domingo, 25 de enero de 2015

Tebeos en Vena- Comics, los Puto Imprescindibles de Rumbo a la Distopía, tercera parte




Allá que seguimos, incansables Distópicos. Tras los dos posts anteriores, que se ve que siguen causando cierto interés, un servidor sigue buscando lo más selecto de su biblioteca con la sana intención de recomendaros lo que considera que es más digno de que os gastéis las pelas, si es que decidís tomar ese camino a la perdición, que es internarse por las oscuras sendas del mundo del cómic.
Si es así y acabáis majaras perdidos buscando un tomo descatalogado de Elektra Asesina, no os preocupéis: yo mismo pasé por ello también. Cinco años que estuve buscando el puto tomo hasta que lo reeditaron.
Sea lo que sea, no digáis que no os lo advertí.

Una vez concluidas las advertencias, retomamos la movida:

14. Alejandro Jodorowski:




El Incal, de Alejandro Jodorowski y Moebius:

Jodorowski está como una puta cabra, eso lo sabemos casi todos. Y sin embargo, aunque está colgado no es esa clase de colgados que se dedican a lanzar mierda al prójimo desde el balcón, o de esos que van a la puerta de un convento a tocar la zambomba. Nada de eso, Jodorowski, además de estar sonado, es un puto genio. El muy cabronazo te lo demuestra con historias que son ciencia-ficción pura y dura, pero que no se quedan en la puta navecita espacial. Es ciencia-ficción, es épica, es filosofía y a veces hasta un viaje espiritual. Si encima de escribirte una historia llena de magia y con una cosmología propia se junta con un hijo de la grandísima perra como Moebius, ya la hemos liado.
Sí, un hijo de la grandísima perra: a un tío que dibuja directamente a tinta y pincel, sin usar una puñetera goma y que encima le salgan ilustraciones tan inolvidables no le puedes aplicar otro adjetivo.
Con semejante tándem tenemos lo que tenemos: El Incal. Mitología, magia (o psicomagia, no lo he decidido aún), ciencia-ficción, misticismo e incluso filosofía religiosa se mezclan en esta historia futurista.
Eso sí, de un modo similar a como le pasaba a Morrison: no os creáis que todo el monte es orégano. El Incal necesita no de una, sino de muchas, muchas lecturas para poder ser entendido del todo.

Lo Mejor: Todo ese universo, vasto y complejo, que sale de la imaginación de Jodorowski. Esa sensación constante de viaje espiritual mezclado con aventuras espaciales El impresionante dibujo del desaparecido Moebius que, pese a estar basado en líneas muy sencillas, es terriblemente detallado y a la par en imaginación a la del propio Jodorowksi.
Lo Peor: No es una lectura del todo sencilla, y el surrealismo que destilan ciertos personajes o situaciones puede ser demasiado para lectores más acostumbrados a una lectura convencional.
Escenas Puto Memorables: La escena de John Difool, cayendo desde las alturas al principio del cómic y mostrando una ciudad futurista es quizás de lo más impresionante que puede verse, no en este cómic, sino en muchos cómics.



La Casta de los Metabarones, de Alejandro Jodorowski y Juan Giménez:

Pero dejémonos si queremos al señor Moebius y vayamos al elemento que se encarga del apartado visual de esta gargantuesca obra. La Casta de los Metabarones, concebida en gran parte como una precuela (o tal vez un spin-off) de El Incal es todo un ejercicio de deleite para la vista. Si bien ya teníamos que en la obra anterior el acabado eran dibujos realizados directamente a tinta y con un color plano (al menos en su edición original), aquí tenemos algo por completo diferente: Giménez se decanta por una pintura minuciosa y realista, pero tampoco parca en imaginación. Ciclópeos edificios, androides de formas bastante curiosas, naves espaciales de aspecto fálico (literalmente hablando) o planetas de mármol son la clase de cosas que podemos encontrarnos.
En cuanto al argumento, como ya he comentado, podría tratarse de una precuela o bien un spin-off, ya que ahonda en los orígenes dinásticos de uno de los personajes de El Incal, el Metabarón. Tirando desde varias generaciones atrás, nos muestra el origen de una casta de guerreros. Implacables, fieros y salvajes. La clase de tíos cafres que imponen como tradición la mutilación ritual para demostrar que no conocen el dolor. Un linaje aguerrido, que hace lo que considera necesario para sobrevivir... y no solo para sobrevivir, sino para imponerse en un universo que les observa con miedo y odio a partes iguales. Conserva también muchos elementos de la ciencia-ficción más clásica, recordándonos a Dune en algunos aspectos.

