Hace cosa de un par de días andaba yo debatiendo con unas amigas y colaboradoras ocasionales de este blog, cuando surgió el tema de la actitud del friki de a pie hoy en día y en cómo ha evolucionado el asunto desde aquellos tiempos prehistóricos en los que la palabra friki ni se usaba. Hablo de esa época oscura y siniestra donde no te bajabas los discos de los Judas Priest, sino que te los pasaba un colega en una cinta de noventa minutos y tú te los grababas en una tarde. Esa época en que aquellos que nos gustaban los cómics eramos dos o tres y como mucho hablábamos del tema, pero ni hacíamos quedadas comiqueras, ni acudíamos a eventos disfrazados de conejos de colores. Nos juntábamos con coyotes de muy distinto pelaje y no nos causaba ningún trauma tener a varios colegas hablando de fútbol entre ellos. Como digo, otros tiempos.
Que las cosas sean diferentes hoy (otra generación, otro contexto social, otras circunstancias) no implica en absoluto progreso. No en el caso de los frikis (a los que en nuestra época simplemente se les llamaba "raros"), al menos. Si nos ponemos a pensar, hoy en día el ser friki es un fenómeno más o menos extendido. Si antes había un raro por clase como mucho (en mi instituto, cuna del movimiento previo que daría nombre a los canis y otras variantes de la época bakalaera de los años noventa, ni eso), hoy en día es rara la clase que no tiene su grupo oficial de frikis. Sus "comunidades", si queremos usar un término pijo y posmoderno. Grupúsculos que parecen autoalimentarse a sí mismos, en sus historias y sin meterse en las de los demás... algo que, en cierto modo podría ser progresista, ya que podría tratarse de una especie de "normalización" del "rarismo", y además de forma pacífica.
Hasta aquí, la teoría.
Que la ratio de frikis en una clase haya aumentado, amiguetes Distópicos, no tiene nada que ver con que eso se normalice; de hecho, en muchos, muchísimos casos (hablo por mi experiencia trabajando como docente en prácticas en un instituto durante una temporada) nos damos cuenta de que es justo al contrario: más que normalización, más bien hablaríamos de automarginación. Hay más, sí, pero la relación que pueden tener con otros grupúsculos es escasa o nula en muchos casos. Más, pero no necesariamente más integrados.
La respuesta a este fenómeno se da en el momento en que entras en contacto con algunos de ellos y ves su actitud: si bien hasta hace algunos años el raro era ese al que la gente miraba... bueno, lo miraban raro, ahora la cosa se ha convertido en algo mutuo: la gente mira raro al raro, pero es que el raro hace lo propio con la gente. Más allá, se junta con otros raros y se produce una especie de "comunidad de odio al mundo", al que se dedican a tratar exactamente de la misma forma que el mundo les trata a ellos, lo que no los convierte en absoluto en mejores a aquellos que desprecian.
"Sí que soy mejor. Yo conocía la saga de Materia Oscura mucho antes de que hicieran la mierda esa de La Brújula Dorada. Me jode que la gente no supiese que había un libro antes. Son indignos".
Este caso tiene además un agravante concreto en el caso de los frikis y otros colectivos que van de "marginados" por la vida (se sienten marginados, pero a menudo lo que pasa es que sencillamente es que la gente va a lo suyo y no les presta la atención que ellos implícitamente demandan), y es que el friki que tiene esta actitud (porque de todo tiene que haber, y estos de los que hablo no son todos) se pasa todo el puto día presumiendo de lo especial que es. De lo diferente que es de ese mundo gris no-friki. De lo mejor y superior que se siente por (por poner un ejemplo) reconocer a los diferentes actores que han encarnado al Doctor en Doctor Who o por haberse leído El Juego de Ender mucho antes de que sacaran la película. En definitiva, de tener que andar demostrando algo constantemente a los demás. Es ese sentimiento de autodeterminación exagerada y forzada lo que no recuerdo haber vivido en la generación previa, donde el "raro" iba a su rollo y, en mayor o menor medida, se relacionaba con el entorno que no compartía sus gustos para medio sobrevivir u optaba por morirse de asco en el ostracismo.
Hoy en día, si lo pensamos, tendemos a la sociedad gregaria: para sobrevivir ya no tienes que claudicar y relacionarte con gente diferente a ti. En esta nueva generación parece más raro tener colegas que no formen parte de tu círculo (y sin embargo con los que te lleves de puta madre, que no es incompatible). Ahora todo funciona de un modo mucho más sectario o, si preferís un término algo más suave, como más de hermandad, con sus reglas no escritas y su consabido lema de "nosotros vs. ellos". Para que un friki de la nueva escuela haga un colega, a menudo ese colega tiene que ser (por lo menos igual de friki) que él. A menudo, además, deben estar de acuerdo en que la vida no-friki es gris, aburrida y los que no son frikis son una tanda de borregos gilipollas.
