No sé si este post se leerá con la misma afluencia (que tampoco era mucha, no nos engañemos) que hace unos meses. No ahora que, poco a poco, voy empezando a desaparecer del mundo digital. Así que supongo que, si antes me sentía con cierta libertad para escribir lo que me parecía, ahora que sé que prácticamente nadie me va a leer, esa libertad se vuelve más reconfortante.
Supongo que lo necesitaba.
Necesitaba poner punto y final a según qué cosas, según qué políticas, según qué dinámicas. El mundo digital, admitámoslo, no ha sido la causa como tal, pero sí ha sido el medio. El vehículo por el cual se han movido las cosas, y se han acelerado hasta llegar a lo que yo llamaría la gota que colma un vaso bastante profundo. Un punto de no retorno, si quieres, en el que acabas por decir "Hasta aquí hemos llegado" y empezar a replantearte una buena parte de la vida que has estado llevando. Cómo has gestionado según qué cosas. Qué has experimentado. Qué has consentido.
Hace poco tuve una conversación con alguien que cuestionó la clásica frase de "Somos lo que sembramos", argumentando que no solo no es verdad, sino que es un concepto totalmente erróneo. No había pensado en ello, debo decirlo, pero cuando esa personal me dijo "Somos lo que consentimos", fue como si se me abrieran los ojos ante algo que había estado siempre ahí y que no había sido capaz de ver. Me pareció, sin exagerar mucho, uno de los planteamientos más acertados que he oído en los últimos tiempos.
En tó tu puta cara.
Quizás he consentido demasiado. Quizás he tenido demasiada esperanza en que otros entendieran mis silencios, o que incluso empatizaran conmigo cuando argumentaba que según qué cosas no me parecían justas o no me sentaban bien. La respuesta a lo primero ha sido siempre "Pues habla", pero es que cuando he hecho lo segundo, la reacción ha sido la que he comentado muchas veces: la de que dramatizo, la de que la culpa es mía; la de decirme, con mayor o menor sutileza dependiendo la persona o el día, que me calle. Que me calle porque otros tienen sus propios problemas (lo que implica, dicho voluntariamente o no, que los míos importan una mierda, pese a que yo jamás, JAMÁS, he actuado así con nadie cercano, ni le he soltado eso a NADIE cuando me han contado sus problemas) o que me calle porque se es incapaz de admitir la responsabilidad propia y es muchísimo más cómodo cargarla en su totalidad sobre mis hombros.
Entonces llega el momento en que estallas por una tontería. Una tontería, sí, pero es que no es más que la última de un montón de cosas que, a lo largo de los últimos años, te han estado quemando por dentro. Haciéndote sentir como un pedacito de caca incrustado en la suela de alguien. Como el elemento que empieza a sobrar en su propio entorno, porque... porque se ve que en esto de que a uno algo le siente mal también hay jerarquías: lo que me sienta mal a mí es completamente irrelevante, pero si eso mismo le sienta mal a otro, aquí se paran las rotativas y toca hacer examen de conciencia. A los mismos de siempre, claro.
Y oye, llega un punto en que te das cuenta de que eso no tiene ya remedio y que ya, por mucho que hables, por mucho que debatas, no hay dios que lo arregle. Porque los roles están así establecidos y las palabras se las lleva el viento. Dices tú, "Hey, venga, vamos a hablar y solucionar las cosas". Y las hablas, sí, con tu mejor intención, porque quieres hacer las cosas bien. Porque te importa. Pero pasa un mes, dos, tres, tras la conversación y te das cuenta de que las cosas vuelven a estar exactamente en el mismo punto. Lejos de enderezarse, regresan a esa dinámica que precisamente estaba haciéndote sentir así.
Al final, todo se lo lleva el viento.
Ahí es cuando toca plantearse si realmente lo que quieres es andar en una especie de ciclo de auge y caída constante, donde todo son promesas y conversaciones largas, larguísimas, que se supone que sientan un cambio, un compromiso o como queramos llamarlo... pero acaban hundiéndose en la pereza y llevan a un progresivo deterioro. Las cosas empiezan a enfriarse de nuevo y nadie parece querer darse cuenta de ello. Nadie parece interesado en actuar, tan solo en dejar pasar las cosas porque, si no las nombras, es que no suceden.
Y cuando ya se ha colmado el vaso, sencillamente es que no te quedan energías para más conversaciones sin objeto, para oír las mismas promesas de siempre. Para escuchar palabras que no se corresponden con los actos. Para que alguien venga a decirte que no, que todo lo que sucede es causa de tu personalísima visión del mundo y que, como no es verdad, ni tienes derecho a sentirte como un grano en el culo y lo único a lo que puedes optar es a sentirte culpable por sentirte así. En resumen, las cosas se enfrían, pero realmente son neuras tuyas y si encima te parece mal, te aguantas, porque es tu culpa.
