sexual real. Para acostarte con alguien tiene que haber amor, tiene que haber atención, tienes que preguntarle a la otra persona "¿Qué tal, mi amor?" durante el acto. Que haya ternura, mimo... ¡Ah, eso, eso es lo que debe ser el sexo!
—O sea, que una relación sexual real es...
—Exacto, lo que diga yo que es.
—Pues vale.


Pues por denunciar eso, a Cesar Strawberry le han caído palos de los mismos que defendieron su libertad de expresión cuando pasó por el banquillo por hacer chistes sobre Carrero Blanco o denunciar que Ortega Lara (hasta la fecha todo un símbolo de superación y fuerza en la lucha contra el terrorismo) de pronto se afilie a un partido de extrema derecha, lo cual es bastante decepcionante, por muy víctima del terrorismo que sea (que bueno, estamos en democracia y el señor Lara puede afiliarse a dónde le dé la gana, pero que no espere que le vayan dando palmaditas en la espalda por parte de aquellos que creemos en la democracia al afiliarse a una formación que a diario afirma mearse en ella, ni espere que su condición de víctima del terrorismo sea una especie de carta blanca para hacer lo que le salga del culo sin que se pueda, como mínimo, ejercer un derecho a crítica). O sea, y para el que no lo haya entendido: un grupo que siempre ha criticado lo que está mal se ve apoyado o censurado por políticos o guerreros sociales según consideren que les bailan el agua o no.
Madurísimo y honestísimo eso de ver la paja en el ojo ajeno, pero berrear y patalear cuando la crítica se la hacen a la ideología de uno.


Y he aquí la bipolaridad de la sociedad: por criticar una pasada de vueltas como esta, los que defendían la lucha contra la violencia de género ahora son vistos como "DefCuñados" o "Señoros machistas", por aquellos que estaban en pañales cuando ellos estaban en un escenario reinvindicando y denunciando.

10. Conclusiones que realmente no tienen relevancia, porque la sociedad parece muy cómoda dejándose llevar por esos que quieren imponerles lo que consideran mejor para ellos:

Siempre he dicho que lo único que no se debe tolerar es al intolerante. Que al hacerlo das pie a que este aplaste las ideas contrarias y se imponga sobre los demás a pisotones. Durante décadas hemos ido frenando a unos, a los que se veía venir desde kilómetros y que no ocultaban su falta de humanidad... pero ahora se han erigido como nuestros pastores otros que son igual de intolerantes e igual de beligerantes. Lobos con piel de cordero, que dicen espantar a otros lobos, pero lo que hacen es someter al resto del rebaño enseñándoles los dientes para demostrar quién manda. Tiranos con piel de comprometidos que a lo único a lo que están colaborando no es a una igualdad real, sino a generar aún más crispación de la que ya había con los que tienen ideas contrarias, y sembrar la desconfianza entre los afines.


—Beee, beee... ¿Y ahora a dónde vamos?
—Beee... beee... pos a donde nos digan.


Ideologías cada vez más polarizadas.
Más fanatismo.
Más brujulitas morales con patas.
Más ataques a la cultura y a nuestra herencia a cada día que pasa.
Más gente que te dice sobre lo que puedes o no puedes hablar.
Más censura.
Más ofendidos.
Más tontos del culo lloriqueando por una cosa que han visto en la tele pero callados como perras ante las verdaderas injusticias del mundo.
Más hashtags para salvarnos a todos.
Más campañitas de las que luego se olvida todo el mundo.
Más violencia verbal, destinada no a la crítica, sino a apalear al de al lado por ser diferente.
Más doble rasero por parte de los anteriores, que apalean al de al lado por ser diferente, pero justifican al que consideran afín cuando hace lo mismo o dice algo en el fondo similar.
Más disturbios de gente que se supone que dicen ser "los buenos".
Más desinformación.
Más boicots.
Más reivindicaciones mamporreras.
Más peticiones de cancelaciones, y de retiradas de productos, por parte no de un organismo censor estatal, sino por parte de la gente. Del pueblo llano. De esos que piden libertad todo el puto día, pero ni la valoran ni la respetan.
Más gente silenciada bajo amenaza.
Más reproches por soberanas pijadas.
Más y más ciudadanos obligados a pedir perdón públicamente por no ajustarse estrictamente a lo que se supone que tienen que pensar.
Más dedos acusadores, y menos autocrítica.
Más enemigos en cada esquina.
Más cazas de brujas.
Mas Emmanuel Goldsteins semanales.
Más linchamientos públicos.
Más gente a la que todo se la sopla poniéndose una chapita para llevarse su ración de laiks.
Más miedo a decir lo que se piensa abiertamente, aun desde el respeto.
Más gente pidiendo explicaciones que no merecen.
Más idiotas subidos a un púlpito y restregando por la cara de los demás una opinión de mierda que nadie les ha pedido.
Más lecciones de moral por parte de gente que en el fondo no cree en nada más que en su propio ombligo.
Más justicieros sociales que tienen el sentido de la justicia en el recto a medio metro de profundidad.
Más revoluciones de vagos redomados que lo único que hacen es pelearse desde el sofá de su casa con gente a la que no han visto en su puta vida.
Más niños malcriados que se creen que van a salvar el mundo con sus amiguitos compartiendo gilipolleces.
Más minusválidos ideológicos que se autoerigen como estandartes de movimientos que ni siquiera terminan de entender del todo.
Más gentuza en la sombra manejándolos a todos y riéndose de ellos.
Más y más y más y más mierda.

Y mi pregunta es: Ante toda esta avalancha de mierda, ¿de verdad no hay nadie que quiera resistir?

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