Hay días en que uno directamente alucina con la sociedad en la que vive.
No sólo te enteras de que tu país está a punto de ser intervenido (al menos oficialmente, para mí lo estamos desde 2010, desde el momento en que nos dictaron desde Bruselas las medidas económicas que tuvimos que adoptar ante la crisis y nos obligaron a modificar nuestra Constitución) y de que nos esperan un 2012 y un 2013 con los que vamos a flipar en colores. O de que resulta de que nuestros sacrosantos gobernantes, una vez se han cepillado los avances sociales que tanto había costado conseguir en materias como economía y educación, se baja los pantacas ante la Iglesia Caótica (porque lo del Catolicismo/Cristianismo quedó muy atrás, poco después de que crucificaran a un cabeza de turco hace dos mil y pico de años) y ante la banca; ésta última, recordemos, responsables de gran parte de la mierda que nos estamos tragando a golpe de embudo día sí y día también.
En mitad de la que está cayendo, da la casualidad de que el pueblo (hablo en líneas generales, que luego hay mucho colectivo que se encojona con estos comentarios), lejos de indignarse y revolverse (o bien haciéndolo, pero con ideas peregrinas y utópicas que no pasan de charlilla tabernera entre colegas; como si una sociedad sociedad que lleva siglos enferma pudiese cambiar de la noche a la mañana, y a golpe de actos simbólicos y discursos que suenan a cuento de hadas), se dedica a tocarse las gónadas y mirar para otro lado.
El lado hacia donde miran, cómo no, es la Eurocopa, que empieza mañana.
Ante esto que acabo de decir, no saquemos conclusiones precipitadas: ser amante del fútbol no está en absoluto reñido con preocuparte por tu país, ni mucho menos. Eso sería tan maniqueo como decir que si te gusta leer automáticamente ya no te gustan los videojuegos o el cine.
Lo alucinante es el modo en que los medios acaparan la atención ante esto, procurando tenernos ilusionados, contentos y felices ante un partido de fútbol y que pensemos lo menos posible en cómo se nos va a quedar el culo cuando los coleguis germanos vengan con sus frankfurtis dispuestos a ponernos mirando para Bruselas.
Más alucinante aún es el hecho de que estamos entrando al trapo totalmente.
Algo como esto, pero todos con una camiseta roja.
Ahondando más en el caso Eurocopa/Mundiales, tengo que decir que hay cosas que jamás han dejado de alucinarme, y es precisamente lo que da título a este post: ese patriotismo intermitente o de quita y pon que parece invadir la mente del homo hispanicus de a pie.
Aquí puedo permitirme hablar en líneas generales y considerar las excepciones como algo bastante marginal, a tenor de lo visto en los últimos cuatro años.
Echad un vistazo a vuestros balcones.
Si las cosas van según lo previsto (es decir, como ha venido sucediendo en los últimos torneos), ahora vuestros ojo-patios, calles, y fachadas de edificios deberían empezar a verse inundadas con banderas nacionales. En señal de ánimo a la selección, se argumenta.
En señal de hipocresía, argumento yo.
A mi parecer (y ojo, que es solo mi parecer, que luego me dicen que soy un radical por decir lo que pienso y no comerle la polla al Pensamiento Único Megaguaish que impera en esta sociedad de lameculos y fariseos), esto no es más que una muestra de la clase de gentuza que solemos ser en nuestro país. Esa caterva de (como llaman en mi tierra) convenidos (o "conveníos", si se usa el acento local) que animan a su patria y visten los colores sólo cuando tienen posibilidades de ganar, o bien están ganando. O bien, ese rebaño de criaturas mononeuronales que consideran que el patriotismo y lucir la bandera por alguna parte es un sinónimo de fascismo siempre y cuando no se juegue un partido nacional.
Y es que somos más papistas que el puto Papa.
Planteémonos el caso de un señor que vaya con su coche y al lado de la matrícula tenga una pegatina con la bandera democrática.