Ha pasado varias veces y, en estos casos, he agachado la cabeza y he cedido. Ahora, con cierto tiempo y cierta distancia por medio, me doy cuenta de que ese fue mi mayor error. Consentí lo que no debía haber consentido por no provocar conflictos mayores. Ahí es donde radica mi equivocación, y la cual no tengo problema alguno en admitir: esos conflictos se han agravado de todo modos al sentar precedentes: cuando llegas a ese extremo de las cosas en que resulta que parece que eres el único que no tiene derecho a reproche alguno, pero sí te comes los de toda criatura viva a este lado del Universo es cuando te das cuenta de que las cosas no solo van mal; es que da la impresión de que eso ya no tiene por dónde cogerlo.
¿La salida, por favor?
Y desapareces, porque ya no ves solución posible. No por miedo, ni por cobardía, ni por pereza siquiera. A lo que llegas es a una sensación de que hagas lo que hagas estás luchando contra algo que hace tiempo que ya es imparable. Que ha tomado una dirección precisa y definida y que nada de lo que hagas o digas va a cambiar eso. Puedo sonar pesimista al decir eso, pero realmente habla más la voz de la experiencia que la de mi impresión personal aquí. Ha pasado antes, en el 100% de los casos y no hay razón alguna, no hay indicio, ni prueba empírica, de que aquí se encuentre la famosa excepción a la regla.
Llegas entonces al punto de ruptura. Desconectas y, poco a poco, empiezas a notar cómo los moratones poco a poco cambian de color. Lo que te dolía y aquello en lo que apenas te atrevías a pensar ahora se ve algo como muy ajeno, algo que te resulta menos temible. Supongo que ojos que no ven, corazón que no siente. No te sientes más fuerte, pero sí empiezas a ver las cosas de otra manera. Es ahí cuando te das cuenta de que, oye, no eras tan desastre como te habían hecho creer. Piensas en todos los reproches y todas las discusiones y te ves, por fin, para decirte a ti mismo que tus errores (que los tuviste, claro) no debieron nunca causar el revuelo que causaron y que, en todo caso, de causarlo, deberían haber llegado al mismo nivel de revuelo que los errores de los demas... porque ellos también cometieron los suyos. Que muchas de las cosas que te reprocharon se quedaban en nada comparadas con las cosas que tú nunca te molestaste en reprochar. Que te acusaron con montones de palabras, usando términos muy duros... pero luego te pones a pensar en quiénes te las lanzaron y te das cuenta de que igual tú no eras para tanto en comparación con quien te las soltó. Que igual quien más te montaba la escena era quien más tenía por qué callar.
Y la sangre nunca llegó al río, porque sencillamente lo consentiste.
Hasta que dejas de hacerlo.
Hasta que necesitas llevar a cabo lo que tanto tiempo habías estado diciendo que necesitabas y desconectas. Empiezas a buscar tu propio sitio y, aunque todavía no puede decirse que lo hayas encontrado, al menos comienzas a sentir que puedes hablar sin miedo a represalias, ni otra tormenta de reproches. Sin que te manden a callar, sin que te digan "Así no".
"Eso no lo digas".
"No me gusta que hables así".
"Dejemos la conversación aquí" (aunque tú no hayas empezado siquiera a decir lo que tenías que decir)
Resulta reconfortante poder expresarte, ser tú mismo, sin que venga nadie a juzgarte. A ponerte mala cara. A mearse por completo en lo que hayas dicho, a exigirte que tu punto de vista se mueva en tal o cual dirección. Es un alivio perder poco a poco el miedo a que lo que digas ofenda, siente mal, se malinterprete o se te anden pidiendo las explicaciones que nadie se molesta en darte.
Pero volvamos a lo que supone desconectar del mundo digital en sí. Sí, queridos Distópicos, este post es de los largos, largos, así que os sugiero que os pongáis cómodos y pilléis unas palomitas o un tentempié nutrido, porque aquí va a caer un post largo. Y de los que llevan hostias para todas partes, le pese a quien le pese. Porque ya está bien de soportar mamarrachadas.
Cuando llevas el suficiente tiempo fuera de lo que son los medios sociales más controvertidos te das cuenta de lo que ha venido siendo una ingente espiral de mierda sin adulterar que yo... que todos, nos hemos venido comiendo. Para algunos, eso de las redes sociales ha supuesto una especie de boom porque, oye, de buenas a primeras, ahora tenemos un lugar donde expresarnos con total libertad y poder compartir ideas con gente que se mueve por las mismas inquietudes que nosotros y...
Y una polla como una olla.
Cuando llevas el tiempo suficiente te das cuenta de que eso no solo no es verdad, sino que resulta ser todo lo puto contrario a lo que nos creíamos. Eso de la plataforma para expresarse con libertad está resultando, de una forma más evidente cada día, en una patraña de cojones. Básicamente, somos como esos monitos de laboratorio que pulsan teclas para que les caiga un plátano. Esos monitos tienen la total impresión de que controlan su entorno y que las palancas satisfacen sus necesidades, pero de libertad nada. Viven en una puta jaula mientras los dueños del laboratorio están a sus historias. Si los monos se dan de hostias, posiblemente sea porque los dueños del laboratorio ya han estado manipulando según qué condiciones para propiciar el asunto y, si uno de esos monos le revienta la cabeza al otro contra la pared y sodomiza el cadáver mientras los demás le jalean, es porque los dueños del laboratorio están consintiéndolo para sus propios intereses.
