lunes, 24 de octubre de 2011

Mis Truños Favoritos: Tetsuo, el Hombre de Hierro o "Justificar la mierda llamándola arte"



Si sois fans de aquel programa llamado La Hora Chanante o La Muchachada Nuí (para mí eran el mismo programa, pero con distinto nombre), los tipos que lo llevaban hicieron una vez un sketch acerca del arte o, lo que ellos llamaban "Esa panda de sinvergüenzas", hablando de la cantidad de timos que se han cometido a lo largo de la historia (especialmente contemporánea) y que han tenido lugar con la excusa de "crear un arte transgresor".

En algunos casos, no voy a negar que la transgresión y romper los conceptos preestablecidos sea una forma más de hacer arte (de no hacerlo, negaría que el arte es algo estático que está en cambio constante, y va a ser que no pienso eso); pero también es cierto que no sería la primera vez que algún cretino ha puesto en un museo dos pintadas en la pared de un wáter y ha montado una exposición gracias a eso (cuando eso lo hemos visto cada vez que nos hemos sentado en el trono en un sitio público y, o bien nos hemos reído, bien nos ha parecido una soberbia marranada, bien hemos apuntado el número de teléfono que aparecía ahí, dependiendo del caso y la persona), o algún hijoputa ha cogido un perro callejero y lo ha amarrado en un museo y lo ha dejado morir de hambre en aras de la transgresión, la creación de nuevas formas de expresión y mil polladas más con las que su puta madre se hará un dedo muerta de orgullo.

Pues no.

Aquí seré un obtuso, pero lo digo y lo mantengo: el arte no es cualquier cosa, y llamar arte a lo que no lo es tiene tanto sentido como decir que cagarse en la cara de tus padres cuando duermen la siesta no es una marranada. Pues oiga, sí que lo es, lo llame usted como le salga de los huevos y justifíquelo usted como quiera.

Esa misma es la impresión que me llevé cuando vi la peli que toca despellejar hoy.
Tetsuo, el Hombre de Hierro.
Calificada en su día como "pionera del cyberpunk", nos narra una historia que, desde el principio, ya demuestra tener tanto sentido como dialogo. Y creedme, en esta peli se habla del mismo modo que se folla en España: poco, mal y sin gracia.
Básicamente se nos cuenta que un señor totalmente carente de luces es chatarrero en sus ratos libres; y como vive en el puto Japón, donde la gente vive más triste y alienada que en ninguna otra parte del planeta, expresa su angustia vital rajándose el pellejo y metiéndose cachos de chatarra por debajo de éste.
Todo el mundo tiene un hobby. Al parecer, cuando un director quiere quejarse acerca de lo mal que se vive en su país, expone uno que sólo un cretino integral puede llevar a cabo. Especialmente cuando lo que se vemos que se mete es un puto tubo-tráquea, de los que usamos para meter cables, sin lavar y sin nada.


Bueno, se los pasa por la boca antes de metérselos bajo el pellejo. Seguramente leyó por alguna parte que la saliva es antiséptica.

Como es natural, pasan un par de días y el tubo se le infecta bajo el muslo. Y como el tío es gilipollas perdido, echa un grito al ver los gusarapos que le salen de la herida y echa a correr. Salga usted a pegar chillidos a la calle como un puto histérico y cruce la carretera sin mirar para que un yuppie nipón le atropelle. Huelga decir que, hasta esta escena, todo lo que hemos escuchado es música chatarrera; cuando el coche le pasa por lo alto al gilipollas, suena música guai, con saxofones. Por la puta cara.
Aunque siempre estoy abierto a explicaciones... pero por favor, no uséis el argumento de "Tú es que no lo entiendes", que ya empieza a ser cansino. Suena al típico argumento del que no tiene argumentos. Se valorará la creatividad.
Y si esto os ha parecido absurdo, entonces no sigais leyendo, porque entonces es cuando la peli desvaría de verdad. Avisados quedais.

Pasan unos días y hay una elipsis de argumento que más adelante quedará rellena (que no explicada, no es lo mismo). El gilipollas que se mete chatarra bajo el pellejo ahora mismo parece estar en su zulo habitual, rodeado de cables, mierdas y demás cosas (nada de tecnología ni cyberpunk. Esto en mi barrio es lo que llamamos "un puto chatarrero") y la acción se centra en el yuppie.
Impresionante dialogo telefónico que refleja la incomunicación en el Japón actual, que transcribo aquí:

"¿Diga?"
"¿Hola?"