Lo Mejor: El tono épico que destila en cada página. El hecho de que, a cada generación, la Casta de los Metabarones es más bestia que su antecesora. La impresionante pintura de Giménez y su maestría a la hora de mostrarnos edificios y maquinaria (no en vano era ingeniero).
Lo Peor: Si esperas una historia de héroes, con buenos muy buenos y malos muy malos, ve pasando pero ya de leerte esto. Eso sí, luego no digas que no te lo recomendé.

15. Stan Lee




Estela Plateada, de Stan Lee y John Buscema:

Supongo que a estas alturas muchos ya os andaréis preguntando por qué no había aparecido ninguna recomendación de Stan Lee hasta ahora. Si es un genio y todo eso.
Os diré por qué: Stan Lee nunca ha sido santo de mi devoción, de modo que lo poco que he leído de él nunca me ha llegado a entusiasmar. Sus Cuatro Fantásticos son todo un referente en el cómic moderno, ya que, de no ser por su primera aparición, probablemente la mitad de los cómics que os he recomendado no se habrían escrito jamás. Si me preguntáis a mí, jamás oiréis salir de mi boca decir que esos cómics son una mierda; sin embargo, el cuarteto de Marvel nunca me ha gustado. Reed Richards siempre me ha parecido un pedante que trata a la gente que le rodea como herramientas. Johnny Storm para mí es el prototipo de niñato gilipollas chulopiscinas. Sue Storm, por su parte, demuestra la mitad de las veces que he visto algo de ella que Stan Lee no me gusta a la hora de escribir porque percibo (y ojo, esto es impresión personal mía, nada más) un tufillo machista que me echa mucho para atrás. Solo me cae bien la Cosa y tampoco es que haga el helicóptero cuando la veo en algún cameo.
Con Jack Kirby, su complemento perfecto, me pasa tres cuartos de lo mismo, aunque no por los mismos derroteros: no puedo recomendaros mucho de él porque apenas he leído nada de él. Nada al menos que no haya sido mutilado por las editoriales españolas y su puta manía de "Ah, es Kirby, entonces lo publicamos en blanco y negro aunque su edición original fuese en color". Para eso, qué queréis que os diga: me espero a que alguien haga algo y ya os recomendaré algo de estos dos reyes como es debido.

Sin embargo, Estela Plateada es una historia muy, muy diferente. Aquí Stan Lee se mete en los guiones, pero de una manera que tiene poco que ver con como plantearía sus primeros cómics de Marvel. Estela Plateada no es un superhéroe que va salvando damiselas que se derriten al verle. No va por ahí diciendo "eh, soy un héroe". Es un desarrapado, una especie de inmigrante a la fuerza atrapado en la Tierra y rodeado por una especie que no entiende. Los humanos, ante él, se comportan como bárbaros que tienen una insana predilección por la violencia, que destruyen su entorno y que intentan destruir aquello que se diferencia tan solo un poco de "lo normal". Estela Plateada, a cada número que vamos leyendo de esta serie, se va hundiendo cada vez más en su soledad y, de un ligero atisbo de esperanza, pasa a un escepticismo más patente, hasta llegar a un nihilismo completo. Esto, sumado a historias que rozan lo místico (véase a un Mefisto que le ofrece riquezas y mujeres, en plan Tentador en el Desierto), aleja a este viajero cósmico del concepto convencional de "cómic de superhéroes, castañas y ya está".
Una lectura, como poco, inteligente.

Lo Mejor: Ese tono existencialista y triste que emana cada aventura de Estela. Su soledad es nuestra soledad y, con cada aventura, nos demuestra que vivimos en un mundo grotesco, violento y sobre todo muy, muy absurdo. El dibujo de John Buscema, expresivo y estilizado, nos muestra un alienígena con unas facciones más humanas que las de los propios humanos. Dramatismo en estado puro.
Lo Peor: Una etapa que no parece quedar del todo bien cerrada. John Buscema dibuja su último número sin que tengamos la sensación de que se ha cerrado un círculo, sin una conclusión redonda. Para algunos, el discurso de Estela puede resultar muy anacrónico. No lo comparto en absoluto, pero sé que a más de uno le puede echar para atrás.
Escenas Puto Memorables: Estela Plateada viajando a un hipotético futuro y contemplando, entre lágrimas, lo que le espera a la raza humana si sigue siendo tan gilipollas como es hoy en día.