Eso es en lo que se han convertido básicamente las redes sociales. Donde antes teníamos un ambiente distendido, donde echábamos el rato subiendo polladas y jugando a las putas granjas, ahora todo se ha orientado a eso del plataformeo de chichinabo, donde aparece el soplapollas de turno vendiéndonos su ideología y entonando el mantra radical de "o conmigo o contra mí". Sembrando crispación y, en esencia, dando por culo, exactamente del mismo modo que nos quejábamos hace veinte años con el por culo que nos daban los adeptos de cualquier religión minoritaria que nos paraban por la calle para contarnos la Buena Nueva, o que incluso nos fundían el timbre mientras nosotros fingíamos no estar en casa.
Antes los mandábamos a cagar y ahora no hay cojones, nos vayan a tildar de vete tú a saber qué, porque ahora, con el mundillo social, nos importa más que nunca lo que un soplapollas en la otra punta del planeta piense de nosotros. Te llega uno de esos calentándote la oreja y pidiéndote explicaciones acerca de tu puta vida y antes de que te des cuenta, estás teniendo que justificar lo que piensas o dejas de pensar ante un subnormal de paguita que no tiene autoridad alguna sobre ti, pero que dice ser el estandarte de vete tú a saber qué gilipollez.
Compartir información útil.
Otra auténtica mierda del tamaño de un puto camión. Cada dos por tres, hemos tenido que andar toreando bulos y noticias sin contrastar, cuando no te llega el titular tendencioso de turno que al pinchar en la noticia te das cuenta de que te la han colado. Has dado visitas a un periódico digital de dudosa reputación y ellos te la han colado... pero el problema no es que te la hayan colado. Es que la cuelan, lo siguen haciendo a diario, su mierda se comparte y sigue colando. Cada día vemos como caemos en las mismas mierdas, en los mismos engaños y en las mismas mentiras, orquestadas por vete a saber quién, por vete tú a saber qué motivos. Ellos dicen mierda y nosotros, como buenos corderitos, decimos amén. Y no nos limitamos a eso, es que por su mierda acabamos discutiendo con el que sea y enzarzándonos en las peleas de otros, porque pensadlo: ninguno de los hijos de la gran puta que va esparciendo esta mierda, inventándose noticias y poniendo a unos en contra de otros, se pone en primera línea a partirse la cara por una mentira; para eso tiene a todo un ejército de zombis que lo hacen por ellos mientras él se sienta alegremente, se pone una birra, y ve cómo los demás se sacan verbalmente las tripas a navajazos. Cualquier día alguno de los guerreritos que luchan en nombre de estos mal paridos en la sombra pasa a la acción, queda con alguno de sus enemigos para reventarse la boca y fijo que el que ha orquestado todo esto tiene para hacerse pajas durante semanas.
Y el vulgo ha abrazado todo esto con pasión.
Libertad de expresión.
Perdonad que me ría.
Hace unos años, cuando todo eran risas, no nos dábamos cuenta del nivel de manipulación al que nos estábamos viendo sometidos. Ahora, solo hay que ser mínimamente perspicaz (subrayo el mínimamente, porque empiezo a pensar que el que no vea según qué cosas ya es por vagancia pura y dura y no por falta de recursos mentales, siquiera) para darnos cuenta de que hoy en día ya no puedes hablar de prácticamente nada en un medio público sin que uno de esos tontos de los cojones que se la cogen con un papelito para mear venga a decirte que se ha ofendido brutalmente por cualquier pollada que hayas podido soltar. Y oye, que el muy cabrón se caga en tu puta madre en público, te amenaza de muerte y no para de acosarte hasta que has retirado lo dicho... y es que parece ser que solo algunos tienen derecho a ofender a los demás, siempre y cuando la causita de mierda que les toque defender esa semana entre dentro de los estándares. Y si están dentro de esos estándares de corrección política e hipocresía perfumada en mierda diarreosa, absolutamente cualquier animalada que pueda soltar queda justificada. Porque nos vienen con el lemita de que todos somos iguales, pero luego unos siempre son más iguales que otros.
