Hace cosa de algún tiempecillo, reeditaron una colección de DC Comics de 1980 titulada originalmente The New Teen Titans, traducida por nuestra tierra de lengua cervantina como Los Nuevos Titanes. En la primera aparición de este grupo, tuvimos la suerte de conocer a un personaje bastante entrañable conocido como Starfire. Para poneros al día, esta moza proviene de un planeta conocido como Tamaran, habitado por una raza de guerreros de pellejo ambarino y que basan su forma de vida más en la pasión que en cualquier otra cosa.
Vamos a quedarnos un poco con este detalle, porque es lo que supone el punto de partida de este artículo. En una de sus primeras apariciones en la serie, Starfire asegura no entender la concepción humana de la sociedad, en la que ha contemplado con cierta decepción cómo los habitantes de la Tierra son capaces de sentir compasión por sus enemigos al tiempo que desconfían de sus amigos. Con toda franqueza, la chica alienígena dice ver eso como algo que no tiene el más mínimo sentido.
Permitidme que le dé la razón.
Quizás es ahora cuando muchos de vosotros alucinaréis pepinillos si digo que la compasión está sobrevalorada, pero para mí es así. Ojo, no de forma indiscriminada, que en esto hay matices. Por ejemplo, sentir compasión por alguien que no te ha hecho nada malo me parece honesto, del mismo modo que me lo parece sentirlo por un amigo o ser querido que se encuentra en una mala situación. No voy por ahí. Me refería un poco a ese hecho políticamente correcto, consistente en sentir compasión por gente que nos putea, o por gente a la que no conocemos poco más que de oídas, y que no sabemos si alguien que podría ser un amigo u otro soplagaitas más de los muchos que viven para dar por saco al prójimo. Eso de comportarse como amigo amiguísimo de alguien que no lo es, no ha demostrado serlo o (más absurdo aún) ha demostrado no serlo.
"¡Holaaaa, qué alegría verte! Te he echado tanto de menos... ¡Si es que no hay nadie que me haga la vida imposible tan bien como tú! ¿Qué haría yo sin ti? ¡Anda, a mis brazos!"
Sé que hay mucha gente que piensa que está bien comportarse de esa manera para diferenciarnos de la gente cabrona. Porque así demostramos que no somos como ellos, bla, bla, bla. Me parece una postura respetable, pero no la comparto en absoluto porque no la veo justa. Me explico: en el momento en que tratamos exactamente igual a una persona que nos putea que a una que nos trata bien, estamos siendo injustos, por extraño y contradictorio que resulte. Lo estamos siendo con la persona que nos trata bien, a la que estamos poniendo al mismo nivel que al que nos trata con la punta del pie. Ser justo no supone necesariamente dar un trato igualitario a todo bicho viviente, nos haga lo que nos haga. Para mí eso es pervertir la idea de la justicia como algo ciego, llevándolo al extremo más descabellado. Parafraseando a Jonathan Swift, la verdadera justicia no debería ser ciega, sino tener una infinidad de ojos para verlo absolutamente todo y tener en cuenta quién hace qué, cómo y con quién. Tomar nota de lo que sucede, y actuar en consecuencia.
Siguiendo mi planteamiento de lo que es justo, suelo tirar un poco por dos filósofos: el primero (no por orden cronológico, claro) es Kant, cuyo concepto de la ética, resumiendo muchísimo la filosofía de un tío que era más enrevesado que las subtramas de Melrose Place, consistía en actuar con el prójimo de la misma forma en que a uno lo tratan o, de forma más precisa, "no haciendo al otro lo que no harías a ti mismo".
Mi segundo puntal en esta argumentación nos lleva unos cuantos años más atrás, en el concepto aristotélico: para este hombre, lo que era justo no era ser necesariamente igualitario (o no en el sentido que por lo general entendemos), sino dar a cada uno exactamente lo que le corresponde, ni más ni menos. De ahí que piense que, en el momento en que tratamos a una persona que nos hace la vida imposible del mismo modo que a una que no lo hace, estemos siendo injustos: por un lado, estamos dando a esa persona más de lo que se merece, al tiempo que estamos poniendo a la persona que nos trata bien a ese mismo nivel y, por tanto, dándole menos.