"Míralos, se van a ver el fútbol, qué gilipollas"
En esta variante de extremismo friki, que es la que estoy denunciando aquí (y no los demás, que en realidad no hacen daño a nadie), llegamos incluso a los talibanes, o los que una amiga suele llamar "frikis coolturetas", la nueva generación de frikis que además ni siquiera son simpáticos. Son pedantes y restriegan a todo el que pueden sus amplios conocimientos sobre literatura, comics o lo que sea. El caso es que, ya no es solo que lo hagan, sino que lo hacen desde la condescendencia y el desprecio hacia aquellos que, por el motivo que sea (puede que simplemente, sean cosas que no les gusten y eso no deja de ser respetable) no tienen mucha idea del tema. El rollito en plan "Ja, ja, pobre desgraciado ignorante, ¿es que no sabías que La Naranja Mecánica está basada en una novela de Anthony Burgess? [para a continuación decir] "Pues yo me la leí en tres días. Es chorosjó".
El friki cooltureta es la clase de marginado que entiendes que esté marginado, porque si bien el friki medio suele ser simpaticote (no tiene por qué tener motivo para ser borde, en realidad), este es un chulito de poca monta que mira por encima del hombro a los demás. La clase de gente que, bien no recibió las debidas collejas en el instituto, bien las recibió y no lo ha superado, por lo que se ve a sí mismo en la obligación de guardarle rencor a todo el planeta por no saber admirar su fascinación por un mundo que solo él y unos pocos iluminados comprenden.
Se dice que todo friki en su interior sigue siendo un niño grande, y entendedme, eso no es malo: al fin y al cabo, eso te da la habilidad de emocionarte con cosas que nos devuelven a una época más temprana y algo más feliz en nuestras vidas. Lo malo es cuando eso viene también acompañado del "Pues yo soy más mejor que vosotros y la pelota es mía y juego yo solo que no necesito a nadie". Juntad a unos cuantos de esos y nos encontramos a una pandilla que da auténtica vergüenza ajena en lo que actitud se refiere.
Quizás es por eso por lo que no suelo prodigarme por eventos del tipo de salones del cómic y demás... porque tengo la ligera impresión (puedo equivocarme, pero el sentimiento lo tengo igualmente) de que en los últimos años, el perfil medio se acerca más a esa variante del frikismo que estoy viendo cada día más. La idea del ghetto, del autoaislamiento, del evento que parece creado por y para un colectivo en concreto y donde aquellos que no necesitamos ir demostrando que nos gusta algo nos sentimos cada vez más desplazados. Para respaldarlo, recuerdo el caso de una discusión que tuve con una colega, muy metidilla en la movida "friki" de mi ciudad, que me estuvo hablando sobre un salón especializado en cómics japoneses. Mi crítica fue que lo veía limitado, en el sentido de que, coño... si haces un salón de cómics, mete de todos los países que puedas y abarcas público, de todos los gustos y todas las edades. Así, argumenté, tienes más posibilidad de llenarlo y sacar algún beneficio. La respuesta, tan vehemente como borde, me dejó sentado de culo:
—Esta gente hace el salón de lo que le da la gana, donde nadie los molesta y donde nadie los va a mirar mal por gustarle lo que les gusta. Es un salón para ellos, y los demás, que vayan a otros.
Traducido: "Esta gente se han hartado de que los marginen, así que van a saltarse el paso de que los margine alguien y se van a dedicar a marginarse a sí mismos, cerrándose a cualquier otra puta cosa que venga de fuera de su circulito".
"¡Y esto es lo que hay, joder, con tanta integración, tanta apertura a la gente y tanta hostia ya!"
Donde el que te guste el cómic se asocia automáticamente y sin remisión a que te gusten los videojuegos, jugar al rol, disfrazarte o la cultura asiática. Joder, de todo esto puede haber cosas que sí me interesen y otras que no, como en todo... pero cuando a cada evento que voy siento que se asocian cosas que no tienen absolutamente nada que ver, es cuando empiezo a sentirme alienígena, porque siento que se da por hecho que me tiene que gustar todo a la vez. Me puede gustar la ciencia-ficción y no la fantasía. Me puede gustar leer Lobezno, pero no disfrazarme de Lobezno. Me puede gustar el rol, pero no el rol en vivo. En un salón del comic, me pueden gustar los comics, pero no tiene por qué gustarme todo lo demás. Cuando además veo que en mi ciudad, los salones de comic tienen prácticamente de todo menos cómics, supongo que queda claro mi hastío. Y por lo que me han contado de algunos otros que me pillan más cerca, la cosa no es muy diferente por otros lares. Insisto, esto no es más que una impresión personal mía, pero hace que se me quiten las ganas de ir a estos eventos.