Un tío diver.

Repítase unas seis o siete veces y ya tendremos el dialogo al completo. Yo no sé a vosotros, pero a mí la crítica a la incomunicación y la sociedad alienada, aunque no me desagrada por lo general, me toca un poco los cojones cuando el "artista" de turno se pone conceptual y va por ahí en rollo pretencioso, creyéndose que por repetir un diálogo hasta que el espectador empiece a pegar cabezadas ya está haciendo una denuncia o que está inventando algo. Lo que está es dando por culo y convirtiéndose en un puto plomazo.

Después de este impresionante diálogo, muestra de ingenio por los cuatro costados, el yuppie plantifica su culo oriental en el banco de una estación de metro. A su lado una señora. Ésta está en lo suyo hasta que ve un cacharrajo en el suelo (a mí me recordaba a las máquinas estas que aspiran el suelo solas). La señora, como es otra intelectual, coge un bolígrafo e intenta tocarlo, como si fuera una cosa viva.
Pues bien, da la puta casualidad de que, para variar, la cosa que está viva y parece contagiar a la señora de una especie de virus chatarroide (me niego a llamarlo tecno-orgánico), que hace que a la señora en cuestión se le ponga cara de chunga, los pelos de punta y le salga una zarpa raruna en lugar de mano. Cómo no, ataca al pobre yuppie que tiene al lado y le persigue por toda la estación (en la que, por algún motivo que nadie me ha explicado, está vacía de repente) hasta los wáters, donde le cuesta tela deshacerse de ella.


Señora Chunga vs. Yuppie aburrido.
Round 1.
FIGHT!


He olvidado mencionar que, entre el superdiálogo y el ataque de la Mujer-Chatarra al yuppie le ha reventado un gránulo en su inmaculada jeta. Lo chachi es que el forúnculo en cuestión se parece bastante a un condensador. Si os acordáis de la escena de los pelos de insecto en La Mosca (salvando las insondables distancias) os podreis hacer una idea de lo que hablo. Este detallito viene al caso porque, justo cuando la Mujer-Chatarra deja de ser útil para el guionista, al fulano le crecen un par de tubos-tráquea de los tobillos, de manera que ahora puede ir por ahí deslizándose por la calle (escena en stop-motion que te deja con el culo torcido al verla). Así, llega a casa para poder practicar el noble arte del froti-froti con su señora.


Forúnculo de metal.

Pero ojo, que esto es Tetsuo y aquí ni un puto kiki es normal. En dicha escena, el colega parece tener una especie de visión transfigurada de la realidad y ve a su señora a lo Marilyn Manson con un tubo-tráquea saliéndole de su honorable chochete.
Luego los nipones se quejan de que los llamen pervertidos y rarunos. Pero coño, ya era bastante bizarra la peli como para ver a la Señora Aspiradora meterle el tubo al Señor Yuppie Con Acné Metálico meterle el tubajo por el recto.


Esto.


Escena de 2069: A Sex Odissey. Ya puestos a hablar de homenajes, al crítico gafapastoide medio se le olvida decir que Tetsuo homenajea a esta película. No hay más que verlo.

A todo esto, en casi media hora de peli que dura esto nadie ha dicho más de dos palabras seguidas, y lo que no se ha dicho... bueno, ya veis el sentido que tiene.
Al señor, después de esta movida (o antes, la cronología se me escapa un poco con tanto chasquido audiovisual y tanta imagen de ruido blanco insertada) le crece también otro cacharraco en el brazo. Para calcular el tamaño, pasaos por el supermercado; trincad una caja de galletas de las medianas y ponedla sobre vuestro antebrazo.
Enhorabuena, ya habéis calculado el tamaño del chatarrajo que le sale al señor Yuppie del brazo.
Y aquí es donde digo yo:
Vale que sea un virus.
Vale que de algún modo se haya contagiado del rollo chatarroide del tío al que atropelló.
Pero, ¿alguien puede explicarme qué cojones le pasa a la mujer que no ve ni ese mamotreto ni los dos cachos de tubo-tráquea que le salen de los tobillos?


