Como he hecho en algunos artículos anteriores, empezaré relatando dos episodios anecdóticos que, lejos de hacer uso general, si ilustran un poco el tema del que quiero hablaros hoy.
Hace ya casi quince años, tenía costumbre de ir a jugar al billar con la gente (o gentuza, que luego vemos de qué pelaje es cada uno) con la que solía juntarme. Si sois de esos que vienen con el prejuicio de que en los billares se encuentra fauna a la que uno no presentaría a sus padres ni a punta de pistola, tengo que decir que en este caso no vais descaminados. Recuerdo claramente cómo, en una ocasión, se formó una interesante pelea en la puerta. Uno de ellos, dicho sea de paso, parecía saber artes marciales, con lo que la cosa prometía.
Creo que no es necesario mencionar mi tono irónico al decir que la pelea pintaba interesante y que la cosa prometía, cuando de lo que estoy hablando es de dos majarones que se iban a partir la boca por vete a saber qué idiotez. Lo triste de todo esto es que yo lo puedo haber mencionado de forma irónica, pero mucha gente pensó eso, literalmente. No se me olvida la cara de un puñado de chavales (y chavalas, que había de todo) yendo hacia la puerta, con una sonrisa en la cara, impacientes por ver cómo dos descamisados se cascaban. Yo, junto con los que me rodeaban, debíamos ser raros, porque lo primero que hicimos fue quedarnos dentro del local, en caso de que la movida fuera a mayores. Terminar la partida que habíamos pagado y largarnos, solo por si las moscas. Vaya a ser que se escapase alguna hostia solo por estar allí y nos hubieran dado la tarde.
"¡Po, po, pelea pelea! ¡Po, po, pelea pelea!"
Nos trasladamos en el tiempo hasta este mismo año, concretamente hasta hace cosa de unas semanas, estuve cenando en un restaurante con mi pareja. Con nosotros venía una tercera persona, que debido a ciertos motivos, salió después que nosotros del local. Como cualquier pareja, nosotros estábamos esperando en la calle abrazados. Hasta aquí lo normal, ¿verdad? Algo que hace cualquier pareja y demás. Lo más gracioso es cuando esa persona nos llega diciendo que la dirección del local ha achacado nuestra "Falta de educación" por "darnos el lote" (ojito) "delante de todo el mundo". Es un argumento para descolgarte los huevos si consideramos un par de factores:
1) No estábamos dentro del local, sino en la puta calle, con lo cual no sé quién es más maleducado, si nosotros o el pedazo de ameba subnormal que manifestó esa queja.
2) No estábamos cometiendo delito alguno. Puede que a alguien le joda que una pareja manifieste cariño en público, pero eso todavía no cuenta como escándalo público. Y no debería dar explicaciones, pero hay una diferencia muy grande entre hablar abrazados y darse el lote (lo cual, por cierto, sigue sin ser delito. Para ello, si mis conocimientos en leyes no fallan, tendríamos que estar en clara actividad sexual y, muy particularmente, habiendo menores por medio).
3) A escasos cinco metros de nosotros, había un grupo de borrachos armando bastante escándalo y que nos importunaron pidiéndonos dinero. A CLIENTES del restaurante, dicho sea de paso. A esos no se les dijo absolutamente nada. Probablemente bajo la excusa de "Lo que sucede más allá de nuestras puertas no es nuestra competencia"... Pero, como indico aquí, parece que sí lo es que haya una pareja que tampoco está dentro del local.
Recordad, niños: esto es una muestra de mala educación y una ofensa para todo el que está delante.
Qué cojones, hasta contamina el medio ambiente.