Estela Plateada, de Stan Lee y Moebius:

Ya comenté de pasada, cuando hablé de The Authority, que a Stan Lee siempre le había gustado la idea de hacer que los Cuatro Fantásticos se enfrentasen a Dios. Corrían los años sesenta y claro, la mentalidad de la época estaba (apenas) más encorsetada que hoy en día. Semejantes conceptos como que quedaban descartados. Más aún si estaba pululando el puto Comics Code Authority, que pasaba censura sobre los cómics cosa mala. Por tanto, ni que decir tiene que esa idea quedó descartada...
... O diluida. En su lugar, Stan Lee creó a Galactus, que no era Dios, pero sí lo más parecido. De ahí mismo surgió nuestro amigo Estela Plateada y bueno, el resto es historia.
Pero la idea, sin embargo, quedó ahí. Y a Stan la espinita le seguía clavada en alguna parte de su pellejo, por lo que ya a finales de los 80 se puso en contacto con Moebius (¿Un europeo dibujando en Marvel?) y decidió arremangarse con lo que seguramente se le debió quedar en el tintero.
Así es como nace este Parábola, mostrándonos una Tierra alternativa futurista que recuerda muy ligeramente al Batman de Miller, o acaso a su Ronin. Aquí, Estela ejerce de héroe en horas bajas, viviendo como un vagabundo en sus calles y sobreviviendo como puede. Así, hasta la llegada de Galactus que se presenta a sí mismo como una especie de deidad. Deidad a la que empiezan a seguir centenares de fanáticos y liando la marimorena, cómo no. Estela tendrá que enfrentarse una vez más a su antiguo amo... y a todos aquellos que le siguen ciegamente.
Este cómic es mucho más de lo que parece.

Lo Mejor: Esa lucha contra el fanatismo religioso, revestida con los colores de un cómic de superhéroes. Una vez más, el tono nihilista de la obra, que nos enseña el rebaño de imbéciles que dice estar en la cúspide de la cadena evolutiva. Humanizar del todo a Estela Plateada y ponerlo viviendo entre mendigos es una vuelta de tuerca que lo hace todavía más grande y lo baja de ese pedestal de superioridad moral que podría destilar la etapa de John Buscema de los sesenta (yo no lo veo tan así, sino que me resulta alguien que no entiende a los humanos, pero habrá quien lo vea de esa manera). El dibujo de Moebius, al que nadie en sus cabales le debería ni toser.
Lo Peor: Si lo lees con una lectura positivista del ser humano, te quitarán las ganas de mirar bien hasta al tío que te vende el pan.
Escenas Puto Memorables: La llegada de Galactus.



16. La Espada Salvaje de Conan, de Roy Thomas y varios autores:

No se puede hablar de Stan Lee sin acabar mencionando, tarde o temprano, al hombre que prosiguió su labor en Marvel, Roy Thomas. Para mí, alguien menos icónico que Stan (este no sale en series de la tele o películas, o no en ninguna que yo haya visto, al menos), pero para mí un autor mucho más completo y serio que su predecesor. A Thomas lo leí por primera vez con la serie de los 80 Infinity, Inc., para el sello DC y que supondría además el debut de ese "genio" (léase con ironía) conocido como Todd McFarlane. No he incluido esa serie en este compendio porque, bueno... puede ser la primera serie que seguí con una cierta regularidad (yo tenía unos seis o siete años) y le tengo bastante cariño, pero creo que dista mucho de ser una Puto Imprescindible. Y sin embargo, ahí estaba Roy.
De este caballero quizás lo que me resulta más espectacular es su paso por The Savage Sword of Conan, título que integraba el universo creado por Robert E. Howard en la línea editorial de Marvel. Aunque a veces contaba con líneas argumentales propias, el respeto que Thomas destilaba en sus guiones hacia el creador del Cimmerio era evidente. Fue él también quien, con mucho esfuerzo, se las apañó para ir configurando una especie de cronología de las aventuras del Bárbaro y así crear una sensación de continuidad. En estas historias, de corte mucho más adulto que lo que se podía leer en la línea editorial convencional de Marvel (aquí había desnudos femeninos y violencia explícita), el autor contó con la colaboración de auténticos pesos pesados del mundo del cómic, tales como John Buscema (creando etapas tan míticas como la saga de Conan junto a Belit), Alfredo Alcalá (nunca un entintador que gustase al propio Buscema, pero un tío realmente impresionante a la hora de embellecer un dibujo) o un detallista, realista y expresivo Neal Adams.