Discreto.

Pues nada, que esto continúa.
Nuestro colegui empieza a encontrarse mal (no es para menos) y en vez de ir a un hospital (¿tan chunga es la Seguridad Social en Japón?) va a donde iría cualquier idiota que es protagonista de una peli de terror mala: al baño.

Y si os creíais que ya lo habíais visto todo, os advierto de nuevo: no sigais leyendo.

Porque al salir del baño, a este señor se le cae la churra y en su lugar aparece un magnífico taladro con el que intenta empotrar a su esposa.
Nueva genialidad del director con la frase: "¿Quieres probar mi taladro?"


Una picha-taladro. No es coña.


"Yo llamo Decker a mi polla. Ya sabe, como Black & Decker, las taladradoras". ¿Habrá visto el director de esta mierda Las Aventuras de Ford Fairlane?

La señora, lógicamente dice que tururú, y hasta que no le mete al menos 220 veinte voltios en canal por medio de un enchufazo a su marido, la cosa no deja de dar vueltas (taladro cipotil con percutor de los guapos, oiga, ni Black & Decker)
Y aquí es cuando descubrimos que ella también es gilipollas.
No ha tenido bastante con ver cómo su maridito se ha convertido en un depredador sexual con un cimbrel de metal que da vueltas capaz de destrozar una puerta. Como parece ser que es una especie de adicta al sexo, pues va y se mete semejante chirimbolo por el potorrete (por el de verdad, no por la versión onírica en forma de aspiradora) produciendo un desgarro tan cafruno que sale sangre por todas partes, y consecuentemente, la muerte de dicha señora.

Poético.
Transgresor.
Pura metáfora visual.

A estas alturas de la historia, el yuppie ya es medio hombre, medio chatarra. Le salen cablajos llenos de mierda hasta del sobaco y su cabeza, vista de lejos, recuerda a una masa de papel albal arrugado. El que dijo que el concepto del cyborg implicaba brillantes prótesis metálicas y alta tecnología, desde luego que nunca se echó unas birras con el tipo que parió semejante peli.


A mí, personalmente, más que a un hombre-máquina, me recordó a un hombre-tabique-recién-echado-abajo. Esos tubos y esos cables me hacen pensar más en un montón de escombros que en un robot o en un organismo cibernético...

Por si se os había olvidado (yo mismo lo hice durante un buen rato; de hecho, durante un buen rato de peli me vi obligado a desconectar y admirar lo bonita que es mi lámpara de mesita de noche), la peli empezaba mostrándonos a otro tipo. Sí, el gilipollas que se metía chatarra oxidada bajo el pellejo.

Pues vuelve a la carga, mire usted por donde.
Ahora, sin ningún tipo de transición, orden, concierto o explicación que valga, o ni siquiera un pie argumental, se nos plantifica un flashback que rellena lo que ha pasado entre el atropello a ritmo de saxofón y el yuppie en modo Teletubbie cuando habla por teléfono con su señora.

Resulta que el gilipollas fue atropellado y recogido en el coche por éste; ya puestos, recoge a su señora y, en vez de llevarlo al hospital (me reitero: ¿qué coño pasa en Japón con la Seguridad Social?), como ven que el fulano está palmando lo llevan al bosque para dejarlo morir allí y no tener que dar explicaciones a la pasma. Ya que están, echan un polvete delante del moribundo.
Eso pasa a diario, ¿que no?

Pues nada, nos enteramos que el colega no se muere, de manera que SÍ. Le tenían que haber llevado al puto hospital. Lo más descojonante es que el gilipollas se ha recuperado él solito y, en vez de denunciarlos a la poli, se vuelve a su zulo chatarril a planificar su venganza. Deducimos entonces que ha sido él quien ha enviado a la Señora Chatarra y el responsable de que al otro le salgan pernos hasta en la punta del pito (literalmente) y parece ser que, después de la transformación total en Chatarreitor, decide tirar para su casa.
No, no me pregunteis cómo coño sabe dónde vive el yuppie. Yo tampoco conseguí averiguarlo; el caso es que tira para allá, también con unos tobillos-tubo-tráquea de lo más molones y se deja de ir para allá, oxidándolo todo a su alrededor (porque es guai, o porque le sale de los cojones, no sé). Por algún motivo que tampoco entiendo, aparece con la cara pintada a lo Gene Simmons, de los Kiss.