Este tipo de actitudes, lejos de parecernos aisladas, se están volviendo más y más comunes últimamente, en una época en que se nos llena la boca hablando de tolerancia y respeto. En donde decimos aborrecer la violencia de cualquier tipo (incluyo aquí la verbal), pero no tardamos en sentir una manifiesta y morbosa curiosidad hacia ella, al mismo tiempo que a veces tendemos a apelar a la educación o la moral del prójimo en cuanto vemos una muestra de afecto o algo que nos parece "inmoral". Entrecomillo esta palabra porque, a tenor de lo sucedido en los últimos días en redes sociales, este concepto me parece tan jodidamente hipócrita y esgrimido de una forma tan asquerosamente subnormal que mi sistema nervioso entra en conflicto y no sabe si pegarse una carcajada o liarse a vomitar hasta la primera papilla que me dieron. Algo puramente distópico, si lo pensamos: ¿Recordáis la liga Anti-Sex que aparecía en 1984, al tiempo que se potenciaban los Dos Minutos de Odio? ¿Recordáis ese afán por tener a la gente todo el día encabronada y constreñida sexualmente? ¿De esa represión hacia lo que es un acto no intrínsecamente dañino, y esa decantación por actos que eran mucho más antisociales?
Os pongo en antecendentes, para aquellos que andéis un poco más desconectado de lo que son redes sociales pero, en cambio, leáis este blog con cierta regularidad: resulta que desde hace una temporadita ha habido auténticos aluviones de denuncias en Facebook acerca de páginas que mostraban peleas de perros y demás. Esas denuncias han sido literalmente desoídas, argumentando que (cito de un modo más o menos textual) "El contenido de dichas páginas no entra en conflicto con la normativa de la red social". Dicho de otro modo, que para los fulanos que se encargan de controlar los contenidos de este sitio, las peleas de perros no forman parte de apología de la violencia o de delitos (pese a que una pelea de perros, por muy de perros que sea, sigue siendo violenta -el término pelea ya lo lleva implícito- y que el maltrato animal se considera algo delictivo). La Policía, en un alarde de lavado de manos sin precedentes, sostiene además que "Es delictivo el maltrato animal, pero no subir fotos de ello". Sin embargo, con casos como injurias o calumnias aquí sí que ha caído (y con motivo, no podemos negarlo) todo el peso de la ley a los responsables.
Se cargan a una concejala y se trinca a todo el que haga coña de ello, lo que me parece bien, si recordáis el artículo que escribí al respecto. Igual de bien me parece si se hace con alguien que se ríe de una persona mentalmente discapacitada. Sin embargo, Facebook (o Twitter, o cualquier red social, pero es cierto que FB sí parece llevarse el gato al agua, junto con Youtube, que también tira de censura tela marinera) lleva tiempo haciendo la vista gorda no solo con esto de los perros, sino con páginas que han hecho apología de la violencia de cualquier tipo: páginas de ultra-derecha, ultra-izquierda, con contenidos racistas, homófobos o abiertamente agresivos.
"200.000 seguidores en mi página llamada 'Exterminar maricones'. Y nadie me ha tosido. Fuck yeah".
Ante eso el usuario medio se ha hartado: las supuestas encuestas en las que valoran lo que gusta o no a los millones de personas que usan la red social a diario se las pasan por el culo. Nos hemos quejado cuarenta mil pares de veces acerca del mal uso que se hace de la interfaz y de la cantidad de fallos y de cambios de diseño que confunden, marean y, en general, dan un por culo que flipas Y LES HA DADO IGUAL. Como prueba de este hartazgo, un señor llamado Rafa Gil propone un experimento, consistente en crear una página con un título sugerente a la vez que reinvidicativo, "Peleas de tetas", y exponiendo la siguiente hipótesis: a ver si tardan en borrar la primera página sobre el maltrato animal antes que la de las tetas o, por el contrario, esta última cae primero. Dejo un enlace a un artículo que habla en detalle sobre lo sucedido: http://www.yorokobu.es/peleas-de-tetas-vs-peleas-de-perros/ y me permito además subrayar el hecho de que yo, al igual que muchas mujeres marcadamente feministas que hemos presenciado esta historia, no hemos notado ni percibido machismo alguno en esta propuesta. Permitiéndome citar libremente al autor, podría haber puesto penes, pero oye, si a él no le gustan nadie le obliga a ponerlos. Los podría haber puesto cualquier otra persona, pero nadie más le ha echado agallas al asunto. Por eso, antes de que el personal más beligerante hacia el tema se ponga a echar espumarajos por la boca, diré lo que digo siempre: una cosa es lo que uno dice y otra muy distinta lo que quieren ver los demás. Por lo que a mí respecta, no me he sentido ofendido, pero ojo: si hubieran hecho una página de penes tampoco me habría sentido ofendido en lo más mínimo. Me habría reído lo mismo o incluso más con la originalidad (y la mala leche) de la propuesta.