Tomando ambas filosofías como punto de partida, suelo pensar que si no te putean, no putees a nadie. Pero si te tocan los cojones, lo más tonto que puedes hacer en esta vida es actuar como si no hubiera pasado nada y seguir bailándole el agua al gilipollas de turno.
Tomando ambas filosofías como punto de partida, suelo pensar que si no te putean, no putees a nadie. Pero si te tocan los cojones, lo más tonto que puedes hacer en esta vida es actuar como si no hubiera pasado nada y seguir bailándole el agua al gilipollas de turno.
No estamos pa chuparle los pies a nadie.
Con la gente que nos putea, queridos Distópicos, no creo que haya que hacer ningún tipo de concesión. La compasión con aquellos que han dado el primer golpe (especialmente cuando vemos que es intencionado, sin provocación y disfrutando de paso con ello, algo mucho menos raro de lo que debería resultar) debe ser exactamente cero. Porque a la primera muestra de compasión, la gente así no suele recapacitar, sino todo lo contrario: no se detiene en cuanto se le ignora; más bien se crece, toma terreno y se siente con la libertad de seguir pisoteando y machacando. Y en parte, porque tienen razón. El primer ataque lo pueden efectuar ellos y es culpa suya, pero en el momento en que demostramos compasión con gente que no la merece, los siguientes golpes que nos den son, en gran medida, culpa nuestra. Por permitirlo, por dejarnos que nos avasallen, que se rían de nosotros o que nos falten al respeto. La gente de esta calaña no siente consideración ni remordimientos cuando ven que sus enemigos sienten piedad hacia ellos; más bien se descojonan, y piensan que ancha es Castilla. Por eso no creo que debamos sentir ningún tipo de concesión con gente así. Nada de "Yo trato a todo el mundo por igual". Nada de "Todo el mundo es igual", porque sabemos que no todo el mundo lo es. Por tanto, pensemos entonces en qué nos merecemos nosotros y qué se merecen los demás.
"Hola, soy la Justicia, no veo un coño".
Así nos va.
Con esto no quiero decir, ni mucho menos, que cualquier confrontación por pequeña que sea, implique batalla. No, no van por ahí los tiros. Decía Sun Tzu en El Arte de la Guerra (obra de la que, admito, solo he leído algunos fragmentos, pero que me muero por echarle el guante de una vez) que la confrontación armada debe ser el último recurso de la guerra. Sin embargo, una vez llegados a este punto, no había que mostrar compasión alguna por el enemigo. Quizás porque raramente él nos la va a mostrar a nosotros.
Mi planteamiento se refiere más un poco a esa especie de barniz de corrección política donde, por alguna especie de regla social no escrita (o escrita por alguien tan imbécil que decidieron dejar su nombre en el anonimato) estamos obligados a ser amables con alguien que nos está jodiendo. No digo que haya que matarlo a hostias en cuanto se le vea, pero sigo sin entender esa extraña necesidad de tener que aparentar que te llevas bien con alguien o que te cae bien, cuando en realidad es mutuo que no os podéis ni ver. Para mí eso es fingir, y fingir es mentir. Algo que no llevo bien en absoluto y que nos devuelve un poco a Starfire y su mentalidad: puedes ser educado con alguien que te está tocando las pelotas, incluso correcto en el sentido de que no te vas a ir para él a reventarle los dientes a la primera de cambio... Pero nada más. Nada de hacerle favores, mucho menos pedírselos. Nada de tonterías de darle una y otra oportunidad, a ver si se da un golpe en la cabeza y se da cuenta él solito de que ese no es el camino correcto, porque la actitud de sumisión o de forzado amiguismo no sirve para eso.
A tomar por culo ya con esa especie de imposición social de tener que ser amable, encima. De tener que aparentar que os lleváis bien, cuando ya habéis llegado a ese punto de no retorno en que la dialéctica ha perdido su sentido y no queda absolutamente nada de lo que hablar. Al hacer eso, estáis agachando la cabeza, hincando la rodilla en el suelo y humillándoos ante gente que no merece de vosotros ni la más mínima concesión. Al tomar esa actitud de "Vamos a ser amables para evitar problemas", lo que estáis haciendo es poner la alfombra a aquellos que os insultan, desprecian o se ríen de vosotros. Les estáis haciendo la cama y les estáis dando de comer de vuestra mesa.