Hemos llegado ya a un punto de imbecilidad crónica que incluso acojona. Ahora por cojones hay que formar parte de algo. Hablamos de libertad, pero aquí nadie cuenta una puta mierda hasta que no se pone un puto hashtag o se identifica con tal o cual colectivo. Hasta que no toma parte activa en cualquier chuminada, a la que ahora llaman "challenges". Hace algunos años, si cogías y te grapabas el escroto a la pared te llamaban gilipollas y te señalaban por el barrio como el gilipollas aquel que se grapó los huevos a la pared; ahora, si lo haces en una red social y lo escribes como #grapateloscojoneschallenge, te encontrarás con unos doscientos millones de mongolos que se apuntan a la movida solo por hacerse los guais. Porque nos vamos a dejar de causitas y de chorradas; al 99% de los que se apuntan a estas soberanas idioteces lo único que les interesa son sus 20 segunditos de gloria y su ración constante de laiks. De ahí que ya paridas como lo del cubito de agua fría, que nos lo vendieron como algo solidario para luchar contra la ELA haya derivado en hacer en gilipollas sin más motivación alguna que la de hacer el gilipollas. Véanse otros challenges inventados por algún comemierda como ese de ponerte a bailar bajándote de un coche en marcha o ese de imitar a Sandra Bullock en su última peli cutre e ir por la calle con los ojos vendados. Y qué queréis que os diga, yo veo estas cosas y empiezo a plantearme que solo las casas reales se hayan estado apareando entre primos durante generaciones.
La guasa es que ves todo esto y encima parece que los pobrecitos míos se piensan que están haciendo algo, cambiando el mundo o incluso salvándolo. Ves cómo en las noticias las redes sociales "arden" ante tal o cual cosa y en realidad no es más que otro puñado de soplagaitas subiendo memes y soltando paridas, cuando no te encuentras ya directamente a los cuñaos de turno, que saben de todo y más que nadie. He visto a gente que se ha subido al púlpito, dando lecciones a diestro y siniestro sobre la vida en general, tal y como hacían los predicadores hace dos mil años, y a otros tantos meneando la cabeza y diciendo "este tío controla"... pero es que no es la primera vez que a veces se han puesto a sentar cátedra sobre algo que los demás hemos estudiado y nos hemos echado las manos a la cabeza ante el despliegue de memeces que han soltado. No contentos con eso, tienen los santísimos cojones de coger y decir que no, que ellos sí que tienen idea de lo que hablan, porque "han vivido". Porque "están en el mundillo". Porque...
Mira, paso de andar poniendo las excusas que sueltan los ignorantes para revolcarse en sus propia ignorancia.
La guasa es que encima esos discursos no son ni graciosos. No te ríes con según qué mensajes, con según qué tonos. Cuando alguien, no contento con soltarte lecciones sacadas del sobaco, entra a matar con tono condescendiente y chuloputas, perdonándote la vida por no darle la razón ante la cuñadez de turno que acaba de soltar, es cuando te dan ganas de irte para él y hacerle comer calcetín sudado hasta que cague lana tres meses. Pero no, no se puede hacer eso porque entonces uno es el intolerante; no el gilipollas que te llega, te suelta "no sé de lo que hablo, pero mi opinión vale puto oro" o "esta idiotez la leí en un libro" (porque también hay libros malos y que cuentan mentiras) o "tú te callas, gilipollas".
Es así como se forman los corros de la patata de sientacátedras y chupapollas: los primeros te dictan el sentido de la vida y los segundos se la chupan mientras tanto, predicando la Palabra. Una Palabra de mierda, que enaltece el ego de un pobre desgraciado que no tiene ni donde caerse muerto, pero que parece que tiene "un nombre", solo por haber ido de Clint Eastwood en un par de muros.
Perdonadme un segundo, voy a dejar de escribir para masturbarme un rato mientras grito a los cuatro vientos los nombres de estos seres iluminados que han salvado nuestras vidas de la ignorancia en la que hemos estado viviendo. De no ser por ellos y por su puto pensamiento, viviríamos ahora en la puta Edad Media, fijo. Aunque sean de los que te putean una película solo porque han visto el trailer y ya se saben el argumento entero... y aunque luego la caguen de pleno porque no han dado una.
Supongo que es otra cosa que pasa en los medios sociales y que resulta tela de curiosa: la puta falta de memoria, pese a que todo viene por escrito. Uno suelta una gilipollez del tamaño de Wisconsin, y otros treinta se turnan para chupársela hasta la garganta; pasa un mes y resulta que la gilipollez no era del tamaño de Wisconsin, sino del tamaño de toda la puta Australia, y los otros treinta que se la chupaban... se la siguen chupando y dándole la razón en todo al fulano, que ahora se siente enaltecido y, más chulo que un puto ocho, va por ahí repartiendo lecciones como si fueran lacasitos. Tú ves eso el tiempo suficiente y no sabes si el asunto te da risa, pena, asco o todo mezclado, metido en un cubo y con un huevo frito encima para que te lo comas a cucharadas.