Y volviendo a lo de antes, si todo esto coexiste y tal, pues oye, me parece soportable. Pero cuando tengo la impresión de que todo parece orientado a un público con el que no me siento identificado, que la actitud de la organización es la del ghetto, sectaria y limitada, pues no puedo evitar no sentirme bienvenido. No cuando veo que la actitud de muchos de estos componentes es sectaria y basada en el prejuicio. Cuando tienes auténticos payasos que ven que una chica guapa es aficionada a los videojuegos y se monta un canal de Youtube y los comenta, y tienes una legión de bocachanclas diciendo que la tía no es una "gamer de verdad" (básicamente usando como argumento que está buena y poco más) y que lo que busca es "llamar la atención". Claro que sí, llamar la atención de un puñado de chavales que juegan a videojuegos, eso es ambición... por no mencionar que dice muy poco de sí mismos y mucho de sus prejuicios en cuanto al físico. O de ver a una tía que no aparece con su camiseta de Slipknot y tratarla con la condescendencia propia que suele adjudicarse a los hipsters, diciendo cosas como "Tú es que no vas a saber de quién te hablo", a la hora de referirse a un novelista de ciencia-ficción o dibujante de comics.
Gente que va de "especial" por la vida, que lloriquea sobre los prejuicios que tienen otros sobre ellos, pero que se creen con derecho a actuar con esos mismos prejuicios sobre los demás.
Según este principio, las buenorras no pueden ser frikis, porque son lerditas y no tienen cerebro suficiente para entender algo tan complejo y sesudo como Star Wars. Llevan frikisetas por moda, como la que lleva una camiseta de Mango.
Pero lo dicen sin acritud.
Con esto lo que quiero decir es que a veces un colectivo no tiene por qué ser mejor que los demás solo por el hecho de ser un colectivo. Especialmente si ese colectivo en concreto ha llevado la etiqueta de "marginado" toda su vida. Gilipollas hay en todas partes y no molan más por llevar una camiseta de Spiderman o por haberse visto completa Evangelion y en japonés. No me gusta que me venga la gente intentando impresionarme o demostrarme nada, porque parto de la base de que yo no tengo por qué impresionar a nadie ni demostrar nada. No necesito ir a eventos disfrazado para que la gente sepa lo que me gusta. No hago fotos de mi colección de cómics, de mis libros de ciencia-ficción o terror o de mi reciente colección de miniaturas, ni me saco fotos mías leyendo, porque pienso que al resto del mundo le importa tres cojones lo que yo lea o coleccione. Si llevo una camiseta con un Spiderman es porque la camiseta me gusta A MÍ y no porque tenga que ir aireando lo que me gusta, como si estuviera predicando La Palabra. Al que le guste bien, y al que no, pues ya sabe dónde tiene la puerta. Yo no voy a negar tener un componente friki bastante alto, pero creo que no ha llegado el día en que vaya mirando a los demás como si fueran mierda por no ser lo bastante frikis como para poder permitirse el lujo de relacionarse conmigo, o de medir a la gente por su nivel de frikismo (de hecho, una gran parte de la gente con la que me relaciono no tiene demasiado de friki y les tengo el mismo cariño que a los que sí lo son). No necesito reafirmarme formando parte de ningún colectivo con etiquetas modernitas (gamers, cosplayers o lo que sea) que respalde mi superioridad intelectual bajo consignas de cualquier tipo. Tengo colegas con los que comparto algunas aficiones, y otras las comparto con otros. Tengo colegas con los que incluso apenas comparto afición alguna.
Igual soy raro, pero tengo la sana costumbre de separar entre lo que me gusta y convertirlo, como se está haciendo con todo, en una puta "forma de vida".





2 comentarios:
No creo que sea algo nuevo, de mi adolescencia recuerdo también que se formaban grupos que buscaban una cierta estética o escuchaban un tipo de música y se rechazaba a todo lo que no cuadrara. Yo creo que es parte de la reafirmación, del sentir que perteneces a algo en un momento de la vida en el que estás perdido y no es necesariamente malo porque luego evolucionas y te abres al mundo y son etapas que pasan. La cuestión quizás es que hay un cambio y el raro ya no es el marginado sino que su grupo se habrá (imagino, porque tampoco tengo poca relación con adolescentes) convertido en un grupo más. Creo que quizás tenemos la visión del raro-marginado porque es la que hemos vivido nosotros y las cosas ya no son así.
Luego lo de que no encajar en ningún grupo porque tienes intereses demasiado amplios a mí me ha pasado montones de veces. Con amigas que veían Gran Hermano yo era la rara que veía cine chino subtitulado. Con amigos que veían cine chino subtitulado yo era la rara que veía Gran Hermano, pero yo siempre he antepuesto las cosas que me interesan a ser parte del grupo, supongo que por eso nunca he conseguido conservar amigos.
A mí me pasa tres cuartos de lo mismo, Rae. En mi caso, más que no conservar amigos, puede decirse que entre mis amigos hay un catálogo amplio de gustos: están los que juegan a videojuegos, los que leen comics, los que ven el futbol o los que tocan música, sin que una cosa tenga por qué excluir a la otra. Quizás parte del problema es un poco eso de "o les gusta lo que yo o no me junto con ellos". Es posible que, ahora que lo mencionas, en mi adolescencia los gustos que había, por ejemplo, en mi instituto, fuesen un poco más homogéneos y no tuviese la misma percepción de aislamiento entre ellos (me refiero a aislamiento por gustos, no por otros motivos, de esos sí es cierto que los he visto muy a menudo)...
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