Aquí, el colega.

Aquí, Gene Simmons. Los fans de la peli dirán que es un homenaje. Y si sale hablando un tío por teléfono, también será un homenaje a Poltergeist II. Ahí también salía un teléfono.

Llegamos a la alucinante escena final.
Cójase a Godzilla.
Cójase cualquier peli o serie japonoide serie Z.
Añádase pretenciosidad al modo de mostrar la pelea.
Réstese sentido.
Ya tenemos la batalla del yuppie contra el gilipollas.
El clímax final de esto tiene lugar justo en una nueva escena onírico-gilipolloide donde volvemos a escuchar la puta cancioncita de saxofones y ambos fulanos se funden en una especie de útero. ¿Qué sucede a continuación?
Pues lo obvio: Ambos se fusionan en un monstruajo mecánico que es mitad Godzilla, mitad Virgen de la Macarena, mitad picha (sí, nuevamente la obsesión fálica de los japonacas vuelve a la carga) que va por ahí echando lapos que oxidan las cosas.


Lo dicho, el final de esta peli es la polla.

"Destruyamos este jodido mundo", dice el gilipollas, en la parte superior del bicho.
"De acuerdo", dice el yuppie un poco más abajo.

Y aquí termina esta mierda.

He leído críticas al respecto de esta peli, y hay seres que son capaces de encumbrarla, pese al aburrimiento de muerte que produce y a la mierda que realmente cuenta. Lo primero ya ha quedado patente con el resumen. Pasemos a lo segundo.

Que los japoneses viven alienados en una sociedad que alaba la tecnología por encima de todo es una obviedad tan grande como decir que cuando los ves en un museo usan cámaras de fotos y no paran de usarlas. Usar esta sarta de gilipolleces como metáfora de una obviedad hace que el concepto que supuestamente plantea esta película caiga por su propio peso. Es como si yo me enfoco cagando y digo que la vida es una mierda. La misma genialidad hay en ello.


¿Lo veis?

Además, a mí personalmente empieza a quemarme eso de "crítica contra el mundo alienado", cuando luego haces encuestas o preguntas a la gente que vive en lugares así y TODOS están contentos que te cagas con sus modus vivendi. Cuando la mayor parte vive con ese concepto de sociedad insertado en su código genético. Hacer esas críticas constantes (y ojo, aquí hablo a título personal; seguramente muchos no estareis de acuerdo conmigo, y puedo entenderlo. Yo tampoco estoy siempre de acuerdo conmigo al 100%) a lo que me suena es a lloriqueo continuo y muy poquitas ganas de cambiar la manera de pensar. Polémicas aparte, en lo que sí es más probable que esteis de acuerdo conmigo es que se está conviertiendo cada vez más en un tema terriblemente trillado y que muchos están usándolo para justificar continuas mamarrachadas pseudoartísticas.
Ahí lo dejo.

Otros lumbreras han comparado esta historia con películas de directores de la talla de David Cronenberg o David Lynch, diciendo que Tetsuo está lleno de homenajes a películas como Videodrome o Cabeza Borradora. No he visto (aún) la segunda, pero con respecto a la primera, me gustaría decir que, si el director tenía intención alguna de hacer un homenaje (primero que venga él y me lo diga si tiene huevos), creo que habría que explicarle que, para causar impresión en el público (o al menos una impresión, digamos, que no sea la de haber perdido el tiempo viendo este pegote) hace falta algo más que poner cables saliendo de un tío.

Luego tenemos a los pseudo-psiquiatras, que van por ahí hablando de penetraciones freudianas en el hecho de rajarse una pierna y meterse un cable dentro. Si precisamente la mayor crítica a Freud (pese a que personalmente comparto muchos de sus planteamientos) consistía en el hecho de que veía (y justificaba) motivos sexuales incluso donde no había por ninguna parte (véase asociar un collar de perlas al esperma humano, o el fuego con la enuresis en Ensayo sobre la Histeria: Caso Dora) resulta, como poco, acojonante que unos ciento y pico años después venga gente con las mismas teorías, a cual más discutible y menos razonada ("Es que esto es Freudiano", sin más no cuela, lo siento) para dar explicacion a lo que el homo sapiens de a pie califica como simple y llana "chorrada".