Pero ojo, de todo lo que estamos hablando hay que dejar claro que no siempre es culpa de los dueños del laboratorio. Desde el puto minuto uno tuvimos la oportunidad de cuestionarnos cosas; de no entrar en según qué mierdas; de pasar de defensas a ultranzas de según qué ideologías y centrarnos más en el carácter social y vivir una vida digital medio en condiciones, manteniéndonos en contacto con amigos que estaban fuera y haciendo lo que haríamos con esos amigos, que es echar el rato y poco más. Nada de monsergas, de payasadas ni de peleas de patio de colegio que no llevan a nada. ¿Cuánto tiempo nos hemos enzarzado en discusiones que nos han aportado de poco a nada con gente cuya existencia ni siquiera nos importa? ¿Cuánto tiempo hemos malgastado comentando noticias que han resultado ser falsas, o dando nuestra opinión de ignorantes acerca de cosas de las cuales no tenemos ni puta idea? ¿O es que ahora resulta que aquí nadie se ha autoerigido en detectives en casos de niños desaparecidos, o de abogados en casos de juicios mediáticos, llegando incluso a hacer pronósticos altamente detallados sin tener ni puta idea de jurisprudencia?
Porque esa es otra: aquí nadie admite que no sabe ni dónde tiene la cara. Todo cristo hace aquí valoraciones ultrasesudas sobre el escenario político, sobre cuestiones complejas tales como emergencias sanitarias, jurisprudencia (como he mencionado antes), ciencia, arte, literatura (no hablo ya a nivel de usuario; aquí al personal le falta ya escribir tesis sin haber pisado un aula, y sin haber olido el área a la que se refieren con mayor intensidad que un pedo de ascensor) y prácticamente todo lo que les salga del culo A LA VEZ. Entiendo que una enfermera hable de su área, del mismo modo que lo haría un abogado o un policía... pero cuando el mismo ser parece tener la puta clave DE TODO es cuando la cosa atufa a cuñadismo. Más si luego vemos que la gente que es médico raramente se pone a pontificar sobre lo suyo en público, del mismo modo que los policías o cualquier otro. No, desde luego, al nivel de los expertillos del "Yo sí que sé de esto porque blablabla".
Y podría seguir hablando largo y tendido de toda la mierda que nos hemos estado comiendo a diario durante años, y de la que muchos siguen comiendo. Otros son más ambiciosos y no se limitan a comer mierda, sino que ya puestos, la cagan y prueban fortuna en una especie de ciclo de comer mierda y cagarla que no parece tener fin, más que la reproducción y el esparcimiento de mierda por todo el mundo digital hasta convertirlo en una preciosa y grumosa plasta marrón.
Espesita, a poder ser, que eso de masticar tropezones con textura terrosa siempre mola.
Dicho todo esto, supongo que queda claro que el mundo social me ha desencantado bastante a lo largo de los últimos años y que mi salida de él era crónica de una muerte anunciada. Supongo que me compensa más dedicar mi tiempo a eso de avanzar con mis proyectos personales y a hacer de mi trabajo algo un poco mejor. Y sí, dadas mis circunstancias últimamente, todo parece desembocar en una etapa algo más ascética y menos bajo según qué luces. A veces es necesario, para desconectar de según qué cosas. Para, como ya dije en su momento, para limpiarse de según qué energías que no han sido en absoluto beneficiosas. Para crecer un poco emocionalmente, sin que nada a tu alrededor te impida hacerlo. Podemos llamarlo el final de una etapa, pero también es el comienzo de otra. Y, como en cada comienzo, siempre hay dudas, asomos de viejos temores y pasos inseguros.
Pero todo camino empieza dando un paso.
Pasando de esto.
Pero millas.
Pero volvamos a lo que supone desconectar del mundo digital en sí. Sí, queridos Distópicos, este post es de los largos, largos, así que os sugiero que os pongáis cómodos y pilléis unas palomitas o un tentempié nutrido, porque aquí va a caer un post largo. Y de los que llevan hostias para todas partes, le pese a quien le pese. Porque ya está bien de soportar mamarrachadas.
Cuando llevas el suficiente tiempo fuera de lo que son los medios sociales más controvertidos te das cuenta de lo que ha venido siendo una ingente espiral de mierda sin adulterar que yo... que todos, nos hemos venido comiendo. Para algunos, eso de las redes sociales ha supuesto una especie de boom porque, oye, de buenas a primeras, ahora tenemos un lugar donde expresarnos con total libertad y poder compartir ideas con gente que se mueve por las mismas inquietudes que nosotros y...
Y una polla como una olla.
Cuando llevas el tiempo suficiente te das cuenta de que eso no solo no es verdad, sino que resulta ser todo lo puto contrario a lo que nos creíamos. Eso de la plataforma para expresarse con libertad está resultando, de una forma más evidente cada día, en una patraña de cojones. Básicamente, somos como esos monitos de laboratorio que pulsan teclas para que les caiga un plátano. Esos monitos tienen la total impresión de que controlan su entorno y que las palancas satisfacen sus necesidades, pero de libertad nada. Viven en una puta jaula mientras los dueños del laboratorio están a sus historias. Si los monos se dan de hostias, posiblemente sea porque los dueños del laboratorio ya han estado manipulando según qué condiciones para propiciar el asunto y, si uno de esos monos le revienta la cabeza al otro contra la pared y sodomiza el cadáver mientras los demás le jalean, es porque los dueños del laboratorio están consintiéndolo para sus propios intereses.