Para que veáis que me da igual, un bonito pene de bronce.
La respuesta fue definitiva: la página de las tetas no ha llegado ni a durar veinticuatro horas en la red social, mientras que la de los perros estuvo semanas antes de iniciar esta propuesta, pese al conocimiento de los administradores. Esto nos lleva a pensar en una doble moral, más que puritana, consistente en condenar la violencia de puertas para afuera (o sea, limitarse a decirlo y ya está), pero hacer la vista gorda de modo reiterado, constante y flagrante. En cambio, una página que muestra un desnudo (por lo general) femenino, sufre todo el peso de la censura: en lo que redacto estas líneas, descubro no solo que la página de las tetas ha sido borrada; aparte, se ha borrado cualquier enlace en los muros de varios amigos míos, y una amiga incluso ha visto baneada su cuenta por subir "contenido no autorizado" (un desnudo de una modelo, si no recuerdo mal). Dos, si contamos un segundo caso del que me acaban de informar mientras corrijo este artículo, sin contar los que me habré perdido por ahí. Para más inri, la cosa no queda aquí, ya que hay constancia de que en el pasado se han censurado fotos de contenido artístico en que se mostraban desnudos, como una señora que posó voluntariamente en topless junto a su familia. O fotos en que alguna usuaria aparece dando el pecho a un bebé.
Eso (es decir, el hecho de amamantar a un bebé, algo que hemos hecho la mayoría de seres humanos en nuestros primeros períodos de vida, sin contar alguno que le ha cogido el gustillo al tema y ha seguido con la práctica), según la red social, es contenido no autorizado que contraviene a las normas de uso, mientras que poner imágenes donde aparece alguien dándole lo suyo a alguien (hostias, se entiende), o animales reventándose a dentelladas el uno al otro no.
Doble rasero.
Doble moral.
Hipocresía.
El Arte sería una meca de la perversión y la obscenidad si no fuera porque se pintaba antes de las cámaras de fotos.
Si esta escena la vemos fotografiada en lugar de pintada, tendríamos gente que se sentiría ofendida, asqueada o insultada.
Lo ves en pinturita y oye, todo queda como más culto.
La cuestión es que esto no es nuevo, si lo pensamos. Podemos rasgarnos las vestiduras viendo cómo se censura algo tan natural como alimentar a un bebé (o, yendo a mi caso particular, mostrando afecto hacia tu pareja en público) mientras que se proclama al puto toro de la Vega patrimonio de la Humanidad (por la Unesco, nada menos, para flipar en Tecnicolor, pero la cosa es que si nos damos cuenta y nos vamos a épocas pasadas, como el Renacimiento, la cosa era similar: las mujeres no podían mostrar según qué partes del cuerpo para no parecer "impúdicas", mientras la gente se divertía viendo no solo de peleas de perros contra perros, sino peleas de perros contra osos, perros contra toros o peleas de gallos. En las obras de teatro primaban las tragedias de venganza, donde la sangre y la muerte eran factores característicos. Recuerdo incluso que mi profesor de literatrua nos contaba cómo en la sociedad inglesa la gente se peleaba por ponerse en las primeras filas para que la sangre que se salpicaba en las obras les cayera encima (ponemos el ejemplo más claro en las obras de John Webster o Thomas Kyd, usando mis conocimientos). Nos vamos más atrás en el tiempo y podemos recordar peleas de tigres y leones contra hombres, o incluso peleas a muerte entre hombres. Y eso formaba parte del concepto de "diversión". Lo que escandaliza de todo esto no es que se haya hecho, sino el hecho de que han pasado siglos y seguimos todavía estancados en viejos conceptos. Y no solo no evolucionamos, sino que parecemos orgullosos de no hacerlo y hacemos una especie de apología de la bestialidad. Podéis decir que exagero, o que saco las cosas de contexto (esa suele ser la crítica más tediosa y recurrente que suelo recibir), pero antes de cargar las cuchillas y sentar cátedra hacia mi persona (me encanta cuando gente que