Automáticamente aparecerán de uno a tres gilipollas al día o así diciendo que "Si no es facha, como poco es pepero".
Nada como sacar conclusiones en base a un dato, que ni siquiera tiene por qué ser revelador. Muérete de envidia, Sherlock.
"Watson, se me acaba de torcer el culo de la impresión: ¡los españoles son capaces de reconocer a un fascista sólo con ver la marca de calzoncillos que usan! Sin duda alguna, tengo que rendirme ante tales poderes de deducción y detección. Superan los míos con creces"
Esto parte, cómo no, de la falacia de pensar que si A contiene B y C, siempre que veamos B o C aislados tenemos que pensar automáticamente en A: dicho de otro modo, si los fascistas de antaño supuestamente eran ultrapatrióticos, hoy en día todo aquel que se considere a sí mismo un patriota es fascista por definición.
Por esa regla de tres, tenemos que si una paella contiene guisantes y arroz, todo lo que lleve arroz y/o guisantes es una paella.
¿Habéis probado el arroz tres delicias?
Y es que nos gusta sacarlo todo de quicio y ver cosas donde lo has hay: un patriota, a ver si nos enteramos de una puta vez y nos quitamos las orejas de burro con las que estamos demostrando a toda Europa lo anormales que podemos llegar a ser, NO tiene por qué tener tendencias políticas definidas hacia un lado u otro. Se puede amar al propio país siendo de derechas, de izquierdas (o mejor dicho, votando a un partido u otro; ya están demostrando que cada día se parecen más entre sí, salvando los logos de los partidos y poco más), monárquico o republicano (y a ver si nos enteramos de una vez: NO SON LO MISMO. "monárquico" no implica "de derechas" y "republicano", "de izquierdas". Estudiad un poquito y luego me habláis de ese tema).
El patriota no es el gilipollas ese que se ridiculiza con la imagen del señor con los tirantes de la bandera española y berreando en contra del aborto. Es la persona que ama a su país, pero con el sentido común suficiente como para pensar que se puede y se debe mejorar. Que nuestra cultura, con sus miles de defectos, también tiene las virtudes necesarias para hacer que nuestro país merezca la pena.
Es el que piensa que no tenemos por qué vivir avergonzados de nuestras raíces ni sentirnos súbditos de nadie.
Aquí, una suculenta paella valenciana.
Aquí, un delicioso arroz tres delicias. Si consideráis que ambos son lo mismo o que no hay mucha diferencia de sabor entre una cosa y la otra, casi mejor dejad de leer este post, porque queda claro que ningún argumento va a convenceros ni a bajaros de la burra.
Qué curioso resulta que aquellos que escupen su bilis sobre los símbolos del país que nos vio nacer (bandera, himno, literatura, arte en general) sean los mismos que ensalzan las virtudes de cualquier otro país antes que las propias como si ser españoles fuese algo sucio, zafio. De segunda categoría, incluso.
Como si tuviéramos que envidiar cualquier cosa a cualquier país de este mundo porque somos lo peor que ha parido madre. La última puta escoria de la humanidad.
Esos mismos son los que se mean sobre los supuestos del nazismo acusando de "ridículos" los principios de raza superior (para mí lo son, al menos); parece ser que lo de la "raza inferior" sí vale y nos ha tocado a nosotros, según este principio, serlo.
Y eso, según estos intelectuales y charlatanes de las libertades, no es ridículo.
Y es que al homo hispanicus le gusta ser un perdedor.
Se regodea en su propia mierda, cual cochino en el barro: no va al cine porque total, cualquier cosa que se ruede bajo un director español es digna de Alfredo Landa o de Pajares y Esteso. Cintas más que dignas como REC, Celda 211 o Abre los ojos o no existen o no son mierdas. Sin embargo, si los amigos del otro lado del Atlántico hacen un remake, llueven los bukkakes y las alabanzas.