"Presione aquí para dar su opinión condicionada"
Eso es en lo que se han convertido básicamente las redes sociales. Donde antes teníamos un ambiente distendido, donde echábamos el rato subiendo polladas y jugando a las putas granjas, ahora todo se ha orientado a eso del plataformeo de chichinabo, donde aparece el soplapollas de turno vendiéndonos su ideología y entonando el mantra radical de "o conmigo o contra mí". Sembrando crispación y, en esencia, dando por culo, exactamente del mismo modo que nos quejábamos hace veinte años con el por culo que nos daban los adeptos de cualquier religión minoritaria que nos paraban por la calle para contarnos la Buena Nueva, o que incluso nos fundían el timbre mientras nosotros fingíamos no estar en casa.
Antes los mandábamos a cagar y ahora no hay cojones, nos vayan a tildar de vete tú a saber qué, porque ahora, con el mundillo social, nos importa más que nunca lo que un soplapollas en la otra punta del planeta piense de nosotros. Te llega uno de esos calentándote la oreja y pidiéndote explicaciones acerca de tu puta vida y antes de que te des cuenta, estás teniendo que justificar lo que piensas o dejas de pensar ante un subnormal de paguita que no tiene autoridad alguna sobre ti, pero que dice ser el estandarte de vete tú a saber qué gilipollez.
Y oye, que no hay cojones de decirle a esa gentuza que nos coma el puto rabo de una vez.
Compartir información útil.
Otra auténtica mierda del tamaño de un puto camión. Cada dos por tres, hemos tenido que andar toreando bulos y noticias sin contrastar, cuando no te llega el titular tendencioso de turno que al pinchar en la noticia te das cuenta de que te la han colado. Has dado visitas a un periódico digital de dudosa reputación y ellos te la han colado... pero el problema no es que te la hayan colado. Es que la cuelan, lo siguen haciendo a diario, su mierda se comparte y sigue colando. Cada día vemos como caemos en las mismas mierdas, en los mismos engaños y en las mismas mentiras, orquestadas por vete a saber quién, por vete tú a saber qué motivos. Ellos dicen mierda y nosotros, como buenos corderitos, decimos amén. Y no nos limitamos a eso, es que por su mierda acabamos discutiendo con el que sea y enzarzándonos en las peleas de otros, porque pensadlo: ninguno de los hijos de la gran puta que va esparciendo esta mierda, inventándose noticias y poniendo a unos en contra de otros, se pone en primera línea a partirse la cara por una mentira; para eso tiene a todo un ejército de zombis que lo hacen por ellos mientras él se sienta alegremente, se pone una birra, y ve cómo los demás se sacan verbalmente las tripas a navajazos. Cualquier día alguno de los guerreritos que luchan en nombre de estos mal paridos en la sombra pasa a la acción, queda con alguno de sus enemigos para reventarse la boca y fijo que el que ha orquestado todo esto tiene para hacerse pajas durante semanas.
Y el vulgo ha abrazado todo esto con pasión.
"Ven p'acá, cabrón"
Libertad de expresión.
Perdonad que me ría.
Hace unos años, cuando todo eran risas, no nos dábamos cuenta del nivel de manipulación al que nos estábamos viendo sometidos. Ahora, solo hay que ser mínimamente perspicaz (subrayo el mínimamente, porque empiezo a pensar que el que no vea según qué cosas ya es por vagancia pura y dura y no por falta de recursos mentales, siquiera) para darnos cuenta de que hoy en día ya no puedes hablar de prácticamente nada en un medio público sin que uno de esos tontos de los cojones que se la cogen con un papelito para mear venga a decirte que se ha ofendido brutalmente por cualquier pollada que hayas podido soltar. Y oye, que el muy cabrón se caga en tu puta madre en público, te amenaza de muerte y no para de acosarte hasta que has retirado lo dicho... y es que parece ser que solo algunos tienen derecho a ofender a los demás, siempre y cuando la causita de mierda que les toque defender esa semana entre dentro de los estándares. Y si están dentro de esos estándares de corrección política e hipocresía perfumada en mierda diarreosa, absolutamente cualquier animalada que pueda soltar queda justificada. Porque nos vienen con el lemita de que todos somos iguales, pero luego unos siempre son más iguales que otros.
Y eso es lo que puto hay.