no me conoce de nada se planta su batita de psiquiatra y se pone a hacer diagnósticos sin tener ni guarra de lo que habla), quiero que penséis entonces en esto y luego ya me ponéis a parir, como siempre: ¿Por qué la sexualidad sigue siendo un tema tabú en nuestros días, tanto o más que lo era hace -un poner- quince o veinte años? Ilustro el caso con las charlas de educación sexual en los centros educativos, cosa que me parece realmente necesaria en estos tiempos que corren y que muchos, muchísimos grupos de padres rechazan por completo "Por enseñarle guarrerías a los niños". O por (y perdonad que me ría ante la hipocresía barata), "entrometerse en los asuntos de los padres". Tenemos padres con la mentalidad de que a sus hijos los tienen que educar en el colegio "porque ellos no tienen tiempo" (entre otras excusas), pero ojo, cuando se habla de prevenir embarazos no deseados o del uso del preservativo ponen el grito en el cielo, ejerciendo un sobreproteccionismo que es digno de carcajada limpia (me remito al caso, hace ya bastantes años, en que un puñado de padres se escandalizó ante la iniciativa de colocar expendedoras de preservativos en los institutos, como si lo que estuviesen vendiendo fuese heroína cortada con matarratas).
Esto no solo en los colegios. Se me ocurre también el hecho de que ya hay salas de lactancia en las estaciones de tren (ejemplo, la de mi ciudad), cosa que en principio no me parece mal si pensamos que están preparadas para que una mujer alimente a su hijo con mayor comodidad, o en el caso de que a ésta le avergüence sacarse un pecho en público... Pero también me da que pensar si no es por el hecho de que hay quien prefiere que una mujer de mamar a su hijo fuera de la vista de los demás, poniendo esa actividad a la altura social de lo que podría ser echar un pis. Esto se me ocurre porque no veo que haya el mismo problema o esa misma necesidad cuando se da un potito a un crío, que también es alimentarlo. Remarco, puedo entender que a una mujer le dé corte despechugarse en público, pero si hay un trasfondo moral tras esto, no puedo sentir más vergüenza ajena.
También se ha hablado de esos grupos o asociaciones de televidentes que han escrito mil veces, en modo grupo de presión, para protestar contra las cadenas de televisión porque (atentos) los contenidos que se muestran en las series de televisión son "inmorales y pretenden normalizar unos patrones de conducta y de familia que no son en absoluto naturales". Por esos patrones me refiero a familias monoparentales, madres solteras, segundas nupcias, relaciones homosexuales entre personajes y otras cosas que, por lo visto, para algunos son una lacra que debe ser barrida del mapa. Entretanto, no he tenido constancia hasta la fecha de ningún grupo de estos que luche porque se supriman las imágenes explícitas de violencia REAL en los telediarios a la hora de comer (la ficción por lo visto es la única que ejerce una horrible influencia sobre nuestros hijos; la realidad es la realidad y no importa el nivel de violencia que se destile en ella). Con otros temas, como el racismo, la homofobia y otras cosas bonitas que hacen que me enorgullezca de pertenecer a la raza humana (nótese mi amargo sarcasmo), ya ni me molesto en contaros. No diría nada que vosotros no supieseis.
Puedo hablar, por último, de gente que conozco que ha hecho topless (me refiero a mujeres, ya me entendéis), a las que ha habido gente (los casos que conozco, a manos de otras mujeres, pero creo que gente que necesita hacérselo mirar la hay en ambos géneros) que les ha recriminado hacerlo porque están en un entorno conocido y se preocupan porque enseñen cacho y les vaya a ver yo no sé quién. El colmo de la ridiculez, que vivamos en una época en que la persona que enseña sufre menos que la que está al lado, que parece tener la imperiosa necesidad de salvaguardar la moral de gente que tiene plena conciencia de lo que hace, y que sabe que no está haciendo absolutamente nada malo.