A tomar por culo ya con esa especie de imposición social de tener que ser amable, encima. De tener que aparentar que os lleváis bien, cuando ya habéis llegado a ese punto de no retorno en que la dialéctica ha perdido su sentido y no queda absolutamente nada de lo que hablar. Al hacer eso, estáis agachando la cabeza, hincando la rodilla en el suelo y humillándoos ante gente que no merece de vosotros ni la más mínima concesión. Al tomar esa actitud de "Vamos a ser amables para evitar problemas", lo que estáis haciendo es poner la alfombra a aquellos que os insultan, desprecian o se ríen de vosotros. Les estáis haciendo la cama y les estáis dando de comer de vuestra mesa.
"Gracias por putearme delante de todo el mundo. ¿Más pollo?"
Quizás para muchos de vosotros esta actitud de trazar la línea os parezca orgullosa. Es posible, pero para mí es más bien una cuestión de dignidad. Se dice que muchos de estos sujetos se crecen cuando les haces el "aprecio" de hacerles ver que han captado tu atención y que lo que realmente les duele es ser ignorados, pero igual la realidad es muy distinta. Como cualquier abusón de poca monta, quizás la gente que nos chulea lo único que piensa es que no te vas a defender, y se siente con carta blanca para tratarte como le salga de los cojones. Hoy un poquito, mañana otro poquito, y cuando te quieres dar cuenta, te tratan como a su fulana personal. Y es eso lo que hay que evitar a toda costa, porque ya no hablamos de orgullo una vez llegados a esto. Cuando permites que la gente te falte al respeto, estamos hablando de salvaguardar la propia dignidad. Y es precisamente la dignidad uno de los mayores tesoros que debe poseer cada persona. Algo único e intransferible que jamás debería ser vulnerado... pero que, al cabo del día, vulneramos a conciencia muchos de nosotros. Porque "Nos dan pena", porque "No somos como ellos", porque "Somos así". No, valemos bastante más que eso. Lo suficiente como para no tener que soportar a según qué personas.
Es posible que por eso haya que darles lo que piden, aunque sea una vez. Dárselo para que lamenten haberlo pedido, porque a veces, aquellos que buscan algo corren el terrible riesgo de que lo encuentren. Para que se enteren de una vez por todas dónde está la línea que no deben pasar y para que nos dejen en paz de una puta vez. Para que cada uno viva su vida sin tener que andar molestando al prójimo. Porque todos tenemos un límite y tener que ver cómo alguien se cree con derecho a sobrepasarlo no nos convierte en santos, mártires o mejores personas. Como mucho nos convierte en gente que no tiene ganas de follones y, precisamente por eso, los consiente día sí y día también. En gente que da carta blanca a los tocanarices a que sigan. "Pasen, amigos, y sigan, que no pienso defenderme", parece ser la filosofía. Y es que, como dijo alguien (por Internet atribuyen esto a Edmund Burke, pero no estoy del todo seguro), para que el mal triunfe, lo único necesario es que la buena gente no haga nada.
Con esta actitud, si lo pensamos, dejamos que el mal triunfe día a día. Cada vez que nos dejamos atropellar por gente que, en definitiva, no es nadie (es decir, no es ni más ni menos humana que nosotros), le estamos dando carta blanca para que sigan con su política de pisotearnos.
Con esta actitud, si lo pensamos, dejamos que el mal triunfe día a día. Cada vez que nos dejamos atropellar por gente que, en definitiva, no es nadie (es decir, no es ni más ni menos humana que nosotros), le estamos dando carta blanca para que sigan con su política de pisotearnos.
Devolver el golpe no tiene por qué ser de forma literal, ejerciendo la violencia física. Es más, por lo general, suele ser la peor forma de serlo... Pero hay mil maneras de actuar para poner a alguien en su sitio.
Tan solo tenemos que querer ponerlas en práctica.
