lunes, 13 de febrero de 2012

Angst- Imaginación, Tiempo, Caos y otras cosas sobre las que nadie debería pensar



Cuando era niño, me contaron una leyenda en la que San Agustín iba por la playa paseando y meditando sobre cuestiones teológicas cuando, como el que no quiere la cosa, se encontró con un niño que jugaba en la orilla con una concha.

- ¿Qué haces?- preguntó San Agustín al crío.
- Intento meter toda el agua del mar en este agujerito que he hecho en la arena- respondió éste, con cuidado de que no se derramase el agua que había almacenado en la concha.
- Pero... ¡Eso es imposible!
El niño le miró fijamente y le dijo:
- No, Agustín. Lo que es imposible es que intentes entender cómo funciona el Misterio de la Santísima Trinidad.

Cuento esta historia porque hoy me siento un poco así. Quizás no divagando tanto en cuestiones acerca de la identidad del Panteón Cristiano, pero sí un poco dándole vueltas a la idea de lo que es tener imaginación y de lo que ello conlleva.
No, esto no es elitismo ni ensalzamiento del modo de vida intelectual, sino todo lo contrario.

Para ilustrarlo, me remito ahora a lo que, hace ya unos cuantos años, hablaba con un amigo al respecto; según él, la imaginación no es sólo la habilidad para inventar cosas. No se limita a esa energía fabulosa que algunos humanos parecen tener más desarrollada para contar historias, realizar obras artísticas o llevar a cabo diseños científicos revolucionarios; como todo en esta vida, tiene un precio bastante alto por el que pagamos todos aquellos que decimos tenerla. Ese precio puede traducirse en miedo. En inquietud.
En angustia, si quieres.
Cuando tu imaginación se dispara, no es el don del que te hablan aquellos que te ven desde fuera. Es la peor de las maldiciones, porque tu mente se devora a sí misma; todo aquello que generalmente consigues para inspirar imágenes, para elaborar frases más o menos elocuentes o incluso simples chistes de dudoso gusto se vuelve contra ti. Imagínalo como una montura que te lleva por donde quiere: a veces puedes descubrir sitios fantásticos, pero en ocasiones, te muestra tierras muy tenebrosas. Ese supuesto "don" provoca que hagas un mundo de cosas que todavía no han llegado a pasar. Que te anticipes a las desgracias por venir. Que te vuelvas paranoico.
Puede que incluso nihilista, si esa montura avanza lo suficiente.



Y para esto, no hace falta que suceda más que una sola vez.
Pensadlo como un vampiro. Una criatura fantasmal que te drena las energías, al que en un momento dado de vuestra vida, por inexperiencia, por error, o por cualquier otro motivo, dejáis entrar en el santuario de vuestra mente. Una vez ahí dentro, ya tiene total libertad para entrar a voluntad. Podéis desarrollar barreras a lo largo de los años. Levantar auténticos muros para que todos aquellos pensamientos que os aterran se queden tras las fronteras.
Podeis hacer lo que queráis, pero sabéis que esos pensamientos de terror, esos escalofríos metafísicos siguen ahí, acechando tras los ladrillos de la cordura. Que no han desaparecido ni se han debilitado; todo lo más, hacen menos ruido. Y también sabéis que sólo hace falta una etapa oscura, imprecisa o simplemente confusa, para que todos vuestros miedos vuelvan a aflorar. Para que, como una horda de muertos vivientes, empiecen a golpear las puertas y echar los muros abajo.
Porque están a la espera.

Pensad en etapas en que vuestras vidas están estancadas, por el motivo que sea. A vuestro alrededor, todo cambia menos vosotros, o al menos en apariencia. Cuando esto sucede, el tiempo se acelera; los días se suceden a velocidad de vértigo y esa ilusión mental de controlar vuestras vidas se escapa entre los dedos como el mercurio. Todo parece sumergirse en una espiral de locura e incluso puede que sintáis que ese Universo que conocíais, ese pequeño mundo que os rodeaba con sus más y sus menos, está a punto de venirse abajo. Que todo cuanto conocíais cambiará de modo tan radical, y tan deprisa, que ni siquiera tenéis tiempo de haceros a la idea de lo que sucede.
Y es ahí cuando el Caos aflora.
Ahí es cuando empezamos a pensar en qué es lo que hemos estado haciendo. En el tiempo perdido. En cuántos episodios de nuestra propia vida nos hemos perdido para descubrir que el mundo ha girado a nuestro alrededor de modo vertiginoso y nosotros no dejamos de parecer vestigios de otra época. Es como bajarnos en la parada equivocada y hacer el camino a pie... para que, cuando lleguemos a nuestro destino, el mundo sea totalmente diferente.
Diferente, salvo nosotros.
Anacronismo.