Luego, lo de siempre: qué malos que son los moros, que en el momento en que una mujer se suelta el pelo, la rechazan y demás. Es decir, de una cultura nos parece mal que se impida que, por cultura, se muestre una parte del cuerpo, pero resulta que hagamos lo mismo en la nuestra, con otra parte y nos quedemos tan panchos, dando lecciones de moral. Lo queramos ver como lo queramos ver, es convertir una parte de la anatomía (pelo, rostro, hombros, pecho o culo) en tabú y criminalizar a quien lo muestra, bajo esa ensaña hipócrita de "Ten un poco de respeto, por favor".
Señores, el respeto empieza por entender que cada uno hace con su cuerpo lo que le da la puta gana, y si no incurrimos en delito (nuevamente me remito a enseñar o hacer uso de los genitales en público o delante de menores, que ya es una cosa que sí es grave y tal), con estas actitudes lo que somos es una panda de meapilas que nos la cogemos con un papelito ante auténticas pijadas.
Asumir que tus hijos zumben ya es chungo.
Pero si usamos la cabeza para algo más que para echar tabiques abajo, más chungo es que lo hagan sin protección, exponiéndose a embarazos no deseados y enfermedades de transmisión sexual.
Sin embargo, pese a eso, muchos se creen que sus hijos son seres inmaculados e inocentes hasta que tengan los cuarenta y una expendedora de condones es más peligrosa que el puto Ultrón.
Esto no solo en los colegios. Se me ocurre también el hecho de que ya hay salas de lactancia en las estaciones de tren (ejemplo, la de mi ciudad), cosa que en principio no me parece mal si pensamos que están preparadas para que una mujer alimente a su hijo con mayor comodidad, o en el caso de que a ésta le avergüence sacarse un pecho en público... Pero también me da que pensar si no es por el hecho de que hay quien prefiere que una mujer de mamar a su hijo fuera de la vista de los demás, poniendo esa actividad a la altura social de lo que podría ser echar un pis. Esto se me ocurre porque no veo que haya el mismo problema o esa misma necesidad cuando se da un potito a un crío, que también es alimentarlo. Remarco, puedo entender que a una mujer le dé corte despechugarse en público, pero si hay un trasfondo moral tras esto, no puedo sentir más vergüenza ajena.
También se ha hablado de esos grupos o asociaciones de televidentes que han escrito mil veces, en modo grupo de presión, para protestar contra las cadenas de televisión porque (atentos) los contenidos que se muestran en las series de televisión son "inmorales y pretenden normalizar unos patrones de conducta y de familia que no son en absoluto naturales". Por esos patrones me refiero a familias monoparentales, madres solteras, segundas nupcias, relaciones homosexuales entre personajes y otras cosas que, por lo visto, para algunos son una lacra que debe ser barrida del mapa. Entretanto, no he tenido constancia hasta la fecha de ningún grupo de estos que luche porque se supriman las imágenes explícitas de violencia REAL en los telediarios a la hora de comer (la ficción por lo visto es la única que ejerce una horrible influencia sobre nuestros hijos; la realidad es la realidad y no importa el nivel de violencia que se destile en ella). Con otros temas, como el racismo, la homofobia y otras cosas bonitas que hacen que me enorgullezca de pertenecer a la raza humana (nótese mi amargo sarcasmo), ya ni me molesto en contaros. No diría nada que vosotros no supieseis.
"Atentos, ahora nos van a enseñar a una india colgada de un árbol tras haber sido violada por al menos ocho individuos"
"Pero mamá, yo quería ver Bola de Dragón."
"¡Sí, hombre, para que te vuelvas violento!"
Puedo hablar, por último, de gente que conozco que ha hecho topless (me refiero a mujeres, ya me entendéis), a las que ha habido gente (los casos que conozco, a manos de otras mujeres, pero creo que gente que necesita hacérselo mirar la hay en ambos géneros) que les ha recriminado hacerlo porque están en un entorno conocido y se preocupan porque enseñen cacho y les vaya a ver yo no sé quién. El colmo de la ridiculez, que vivamos en una época en que la persona que enseña sufre menos que la que está al lado, que parece tener la imperiosa necesidad de salvaguardar la moral de gente que tiene plena conciencia de lo que hace, y que sabe que no está haciendo absolutamente nada malo.