Lo Mejor: El respeto por Howard, pese a no contar con guiones que fuesen 100% calcados de sus relatos. Sin embargo, recordemos: son ADAPTACIONES y no COPIAS. El dibujo de este equipo creativo.
Lo Peor: Que no te guste la espada y la brujería como género.
Escenas Puto Memorables: Una entintada por Alfredo Alcalá, que mostraba un templo excavado en una montaña. De las de dejarte con la boca abierta.



17. JSA, de James Robinson, Geoff Johns y varios autores:

No pienso extenderme mucho con este apartado porque, si seguís la sección Mesa de Autopsias, ya veréis que hay varios posts destinados a analizar esta serie. Para los que seáis un poco vaguetes o aquellos que os hayáis incorporado recientemente a este blog (y seáis unos vaguetes para no poneros a buscar), os haré un resumen rápido.
Geoff Johns es un puto cabrón. Solo él es capaz de coger al primer grupo de superhéroes de la historia (los de la Golden Age, los de los años 40) y, desde el más profundo respeto hacia lo ya publicado, hacértelo resurgir, rescatando personajes de la época junto con otros de nueva creación que no desentonan en lo más mínimo. En el apartado gráfico, dibujantes grandes, normalitos y otros que simplemente cumplen, pero eso sí, con una sensación de cierta uniformidad.
La serie, hasta su cierre justo antes de la macrosaga Flashpoint, cuenta con varias etapas, dividiéndose básicamente en la etapa de Robinson y Johns, una segunda etapa con Johns en solitario hasta los macroeventos Crisis Infinita y Un Año Después, el inicio del tercer volumen y la etapa final en que entran autores tan variopintos como Bill Willingham o Marc Guggenheim a los guiones, aunque conservando la uniformidad en el apartado visual.
En resumen, la JSA es EL grupo. No un grupo cualquiera, señores. EL grupo. Ni X-Men, ni la JLA, ni los Vengadores ni otros. Es con el que me quedo yo sin pensármelo dos veces.

Lo Mejor: Esa fusión de pasado y presente del Universo DC. El concepto de legado heroico que destila toda la obra. El desarrollo de algunos personajes, como el caso de Hawkgirl, en la primera etapa de la colección. El hecho de plantear un grupo de superhéroes que no destaca por una agresividad extrema y, pese a ello, no caer en el aburrimiento.
Lo Peor: La serie decae bastante en calidad a partir de los cruces con Crisis Infinita y Un Año Después. A partir de aquí, se incluye un aluvión de personajes, no todos muy bien desarrollados o con tramas propias que nos hagan entenderlos mejor (véase la hija de Relámpago Negro o el nuevo Mister América). Personajes que desaparecen de la colección paulatinamente, como el caso de J.J. Thunder o Sand (que luego reaparecerán en el spin-off inédito en España, JSA All-Stars). La saga de Kingdom Come se alarga hasta lo indecible (Doce números, llegando a la extensión de las maxiseries limitadas). El intento final de Marc Guggenheim de cerrar la serie de un modo decente (Se pueden ver muestras de ingenio en el guión de su última miniserie y demás), pero con esa presión externa que le obliga a dejarlo todo cerrado en unos números antes de su cancelación deja una sensación amarga.
Escenas Puto Memorables: Ver como cada miembro de la JSA de los años 40 y del All-Star Squadron (otro de los supergrupos de la época) reaparece, esté vivo o muerto, a lo largo de la colección. Ver además cómo interactúa con la nueva generación es algo memorable. De las cosas de las de lagrimones colgando.