Hemos llegado ya a un punto de imbecilidad crónica que incluso acojona. Ahora por cojones hay que formar parte de algo. Hablamos de libertad, pero aquí nadie cuenta una puta mierda hasta que no se pone un puto hashtag o se identifica con tal o cual colectivo. Hasta que no toma parte activa en cualquier chuminada, a la que ahora llaman "challenges". Hace algunos años, si cogías y te grapabas el escroto a la pared te llamaban gilipollas y te señalaban por el barrio como el gilipollas aquel que se grapó los huevos a la pared; ahora, si lo haces en una red social y lo escribes como #grapateloscojoneschallenge, te encontrarás con unos doscientos millones de mongolos que se apuntan a la movida solo por hacerse los guais. Porque nos vamos a dejar de causitas y de chorradas; al 99% de los que se apuntan a estas soberanas idioteces lo único que les interesa son sus 20 segunditos de gloria y su ración constante de laiks. De ahí que ya paridas como lo del cubito de agua fría, que nos lo vendieron como algo solidario para luchar contra la ELA haya derivado en hacer en gilipollas sin más motivación alguna que la de hacer el gilipollas. Véanse otros challenges inventados por algún comemierda como ese de ponerte a bailar bajándote de un coche en marcha o ese de imitar a Sandra Bullock en su última peli cutre e ir por la calle con los ojos vendados. Y qué queréis que os diga, yo veo estas cosas y empiezo a plantearme que solo las casas reales se hayan estado apareando entre primos durante generaciones.
Algunos hasta se meten ya con cocodrilos para hacer el challenge de la temporada. Le muerde a uno el cocodrilo en el cipote y todavía serán lo bastante tontos de la polla (valga la repugnancia) de, en caso de sobrevivir, pedir responsabilidades legales a los de Nesflis por haber producido una película que los incitaba a hacerlo.
Como si lo viera, vaya.
La guasa es que ves todo esto y encima parece que los pobrecitos míos se piensan que están haciendo algo, cambiando el mundo o incluso salvándolo. Ves cómo en las noticias las redes sociales "arden" ante tal o cual cosa y en realidad no es más que otro puñado de soplagaitas subiendo memes y soltando paridas, cuando no te encuentras ya directamente a los cuñaos de turno, que saben de todo y más que nadie. He visto a gente que se ha subido al púlpito, dando lecciones a diestro y siniestro sobre la vida en general, tal y como hacían los predicadores hace dos mil años, y a otros tantos meneando la cabeza y diciendo "este tío controla"... pero es que no es la primera vez que a veces se han puesto a sentar cátedra sobre algo que los demás hemos estudiado y nos hemos echado las manos a la cabeza ante el despliegue de memeces que han soltado. No contentos con eso, tienen los santísimos cojones de coger y decir que no, que ellos sí que tienen idea de lo que hablan, porque "han vivido". Porque "están en el mundillo". Porque...
Mira, paso de andar poniendo las excusas que sueltan los ignorantes para revolcarse en sus propia ignorancia.
La guasa es que encima esos discursos no son ni graciosos. No te ríes con según qué mensajes, con según qué tonos. Cuando alguien, no contento con soltarte lecciones sacadas del sobaco, entra a matar con tono condescendiente y chuloputas, perdonándote la vida por no darle la razón ante la cuñadez de turno que acaba de soltar, es cuando te dan ganas de irte para él y hacerle comer calcetín sudado hasta que cague lana tres meses. Pero no, no se puede hacer eso porque entonces uno es el intolerante; no el gilipollas que te llega, te suelta "no sé de lo que hablo, pero mi opinión vale puto oro" o "esta idiotez la leí en un libro" (porque también hay libros malos y que cuentan mentiras) o "tú te callas, gilipollas".
Ah, tenéis una opinión.
Qué suerte tenemos los demás de que tengáis una opinión de mierda sobre algo de lo que no tenéis ni puta idea.
Lástima que me acabe de lavar el ano, porque os iba a invitar a que os comiérais todas las pelotillas de mierda que colgaban de los pelos.
Total, coméis pelotillas de mierda de otra gente y pedís una segunda ración, no es que haya mucha diferencia...
Es así como se forman los corros de la patata de sientacátedras y chupapollas: los primeros te dictan el sentido de la vida y los segundos se la chupan mientras tanto, predicando la Palabra. Una Palabra de mierda, que enaltece el ego de un pobre desgraciado que no tiene ni donde caerse muerto, pero que parece que tiene "un nombre", solo por haber ido de Clint Eastwood en un par de muros.
Perdonadme un segundo, voy a dejar de escribir para masturbarme un rato mientras grito a los cuatro vientos los nombres de estos seres iluminados que han salvado nuestras vidas de la ignorancia en la que hemos estado viviendo. De no ser por ellos y por su puto pensamiento, viviríamos ahora en la puta Edad Media, fijo. Aunque sean de los que te putean una película solo porque han visto el trailer y ya se saben el argumento entero... y aunque luego la caguen de pleno porque no han dado una.
Supongo que es otra cosa que pasa en los medios sociales y que resulta tela de curiosa: la puta falta de memoria, pese a que todo viene por escrito. Uno suelta una gilipollez del tamaño de Wisconsin, y otros treinta se turnan para chupársela hasta la garganta; pasa un mes y resulta que la gilipollez no era del tamaño de Wisconsin, sino del tamaño de toda la puta Australia, y los otros treinta que se la chupaban... se la siguen chupando y dándole la razón en todo al fulano, que ahora se siente enaltecido y, más chulo que un puto ocho, va por ahí repartiendo lecciones como si fueran lacasitos. Tú ves eso el tiempo suficiente y no sabes si el asunto te da risa, pena, asco o todo mezclado, metido en un cubo y con un huevo frito encima para que te lo comas a cucharadas.