Luego, lo de siempre: qué malos que son los moros, que en el momento en que una mujer se suelta el pelo, la rechazan y demás. Es decir, de una cultura nos parece mal que se impida que, por cultura, se muestre una parte del cuerpo, pero resulta que hagamos lo mismo en la nuestra, con otra parte y nos quedemos tan panchos, dando lecciones de moral. Lo queramos ver como lo queramos ver, es convertir una parte de la anatomía (pelo, rostro, hombros, pecho o culo) en tabú y criminalizar a quien lo muestra, bajo esa ensaña hipócrita de "Ten un poco de respeto, por favor".
Señores, el respeto empieza por entender que cada uno hace con su cuerpo lo que le da la puta gana, y si no incurrimos en delito (nuevamente me remito a enseñar o hacer uso de los genitales en público o delante de menores, que ya es una cosa que sí es grave y tal), con estas actitudes lo que somos es una panda de meapilas que nos la cogemos con un papelito ante auténticas pijadas.
La gente que vivimos en mi generación vimos el destete de Sabrina cuando contábamos con apenas ocho años de edad. Mi percepción de la sociedad por aquel entonces no era ni de lejos la misma que tengo ahora, pero en cualquier caso no recuerdo que se censurase nada ni que hubiese el cipote de escupitajos de ácido que se ven hoy en día cuando encontramos algo tan natural como un pecho.
Igual en los ochenta éramos más libertinos o más pervertidos, no sé.
Igual es que le dábamos al cuerpo la importancia necesaria y no montábamos en furia ante cualquier puta cosa.
Con el tema del desnudo, por otra parte, el rasero es tan extraño que no puedes sino evitar sentirte confuso: si una chica hoy en día, orgullosa de su pechera dice "Pues mira, no me avergüenza enseñársela a todo el planeta porque para eso son mías y no hago daño a nadie", consciente de lo que está haciendo y de forma voluntaria... o bien una modelo ha hecho una sesión de desnudo integral y, contenta con el trabajo que ha realizado su fotógrafo, decide publicarla, las redes sociales no tardan en hacer cuenta del asunto. Según ellos, porque "el contenido podría ser visto por menores". Ole ahí, señores: partiendo del hecho de que un desnudo NO es algo ni inmoral (no a menos que seamos lo bastante gilipollas como para considerar que el cuerpo humano es algo zafio y ruin y que no debe mostrarse, bajo amenaza de pecado mortal) ni mucho menos ilegal, este argumento es, como poco, un mantra demagógico que funciona como excusa cojonuda para censurar al gusto. Ojo, no hablo de regular contenidos, que sí me parece ético (por ejemplo, no todo vale y no es lo mismo esto que poner fotos sexualmente explícitas de menores de edad, y demás burradas), sino de imponer una moralidad constreñida y atada a un puritanismo ridículo que, en pocas palabras, rezuma un asco total. Sin embargo, si un menor accede a una página donde se dice, no sé, que habría que matar a hostias a todos los negros o sacarlos de este país a patadas, parece ser que ahí no pasa nada. El menor está protegido de las tetas, que es lo verdaderamente ofensivo.
El puto Mal.
Este puritanismo, paradójicamente, no se refleja si yo cojo y subo la Venus de Willendorf o La Libertad guiando al pueblo o la Venus de Milo (de hecho, yo mismo hice la prueba ayer y no pasó absolutamente nada). Ahí es cuando la red social le echa unos cojones para parar un tren y nos dice que no, que "ahí SÍ es arte" (y lo otro no), insultando de paso a modelos y fotógrafos que, con mayor o menor habilidad o pericia, da la puñetera casualidad de que están haciendo exactamente lo mismo, solo que en lugar de usar un óleo se usa una cámara. Es decir, que alguien que pinta, según ellos, es un artista y el que fotografía no. Voy más lejos: según ellos, el cuerpo humano en sí mismo no es una obra de arte y la belleza que pueda transmitir, continuando este argumento, parece resultarles sucia e impúdica.