Para otros, esto tiene que ver con la educación. Creemos que somos maleducados por tratar a alguien como se merece, o simplemente por no ser amable. Nada más lejos de la realidad: ser amable no te convierte en educado, del mismo modo que no serlo no te convierte en una persona sin modales. Puedes ser la persona más antipática y desagradable del mundo y, sin embargo, no faltar a tu educación en ningún momento. Basta con no sonreír, no decirle cosas bonitas a quien no se lo merece. Basta incluso con quedarse callado cuando podrías decir algo que ellos esperan que digas para quedar bien. Como he comentado arriba, no tienes por qué hacerle un favor cuando te lo pide, porque nadie te obliga a ello. Puedes simplemente no entrar a defender a esa persona cuando está hasta el cuello de mierda. Puedes no darle la razón cuando está soltando toda una sarta de majaronadas por la boca. Puedes probar incluso a no creerte los insultos y las humillaciones que suelta por tu boca. Incluso puedes probar a decirle "No" de vez en cuando y demostrar que, dado el caso, por ahí no pasas. Hacerte valer, hacerte respetar o simplemente dejar clara tu postura de que no piensas dejarte avasallar por un desgraciado no te convierte en maleducado; sin embargo, un desgraciado usará esto como arma en tu contra a la primera de cambio. Eso, fíjate, sí que merece la pena ignorarlo... más que nada porque no es más que un truco barato de chantajista moral de poca monta.
Trazar la línea, descripción gráfica.
Curiosamente, el caso contrario sí me parece peor, que es esforzarse por ser amable cuando en realidad no tienes ningunas ganas de serlo. Poner buena cara y sonreír a quien te está ninguneando, o dar la razón a quien creas que no la tiene solo para que esté contento y no dé por culo. Esa es una actitud que suelo considerar hipócrita, si no cobarde o incluso paradójica: no hay problema en que otros nos molesten, pero la idea de que estamos molestando a alguien que se está comportando para echarlo de comer aparte nos resulta insoportable. Porque parece ser que al ser amables estamos siendo educados al mismo tiempo. Evitamos conflictos, el cabronazo de turno está contento y todos los demás a comulgar con sus mierdas. Despertad: que evitemos el conflicto no quiere decir que éste no venga a buscarnos a nosotros. Como suelen decir de coña por ahí (otra atribución, esta vez a Bruce Lee), esperar que las cosas te vayan bien solo porque no busques problemas es tan absurdo como ir por la selva y esperar que un tigre no te ataque solo porque eres vegetariano. Ojalá funcionase así, pero me temo que no es tan sencillo: a veces, por mucho que evites la guerra, la guerra va a venir a buscarte a ti. Al Universo en general le importa tres leches tu ideología. La gente que es mala no desaparece como en las historias de fantasía, con solo no pronunciar su nombre. Está ahí y cada día abunda más, porque parece haberse puesto de moda darles manga ancha, ignorarlos o sentir lástima por ellos. A cambio, proliferan, se hacen fuertes y consideran (no sin razón) que nadie los pone en su sitio.
El pacifismo está bien, cuando ves que tu entorno también busca la paz. Es lo lógico cuando nadie quiere problemas. Pero, cuando ya te han declarado la guerra, cuando te han lanzado el primer golpe, tienes dos opciones: defiéndete o prepárate para convertirte en el blanco de los golpes. Tomes la decisión que tomes, recuerda que no importa la compasión que sientas por gente que ataca sin provocación: ellos no la van a tener hacia ti. Que hace ya mucho que nadie inscribe un nuevo mártir en el calendario, así que olvídate de pasar a la posteridad por tu abnegación. Si esperas que ellos solos se den cuenta de lo mal que lo están haciendo o que vean que tu pasividad ante sus ataques los haga reaccionar y convertirse en mejores personas, vas listo, porque no lo van a hacer. Tampoco vas a ganarte su favor, su amistad o su cariño por aceptar que te humillen. De conseguirlo, piensa en lo lícito y lo justo que ha sido el modo de conseguirlo. A base de humillación. A base de ceder sin que la otra persona lo haga. Luego piensa si realmente mereces el favor de una mierda humana de ese calibre.
Y recuerda también que, aunque ellos efectúen el primer movimiento en la contienda, no quiere decir que tengan por qué dar el último, o el definitivo.
Eres tú quien debe elegir entre ser compasivo con quien no lo merece o dejar que el mal triunfe una vez más solo por no hacer nada.