18. Marv Wolfman/ George Pérez.





La Tumba de Drácula, de Marv Wolfman y Gene Colan:
Marv Wolfman es uno de los guionistas más importantes en el cómic norteamericano de los años setenta. Ya tuvo momentazos bastante apañados en series como The Avengers, Doctor Strange o The Amazing Spider-Man. Fue precisamente en esta época cuando escribió Tomb of Dracula, una incursión de Marvel en la línea de terror (eso sí, no nos pongamos a chillar pensando que Marvel se había metido en movidas terroríficas a lo Creepy, ni mucho menos: podemos llamarlo una "adaptación" del terror a lo que sería el Universo Marvel, si ese término nos resulta más cómodo).
Armado con dibujantes de la talla de Neal Adams en algún momento y, especialmente, el oscurantista Gene Colan, Wolfman nos introduce al Conde Drácula en el Universo Marvel, combinándolo con elementos propios de la Casa de las Ideas como un cruce con Spiderman (no precisamente imprescindible, pero sí nos da una idea del marco en que se mueve la colección) para distanciarse poco a poco de ese trasfondo y creando elementos propios, tales como Blade o Hannibal King. En esta serie encontraremos tramas menos bienintencionadas que lo que cabría esperar en la Marvel de toda la vida y un Drácula que no es el romántico modernoide que aparece justificado por activa y por pasiva. Este es un vampiro cabrón, padre de vampiros cabrones y que se pasa el día haciendo cabronadas. Como tiene que ser.

Lo Mejor: Ese tono oscurantista y tétrico que emana constantemente. La ambientación nocturna de Gene Colan. El planteamiento de Drácula como un malvado, sin medias tintas ni intentos chapuzas de convertirlo en una víctima de la moda. La creación de un grupo de cazavampiros propio (destacando, sin lugar a dudas, Rachel Van Helsing, casi por encima del propio Blade), sin refreír a ningún personaje anterior. La casi total ausencia de superhéroes en una serie en la que pegan poco.
Lo Peor: Los cruces (escasos, gracias a los Dioses) con otras series como Spiderman por imposición editorial. La creación de personajes como el Doctor Sol, que rozan lo humorístico.
Escenas Puto Memorables: El final de la historia de una modelo que pacta con Drácula para ser eternamente joven.



Los Nuevos Titanes, de Marv Wolfman y George Pérez:

Para cuando quisieron llegar los ochenta, Wolfman ya era un autor con una reputación que le precedía. No era menos el caso de George Pérez, un auténtico maestro en eso del detalle y las proporciones anatómicas. Ambos, allá por 1980, se dedicaron a un título que se convertiría en uno de los más importantes de DC a lo largo de prácticamente toda una década, y cuyo valor se reconoce hoy en día.
Los Nuevos Titanes nació como un resurgimiento de los Teen Titans de los años 60. Consistía en un grupo de adolescentes compañeros de los miembros de la Liga de la Justicia: Robin, Wonder Girl y Kid Flash, básicamente, a los que se uniría algún otro. La premisa de los 80 en principio sería la misma... solo que abogando por una independencia algo mayor de los "superhéroes grandes" e intentando, poco a poco, generar una autonomía y un carisma propio. Wolfman y Pérez no solo lo consiguen, sino que de paso consiguen crear algunos de los eventos más interesantes de la época: la transformación de Robin en Nightwing o la primera aparición de Destino de los Eternos (sí, uno de los de The Sandman) tienen lugar en estas páginas.
Cabe destacar, con suma importancia, la saga Contrato de Judas, que demostraría lo que es un cómic de superhéroes escrito y dibujado con una magnitud épica y con un final de los que te dejan completamente alucinado.

Lo Mejor: Tomar a un puñado de aprendices y compañeros de superhéroes y darles una autonomía propia. El carisma de Raven, que podría ser catalogada como una de las superheroínas (¿Heroína? ¿Seguro?) más interesantes creadas en los últimos veinte o treinta años.
Lo Peor: La decadencia de la serie llegando a los años 90, con sagas tan decepcionantes como La Cacería de los Titanes.
Escenas Puto Memorables: Raven, en una base de H.I.V.E, gritando a sus enemigos en pleno éxtasis asesino, "¡Basura! ¡La Hija de Trigon no puede ser detenida!", justo antes de liarla parda.