Puto Arte.
En varias conversaciones que he tenido con gente de diversas ideologías, he llegado al punto común de que la intención de la red social en sí misma es buena, o eso es lo que parece que quieren hacernos creer: a fin de evitar que esto se convierta en un libertinaje, pues se corta por lo sano y antes de ponerte a un crío de cuatro años degustando el miembro viril de un señor, pues oye, no se pone una teta siquiera y muerto el perro (nunca mejor dicho, viendo el caso que nos atañe aquí), se acabó la rabia. El problema está en el momento en que se censuran cosas que, a diferencia de la ingesta de miembros por parte de menores, no son ilegales en absoluto. No hablo de la pornografía que, pese a no ser ilegal en sí, sí entiendo y reconozco que legalmente está sujeta a unos parámetros (por pornografía entendemos, imágenes de sexo explícito, donde se muestran genitales, masturbaciones o penetraciones en primer plano o claramente visibles) y que esos parámetros deben respetarse. Hasta ahí de acuerdo, pero el respeto a esos parámetros suponen una clara línea que no debe trazarse, porque entonces estamos creando culpables hasta que se demuestre lo contrario. El planteamiento de "Se empieza por una teta y se acaba follando", si lo pensamos con frialdad, resulta anacrónico y rancio a estas alturas de la película (por no decir que es abiertamente absurdo), pero los administradores no parecen entenderlo. O igual no quieren.
Puto Absurdo.
Entretanto, y permitidme que reitere en esto, porque es lo que más me indigna del asunto, la violencia explícita, ejercida de forma discriminatoria, hacia gente de determinado credo, raza o ideología política campa a sus anchas. Aquí, según estos caballeros que salvaguardan nuestra inocencia (sexual, que no de cualquier otro tipo), no hay delito ni nada que deba siquiera considerarse. Como mucho, han llegado a cerrar la página de los perros reventados, pero oiga: no han hecho absolutamente nada en contra de que se abran otras dos páginas de las mismas características, con lo que estamos exactamente como al principio. O casi, porque si antes éramos conscientes de la doble moral puritana que caracteriza a los administradores (o acaso también al señor que manda ahí arriba), con la pantomima montada hacia la página de las tetas ahora lo vemos mascadito, descarado y riéndose de nosotros en la puta cara.











4 comentarios:
Y por todo esto es que me enfadé cuando en Gringolandia censuraron un cartel muy bonito de Eva Green para Sin City 2 porque mostraba demasiado pecho. Pero es perfectamente legal que la gente tenga armas automáticas y rifles de asalto, oye. Tengo una amiga gringa que se la pasa haciendo campaña por un amamantamiento libre. Encima, es una cuestión de salud: alimentar al bebé con una mamadera llena de fórmula lo predispone a la obesidad, pero amamantarlo no. (Me alegra poder decir que en Uruguay no pasa nada si una mujer se pone a dar el pecho a su crío en pleno autobús.) Bendito carnaval de Rio con toda la gente despelotada, también :-D
Es justo ahí a donde quiero ir a parar: que se censuren actividades que, en principio, ni son delictivas ni dañinas (si alimentar a un hijo es dañino me voy a pensar mucho acerca de que el ser humano sea la especie más evolucionada desde el punto de vista cerebral), mientras que otras mucho más graves se estén normalizando. Eso sin contar que hoy en día la gente se ofende por cosas que, en esencia, no le atañen, como la experiencia personal que he contado arriba.
Me ha encantado el artículo, totalmente de acuerdo. Sólo debo añadir una cosa: El problema no son las tetas, ¡son los malditos pezones! que parece que no os enteráis. Si los tapáis con un par de estrellitas está todo solucionado, a nadie le molesta el resto. Hasta ese punto llega la estupidez...
Vale, sí, cierto. Venga, entendamos "tetas" como "la teta completa, mostrando aureola, pezon y toda la totalidad de su pellejo al completo" :)
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