Porque con tiros, explosiones y el jetorro de Tom(topolla) Cruise todo sabe mejor.
Dicho de otro modo: tú ves a una pava en una peli americana, pintando el carenado de una moto en semejante postura y, si te gusta medianamente el cine, dices...
"¿Pero qué gilipollez de excusa es esta para que te pongan a una tía con el culo en pompa?"
Si al lado tienes un amiguete que se traga estas mierdas y lo flipa, te dirá:
"¿Qué más da, tío?"
Si esta misma escena tiene lugar en una peli española, será tu amiguete el que diga lo siguiente:
"¿Ves? Ya han puesto una tía marcando culo. ¡Española tenía que ser la peli, colega!"
Con esto, lógicamente, no quiero dar la vuelta a la tortilla y decir que el cine español es infinitamente mejor que cualquier otra cosa parida en el mundo, no nos confundamos: lo que quiero decir es que las cosas han de verse en su justa medida y pasándonos los prejuicios por el forro de los cojones. Si una película es buena, nos tiene que importar un huevo que se haya rodado aquí o en los Estados Unidos (que, de vez en cuando, nos deleitan con cine en condiciones, tampoco es para ponerlos a caer de un burro sistemáticamente tampoco); del mismo modo que si la película es un mojón como la copa de un pino, ni cabe el ataque a la nacionalidad ("Claro, es que es española, ¿qué te esperabas?") o la defensa a ultranza de mierdas que no tienen por dónde cogerla. Como ejemplo, ya visteis mi crítica acerca de The Chaser, que fue defendida a capa y espada por provenir de Corea, que ahora es un país que "mola", cinematográficamente hablando: esa misma película -ópera prima de un director y no obra maestra, que parece que ambas cosas se confunden con pasmosa facilidad- se llega a rodar en España y habrían salido pestes de todo bicho viviente.
En el tema de la música, igual: gente que argumenta que TODO lo que se produce allende nuestras fronteras es mejor por definición; por esa regla de tres, podemos decir que los Jonas Brothers, Justin Bieber, Tokio Hotel, Milli Vanilli o los sobrevaloradísimos Manowar son mejores que cualquier artista, banda o grupo parido en nuestras fronteras.
Porque somos inferiores en todo.
Y nos lo tenemos que creer.
Dicho de otro modo: somos lo más parecido a unos putos orcos y no hacemos NADA bien a derechas.
Partiendo de esa base, los turistas se rinden ante nuestra gastronomía, los estudiantes se interesan por nuestra historia y nuestra literatura y los japoneses aprenden flamenco.
Por hacernos un favor, porque como sabemos que lo nuestro es una puta mierda, lo hacen para que no nos sintamos tan mal con nosotros mismos por ser tan inferiores.
Más gracioso resulta aún ver al loser hispanicus cambiar de tercio como el que cambia de personalidad y, de la noche a la mañana, en el momento en que un deportista nacional gana un partido, campeonato o lo que sea, subirse al carro del triunfo e ir por la vida de adalid de la Hispanidad.
Porque ahora sí. Ahora que hay campeonato mola ser español. No antes, cuando no ganábamos nada, que era cuando se miraba para otro lado y la gente de aquí vestía camisetas de la selección de Brasil.
Ahora miras a los balcones y nuestra bandera ahora ondea a sus anchas (eso sí, comprada en los chinos, que es más barata; que esté hecha con materiales inflamables no importa. Mejor por si tenemos que quemarla cuando perdamos algún partido), cubriendo fachadas sin miedo a ser acusado de tener ciertas tendencias políticas.
Durante lo que dure la Eurocopa (o mejor dicho, durante el tiempo que juguemos antes de que nos eliminen), está de moda ser patriota. En estas fechas, ya nadie es independentista y nadie se va de un campo cuando suena el himno nacional. Nadie dice provenir de otro país aunque sea español de origen, acorde con las leyes vigentes.
Todos somos españoles, españoles, españoles.
