Eres gris cuando asumes que vives en un mundo en el que no encajas.
Cuando no entiendes lo que sucede a tu alrededor. Cuando esa falta de entendimiento te entristece.
Eres gris.
Eres gris cuando recuerdas toda tu vida y llegas a la conclusión de que la soledad te acompaña.
Cuando puedes estar rodeado de mucha gente, pero sigues sintiéndote diferente. Solitario.
Eres gris.
Eres gris cuando haces las cosas lo mejor que puedes y, aun así, fracasas.
Cuando pones tu corazón, tu esfuerzo y tu alma, y aun así, el único en verlo eres tú.
Eres gris.
Eres gris cuando dices que no necesitas la aprobación de nadie, la comprensión de nadie ni el amor de nadie.
Cuando, en el fondo, sabes que sí necesitas formar parte de este mundo y no lo logras.
Eres gris.
Eres gris cuando todo pasa a tu alrededor a una velocidad endiablada y tú estás aturdido sin saber qué hacer.
Cuando todo se te escapa de las manos, llegas tarde o sencillamente no hay nada que puedas hacer.
Eres gris.
Eres gris cuando enmascaras tu rostro y usas el humor para parecer más fuerte.
Cuando, en el fondo, no tienes tantos motivos por los que reírte y eres una persona quizás demasiado vulnerable.
Eres gris.
Eres gris cuando sales a luchar cuando ya no hay nada que hacer.
Cuando lo único que te lleva a seguir luchando es una sensación de inercia, porque no sabes hacer otra cosa.
Eres gris.
Eres gris cuando palabras que no deberían ni importarte te hacen más daño que una hoja afilada.
Cuando te enfadas contigo mismo porque sabes que deberías estar por encima de según qué cosas, y no lo estás.
Eres gris.
Eres gris cuando quieres y no puedes.
Cuando puedes y no te atreves, o no te quedan fuerzas.
Eres gris.
Eres gris cuando estás cansado, cuando todo te sobrepasa. Cuando llegas a ese punto en que no puedes más.
Cuando lo único que te ves capaz de hacer es abandonarte al sueño y esperar al día siguiente.
Eres gris.
Eres gris cuando cada día parece una copia del anterior.
Cuando tu vida se rige por unos patrones que no sabes cómo cambiar.
Eres gris.
Eres gris cuando ves lo inevitable delante de tu rostro y todo corre sin remisión hacia un final que no deseas.
Cuando descubres que las cosas nunca estuvieron bajo tu control y que no eres más que un mero espectador de tu propia historia.
Eres gris.
Eres gris cuando todo el mundo ve tu vida más fácil que tú.
Cuando tú no ves esa facilidad por ninguna parte y te sientes idiota por no verla.
Eres gris.
Eres gris cuando te cansas de meter la pata cada vez que hablas.
Cuando, por más que lo intentes, sigues sintiéndote torpe.
Eres gris.
Eres gris cuando finges por fuera y te sientes vacío por dentro.
Cuando la única voz que escuchas en la oscuridad es la tuya propia y te dice que no sabe qué hacer.
Eres gris.
Eres gris cuando necesitas retirarte para lamerte las heridas.
Cuando éstas, por mucho que intentes sanarlas, no dejan de doler. Simplemente te acostumbras a ellas.
Eres gris.
Eres gris cuando necesitas retirarte para lamerte las heridas.
Cuando éstas, por mucho que intentes sanarlas, no dejan de doler. Simplemente te acostumbras a ellas.
Eres gris.
Eres gris cuando piensas en la clase de persona que eres y ves que eso no es suficiente.
Cuando asumes que tal vez no has jugado bien las cartas que se te han dado.
Eres gris.
Eres gris cuando tú cargas tu propia cruz y cuando subes a ella.
Cuando tú mismo no haces sino abandonarte a lo que acontezca.
Eres gris.
Eres gris cuando te sientes mal y el mundo te dice que tú eres el único culpable.
Cuando reconoces que eso es cierto, pero tampoco das con la solución.
Eres gris.
Eres gris cuando la mejor solución que se te ocurre para afrontar tus problemas es pensar en desaparecer durante una temporada.
Cuando luego piensas que en realidad huir no soluciona nada y te quedas donde estás.
Eres gris.
Eres gris cuando la mejor solución que se te ocurre para afrontar tus problemas es pensar en desaparecer durante una temporada.
Cuando luego piensas que en realidad huir no soluciona nada y te quedas donde estás.
Eres gris.
Eres gris cuando sueles visitar tu propio Infierno y tus demonios privados se ríen de ti.
Cuando no crees que tus pecados sean peores que los de los demás como para tener que soportarlo.
Eres gris.
Eres gris cuando luchas por buscar tu propia felicidad, quizás porque crees que es lo que debe hacerse.
Cuando lo intentas una y otra vez y te niegas a admitir que no es más que una quimera.
Eres gris.
Eres gris cuando solo quieres que el mundo te deje tranquilo.
Cuando el mundo no te escucha y sigue machacándote, día tras día.
Eres gris.
Eres gris cuando te obligas a llevar una armadura que te proteja de todo.
Cuando esa armadura está llena de grietas que no impiden que el exterior te hiera.
Eres gris.
Eres gris cuando piensas que te gustaría que el mundo te conociera un poquito mejor de lo que muestras.
Cuando, al mismo tiempo, te da miedo que te conozcan y eso te haga más daño.
Eres gris.
Eres gris cuando solo quieres ser medianamente feliz.
Cuando, por más que lo intentes, no sabes muy bien cómo conseguirlo.
Eres gris.

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