Crisis en Tierras Infinitas, de Marv Wolfman y George Pérez:

El macroevento por definición de DC. Puede que os suenen cosas modernas como Crisis Infinita, Millenium, Crisis Final, Crisis de Identidad o 52. Casi cada año, DC nos deleita con un cruce de todas sus series, donde el universo sufre una amenaza global que implica a casi todas sus colecciones. Así pues, tenemos la reciente Flashpoint, donde el universo que se conocía hasta la fecha ha sido recreado desde su origen a causa de una metedura de manopla de Flash en un viaje temporal. Algo similar sucedería en Hora Cero, después de que el Halcón (aka Extant) decidiese hacer tres cuartos de lo mismo, pero adrede y a mala leche.
Pijadas.
Todas estas macrosagas y vaivenes espacio-cósmico-temporales tuvieron su origen en Crisis en Tierras Infinitas, que fue el evento que marcó los primeros cincuenta años del sello editorial DC.
¿Qué conllevó esto? Bueno, hasta 1985, teníamos unas tropecientas mil colecciones en el sello editorial, no todas con ventas decentes; asimismo, no todas estas colecciones se integraban dentro de un mismo "universo", de forma que había varias "Tierras" paralelas donde las diferentes historias tenían lugar: teníamos Tierra-1, por ejemplo, que era aquella en que vivía la Liga de la Justicia; Tierra-2, donde estaba la Sociedad de la Justicia, superhéroes algo más viejunos por ser los originales de los años 40. Tierra-6, donde vivía la familia Marvel (los de Shazam, no confundir con Marvel comics). Y así hasta un sinfín.
Al aparecer la Crisis, el Multiverso se pone patas arriba y las diferentes tierras se ven afectadas por una ola de antimateria que amenaza con mandarlo TODO a tomar por culo, por lo que los héroes de distintos mundos se ven reunidos por un viajero dimensional conocido como El Monitor.
Tras mil vaivenes, idas y venidas, lo que hacen Wolfman y Pérez en este superevento es coger y eliminar contrapartidas (Superman aparecía en Tierra-1 en la Liga de la Justicia y también una versión más mayor en Tierra-2), creando una ÚNICA continuidad desde la noche de los tiempos. La Sociedad y la Liga de la Justicia ahora han convivido desde siempre en la misma tierra, así como todos los demás héroes y supervivientes de la Crisis, desembocando en lo que se llama una Tierra Única. De este modo, cincuenta años de complejos meneos entre colecciones, cuarenta mil callejones de salidas de continuidad y demasiadas redundancias quedaron resueltos de un plumazo que, en doce números, estableció los patrones de un nuevo universo que ha permanecido más o menos intocable (con algunos cambios en posteriores macroeventos) hasta Crisis Final y, muy especialmente, hasta Flashpoint.
Imprescindible para entender sin el más mínimo problema la mayor parte de colecciones clásicas de DC casi hasta la fecha. Si no lo has leído, bueno... siempre es posible que se te escape alguna referencia. Culpa tuya por no haberlo leído.

Lo Mejor: Resolver el galimatías que era el Multiverso DC y encontrar el modo de integrarlo todo en una sola continuidad. El tono épico y catastrófico de la serie. La creación de personajes como Pariah o Harbinger, que vienen a ser testigos impotentes o agentes inconscientes de lo que sucede.
Lo Peor: Aparecen prácticamente TODOS los personajes de DC, más algunos de Vertigo, como John Constantine o La Cosa del Pantano. Es fácil perderse entre tanto pijama si uno no presta atención a lo principal.
Escenas Puto Memorables: Esa escena en que todos los superhéroes contemplan el cielo rojo y relampagueante, con la sensación de que, pese a sus poderes, no hay nada que puedan hacer para detener la inevitable catástrofe. Y, entretanto, Pariah llorando amargamente porque es consciente de lo que está pasando y no puede evitarlo.