Ja, ja y puto ja.
Todos somos españoles, españoles, españoles.
Ja, ja y puto ja.
"¡Todos con la Roja!"
Y cuando la fiebre pase o, si (horror de los horrores), fuésemos eliminados del campeonato, ¿qué haremos?
Lo de siempre.
Recogeremos nuestros bártulos y volveremos a nuestro status de antichovinistas, despreciando nuestro hogar día sí y día también. Alabando cualquier cosa que no sea nuestra, por mala, ridícula o cutre que sea (pensad que grandes mierdas del cine como Waterworld o 2012, considerados verdaderos desastres por Hollywood, llenaron bastante nuestras taquillas; y hubo gente que incluso lo flipó con ellas). Acusando a la gente de cosas que no son sólo por amar los colores.
Lo de siempre.
Recogeremos nuestros bártulos y volveremos a nuestro status de antichovinistas, despreciando nuestro hogar día sí y día también. Alabando cualquier cosa que no sea nuestra, por mala, ridícula o cutre que sea (pensad que grandes mierdas del cine como Waterworld o 2012, considerados verdaderos desastres por Hollywood, llenaron bastante nuestras taquillas; y hubo gente que incluso lo flipó con ellas). Acusando a la gente de cosas que no son sólo por amar los colores.
Y nos tiene que gustar, porque eso es lo que hace la mayoría. Porque como son mayoría, tienen razón. Y todo el mundo a callar.
Porque en democracia (¿he dicho democracia? Llamadlo mejor demagogia) resulta que sólo la opinión de la masa es válida. La de la gente que no ve las cosas de la misma manera es tildada rápidamente de errónea, de radical o directamente de gilipollas perdida.
He ahí el respeto del que presume el intelectual-cool de hoy en día. Más flagrante es que además vaya exigiendo que Su Palabra sea aceptada y respetada, no vaya a ser que se cabree y te llame radical.
Guau.
Porque en democracia (¿he dicho democracia? Llamadlo mejor demagogia) resulta que sólo la opinión de la masa es válida. La de la gente que no ve las cosas de la misma manera es tildada rápidamente de errónea, de radical o directamente de gilipollas perdida.
He ahí el respeto del que presume el intelectual-cool de hoy en día. Más flagrante es que además vaya exigiendo que Su Palabra sea aceptada y respetada, no vaya a ser que se cabree y te llame radical.
Guau.
"La Eurocopa ha terminado, ¡¡¡Quita esa bandera, neonazi de mierdaaaaa!!!"
Pues bien, este que está aquí no piensa callarse. Da igual molar menos, que te acusen de lo que sea o que piensen que desayuno recién nacidos estrujados con los chococrispis. Francamente, me la suda; por eso, me da igual decir lo que pienso, le duela a quien le duela. Aunque mis pensamientos no concuerden con la ideología de diseño super-cool que nos quieren meter con calzador, donde el mundo es chupiguai, todos somos hermanitos y la humanidad es una raza fantástica al mismo nivel social que los elfos de Tolkien, por lo menos.
Así os lo digo, con total claridad: ese oportunismo y esa hipocresía me revuelven las tripas.




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2 comentarios:
Cosas ciertas que las pienso, otras que digo: Anda!, eso lo hago yo...
Estoy totalmente de acuerdo contigo. Aunque un vocabulario menos explícito hubiese ganado más lectores, o más simpatizantes de tu postura.
Pero ya digo que para mi, eso es la realidad en España.
Y me da rabia, porque yo me siento y soy español.
+10
Gracias!
Sí, entiendo que el vocabulario no sea gusto de todos los platos; sin embargo, el objetivo de este blog no es precisamente tener más lectores (ya has visto que es, posiblemente, el Menos Leído de la Red), sino sacar desde las tripas lo que se piensa y arrear una sonora bofetada a un mundo que es cada día menos lógico pero sí más políticamente correcto ;)
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