En estas etapas, no puedo evitar pensar que no siempre el conocimiento es bueno. No desde el punto de vista de que no nos hace felices; quizás la felicidad sea un estado ilusorio, pero la miseria no lo es. Podemos mirar para otro lado. Podemos negarla, incluso... pero sabemos que está ahí: si bien hay cosas que nos alegran, llegar al estado de felicidad (al menos, de felicidad real) es complicado; sin embargo, necesitamos muy poco para sentirnos desgraciados. Esto se da a veces en el hecho de querer conocer cosas, buscar respuestas: ese afán de saber más, conlleva la maldición de conseguirlo.

Pensemos, por ejemplo, en conceptos como la entropía.
Termodinámica.
Son palabras extrañas, que en realidad lo único que nos dicen es que todo tiende a la oscuridad y al frío. Hay una fuerza cósmica que hace que un plato se haga añicos, pero no existe nada en este Universo que conozcamos que lo recomponga. A causa del Big Bang, la materia tiende a separarse exponencialmente entre sí, hasta que llegue un punto en que no exista movimiento molecular, y todo que estancado. Para entonces, las estrellas habrán agotado su combustible y la separación entre las moléculas impedirá que se produzcan las reacciones nucleares que nos dan la vida.

Muerte del Universo por frio.
Es algo interesante, pero quizás no necesitaba saberlo. No si miramos a nuestro alrededor y nos da por pensar que, tal vez, esas cosas no sólo se produzcan a escala cósmica.
Intentad enfocarlo desde el punto de vista personal, sustituyendo esos cuerpos celestes y esas estrellas que dan calor por la gente a la que queremos.
Desde cierto punto de vista, nosotros también tendemos a la oscuridad y al frío.



Y al final del camino, al final de todo, en última instancia siempre está Ella. Sonríe, sí, pero nunca he sabido si es una sonrisa amable o no.
Quizás muchos de vosotros la conozcais; es posible que haya pasado por vuestra casa o la de algún conocido. Incluso puede que, en un momento dado, la hayáis mirado a los ojos. Otros, espero, vivís felices ignorándola hasta que llegue la hora.
Sea como sea, está ahí. Omnipresente y (mucho me temo) omnipotente.
El Pensamiento Terrible por antonomasia. El Escalofrío Metafísico. Aparece desordenadamente a lo largo de nuestras vidas, llevándose por delante a familiares y amigos de vez en cuando. Inevitable e ineludible. Quizás es no poder evitar pensar en Ella lo que me aterra, o quizás es el hecho de que, por su causa, toda criatura viviente tiene que enfrentarse a aquello que más teme: a aquello que no conoce.
Y ese es un conocimento que no me importaría borrar de mi cabeza.
Un conocimiento, sin duda, derivado de la imaginación. De una mente que no para de pensar en una cosa y en otra... y, como ya decía Gaiman, "hay que saber cuándo parar con una historia. Porque si no lo haces, todas acaban en el mismo sitio". Creo que eso de ponerte a hacer rodar la cabeza no es muy distinto.

Por eso, supongo, hoy es uno de esos días en que si alguien me dice eso de "Ojalá tuviese tu imaginación", lo más probable es que, como toda respuesta, me encoja de hombros y le diga: "No lo desees muy fuerte, porque es posible que tus sueños se hagan realidad".

4 comentarios:

Isi G. dijo...

El final, la conclusión, me han dejado pensativa... Supongo que es bueno, no sé, pero ando ahora dándole vueltas a un par de cosas...

Un beso^^

Rumbo a la Distopía dijo...

Jajajajajaajaj un efecto secundario distópico. Espero que no pienses demasiado, que últimamente parece no estar muy de moda :D

Silvia- Plumamordaz dijo...

¿Sabes algo que merma la imaginación? Estar agotado. La aversión a la realidad estimula la imaginación, el exceso de realidad la mata.

Hace demasiado tiempo que no escribo ficción. Tengo morriña, saudade y demás cosas gallegas.

Silvia-Vengatriz

www.abajolasopos.wordpress.com

Rumbo a la Distopía dijo...

Quizás yo por eso es por lo que escribo ficción: para evadirme de la realidad :D