Wonder Woman, de George Pérez:

Tras las Crisis en Tierras Infinitas, muchos personajes vieron su origen recreado desde el principio. Superman, por ejemplo, cayó en las manos de John Byrne, que se dedicó a humanizarlo (y que no aparece recomendado en estos artículos, no porque no sea un Puto Clásico, sino porque todavía me estoy leyendo esa etapa y voy por la mitad). De Batman, como ya hemos visto, se encargaría Frank Miller, del que no diré nada más de lo ya dicho.
Faltaba, por tanto, el tercer elemento de la Trinidad de DC, Wonder Woman.
Fue aquí donde George Pérez se estrenó como autor completo, encargándose también de los guiones. La princesa de Themyscira, en esta serie, sería creada (literalmente, creada) desde la nada, lo que permitió un enfoque, si cabe, más mitológico que el de su versión original. A ello cabe añadir que la mitología griega estaría presente a lo largo de gran parte de la colección, con un panteón que recordaría enormemente a los dioses que ya vimos en películas como Furia de Titanes (¡La versión antigua! ¡La antigua!). Seres tirando a amorales (véase Zeus, o su hijo, el semidios Hércules) que solían regir el destino de los hombres, no siempre de un modo justo.
A ello se suman también conceptos como un marcado feminismo (que no hembrismo), que nos muestra que Wonder Woman proviene de una sociedad matriarcal, por lo que se entiende que abogue por la independencia y la autonomía de las mujeres, sin caer en el topicazo "Hombre= especie de gorila que piensa con la picha y que merece que se le trate como al imbécil que es".
En cuanto al dibujo, muy en la línea de lo ya visto en los cómics ya indicados aquí: un estilo detallado hasta dejarte seco y un gusto por un dibujo limpio y estilizado.
Un cómic que se mea en el tópico machista de "Si la protagonista es una tía fijo que es un pastelazo".

Lo Mejor: La recreación, desde el principio, de Wonder Woman. El sabor mitológico, presente en prácticamente toda la etapa. La estética, que combina lo clásico de Themyscira y el Olimpo, con el Boston de los años 80. El diseño de personajes, que hacen que visualmente, junto con los elaborados fondos, sea una auténtica gozada. Explicaciones de cosas que resultaban tan extrañas como el uniforme de Wonder Woman. El tono feminista en el sentido de mostrar a las mujeres su autonomía y su importancia, sin caer en la chorrada de "Soy feminista porque los hombres son unos cerdos y unos gilipollas".
Lo Peor: Que se llegue casi a justificar a Hércules por lo que hizo por medio de un giro argumental que no convence.
Escenas Puto Memorables: El "Nacimiento" de Diana, hermoso y emotivo.


¡Y hasta aquí, nuestra tercera entrega de los Puto Memorables! En próximos posts, intentaré añadir todos aquellos que todavía faltan de la lista que incluí en el primero. Y es posible que incluso aparezca alguno más del que me haya olvidado...
Seguid atentos... ¡Y leed muchos cómics!

2 comentarios:

Gissel Escudero dijo...

Joder, tío, si es tan complicado conseguir algunos esos cómics, haré lo que te había dicho antes: el día que vaya por España me paso por tu casa y los leo ahí. Si quieres te pago una tarifa por las molestias :-D Y en cuanto a la descripción de Silver Surfer... Es gracioso, en un test me salió que si yo fuera un héroe de Marvel, sería justo ése. Ya veo por qué: si es que pensamos igual :-P

Rumbo a la Distopía dijo...

Jajajajajajaja! Bueno, no sé muy bien cómo va el tema de reediciones en otros países. Aquí la cosa funciona así: los derechos de Marvel y DC (no entro en Dark Horse y demás, porque no ha habido tantos problemas últimamente que yo sepa) suelen tenerlos un par de editoriales y éstas, cada, no sé... seis, puede que siete años, acaban perdiéndolos. Qué sucede? Los toma alguna otra editorial, PERO...

Cuando lo hacen, lo normal es empezar continuando lo que la editorial anterior estaba llevando. Por ejemplo, si estaban sacando una colección de Superman e iba por el número 4, pues ellos siguen con el 5, manteniendo el formato y todo. Hasta aquí bien.

El problema? Bueno, suele darse cuando tenemos que la editorial A había sacado una colección de tal personaje y la había terminado. La editorial B, teniendo en cuenta que esa colección ha estado en circulación hasta hace un tiempo reciente (pongamos un plazo de unos cinco años, más o menos), no la incluye en su línea editorial hasta que pase una buena temporada y se decanta por sacar otros títulos.

Lo que sí suelen reeditar sí o sí son PELOTAZOS tipo Watchmen y demás que si saben que se van a vender. Series algo más minoritarias o reediciones de etapas clásicas son un terreno un poco más pantanoso y tardan un poco más en dar ese paso.