En películas como Videodrome SÍ se ve una crítica hacia lo que es una televisión obsesionada por transgredir (y en lo que acaba por convertirse esa obsesión), y vamos viendo una historia con pies y cabeza hasta prácticamente el final, donde se nos inserta el concepto de la Nueva Carne que, bien puede fliparnos, bien puede parecernos una mamarrachada, pero tiene su sentido. No es dos gilipollas conectados por cables oxidando el mundo. No es lloriqueo constante porque la sociedad es caquita. No es un par de imbéciles que deciden cargarse el mundo porque de pequeños les pegaban en el colegio o porque no estaban a la altura del modelo ultracompetitivo que se esperaba de ellos. Es coger lo peor del ser humano y exponerlo al espectador y decirle: "¿No te gusta eso? Pues que sepas que todos somos así. La violencia nos gusta, y tú si quieres, puedes mirar para otro lado y negarlo."
ESO es hacer una crítica. No limitarse a decir "El mundo me odia y yo odio el mundo, bua bua bua".

Como tampoco estas cosas son el equivalente del surrealismo.
El surrealismo es romper las barreras de la realidad, creando sueños y pesadillas que tienen que ver con lo más profundo del espíritu humano. Si que tu picha se convierta en un taladro es un sueño, sugiero encarecidamente que visites a un psiquiatra. Tu señora te lo agradecerá.


"¡Pepaaaaaa, ven p'acaaaaa!"

Y es que en esto del arte tenemos a los gafapastas y los metafóricos que van por ahí sacando interpretaciones incluso de aquello que no tiene por dónde cogerlo. Los que magnifican las patochadas, ensalzándolas hasta sacar conclusiones que ni el director de la peli se había planteado.
¿Por qué?
Buena pregunta. Os dejo por aquí mi teoría: existe un viejo proverbio que dice que "No hay peor ciego que el que no quiere ver"; yo os digo que, del mismo modo, "No hay peor visionario que aquel que ve cosas donde no las hay".
Tetsuo a mí me ha demostrado que en este mundo hay gente que zurre las paredes de mierda y que la llama arte, lo cual no está mal, si ese alguien es feliz. Lo descojonante es cuando hay veinte mil ovejas justo detrás defendiendo ese "arte" a capa y espada por sentirse más guais. Más intelectuales. Más entendidos; los demás, aquellos escépticos, pobres granujas que sólo vemos mierda untada en las paredes, somos tachados de obtusos, de ciegos. De no querer ver las cosas como realmente son. De no tener ni idea de nada.

Ante eso, no puedo decir mucho. Tan sólo me remitiré a un cuento popular al respecto.
Se llama El Nuevo Traje del Emperador.

6 comentarios:

Gissel Escudero dijo...

Y por todo esto es que a mí no me interesa escribir nada que pueda ser remotamente calificado de "artístico" por los críticos literarios :-)

Rumbo a la Distopía dijo...

Lo más descojonante es que las críticas que he leido NO son de críticos, sino de espectadores de a pie...

Gissel Escudero dijo...

Bien, siempre están esos que se creen muy intelectuales por alabar una obra que va en contra de cualquier lógica narrativa. Vamos, como si eso los pusiera en un pedestal de superioridad mental o algo así.

Rumbo a la Distopía dijo...

Y que conste que yo he defendido el cine "sesudo" más de una vez (como en el caso de Mr. Nobody)... pero joder, en la peli de Jared Leto, la narración se dividía, pero a pesar de lo complicada tenía sentido. No era la consecución de un puñado de primos de Akira haciendo el mongolo con restos de una demolición...

Gissel Escudero dijo...

El concepto de lo que es arte está TAN desvalorizado hoy en día...

Anónimo dijo...

Recuerdo cierto reportaje en el que dieron un lienzo a un grupo de niños de cinco años y lo expusieron en un museo como si fuera de un artista famoso. Lo mejor era ver a críticos y aficionados hablando de su expresividad, su estilo, su carácter y... sus represiones sexuales.