"Cuando los gilipollas te pisotean, al Universo le importa tres pares de cojones, así que haz lo que tengas que hacer y déjate de chorradas". Paulo Coelho, poderoso.
El pacifismo está bien, cuando ves que tu entorno también busca la paz. Es lo lógico cuando nadie quiere problemas. Pero, cuando ya te han declarado la guerra, cuando te han lanzado el primer golpe, tienes dos opciones: defiéndete o prepárate para convertirte en el blanco de los golpes. Tomes la decisión que tomes, recuerda que no importa la compasión que sientas por gente que ataca sin provocación: ellos no la van a tener hacia ti. Que hace ya mucho que nadie inscribe un nuevo mártir en el calendario, así que olvídate de pasar a la posteridad por tu abnegación. Si esperas que ellos solos se den cuenta de lo mal que lo están haciendo o que vean que tu pasividad ante sus ataques los haga reaccionar y convertirse en mejores personas, vas listo, porque no lo van a hacer. Tampoco vas a ganarte su favor, su amistad o su cariño por aceptar que te humillen. De conseguirlo, piensa en lo lícito y lo justo que ha sido el modo de conseguirlo. A base de humillación. A base de ceder sin que la otra persona lo haga. Luego piensa si realmente mereces el favor de una mierda humana de ese calibre.
Y recuerda también que, aunque ellos efectúen el primer movimiento en la contienda, no quiere decir que tengan por qué dar el último, o el definitivo.
Eres tú quien debe elegir entre ser compasivo con quien no lo merece o dejar que el mal triunfe una vez más solo por no hacer nada.








3 comentarios:
Como siempre, me encanta leerte, sobretodo cuando expresas en voz alta (o como sea que se diga cuando es escrito en lugar de hablado) temas de los que he estado hablando.
Conozco a algunas personas que se corresponden al patrón del que hablas, y siempre me ha llamado la atención la manera como reaccionan respecto a aquellos que los putean.
En mis razonamientos, sin entrar en planteamientos filosóficos como los tuyos si que me remitía a las teorías clásicas del aprendizaje y condicionamiento: Si refuerzas una conducta, la probabilidad de que se repita es mayor. Por eso, si alguien te roba o humilla y tú encima le ries la gracia, ¿no le estás dando derecho de manera implícita a repetirlo? ¿No le estás animando (pues ha hecho algo y ha obtenido una recompensa mayor que el castigo, que es nulo) a hacerlo otra vez?
Me ha gustado especialmente la reflexión sobre que es una falta de respeto hacia los que sí nos portamos bien, ya que tratar a todos por igual implica que nuestra conducta no es apreciada.
No comento mucho (creo que hace como un año de la última vez), pero te voy siguiendo.
Nos vemos por aquí!
Muchas gracias por tu aporte, Toni! Pues mira, pese al añito que estudié psicología, con conductas de refuerzo y demás, ni se me había ocurrido enfocarlo de esa manera, pero es un planteamiento que me ha gustado bastante. Me resulta lógico, de hecho. Creo que tienes razón al decir que ciertas actitudes lo que hacen es reforzar ciertas conductas. Lo vemos día a día, como esa especie de corrección política, consistente en ignorar al que nos jode parece ser la única respuesta posible, en lugar de trazar la línea y mandarlo a hacer gárgaras, como se merece.
En fin, tú comenta siempre que quieras. Para eso está el apartado de comentarios :)
Argg, había escrito un comentario y me ha dado error y se me ha borrado :(
En fin, que estoy muy de acuerdo con lo que comentas, que a mí me ha pasado muchas veces eso de apoyar a alguien y ver que pasa de mí y le hace caso a gente que lo ha tratado mal y lo ha puteado,y a veces intentas avisar a la gente pero otras ya pasas y te planteas que le den, que haga lo que quiera. Y aunque sea gente que aprecio y no me haya peleado ni nada sí que dejo de ayudarla o me distancio.
Recuerdo haber discutido alguna vez con mi compañera de trabajo por la parábola del hijo pródigo, porque es eso, lo que tienes al lado no se valora, lo que se valora es lo que no tenías y ahora tienes. Quizás nos pase a todos, debe ser algo que tenemos muy metido. Hay que tener cuidado y no dejar de lado a la gente que merece la pena.
Publicar un comentario