Y hay quien come, y come, y pota, y pota, y sigue comiendo.
Pero ojo, de todo lo que estamos hablando hay que dejar claro que no siempre es culpa de los dueños del laboratorio. Desde el puto minuto uno tuvimos la oportunidad de cuestionarnos cosas; de no entrar en según qué mierdas; de pasar de defensas a ultranzas de según qué ideologías y centrarnos más en el carácter social y vivir una vida digital medio en condiciones, manteniéndonos en contacto con amigos que estaban fuera y haciendo lo que haríamos con esos amigos, que es echar el rato y poco más. Nada de monsergas, de payasadas ni de peleas de patio de colegio que no llevan a nada. ¿Cuánto tiempo nos hemos enzarzado en discusiones que nos han aportado de poco a nada con gente cuya existencia ni siquiera nos importa? ¿Cuánto tiempo hemos malgastado comentando noticias que han resultado ser falsas, o dando nuestra opinión de ignorantes acerca de cosas de las cuales no tenemos ni puta idea? ¿O es que ahora resulta que aquí nadie se ha autoerigido en detectives en casos de niños desaparecidos, o de abogados en casos de juicios mediáticos, llegando incluso a hacer pronósticos altamente detallados sin tener ni puta idea de jurisprudencia?
Anda que no salen Sherlock Holmes de barrio cada vez que desaparece un crío o matan a alguien...
Porque esa es otra: aquí nadie admite que no sabe ni dónde tiene la cara. Todo cristo hace aquí valoraciones ultrasesudas sobre el escenario político, sobre cuestiones complejas tales como emergencias sanitarias, jurisprudencia (como he mencionado antes), ciencia, arte, literatura (no hablo ya a nivel de usuario; aquí al personal le falta ya escribir tesis sin haber pisado un aula, y sin haber olido el área a la que se refieren con mayor intensidad que un pedo de ascensor) y prácticamente todo lo que les salga del culo A LA VEZ. Entiendo que una enfermera hable de su área, del mismo modo que lo haría un abogado o un policía... pero cuando el mismo ser parece tener la puta clave DE TODO es cuando la cosa atufa a cuñadismo. Más si luego vemos que la gente que es médico raramente se pone a pontificar sobre lo suyo en público, del mismo modo que los policías o cualquier otro. No, desde luego, al nivel de los expertillos del "Yo sí que sé de esto porque blablabla".
Y podría seguir hablando largo y tendido de toda la mierda que nos hemos estado comiendo a diario durante años, y de la que muchos siguen comiendo. Otros son más ambiciosos y no se limitan a comer mierda, sino que ya puestos, la cagan y prueban fortuna en una especie de ciclo de comer mierda y cagarla que no parece tener fin, más que la reproducción y el esparcimiento de mierda por todo el mundo digital hasta convertirlo en una preciosa y grumosa plasta marrón.
Espesita, a poder ser, que eso de masticar tropezones con textura terrosa siempre mola.
Comer de lo comido, beber de lo bebido.
Solo muere de hambre el estreñido.
Dicho todo esto, supongo que queda claro que el mundo social me ha desencantado bastante a lo largo de los últimos años y que mi salida de él era crónica de una muerte anunciada. Supongo que me compensa más dedicar mi tiempo a eso de avanzar con mis proyectos personales y a hacer de mi trabajo algo un poco mejor. Y sí, dadas mis circunstancias últimamente, todo parece desembocar en una etapa algo más ascética y menos bajo según qué luces. A veces es necesario, para desconectar de según qué cosas. Para, como ya dije en su momento, para limpiarse de según qué energías que no han sido en absoluto beneficiosas. Para crecer un poco emocionalmente, sin que nada a tu alrededor te impida hacerlo. Podemos llamarlo el final de una etapa, pero también es el comienzo de otra. Y, como en cada comienzo, siempre hay dudas, asomos de viejos temores y pasos inseguros.
Pero todo camino empieza dando un paso.












2 comentarios:
Buena reflexión y buenas metáforas. Sin embargo hay algo que me preocupa: ¿También desaparecerás de este blog? O la desconexión se refiere a otros espacios como las redes sociales y demás?
Espero que sigas por aquí, disfruto tanto tus truños favoritos como tus dolorosas reflexiones, las bizarradas y el resto de contenidos que vas colgando. Confío en que no nos prives de este recodo de cordura y pensamiento crítico.
Un saludo,
Hola, Toni!
En principio no, no tengo intención de abandonar el blog... tan solo me voy desconectando de según qué redes sociales y según qué círculos, nada más. Eso sí, iré subiendo cosas un poco más despacito que antiguamente, porque ando también en otros proyectos que me requieren bastante tiempo y atención... pero descuida, que tengo intención de seguir contándoos más bizarradas y truños!
Saludetes!
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